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jueves, 29 de noviembre de 2012

Vuelve a ser Jueves

Hace mucho tiempo, demasiado, que Benjamín no escribía un jueves en El País. Hubo un tiempo, hace mucho, demasiado, que Benjamín escribía cada jueves acompañado de su inseparable Juan Urbano, en Madrid, en la sección de opinión... Lo echábamos de menos.

Hoy hemos desayunado con la sorpresa de su tribuna en la sección nacional de El País y hoy hemos vuelto a recordar aquellos jueves en los que disfrutábamos leyendo lo que nos cuenta y, sobre todo, cómo nos lo cuenta... ¿Cómo? Así:

Ahorro ideológico
Por Benjamín Prado, en El País

La palabra ilustración resume el siglo XVIII y la palabra revolución caracteriza el XIX. El siglo XX cabe en la palabra guerra y en estos momentos nadie duda que el XXI será recordado con la palabra crisis.La crisis del sistema capitalista y de su Estado del bienestar, en todos sus extremos: político, económico y moral. El mundo sigue partido en dos mitades, como siempre, a un lado los ricos y al otro todos los demás, en un arco que va desde la clase media, hoy en vías de extinción, hasta los pobres; pero la distancia entre ellas es cada vez más grande y los puentes que las comunicaban se han ido destruyendo hasta construir una sociedad sin esperanza, en donde la otra orilla vuelva a ser lo contrario del río. Mientras el desempleo afecta ya al 25% de la población activa y amenaza con llegar hasta 40%, un estudio llevado a cabo por Credit Suisse augura que en el año 2017 el número de millonarios en España —es decir, el de personas que tengan una fortuna superior al millón de dólares— se multiplicará por dos y pasará a ser de 616.000.

Los palacios han caído, pero eso no significa que sus dueños no puedan hacer un buen negocio con la venta de sus ruinas, y para demostrarlo no hay más que ver las montañas de dinero que se han llevado a sus casas los directivos de algunos bancos y cajas de ahorro, mientras con una mano estrangulaban a sus clientes y con la otra le pedían dinero al Estado para no caer en la quiebra. Un agravio comparativo nada raro, por desgracia, en un país donde, según The New York Times, mientras los impuestos y los recortes masacran a los ciudadanos normales, los más acaudalados defraudan a Hacienda 45.000 millones de euros al año, una cantidad que si no se perdiese en paraísos fiscales, sicav y cuentas offshore, alcanzaría para financiar la sanidad y la educación públicas del país.

Se redujo por ley la velocidad en carretera hasta que la recaudación por multas cayó en picado
Aunque el saqueo es global: en su último libro, El precio de la desigualdad, el premio Nobel de economía, Joseph E. Stiglitz, explica que la razón de que el 1% de la población posea lo que el 99% necesita es la manera en que los mercados no distribuyen los beneficios, sino que los ponen en manos de una minoría para la cual el resto de los habitantes del planeta sólo podemos ser tres cosas, dependiendo de si sus negocios van bien, regular o mal: mano de obra, bestias de carga o, en los peores casos, carne de cañón.

La reacción general ante el naufragio del sistema ha pasado de la incredulidad al desánimo y de ahí al miedo, la parálisis y la ira. Pero sobrevivir es ir aprendiendo las reglas nuevas según cambia el juego y mucha gente empieza a ver que, aunque el ajuste de cuentas del que le hablan día y noche a veces tiene que ver con la economía y a veces con la ideología, resulta evidente que aquí de lo que se está hablando es de dinero, y se extiende la idea de que la única forma de enfrentarse al dinero es pagarle con la misma moneda. El descenso brutal del consumo, especialmente desde que el Gobierno hizo lo que siempre hacen los ejecutivos sin recursos ni argumentos, subir el IVA, se puede interpretar como un método de ahorro, pero también como un modo de protesta. Es lo que podríamos llamar ahorro ideológico: reducimos hasta el límite de lo soportable los gastos y el plan le sale mal a estos legisladores abusivos que lo basan todo en la explotación de los contribuyentes y cuya única medicina es dejar sin trabajo a medio país, como si el modo de que el barco no se hunda fuera tirar a los remeros por la borda. Han engañado a todo el mundo, decían que eran cirujanos, pero sólo son leñadores. Y ahora ha llegado el momento de defenderse de ellos a su modo: nuestras tijeras contra las suyas.

El primer indicio de este comportamiento se vio cuando fue anunciada la reducción de la velocidad en las autopistas de 120 a 110 kilómetros por hora. Los conductores, hartos de que los esquilmen con ese método de recaudación bajo cuerda que son muy a menudo las sanciones de tráfico, levantaron de forma tan masiva el pie del acelerador y la recaudación de las multas cayó tan en picado, en torno al 25%, que la DGT puso de nuevo el límite donde estaba. Los sermones sobre la seguridad de los usuarios y las reservas de combustible pasaron a mejor vida.


Otra iniciativa es la retirar el dinero de los bancos que ejecuten desahucios
Un segundo ejemplo notable de este proceso de rebelión ante el expolio es el de las carreteras de peaje que se quisieron implantar, entre otros sitios, en la Comunidad de Madrid, y que han supuesto un fracaso absoluto: las previsiones eran que pasarían 35.000 coches diarios por ellas, pero no lo hacen ni 2.000, con lo que el supuesto buen negocio ha sido un desastre y la deuda que han acumulado las empresas del sector ya supera los 4.000 millones de euros. El precio de la gasolina, por su lado, no deja de subir, pero el repostaje ha descendido, hasta el momento, más de un 11%.


El último episodio, por ahora, de esta insurgencia de bolsillos hacia dentro, que trata de resistir el ataque de un Gobierno despiadado cuyo presidente solo sabe hacer dos cosas, las que le mandan y las que juró que nunca haría, ha sido la caída de un 12% en las ventas del pequeño comercio, que acumula veintiocho meses consecutivos de pérdidas, lo cual ha impedido que la subida del IVA esté siendo tan rentable como esperaban sus gestores, pero también es un drama que pone al borde de la desaparición a muchos empresarios autónomos. Las previsiones de cara a las fiestas de Navidad no pueden ser más lúgubres, ni más profunda la convicción de que, hoy más que nunca, los justos pagan las culpas de los pecadores, salvo para el presidente de la Conferencia Episcopal, quien opina que el déficit cae del cielo como una plaga de langostas al servicio de Dios y es nuestro castigo por darle la espalda a la iglesia y adorar al becerro de oro.

Y ya hay otras iniciativas en marcha, como la de que miles de clientes saquen todo el dinero que tengan en cualquier banco que desahucie a una familia sin recursos. O la de no comprar lotería de Navidad para reducir las ganancias del Estado en ese terreno. Todas ellas dejan claro que el dinero se ha acabado, pero la paciencia, también. Porque estamos empezando a recordar que la mejor manera de resistencia es defenderse con las mismas armas con que te atacan. Aunque sean de doble filo. El ahorro ideológico es hacer que cada euro que no se gasta sea un mensaje: hasta aquí habéis llegado.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Un hogar sin hache

Esta semana celebramos en España el aniversario de nuestra constitución, el 6 de diciembre, para ser más exactos, y por eso, para que no la olvidemos y para que recordemos que lo que tiene dentro es más que una sucesión de artículos, he querido rescatar un texto de Juan Urbano. Además, hoy es jueves, ¿os acordáis cuándo los jueves Juan Urbano se asomaba a las páginas de El País para hacernos pensar? ¡Qué tiempos aquellos en los que pensábamos!

Una vivienda constitucional
Por Benjamín Prado en El País.


Al acabar la Guerra Civil española, Pablo Neruda y Rafael Alberti fueron a París a llorar por su República y a recuperarse del hambre que habían pasado, sobre todo el segundo, durante el asedio de Madrid. Lo hicieron con tanto fervor que muy pronto empezaron a engordar y, según cuenta el poeta gaditano en su autobiografía, La arboleda perdida, solían ir de vez en cuando a una librería en cuyo escaparate estaban expuestas las obras de Victor Hugo, para medirse con ellas. "Tranquilo, camarada", decía cualquiera de los dos, "aún llegamos sólo hasta el tomo quince, de manera que podemos seguir comiendo".

Juan Urbano pensó que Neruda y Alberti tal vez no habrían cabido en el 17,49% de las viviendas de Madrid capital, que son las que, según un informe del Instituto de Estadística, tienen una superficie menor a 51 metros cuadrados, sobre todo si uno de ellos estuviera leyendo Los miserables y el otro Nuestra Señora de París. "Imagínate", se dijo, "si es que en ese espacio, antes de entrar en tu casa a leer el periódico, tienes que dejar fuera el suplemento del día, porque entero no cabe".

La verdad es que la cosa no es tan graciosa para los miles de personas que tienen que vivir en un lugar donde no les cabe la vida, y Juan se tomó a sí mismo como ejemplo. "Vamos, que es que mi hogar es tan pequeño que habría que escribirlo sin hache", bromeó, acordándose de la cantidad de territorio que había tenido que ir ganándole a la nada, a base de imaginación y muebles diminutos, plegables o multiusos: tenía puertas correderas, un aseo del tamaño de una cabina de teléfonos, un sofá-cama, una mesa de cocina abatible y, entre otras cosas, un armario con ruedas; y estaba muy contento porque un par de días antes había encontrado en un todo a cien una tabla de planchar-escalera. Bueno, por eso y porque, al lado de tantos jóvenes que no pueden salir del domicilio familiar porque no les da el sueldo para independizarse, todavía se consideraba un privilegiado.

Como París no es sólo el lugar al que van a refugiarse los exiliados como Alberti, sino también el sitio donde comienzan las revoluciones, parece ser que en Francia los tribunales van a empezar a aceptar denuncias de quienes consideran que no poder acceder a una vivienda digna es ser privados de un derecho constitucional.

Y como resulta que la Constitución española también recoge en su artículo 47 que "todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada", y asegura que "los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación", Juan tuvo la esperanza de que el ejemplo francés se propagase a nuestro país al leer la primera parte de ese Artículo 47, y al leer la segunda, un ataque de risa.

"O sea", exclamó entre carcajadas, "que si la especulación inmobiliaria es anticonstitucional, ya ves lo que de verdad les importa la Constitución a todos esos políticos que tanto la defienden y van por ahí dando discursos con la boca llena de ces mayúsculas".

Y como hacía un frío de mil demonios, se metió en un bar a tomarse un café y a pensar en lo raro que es este país, donde en ocasiones la ley parece estar supeditada al dinero y en el que ocurren paradojas y agravios comparativos tan extraños como el que supone que a los que invocan ciertos artículos de la Constitución se les llame patriotas y a los que exigen que se cumplan otros se les llame alborotadores, como suele ocurrir con los colectivos de jóvenes que, de un tiempo a esta parte, se manifiestan en Madrid y en el resto de las ciudades de España para pedir que alguien les dé lo que les corresponde. "Es que lo mismo que hay gente que te roba lo que les pensabas regalar", pensó Juan Urbano, "hay otros que te piden casi todo lo que tienes a cambio de darte lo que legítimamente ya es, o debería ser, tuyo".

Acabó el café y, según se alejaba calle de Atocha arriba, se dijo: "Ojalá los colectivos por una vivienda digna no dejen de manifestarse. Ojalá a todos los que no tienen ninguna casa se les unan los que tienen una de la que no pueda decirse que sea digna y adecuada. Ojalá lleguen a los tribunales y los jueces les den la razón. Ojalá lo que sea, cualquier cosa menos este derecho vulnerado".

viernes, 11 de noviembre de 2011

Tal día como hoy

El jueves 11 de noviembre, pero del año 2004, Benjamín Prado escribía en su columna semanal de la edición impresa de El País, en la sección de Madrid, un artículo que quizá pudiera ser el germen del libro que el propio Benjamín escribiría 6 años después. O sino el germen, que eso solo lo sabe el autor, sí el principio del comienzo, que eso lo sabemos todos los que hemos leído Operación Gladio. Sea como fuere, y para no perder la constumbre del artículo semanal de Benjamín, aquí rescatamos esta opinión:

Franco, váyase

En pleno siglo XXI, a 65 años del final de la Guerra Civil española y a casi 30 de la muerte del Funeralísimo, como siempre lo llamaba Rafael Alberti, no sólo da la impresión de que en España no hubo jamás franquistas, por lo que el general sedicioso debió gobernar 36 años el país en completa soledad y combatido por todos, sino que también se ha llegado a un punto en el que nadie quiere hacerse cargo de su sombra envenenada, al menos a cara descubierta. No hay más que ver el caso de la estatua ecuestre del golpista que aún cabalga sobre la dignidad de todo Madrid en la plaza de San Juan de la Cruz, ¡vaya por Dios!, justo el poeta que supo profetizar la desesperación de tantos españoles de la posguerra cuando dijo: "¿Qué muerte habrá que se iguale / a mi vivir lastimero, / pues si más vivo más muero?".

El Congreso acaba de aprobar, por fin, con la oscura abstención de la derecha, una iniciativa que exige la retirada de todos los símbolos fascistas -y, por lo tanto, anticonstitucionales- que aún ennegrecen los edificios públicos y las calles de nuestro país. El Caudillo a caballo de la plaza de San Juan de la Cruz galopa también en los patios de la Academia Militar de Zaragoza, la Capitanía General de Valencia, la Academia de Infantería de Toledo, sigue en la plaza del Ayuntamiento de Santander, en Melilla, en Guadalajara... Si las estatuas significan cosas -y debe ser así cuando, por ejemplo, la imagen de la invasión de Bagdad que dio la vuelta al mundo fue la de la estatua de Sadam Husein derribada por los soldados norteamericanos-, entonces debemos preguntarnos qué significa que Franco aún esté en las calles de nuestras ciudades: ¿Significa que algunos de los pactos a los que se llegó para lograr la transición política a la democracia aún son inconfesables? ¿Significa que todavía estamos en peligro? No lo creo. En cualquier caso, a veces la prudencia está mucho más lejos de la sensatez que de la cobardía, o es la virtud del perezoso, o la coartada del neutral, o un afluente del cinismo. En cualquier caso, nada sano.

A Franco no queda hoy quien lo defienda, pero sí hay quienes no lo condenan claramente, o lo hacen de modo tan matizado, tan tímido y tan respetuoso, que su condena parece más hija de la necesidad, la hipocresía o el miedo que de la convicción. ¿Quién va a quitar esa tumba en forma de jinete de la plaza de San Juan de la Cruz? El Ayuntamiento de la ciudad, pese a que la obra del escultor José Capuz, tallada en 1956, aparece en el Catálogo de Elementos Singulares de la Concejalía de Urbanismo de la capital, asegura que la estatua está bajo la jurisdicción del Ministerio de Fomento y éste dice que, en todo caso, si no le pertenece al municipio, sería responsabilidad del Ministerio de Economía y Hacienda, al que pertenece la Dirección de Patrimonio Nacional. Parece muy fácil resolver el problema: ¿No es de ustedes? Entonces, es nuestra: la quitamos y asunto resuelto.

Hay quien opina que las estatuas de Franco no deben moverse de sitio, porque así siempre habrá un lugar donde ir a indignarse y soltar adrenalina. El problema es que a lo que se va allí todos los años, cada 20 de noviembre, es a honrar su memoria y a deshonrar la de todos los que murieron en su guerra. A nadie se le ha ocurrido permitir semejante disparate en Alemania o Italia.

El pretexto artístico o histórico, al que han recurrido muchos para barrer los símbolos franquistas, no tiene justificación: con el mismo argumento con que el ex alcalde popular de Madrid, Álvarez del Manzano, se negó a quitar la estatua de Nuevos Ministerios, "la Historia es la Historia", se le podría hacer otra estatua a los etarras que volaron a Carrero Blanco o se podría levantar, junto al monumento a los abogados laboralistas de la calle de Atocha, otro a sus asesinos. La Historia no es sólo la Historia, sino la suma de ella, de la verdad y de la justicia. Y lo que hace la gente como Francisco Franco no es escribir la Historia, sino pervertirla.

Por cierto, no estaría nada mal que en el hueco que deje la estatua del dictador se pusiera otra de Manuel Azaña, el presidente legítimo al que el militar sublevado echó a tiros del lugar en el que le habían puesto, con sus votos, los ciudadanos. Es sólo una idea, naturalmente.

jueves, 13 de octubre de 2011

Otra vez - otra vez - otra vez - otra vez

Vamos a hacer un prueba. Leed este artículo de Juan Urbano, y después, en comentarios, poned de qué año se trata... a mi me resultaría imposible acertar (salvo que supiese lo de la Warner). Debe ser que el punto de vista del hombre de a pie ha variado poco y el de los políticos, nada.

Políticos y norias
Por Benjamín Prado. El País

Juan Urbano tenía cerebro de poeta; no corazón, pero sí cerebro, y ése era, sin duda, el motivo por el que siempre estaba comparando unas cosas con otras y recurría a continuas metáforas para intentar explicarse el porqué de los cómos, los cuándos y los dóndes que le deparaba la vida. No es que lo hiciera a propósito, sino que las imágenes, las conexiones y los por ejemplos se le venían encima igual que una luz y, una vez en él, no dejaban de darle vueltas a la cabeza lo mismo que si fueran sus satélites. Por ejemplo, algunos ministros y alcaldes del PP le hacían pensar en una noria, no en una de las que andan, sino en una de esas que se paran de pronto, llenas de pasajeros, en mitad del cielo alborotado de un parque de atracciones, como había ocurrido hacía poco en el de la Warner Bros. en Madrid. La cosa, tal y como él lo veía, era muy sencilla: el político equis era la noria y los viajeros atrapados éramos todo el país; el ministro daba con su voz impermeable un discurso que sonaba a traqueteo de tren de mercancías y cuyo resumen era otra vez-otra vez-otra vez-otra vez-otra vez, y los ciudadanos se quedaban como suspendidos a 40 metros del suelo en esa monotonía de números, balances y tantos por ciento que emanaba del ministro y daba la impresión de tener tanto que ver con la oratoria como una apisonadora con el ballet. En el último debate sobre los Presupuestos, el líder de la oposición había cavado un agujero negro en el tachín-tachín del ministro de Hacienda hablándole del precio imposible de la vivienda, la inseguridad ciudadana, la precariedad de la educación, el fraude fiscal y la crisis económica, y el ministro se defendió con tres o cuatro y ustedes más y un largo otra vez-otra vez-otra vez-otra vez-otra vez. Y los ciudadanos, como en la noria de la Warner Bros.

Juan Urbano cogió un papel y empezó a apuntar lo que él le habría dicho a ese ministro o, si se terciara, al alcalde de la ciudad y, de inmediato, se vio en la tribuna de oradores del Congreso, dirigiéndose a los diputados, con la mano izquierda en el bolsillo en señal de aplomo, un bolígrafo acusador en la otra y mirada de estadista, ahora van a ver, no saben lo que les espera, atrevánse a discutir el punto de vista del hombre de a pie.

-Y para terminar, le voy a hacer unas preguntas, señor ministro, señor alcalde, señor presidente del Gobierno. Preguntas sencillas, de esas que se le ocurren a cualquiera. Le voy a preguntar por qué España es el país de la OCDE que menos fondos destina a la sanidad; por qué en Madrid cada vez se cierran más hospitales mientras los enfermos se mueren en los pasillos de la Seguridad Social o sufren listas de espera de ocho meses; por qué los médicos de cabecera no se atreven a recetar a sus pacientes casi nada que valga la pena porque ustedes les exigen que ahorren más y más; por qué muchas farmacias no quieren despachar medicamentos como el Glivec, necesario para combatir la leucemia, porque la presión fiscal a que ustedes le someten les hace perder dinero al venderlos, aunque el Estado ganó en el año 2001, por ese concepto, 180 millones de euros. Por qué no hay en la ciudad residencias geriátricas públicas para casi nadie. Por qué España es el segundo país de la Unión Europea en fracaso escolar y por qué, ahora mismo, hay 1.400 alumnos estudiando en barracones incómodos, peligrosos e indignos. Por qué el 70% de los nuevos contratos que se firman en Madrid son por menos de tres meses. Por qué basta con darse una vuelta por Madrid de madrugada para ver que la palabra prostitución cada vez se parece más a la plabra esclavitud y que muchos inmigrantes son explotados de manera vergonzosa por negreros que les pagan con una mala comida y un jergón 14 horas de trabajo a pie firme, como vendedores ambulantes. Por qué la criminalidad aumenta mientras el número de policías y las políticas sociales disminuyen. Finalmente, por qué no se agotan los presupuestos para curar las heridas de Madrid pero el alcalde, según dicen, se gasta 384.000 euros de su cuenta restringida en quién sabe qué.

n Urbano salió de su trance victorioso, coaccionado por todos, con un país resuelto a sus espaldas. Al volver a la realidad, puso la televisión y volvió a ver al mismo ministro o alcalde de Madrid, diciendo lo de siempre, 'bla, bla, bla, bla' y otra vez-otra vez-otra vez-otra vez-otra vez. Juan se quedó colgado en el discurso, igual que en una noria.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Juan Urbano les dice adiós

Tal como anunciamos en exclusiva ayer, así se despedía Juan Urbano de las páginas de El País. Cambiamos el minuto de silencio por la cultura por unos minutos de lectura.

Juan Urbano les dice adiós
Por Benjamín Prado

Hay cosas que nunca llegan, pero todo tiene un adiós, y hoy le ha llegado la hora de despedirse a nuestro amigo Juan Urbano, después de casi 15 años asomándose cada jueves a estas páginas en las que, más que dar lecciones de nada a nadie, hemos tratado de compartir nuestras ideas y nuestra mirada sobre Madrid y sus realidades, así en plural, como él suele decirlo, porque entiende que casi todos los singulares son un modo de injusticia. Juan se marcha con la seguridad de que aunque haya quien tal vez se alegre de su partida, algunos lectores lo echarán de menos, y esa es una buena recompensa. Uno no busca un botín, pero sí un tesoro.

Escribir en una sección de local, como nosotros la llamamos, es una suerte, porque para hacerlo estás obligado a mirar con lupa lo que ocurre a tu alrededor y, sobre todo, a reflexionar sobre ello, a entender dónde vives y por qué las cosas son como son; y en un mundo en el que todo va tan deprisa y se nos plantean tantas urgencias de toda clase, que alguien te dé la oportunidad de pararte a pensar es extraordinario, de manera que Juan y yo le damos las más sinceras gracias a este periódico, que nos ha proporcionado durante tantos años el lujo, cada vez más infrecuente, de ser escuchados. Aquí hemos aprendido, semana tras semana, hasta qué punto es importante saber detenerse para no perder el tiempo.

Juan y yo hemos intentado ser justos en nuestras apreciaciones; hemos tratado de ser sinceros pero también respetuosos, y acomodarnos a las circunstancias seguros de que no importa no ser igual con todo el mundo mientras seas siempre tú mismo; también hemos combatido con toda la pasión a nuestro alcance aquello en lo que no creíamos, pero sin olvidar jamás la que ambos consideramos la frase más bella dicha jamás por un ser humano, que es obra de Voltaire: "Detesto sus ideas pero daría mi vida por defender su derecho a expresarlas". Y, desde luego, antes que nada hemos discutido cada línea de estos artículos para intentar que tuviesen una dignidad literaria, que es el mayor compromiso que debe de imponerse quien se atreve a ser leído. Dentro de muy poco, publicaré un libro titulado Pura lógica, compuesto de aforismos que, en gran parte, están sacados de las columnas que han aparecido en este mismo lugar del que ahora nos vamos, y eso para nosotros dos es una justificación y una prueba de que las palabras no tiene por qué llevárselas el viento.

Juan y yo detestamos las despedidas largas, así que vamos a apagar la luz y a salir de esta habitación. A él no lo van a volver a encontrar, y en cuanto a mí, espero que sigamos viéndonos en otros lugares de este periódico que es nuestra casa y también la de ustedes, que son quienes tienen la llave en la mano. Aún nos quedan muchas cosas que contar. Muchas gracias a todos y de todo corazón.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Juan Urbano se despide en jueves

Hoy se ha celebrado en la escuela Julián Besteiro la última jornada sobre el Ciclo de la Transición, "Realidad y ficción". Puedo decir que ha sido el primer acto de Benjamín Prado twiteado en directo y que si queréis podéis recordar aquí o directamente en los post de @Prados.Urbanos que he publicado desde el salón de actos de la escuela. La jornada ha sido interesantísima y tiene mucho que contar, e incluso la podréis escuchar, si preferís. Pero hoy el post no irá de eso. Lo tengo todo listo, pero con vuestro permiso, lo dejo para la próxima semana.

Un blog que trata sobre Benjamín Prado no puede pasar por encima de la noticia. La noticia hoy es que mañana (u hoy jueves, pues ya pasó la medianoche) se publicará el último texto de Benjamín Prado en la sección de Madrid. "Mañana será una especie de entierro de Juan Urbano", nos ha dicho Benjamín esta noche. Y es que la sección de Madrid de El País está prescindiendo de sus colaboradores de las secciones locales, presionados por los presupuestos y por unas deudas que amenazan la cabecera y que le obligan a cambiar de rumbo. En cuyo proceso, todo sea dicho de paso, dejarán muchos lectores por el camino.

"Han sido 15 años trabajando en El País, y aunque me quede sin el artículo no dejaré de escribir opinión para ellos, en Sociedad, en Babelia... No me da mucha pena porque la opinión en Madrid me obligaba a hablar siempre de política y al final acababa criticando y mirando en un círculo muy cerrado, pese a que la ciudad es tan grande. Espero que me ofrezcan algo interesante", nos remarcaba Benjamín.

Quizá a él, pragmático: "Sí, ahora me véis en todos los sitios y con varios trabajos, porque no paro, y lo mismo se van acabando todos. En Enero me veo fuera de Cuadernos Hispanoamericanos", pensaba en voz alta Benjamín, previendo cambio de rumbo también en la cultura (¿La cultura tiene rumbo?). "Algo haré, porque yo no paro. Espero publicar en breve el libro de aforismos, a ver cuándo puedo sacar el nuevo libro de poemas... y tengo más proyectos". Nunca perdió la sonrisa mientras nos lo contaba a los allí presentes.

Pero quienes hemos llegado a Benjamín a través de esos textos, quienes abríamos las páginas del periódico el jueves y buscábamos Madrid y ahí dentro su columna... a nosotros la noticia nos apena. Según la hemeroteca de El País, digital, ha publicado 607 artículos en Madrid, casi, casi 12 años. Y os aseguro que entre esos artículos hay joyas, de esas que te hacen llegar a Benjamín y que te meten su estilo en el cuerpo hasta el punto de que empiezas a escribir un blog sobre ese que escribe y que te gusta cómo lo hace porque dice cosas que tú sabes pero no puedes expresar, y aquí sigues, 3 años después, y muchos post. Con una constante, el artículo de opinión del jueves, que ya no será.

Afortunadamente Juan Urbano, su inseparable amigo de opiniones, no desaparece. Porque hace un tiempo salió del papel de prensa y empezó a explorar en los libros. Le pudimos leer protagonizando Mala gente que Camina, o más recientemente en Operación Gladio, y seguro que algún día nos lo cruzamos por la calle.

Un hasta luego, desde aquí, desde su casa, en la que cada jueves dejaron su firma. Esa que véis en el encabezado del blog (la manuscrita de Benjamín y la digital del apellido del blog).

viernes, 6 de mayo de 2011

Messi gana la Feria del libro de Madrid

Benjamín siempre ha sido dado a mezclar fútbol y literatura, en este blog tenemos ejemplos varios al respecto, y tras un mes de abril con un partido del siglo cada semana se echaba de menos un comentario en su estilo, que nada tiene que ver con Mourinho o Guardiola. ¡Pues no ganarían las ruedas de prensa si las diera Benjamín Prado!

Si bien es cierto que le sale su lado más madridista cuando comenta en este blog que "Nos vamos sin el tesoro pero con la honra de que nos lo hayan robado", también lo es que sabe guardar las distancias y ponernos de acuerdo, independientemente de los colores, con grandes textos, como el del pasado jueves en El País.

Pero antes de saltar al terreno de escritura, permitidme que destaque las fechas en las que Benjamín estará firmando en la Feria del libro de Madrid (antes incluso de que la propia feria lo publique en su página web), en respuesta a vuestras preguntas: "Hola a todos. Para los que me habéis preguntado por mis firmas en la Feria del Libro, de momento tengo éstas confirmadas:

Sabado 28 por la tarde: Visor.
Domingo 29, mañana: Libreria Machado. Tarde: Muga.
Sábado 4, mañana: Pueblos y culturas. Tarde: libreria Fabula.
Sábado 11, mañana: FNAC . Tarde: Casa del libro.
Domingo 12, tarde: libreria Rafael Alberti

Y ahora sí, salimos del tunel de vestuarios y entramos en el clásico:


Nadar con impermeable es renunciar a la medalla.

Por Benjamín Prado en El País.


¿Cómo creen que se encuentra hoy Juan Urbano, siendo como es filósofo y del Real Madrid? Pues igual que ayer, es decir, tan abatido que mientras camina por la calle de Alberto Aguilera podría desatarse los zapatos tirando de los cordones con los dientes. Porque en estos momentos es un hombre noqueado que lo único que repite es "Alí Barça y los 40 ladrones, Alí Barça y los 40 ladrones, Alí Barça y los 40 ladrones...", igual que si eso fuera una oración al revés, es decir, una maldición, y que se ha comprado una camiseta roja del Manchester United para ver la final de Wembley hecho un inglés, y para ser más exactos uno que tenga en su habitación un póster de Wayne Rooney, lleve a George Best tatuado en el hombro, use ropa interior con la bandera de Reino Unido estampada y sea cliente asiduo del peor pub de su ciudad. Está fatal y no le sacas de la cabeza los episodios del robo, especialmente el gol anulado en el Camp Nou a Higuaín por falta a Cristiano Ronaldo, "y he dicho a, no de", repite, "lo cual es digno de un poema de André Breton, pero uno de esos de escritura automática, tan incomprensible que sería más fácil tocar el violín con una cuchara sopera que tratar de entenderlo". Ya lo ven, a mí el fútbol me encanta pero no me importa, mientras que a él le deprime tanto perder que siempre encuentra injustas las derrotas.

"Ahí estaba la Cibeles por si acaso ganábamos", dice, y eso me hace pensar en el modo en que el deporte es el último reducto de la alegría en los países en horas bajas. Antes las calles se llenaban para protestar por algo, para combatir, por ejemplo, algún ataque a los derechos de los trabajadores o algún abuso de poder de los gobernantes, y ahora solo se llenan para celebrar un Mundial o una Copa de Europa, es decir, que hemos cambiado las banderas por camisetas y "el no nos moverán" por el "oé, oé, oé", lo cual seguramente significa algo.

En Madrid ya no nos queda ningún título que lograr, pero al menos no nos vamos de vacío como en los últimos años, tenemos la Copa, y además lograda en el mejor partido de fútbol que se ha visto por aquí en mucho tiempo. Así que tendremos que dedicarnos a pensar en el baloncesto y en las elecciones, que como para la gente de izquierdas tiene la misma pinta que para los seguidores del Real Madrid la eliminatoria de la Champions League quizá no sería mala idea utilizarla como lección. ¿Qué pasó en el terreno deportivo? Que el Madrid pagó caro el miedo a su rival en Chamartín, pero cuando le jugó de tú a tú en su casa solo empató porque el árbitro le impidió vencer.

¿Se dará cuenta de eso, por ejemplo, Tomás Gómez y tratará de mirarle a la cara a Esperanza Aguirre mientras ambos compitan por presidir la Comunidad? ¿Conseguirá salirse de los carriles de la corrección política y decir lo que piensa en lugar de lo que considera menos fácil de atacar? "Pues claro", dice de pronto Juan Urbano, "nadie gana una medalla tirándose a la piscina con impermeable, y pelear con miedo es ser medio desertor, porque el 50% de ti trabaja para el enemigo". Aleluya, lo habíamos perdido y ha vuelto. No hay nada como la política para quitarte las cosas importantes de la cabeza.

jueves, 24 de febrero de 2011

Viva El Salvador y el jueves

Y nosotros no nos hemos confundido, no como le pasó a Trillo, porque el pasado miércoles Benjamín Prado estuvo en El Salvador aunque en esta ocasión no fue a raíz de los libros o los poemas que escribe sino con motivo de la presentación de la revista que dirige, y más concretamente el número 725 de Cuadernos Hispanoamericanos que llevaba un dossier de la literatura Salvadoreña.

No pudimos estar en el Centro Cultural de España de El Salvador (quizá sí algún lector que quiera compartirlo con nosotros) pero nos hemos de conformar lo que Georgina Vividor de elsalvador.com nos cuenta de esta visita. "Dentro de lo que he descubierto en estos autores es que la literatura salvadoreña posee un lenguaje fascinante, tiene un sonido y una riqueza, realmente una diferencia, es una literatura muy rica como el país", dejó Benjamín dicho en El Salvador.

No tenemos ese "Cuaderno", pero sí el que acaba de publicarse aquí en España, el número 728, en los que, entre otros nos encontramos con artículos de Elvira Lindo, Abilio Estévez, Reina María Rodríguez, Juan Bonilla, Miguez Huezo Mixco, o poemas de Luis García Montero, Jesús Munárriz...

Echamos de menos, en este último número el habitual texto de Benjamín, pero a falta de editorial bienvenido sea su siempre presente opinión de El País, en la sección de Madrid, en la que hoy se leíamos esto:
Esperanza sonríe camino al hospital
Por Benjamín Prado. El País.


Esperanza Aguirre entra en las asambleas con los dientes apretados y sale sonriendo de los helicópteros caídos. La presidenta de la Comunidad de Madrid es un gran ejemplo de la imagen de fortaleza e impermeabilidad que les gusta dar a los políticos españoles, algo que, según mi amigo Juan Urbano, es otra de las herencias de la Transición, que aún hoy es el espejo en el que todos quieren mirarse y que es una época de nuestra historia que al ser considerada una hazaña convirtió en héroes a todos sus protagonistas. Por eso y tal vez porque en la política, como en tantas otras cosas, nos gusta ser norteamericanos de imitación, a nuestros dirigentes les gusta tanto sacar músculo, parecer acorazados, optimistas e invulnerables, dar la impresión de ser inmunes a las preocupaciones y a los miedos del resto de los seres mortales.

Sin embargo, la visión de Aguirre, una mujer que siempre parece alegre a la defensiva y simpática de armas tomar, comunicando el otro día, con una voz en la que las palabras temblaban como bolos a punto de caer, que padecía un cáncer y debía pasar por el quirófano con urgencia, tuvo la virtud de humanizarnos a todos y hacernos bajar las banderas: nada tiene importancia al lado de lo único que importa.

A la mañana siguiente, los pasos de Esperanza Aguirre se dirigían a un hospital público mientras sus manos venían de uno privado, los primeros caminando hacia los quirófanos del Clínico y las segundas sosteniendo una bolsa llena de radiografías de la clínica de Nuestra Señora del Rosario, y unas horas más tarde, cuando los doctores que la habían intervenido dijeron que todo había salido bien, Juan Urbano y yo nos alegramos de corazón, lo mismo que habríamos hecho con cualquier otra persona.

La verdad es que Aguirre mantuvo el tipo en su declaración pública y, además, esta vez la entereza de la que siempre alardea es digna de elogio, porque su caso puede servir como ejemplo a otras personas para que se animen a hacerse revisiones periódicas y recuerden que lo que hacen las personas inteligentes es ir al médico cuando aún no les pasa nada. La famosa sentencia que dice que es mejor prevenir que curar, significa que en este deporte no puedes ganar la carrera, pero puedes llevarte la meta un poco más lejos.

Como los españoles, quitando a tres o cuatro, somos una gente magnífica, no habrá casi nadie en todo el país que no le quiera desear a Esperanza Aguirre un restablecimiento rápido y total; y de hecho, Juan Urbano y yo queremos que esté en plena forma dentro de 90 días para presentarse a las elecciones y perderlas, cosa que será difícil, porque más bien parece capaz de ganarlas sin bajarse de la ambulancia.

El caso de Esperanza Aguirre, como los de Jordi Solé Tura o Pasqual Maragall, que en los últimos tiempos han accedido a rodar sendos documentales sobre su lucha contra el alzhéimer, es importante porque combate esa costumbre de esconder las enfermedades que se ha adueñado de nuestra sociedad, en la que todo lo que no brille y ruede hacia el futuro se aparta y se esconde como si fuese algo vergonzoso.

La verdad es que esta vez la presidenta de la Comunidad de Madrid ha estado torera y el que diga lo contrario, una de dos, miente o se engaña. Vivir es ser capaz de "creer que un cielo en un infierno cabe", como dice el famoso poema de Lope de Vega, y eso es justo lo que ha hecho Esperanza, más parecida que nunca a su propio nombre. Tiene valor, esta mujer.

jueves, 20 de enero de 2011

Arte y literatura

En la facultad a un profesor que nos mandaba a ver exposiciones de arte. Teníamos que hacerle una redacción de 40 líneas sobre la poesía de la exposición y un "afortunado" la leía al día siguiente en clase y se exponía a la valoración pública de sus compañeros y al escarnio del mismo profesor. Todos lo odiábamos, pero creo que el verbo está bien usado, fue en pasado.

Benjamín, en su artículo de hoy de El País, como cada jueves, reflexiona sobre lo que le apetece y como tantas veces la marea humana que formamos todos y cada uno de nosotros es objetivo de su literatura.
Tras el post del otro día, en el que retrataban a Benjamín mientras charlaba con el artista, hoy seguimos con el arte. Y más concretamente sobre el que hoy ha escrito, con motivo de la exposición de Eduardo Gruber en la Galería Evelyn Botella (a la que pertenece la imagen). Él sí ha encontrado la poesía de la exposición, él sí puede salir ahí y leernos su texto, o que nosotros lo leamos y lo valoremos.

Los héroes no tienen cara
Por Benjamín Prado. El País.

Todos los héroes son anónimos. Si se te ve la cara puedes ser una estrella o, como máximo, un ídolo, pero jamás un héroe, cuyo espacio natural es la niebla y cuyo único espacio posible es la distancia. Juan Urbano ha pensado eso esta mañana mientras miraba dentro de la galería Evelyn Botella dos cuadros del pintor Eduardo Gruber que se titulan Pioneros y Héroes. El último encierra 24 figuras borrosas que parecen posar para una fotografía sin rasgos visibles y rebajados por la bruma de la escena a la categoría de fantasmas, gente indeterminada que o bien se hunde en la oscuridad o aún no ha acabado de salir de ella, pero que en algunos casos tienen en la frente una luz misteriosa que los señala y los identifica: son héroes y por eso no importa quiénes son, sino lo que han hecho.

Me dice Juan que viendo ese cuadro hipnótico le ha parecido que era lo que son todas las obras sobresalientes, es decir, no una apuesta, sino una respuesta, en este caso a la vanidad de nuestras sociedades, tan acostumbradas a dividir a las personas en triunfadores y perdedores que últimamente, en lugar de admirar lo extraordinario, coleccionan lo vulgar y se han acostumbrado a los mitos rotos y las estatuas derribadas. ¿O no es esa la oferta que le hacen a sus seguidores la telebasura y ese patio trasero del periodismo del corazón que es el periodismo de las vísceras, tan presente en nuestras pantallas? "Pónganse cómodos", nos gritan, "y verán un desfile de ángeles caídos, celebridades venidas a menos, millonarios arruinados, prestigios abollados, familias en llamas, palacios con goteras, famosos sin éxito...". El horizonte que parecen vislumbrar los personajes del otro cuadro de Gruber, los Pioneros, cuyos ojos en blanco deben de estar cegados por lo que esperaban de un futuro en el que se empiezan a vislumbrar unos incongruentes perros blancos que ya son de otra época y se dejan ver a modo de adelanto del porvenir, resulta que ni era tan brillante ni tan digno de esa mirada llena de interrogaciones. Cuando esos trabajadores a punto de echar a andar desde los azulejos blancos en los que están pintados lleguen aquí y salgan a la calle Mejía Lequerica, descubrirán que no era oro todo lo que relucía, y que mientras ellos avanzaban algunos de sus derechos retrocedían. Bastará que lean el periódico para que lo entiendan.

Juan y yo vamos a salir del bar en el que nos hemos metido a tomar un café y antes de volver a casa entraremos una vez más en la galería Evelyn Botella para mirar de nuevo a los Héroes y los Pioneros de Eduardo Gruber, que son una llamada de atención sobre la realidad que vivimos, y que es tan poco resistente que resulta más fácil de ennegrecer que un vaso de leche en el que se dejara caer una gota de tinta. Me parece que si alguna gente va allí, igual también se le enciende una bombilla en la conciencia y consigue despertar mientras los mira.

martes, 11 de enero de 2011

Por la equivocación

Tras la hibernación navideña, arrancamos con renovados bríos, y con unas felicitación pendiente. ¡¡Feliz Año!! a todos los que leeis el blog, y por lo tanto seguís a Benjamín, asiduamente o a los que habéis llegado por casualidad. Un año más seguiremos disfrutando de sus obras, un año en el que nos ha prometido novela y libro de poesía... Será, sin duda, un ¡Feliz 2011!

Y para estrenarlo los mejores deseos que Benjamín nos dejó a través de "su página" en El País. Fue el año pasado, pero eran para éste. Y aunque ese día se levantó y arrancó el artículo conectado al polo negativo de la pila, acabó mostrándonos un ejemplo a seguir... leámoslo y brindemos que se equivoque en sus vaticinios.

Gente de abajo.
Por Benjamín Prado. El País.

Como mañana es Nochevieja, cerré los ojos y me puse a hacer un resumen del año que viene. Fue tan fácil que apenas me llevó unos segundos, porque solo necesitaba 30 palabras: "En 2011 bajaron los derechos, se congelaron los salarios y subió todo lo demás, la luz, el gas, el transporte público, el IVA, los impuestos, los combustibles... Fue una ruina".

A los idealistas como Juana Doña se los dejó sin sitio, y su lugar lo han ocupado esos "mercados"
Luego, por pura lógica, me fui a la calle Juan de Vera, en el distrito de Arganzuela, para ver la placa que le ha puesto el Ayuntamiento de Madrid a Juana Doña, aquella luchadora irreductible que caracteriza tanto su tiempo como el nuestro, porque es un símbolo de lo que éramos y de lo que ya no somos: donde acaba el orgullo, empieza la resignación.

Juana, que efectivamente era rebelde, inmanejable, audaz y solidaria, es decir, justo todo lo que hoy ya casi nadie se atreve a ser en esta sociedad sumisa y amedrentada que a menudo confunde lo intolerable con lo inevitable, escribió libros tan emocionantes y lúcidos -si es que la lucidez es el arte de ver claro en la oscuridad- como Gente de abajo -en el que advierte que la memoria es la base de la justicia y sentencia que "olvidar es un despilfarro, es quedarte con las manos vacías"- o Desde la noche y la niebla (mujeres en las cárceles franquistas), donde recoge testimonios de decenas de presas que sufrieron la ferocidad de aquel régimen con suficiente sangre derramada como para empapar todos los uniformes y sotanas del país, en infiernos como la penitenciaría de Ventas; formó parte del Comité Central del Partido Comunista; defendió a la República en la Guerra Civil y cuando ganaron los golpistas se integró en el maquis; se quedó viuda cuando el Funeralísimo asesinó, como a tantos otros, a su marido, que luego sería el protagonista de su obra más conmovedora, Querido Eugenio (una carta de amor al otro lado del tiempo), donde confiesa que nunca se le fueron de los labios "los besos fríos que te di en aquella caja de pino" y en cuyo prólogo Manuel Vázquez Montalbán, que por una coincidencia macabra del destino murió el mismo día que ella, el 18 de octubre del año 2003, una en Barcelona y el otro el Bangkok, la calificaba como la segunda gran dama roja de España, tras Dolores Ibárruri, a la que en mi opinión le sacaba una gran ventaja intelectual; fue condenada a muerte y la pena se la conmutaron porque lo pidió Eva Perón durante su visita a Madrid; pagó con 20 años de cautiverio su militancia; ayudó al desarrollo del sindicato Comisiones Obreras desde la clandestinidad; fue candidata al Senado por el PCE; estuvo implicada en la creación del Partido Comunista de los Pueblos de España y, entre otras muchas cosas, fundó el Movimiento por la Igualdad y la Libertad de las Mujeres, abanderando la causa del feminismo, para recordarnos "la gama de atrocidades y de opresiones que se ejercen sobre la mujer, por el solo hecho de serlo". Le han puesto una placa en la casa donde vivió los últimos 20 años de su vida, qué coincidencia, los mismos que consumió en diferentes penales de aquel país macabro que ahora es lo contrario de lo que fue gracias a personas como ella, pero Juan Urbano y yo mismo creemos que se merece una avenida.

Uno regresa a Juana Doña, aprovechando que ella ha vuelto a salir a su calle de Arganzuela, y se pregunta si a alguien le apetece calcular cuánto nos está costando el desprecio que se ha tenido en España por ciudadanos como ella, el modo en que sus ideas unas veces se criminalizaron, otras se descartaron a granel, sin matices, puesto que vivimos en un mundo en el que se ha llegado a la conclusión de que el capitalismo solo es la democracia y el comunismo era solo Stalin, y otras, simplemente, se ridiculizaron. A los idealistas como Juana Doña se los dejó sin sitio, y su lugar lo han ocupado esos oscuros "mercados" que hoy gobiernan nuestras vidas y nos exigen que les devolvamos lo que nos han robado. Así funciona este negocio. Mala cosa cuando la gente de abajo en lugar de tratar de salir a la superficie se conforma con tener limpio el fondo del pozo. Mi mayor deseo es equivocarme y que 2011 sea un año muy feliz.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Posición

La posición es, según la RAE, la actitud o manera de pensar, obrar o conducirse respecto a algo. Y si algo tiene Benjamín sobre, creo yo, todo, es posición. Siempre se coloca a un lado de la línea, sea el tema que sea. Tanto si le toca directamente como si le toca algo más lejos. Siempre se posiciona. Ayer lo hacía con sus 10 mejores libros, hoy le toca a los derechos de autor.

Eso es, en definitiva, un artículo de opinión. Y eso es lo que hace cada jueves en las páginas de El País. Hoy nos hemos levantado con otro texto suyo, pero quiero dejar constancia en este blog de su opinión respecto a un tema que mueve foros (hoy en día las montañas ya no se mueven) y foreros: la denominada ley Sinde, el intento del Gobierno de limitar las descargas gratuitas en nuestro país. Esto piensa Benjamín:

Canciones gratis para todos.
Por Benjamín Prado. El País.

Al despertar, ya no era un ciudadano y, en consecuencia, no tenía derechos. Me fui a mirar al espejo, para ver si además me había convertido en una cucaracha como la de Kafka, pero no: por fuera continuaba siendo el mismo, lo cual representaba el problema de que para sobrevivir seguiría necesitando comprar comida y tener dinero con el que pagarla. Encendí el ordenador por comprobar si aquello, en cualquier caso, era una pesadilla o la realidad, e inmediatamente comprobé el número de descargas que la gente había hecho de mi trabajo sin pagar por él y leí esa carta de la organización Facua-Consumidores en Acción contra la ley Sinde, en la que le piden a la Comisión de Economía del Congreso que no se apruebe "una norma elaborada contra los intereses de los ciudadanos". O sea, que como los intereses de esos ciudadanos consisten en disfrutar gratis de mi trabajo y del de otros como yo, que también escriben novelas o canciones, pues queda claro que para ellos la cultura y sus profesionales no valen nada, que hay que atarles la etiqueta de cero euros en el dedo gordo del pie, como a los cadáveres de la morgue, y que no deben de recibir una sola moneda a cambio de su trabajo, como sí lo hacen el fontanero, el dependiente de la tienda de ultramarinos, el electricista, el conductor del autobús, la azafata o la empleada del banco. ¿Se han fijado en que con las letras de "consumidores" se puede escribir la palabra "sumidero"?. Y por ahí se va todo.

"Todos los salteadores creen que son Robin Hood", me dice Juan Urbano, mientras tomamos un café que habrá que pagar, y bastante caro, antes de salir del bar, para que los camareros, los representantes y demás sigan pudiendo recibir sus sueldos y saldar sus facturas y sus hipotecas, "pero lo que resulta poco habitual es que la policía, en lugar de detenerlos, mire para otra parte, y eso es justo lo que ocurre. A mí la verdad es que ver a la oposición en pleno tumbar la ley contra las descargas ilegales me dio la medida de esa gente y me hizo extrañarme de que fueran tan pequeños: ¿Cómo es que no miden tres hectáreas cada uno? Porque es increíble que en un metro y pico les quepa tanta hipocresía". Le doy la razón y mientras esperamos el autobús, donde también van a pedirnos un billete a la entrada, le digo: "Sí, y lo peor no son los cínicos sino que haya tanta gente aplaudiéndolos y usando mil y una disculpas para justificar el atraco; los internautas asegurando que lo hacen por amor al arte y para castigar a las prepotentes compañías discográficas, como si la justicia consistiera en saltar de un barco pirata a otro; y los políticos, como de costumbre, entregándose a la retórica y al miedo, porque solo son capaces de tomar medidas impopulares cuando es para subir los impuestos y abaratar los despidos".

Íbamos a comprar nuestros regalos de Navidad y lo teníamos difícil, porque casi todas las tiendas de discos que había hace poco en Madrid están cerradas o desabastecidas. Íbamos a comprar algunas películas, pero tampoco es fácil encontrar dónde, porque los videoclubes están en vías de extinción, dado que los aficionados al séptimo arte prefieren bajárselas de internet o comprárselas a los manteros. El año que viene seguramente tampoco quedarán librerías. También fuimos a comprar algunos alimentos para Nochebuena, y estaban por las nubes, un 60% más caros que hace una semana, lo cual nos dejó las carteras con eco. Para terminar, Juan Urbano y yo fuimos a pagar nuestra tasa de basura impuesta por el Ayuntamiento de Madrid, 112 euros más otros cinco con sesenta por haber excedido el plazo del abono unos días, es decir, en total 117,60. ¿A quién se le ocurre que la cultura sea gratis y los desperdicios se paguen a precio de oro? Al Partido Popular, por ejemplo, que ahora baila alrededor de la ministra Sinde y cuando gane las elecciones hará una ley de propiedad intelectual a la Sarkozy que muchos se merecerán.

¿Saben qué es lo que nunca le tiene un ladrón a las cosas que roba? Respeto. Está tan claro que no sé cómo puede haber quienes no lo entiendan.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Del subsuelo de Madrid, al cielo

El jueves Benjamín nos dejaba un artículo de esos en los que pienso que hace magia. Es capaz de coger las palabras precisas que sólo encajan en las ideas que quieren transmitir. Así es Benjamín, capaz de pasar en cuatro párrafos del cielo al subsuelo, de la indignación a la admiración, de la nada a la verdad.


Los malos al cielo, los héroes al subsuelo
Por Benjamín Prado. El País.

¿Puede la solución ser tan mala como el problema? No hay nada más que ver el descontrol de los controladores aéreos, que le echaron la llave al cielo de España y le dinamitaron el puente a medio millón de ciudadanos y después recordar el modo en que el Gobierno les ha cortado las alas, para darse cuenta de que sí. La mayor parte de la gente está contenta, dentro de lo que cabe, de que se haya aplastado la prepotencia de esa gente que lleva años cegada por la avaricia y segura de su poder, pero en opinión de algunos, el resultado de esa batalla es dos perdedores. A Juan Urbano y a mí, que sufrimos la soberbia de esos profesionales que se comportan como atracadores de bancos, es decir, tomando rehenes para llevarse el dinero, porque nos pilló su estampida en Barajas y a punto de ir a Santander, no nos gusta nada de lo que ha ocurrido. Nada es una palabra sin trastienda, que no admite matices.

Sobre los controladores, la verdad es que a estas alturas lo que nos preocupa no es que se fuesen de sus puestos, sino que vuelvan, porque produce pánico pensar que el espacio aéreo del país esté en manos de personas que pueden llegar a un nivel de irresponsabilidad como ese y dejarse llevar por arrebatos de esa magnitud. Con respecto al Gobierno, tampoco es muy agradable que solucionara el problema con mano de hierro envuelta en leyes de seda, decretando el estado de alarma y llenando las torres de control de coroneles. Qué le vamos a hacer, cada país tiene la historia que tiene, y en este la imagen de los aeropuertos tomados por los militares a algunos nos trae ecos inquietantes. Y, en general, nos deja una pregunta clavada como una espina: en España hay mucha gente que gana lo mismo o más que los controladores, banqueros, directivos de grandes compañías o deportistas, por poner los tres primeros ejemplos que se nos ocurren. ¿Los van a movilizar a todos si no se bajan el sueldo?

La realidad sin embargo, está hecha de paradojas, y casi al mismo tiempo que los controladores le metían un palo en la rueda al país y le hacían un daño de cientos de millones de euros a los viajeros, a la industria turística y a las compañías aéreas, en un lugar mucho menos aparente que cualquier aeropuerto, en la estación del metro de la Puerta del Ángel, un joven policía de 30 años, que lleva tres meses en su puesto, se jugaba la vida para salvar la de un hombre que acababa de caer a las vías y estaba a punto de morir arrollado por el tren. El héroe, además de su hazaña, le dio una respuesta maravillosa a los controladores aéreos que se habían marchado de sus torres de marfil, por ejemplo, en Barajas y en Torrejón de Ardoz: donde ellos exhibían, antes que nada, un desprecio absoluto por su oficio, él dignificaba el suyo; mientras los que cobran 15 veces más despreciaban a cientos de miles de personas, el que cobra en un año menos que los otros en un mes, se la jugaba por una sola; mientras los primeros usaban la deontología para encenderse un pitillo, el segundo demostraba un sentido del deber emocionante.

Tal vez esa parábola sea lo mejor que nos han dejado a todos estos días de presuntas vacaciones. Los malos ennegrecen el cielo y los héroes brillan en el subsuelo.

sábado, 4 de diciembre de 2010

2x1

Estamos en Navidad (llevamos ya varias semanas, según la televisión y los centros comerciales) y las ofertas comerciales nos abruman. Por eso nos subimos al carro y en vez de una opinión de Benjamín Prado, y de Juan Urbano, ponemos dos, la de la semana pasada y la de ésta.

Ambas tienen a la economía y las deudas, las de Madrid primero, y las personales después, en el punto de mira de su forma de ver y de explicar las cosas.


7.000 millones y un fantasma. El País
Por Benjamín Prado. 25-11-2010

Dos personajes de una película de Mel Brooks están conspirando en la Casa Blanca y el primero le dice al segundo: "Hay que conseguir que el presidente se lo haga a su esposa o, de lo contrario, ¡se lo hará al país!". Por supuesto que esa escena es de los tiempos en los que aún se podían contar chistes sin que se te echase encima un colectivo -aunque tal vez sea mejor así y tenía razón el poeta Vicente Núñez cuando escribió que "todos los chistes son de derechas", en el sentido aún peor de la palabra-, pero sirve para explicar el miedo que Juan Urbano y yo hemos sentido al enterarnos de que el Gobierno no va a ayudar al alcalde de Madrid a barrer bajo la alfombra los 7.000 millones de euros que forman la deuda de la ciudad, que con tantas obras está hecha un queso de gruyère en todos los sentidos, porque un túnel es un agujero no solo en el subsuelo, sino también en la caja fuerte, y aquí si algo sobran son túneles. Alberto Ruiz-Gallardón salió de su reunión con el presidente hecho un estafado de Afinsa, de aquellos que cuando dejaron de poder canjear sellos de correos por euros se echaron a la calle a gritar "Zapatero dimisión", y nosotros nos ponemos a temblar. "Imagínate lo que se nos viene encima", dice Juan, "porque si Madrid ya era hasta ayer un lugar en el que la Policía Municipal se ha transformado en un ejército de recaudadores y toda la Administración está enfocada a multar y multar y multar para sacarnos el dinero por la espalda, no quiero ni pensar en lo que nos espera, porque como en esa escena de Mel Brooks, ahora Gallardón se lo hará a la ciudad". Ya lo saben: si pasas por debajo de la M-30 a 55 kilómetros por hora en lugar de a 50, 80 euros de sanción; si tu hijo se bebe una litrona en una plaza, 300 por vulnerar la ley antibotellón y otros 300 por el jaleo; y la tasa de recogida de basura; y el IBI por las nubes -que es una aliteración que le hubiera gustado al poeta postista Carlos Edmundo de Ory, que se murió en voz baja hace unos días, en el casi silencio que esta feria de las vanidades reserva para lo disidente, lo no etiquetable-, y la subida del transporte público que nos aguarda en la próxima curva...". Al llegar ahí, Juan Urbano prefiere tener mucho que callar a seguir hablando y le clava esos puntos suspensivos a la frase como quien sella una caja de madera para olvidar lo que hay dentro. Qué ingenuidad.

Vivimos en un capitalismo inmaterial, donde el dinero es invisible y las torres más altas están llenas de fantasmas, espectros que descienden hasta la Bolsa, entran en los Consejos de Ministros y envenenan la moral de los dirigentes políticos, que cuando el mar se pone bravo no navegan, solo flotan. Ahora el fantasma que más nos asusta y el que se aparece en todos los discursos, es el de "los mercados". Los mercados amenazan, dudan, advierten, sancionan, exigen... y los Gobiernos de Europa se tambalean. El resultado, como todo el mundo sabe, es que se empiezan a recortar derechos a los ciudadanos para que el sistema no se hunda. Esa especie de castillo de Kafka, el sistema, permite que las vacas flacas lo sean por todas partes excepto por el solomillo, que es lo que comen los ricos. Ustedes ya me entienden.

Los Ayuntamientos son gobiernos en miniatura, maquetas que imitan a los edificios, y en consecuencia nos podemos ir preparando, porque esos 7.000 millones que debe Madrid van a salir de nuestras carteras. Esperen y verán.

Vivir consiste en elegir el blanco. El País.

Por Benjamín Prado. 02-12-2010

Huir al sitio equivocado es seguir estando preso. Y para comprobarlo no hay más que ver lo fácil que resulta definir el capitalismo con una sola frase: cayó el muro de Berlín y fue sustituido por el Bundesbank. Sentado en el bar al que ha ido a tomar un café y a leer el periódico igual que cada mañana, Juan Urbano sostiene que, desde que la única ideología es la economía y el único pasaporte al que se presta atención en las fronteras es la tarjeta de crédito, las cosas han cambiado tanto que para entender lo que pasa hay que volver a leerlo todo del revés. Por ejemplo, le das la vuelta a lo que decía Aristóteles de que vivir consiste en elegir un blanco y apuntar hacia él toda tu existencia y asunto resuelto: ahora, la diana eres tú y el que te encañona es un banquero. Es mejor que no esperes a la policía, porque esa gente vive al margen de la ley y dos pisos por encima de la realidad, de forma que su negocio consiste en que si las cosas van bien, tienen beneficios, y si no, también. La crisis repta, no vuela, y por lo tanto muerde a ras de suelo pero no a los que están en los despachos más altos: no hay más que ver a los jefes de Iberia y British Airways, que por un lado anuncian que la fusión de las dos compañías les obligará a hacer algunos ajustes laborales y por otro se suben el sueldo un 56%. En todo el diccionario no hay dos palabras que estén más lejos una de la otra que "ellos" y "nosotros".

Hemos llegado a eso después de leer la noticia de una demanda por estafa que cinco familias ecuatorianas han presentado en un juzgado de guardia de Madrid contra el intermediario financiero con el que contrataron una hipoteca que primero los arruinó y ahora los tiene al borde del desahucio. Las víctimas firmaron el préstamo a través de una asesoría, que es como se llaman ahora los usureros, una supuesta Central Hipotecaria del Inmigrante, y pronto descubrieron que en este mundo una firma es el principio de un laberinto, porque todos los embrollos, mentiras y abusos posibles cayeron sobre ellos en cuanto el notario le echó la llave al despacho. Cualquiera que lea esa información se da cuenta de que estamos hablando de algo que si no es una estafa en sentido estricto, es de la familia, pero los bancos viven en otra esfera, de modo que ahora los echarán por morosos, se quedarán con los pisos y como estos valen hoy día menos que cuando fueron tasados, los clientes, a quienes hacían firmar comisiones millonarias, letras de cambio en blanco y, al parecer, avales que los responsabilizaban de su vivienda y de otra, asegurándoles que ese sistema de cooperativa solidaria los beneficiaba, seguirán teniendo que pagar la diferencia. Es decir, que su banco les quitará la casa, les sacará hasta el último euro, se quedará con los inmuebles hasta que el mercado vuelva a ser rentable y entonces los venderá a buen precio. Un buen negocio que, sin embargo, deja una pregunta en el aire: ¿Conocían los bancos todo ese proceso? ¿Eran, en consecuencia, cómplices de los timadores? Los denunciantes, que han recibido el apoyo de Izquierda Unida, de la asociación de ayuda a inmigrantes Conadee y de la Federación de Asociaciones de Vecinos, aseguran que sí y piden que su deuda desaparezca. Ojalá lo consigan y su triunfo cree escuela.

¿Qué es el capitalismo? Quitarle la ele a Aristóteles: vivir consiste en elegir un banco.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Sin venda

Juan Urbano y Benjamín Prado, el pasado jueves, se soliviantaban contra aquellos que imparten justicia, contra las sentencias fuera de todo sentido común. Están quienes se ponen la venda antes de darse el golpe y quienes se la quitan a la justicia para dártelo a ti.

Yo también me indigno, pero él lo cuenta mejor.

Si robas diez veces más, no eres un ladrón
Por Benjamín Prado. El País.

A veces es difícil saber a quién han robado y quién es el ladrón, y si no se lo creen, lean la noticia que ha salido estos días en el periódico, según la cual Telefónica le ha devuelto 44.351 euros a una concejala del PP en Getafe cuyo teléfono oficial, según dice, utilizó su hija para descargarse de Internet una serie de televisión. Sus rivales del PSOE le han pintado en la espalda la palabra malversación, pero nadie acusa de nada a Telefónica, sino a su víctima, lo cual es como culpar a los polacos de la expansión del nazismo por dejarse invadir: "¿Una factura de 44.351 euros?", dice Juan Urbano, mientras se apresura hacia su oficina. "Es una vergüenza, y me da igual si la concejala miente o dice la verdad, si su hija se descargó una serie o si fue ella que llamaba a su familia todas las mañanas, porque ese dinero no lo vale ni llamar a Washington cada mañana para darle los buenos días a Obama". Y después de eso, repite que el problema de este país es el modo en que las compañías de teléfonos, las líneas aéreas y los jueces siguen siendo intocables, es decir, que están siempre por encima de la ley.

Lo de los jueces lo dice porque está indignado con ese despropósito del Consejo General del Poder Judicial que consiste en destinar 450.000 euros a la contratación de una póliza de seguro que haga frente a la responsabilidad civil en la que puedan incurrir sus componentes y hasta sirva para pagarle la fianza a aquellos que se vean sometidos a un proceso penal. Eso también es dinero público y supone diez veces la cantidad que la telefónica le quería sablear a la concejala de Getafe, y lo digo porque esa gente no cobra, acuchilla. ¿Y nadie de ningún partido va a salir a clamar por semejante escándalo, semejante abuso de poder y semejante saqueo? Alguien se ha confundido: la que lleva la venda en los ojos es la justicia, no sus vigilantes.

Si hay algo incomprensible en España para la gran mayoría de sus ciudadanos, son sus jueces, tan arbitrarios, tan inexplicables y tan tendenciosos en algunas ocasiones que lo mismo hunden a Baltasar Garzón por intentar investigar el franquismo y tal vez por llegar demasiado lejos en su búsqueda de las raíces de la trama Gürtel, que condenan a un hombre al que una negligencia médica dejó en coma hace veintiún años. El hombre fue a hacerse una operación de cirugía estética, para arreglarse la nariz, y salió del quirófano convertido en un vegetal. La familia puso una denuncia y el Tribunal Supremo exculpó a la clínica Nuestra Señora de América y al anestesista, les condenó a ellos a pagar 400.000 euros por los costes del juicio.

Menos mal que lo que pisotean los tribunales lo puede reconstruir la buena suerte, porque los padres del paciente decidieron protestar, acamparon junto al Ministerio de Justicia y una noche, por pura casualidad, pasó por allí un médico que había estado presente en la intervención que dejó en coma a su hijo y que vio cómo fue un descuido del personal del centro lo que provocó la catástrofe. El abogado de la familia ha pedido al Tribunal Supremo que revise la sentencia, y parece que va a hacerlo. Esperemos que no sea para cobrarles otros 400.000 euros. Porque eso seguirá logrando que en este Estado de Derecho en el que vivimos, cada vez que alguien tiene que ir a un juzgado lo haga lo mismo que en la dictadura se iba al cuartel de la Guardia Civil: con miedo, porque no haber hecho nada no era razón suficiente para no estar asustado.

viernes, 29 de octubre de 2010

Lo que nos asusta

Muy felices no estaremos cuando algo como una invisible enfermedad nos mete el miedo en el cuerpo y muy listos no seremos, o no tanto como pensamos, cuando no somos capaces de dar con ella y erradicarla. Me refiero a la legionela, sí, pero también al cólera. Juan Urbano, local él, se centró en el brote madrileño este pasado jueves, pero puede leerse en clave internacional. "Entre los sentimintos colectivos, el más peligroso es el miedo". Eso sí, la de aquí tiene más fácil solución, y es menos peligrosa y triste que la de allá.


La legionela no tiene padre
Por Benjamín Prado. El País.

Lo invisible también se puede encontrar, pero solo tanteando, es decir, con una suma de persistencia, intuición y suerte, y eso es lo que hace muy complicado dar con la madriguera de esa enfermedad con nombre de sabandija, la legionela, que ha vuelto a Madrid, ha matado a dos personas y ha puesto su veneno en otras 31, hasta el momento. La gente de Sanidad sigue su rastro, pero la ciudad es grande y el foco mortal no aparece; lo buscan por los distritos de Centro y Retiro, han inspeccionado el sistema de aire acondicionado del Gregorio Marañón, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y otras doscientas y pico instalaciones, sin éxito, y uno empieza a ver su lucha contra la epidemia y contra el reloj como una mezcla de novela de detectives y ciencia-ficción. A las cosas que nos asustan les damos forma de monstruo, y la legionela es algo viscoso, frío y que repta; algo gris, con escamas húmedas, sangre verde, colmillos curvados y ojos que ven en la oscuridad. "Una amenaza tiene el tamaño de las personas que la temen", dice Juan Urbano, mientras tomamos nuestro desayuno enfrente de la oficina, "por eso hay que evitar que crezca y se haga gigante. Como dijo André Maurois, de entre todos los sentimientos colectivos, el más peligroso es el miedo".

Mientras leíamos las noticias, y comentamos lo complicado y desesperante que debe resultar el trabajo de los investigadores, a los dos nos ha llamado la atención que mientras ellos persiguen a la legionela la Asociación Nacional de Empresas de Frío y Refrigeración intente desmarcarse y emita un comunicado en el que exige, o sea, que no "solicita", ni "pide", ni "recomienda", sino que "exige" para estar a la moda, porque ese es el verbo del año entre los políticos, que todo el tiempo están exigiendo algo al rival, de manera que ellos también exigen a quien corresponda que se comprueben todas las instalaciones de riesgo, incluidas las duchas de piscinas, los gimnasios y los spas, puesto que la bacteria puede alojarse en cualquier lugar con una concentración de agua que esté a una temperatura de entre 30 y 40 grados. Y afilan la exigencia afirmando que "es absolutamente imposible que una torre de refrigeración en Centro o Retiro sea el foco". Por su lado, la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas también lanzó al aire un comunicado, qué menos, en el que "reclama" a los propietarios y usuarios de instalaciones con riesgo de dispersión de la enfermedad que cumplan la legislación. Ya lo ven, la legionela no tiene padre, es mala para el negocio y, por tanto, no hay quien la quiera en su familia.

"Lo bueno de los problemas es que siempre tienen dentro la solución", dice Juan Urbano, así que tal vez la gente del Ministerio de Sanidad y las autoridades locales podrían aprovechar que están inspeccionando la ciudad para obligar a las personas que no cumplen la legislación, esas a las que la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas acusa de ponerle una autopista a la legionelosis, a hacer más seguros sus negocios. Si eso ocurre, el peligro pasará de largo y la legionelosis volvería a los diccionarios de latín. No hay mal que por bien no venga, tal vez.

sábado, 23 de octubre de 2010

La ausencia de miedo

Uno querría ser tan faliz como Eduard Punset, pero a menudo nos vemos tan escépticos y tan realistas como Juan Urbano. Grandes jugadores no hacen un gran equipo, y sino que se lo digan a Florentino Onasis y sus etapas madridistas.

Y hablando del Madrid, cedo la palabra a un madridista de pro, que en este artículo se define como optético. "La crisis es una estado de ánimo", dijo una vez Zapatero, realmente no lo es, (y menos para ese millón de persona al borde de la desesperación), pero, con ojos de Punset, quizá tenía razón.

Un millón de pobres y cinco ministros
Por Benjamín Prado. El País.

Uno solo se deprime por falta de imaginación, y esa es una de las conclusiones a las que podrían haber llegado los asistentes al congreso sobre la felicidad que se ha celebrado en Madrid ayer y antes de ayer, y del que Juan Urbano salió igual que había entrado, absolutamente optéptico, que es la palabra de pega que él usa en broma para explicar su carácter paradójico, que es el de un optimista escéptico, alguien que sabe que, a pesar de todo, la alegría siempre merece la pena.

Mientras los filósofos le daban vueltas con sus cucharas a la felicidad, el presidente del Gobierno se la daba a sus ministerios; y aunque como es un buen lector de poesía sabrá que "no se sostiene la seda con cemento", como dijo el poeta Vicente Núñez en uno de sus Sofismas, esperamos que nos vaya a todos bien con esos trabajos de apuntalamiento. El camión de mudanzas que en el mundo de la política siempre está aparcado detrás del coche oficial se lleva a Trinidad Jiménez a Exteriores, y si lo hace ahí tan rematadamente bien como lo ha hecho en Sanidad, al final nos alegraremos mucho de que no haya salido candidata a presidenta de la Comunidad de Madrid.

Todo lo vertical amenaza ruina, y por eso vivir consiste en mantener el equilibrio; de manera que si las goteras del palacio de la Moncloa se arreglan, tal vez la crisis se atenuará, el horizonte volverá a ponerse recto y la angustia irá pasando. "La felicidad es la ausencia del miedo", dijo Eduard Punset en el congreso celebrado en Madrid, así que si dejamos de estar asustados, esto va a ser una juerga: imagínense, si en la situación que vivimos, cuando según un informe de la UGT, recién presentado en sociedad, solo en Madrid hay un millón de personas que viven al borde de la pobreza y sufre un grave riesgo de exclusión social; si en esas circunstancias el 58% de los españoles se consideran personas felices, es que este país es tan estupendo como Juan Urbano y yo siempre decimos que lo es. Y va a ser aún mejor si a nuestra vocación de felicidad, como la llamaba Jaime Gil de Biedma, y a esa ausencia de miedo de la que habla Punset, le sumamos la ausencia de Díaz Ferrán de la patronal, puesto que no se va a presentar a la reelección, y menos después de que el presidente de la CEIM dijese que necesitaban como jefe a "un empresario que haya pagado las nóminas".

Ahora ya solo falta que el cambio de ministros coincida con un cambio de política, para que empiecen a mermar las cifras que acaba de dar UGT-Madrid, que afirman que en el último año se han sumado al ejército de los pobres de nuestra Comunidad "alrededor de 200.000 personas". Si eso no desaparece, todo lo que se vea será mentira.

jueves, 14 de octubre de 2010

Soltar lastre

Juan Urbano, acompañado por Benjamín Prado, reflexionan en la sección de Madrid de El País, aunque desde Colombia sobre si el ladrón que devuelve el dinero y suelta lastre aligera la conciencia o solo los bolsillos.


Los ladrones no son gente honrada.
Por Benjamín Prado. El País.

Los ladrones no son gente honrada, a pesar de que Enrique Jardiel Poncela dijese lo contrario en una de sus obras, pero al menos pueden dejar atrás la parte en metálico de su delito, devolviendo lo que han robado. No suele ocurrir, aunque parezca mentira, y uno siente un tanto por ciento de lástima cuando uno se pone a pensar en las personas que prefieren hundirse en la ciénaga de la cárcel a soltar sus fortunas, gente del pasado, como el antiguo director de la Guardia Civil, Luis Roldán, o de ahora mismo, el del cabecilla de la trama Gürtel, Francisco Correa, que sigue en prisión mientras esconde en el extranjero los millones de euros que logró amontonar recibiendo comisiones y sobornando a cargos públicos del Partido Popular en nuestra Comunidad, sobre todo en Madrid, Alcalá de Henares y Boadilla del Monte, y también en Valencia y Castilla y León. "Es curioso que les importe tanto enriquecerse y se valoren en tan poco a sí mismos", dice Juan Urbano, y tiene razón, porque hay algo tristísimo en la imagen de esa gente para la que todo tiene un precio y nada tiene valor, ni siquiera sus propias vidas. Se puede ser al mismo tiempo un hombre rico y un pobre hombre, dice el refrán, y no parece que esté equivocado.

Alfonso García Pozuelo, implicado en el 'Gürtel', ha vendido su empresa para devolver el dinero
Todo esto lo hablamos Juan Urbano y yo a la hora del desayuno, como siempre, pero esta vez en un bar de Cartagena de Indias, Colombia, donde nos han traído a dar una conferencia, y después de leer las noticias sobre ese empresario implicado en el caso Gürtel que acaba de darle a Hacienda el dinero que debía. Se llama Alfonso García Pozuelo, era dueño de la empresa Constructora Hispánica y ha tenido que vender a la firma Assignia la empresa que tenía desde hace 20 años, para saldar su deuda. Un hombre inteligente, por suerte para él, y muy original, por desgracia para todos sus antiguos compañeros, que siguen sin aportar las fianzas que les pide el juez y sin traer de vuelta a este lado de la ley los millones que se llevaron. Es imposible no pensar en esos tipos mientras uno ve en este país y en este lugar cómo tanta gente hace lo mismo que en el resto del mundo: trabajar mucho a cambio de muy poco, unos 800.000 pesos al mes, que es menos de 400 euros.

Ese hombre, García Pozuelo, a quien el juez Pedreira imputa delitos de cohecho, tráfico de influencias y contra la Agencia Tributaria, ha vendido su empresa, pero Constructora Hispánica nunca llegó a pedir un ERE ni a despedir a ninguno de sus 2.000 trabajadores, a diferencia de otras implicadas en Gürtel, como la Teconsa o Begar, que han despedido a todos sus trabajadores por quiebra. Además, desde el principio, mostró su decisión de abonar las deudas que le reclamase el fisco y acortar en lo posible el juicio por delito fiscal que se celebró contra él en el Juzgado de lo Penal número 20 de Madrid. Su abogado habló con el fiscal y ofreció pagar todo lo que Hacienda le reclamase: 19,7 millones de euros tal vez no puedan lavar una conciencia, pero sí pueden saldar un error y ser un ejemplo.

No creo que el simple hecho de rectificar te convierta en sabio, ni devolver lo que no es tuyo te convierta en una persona honrada, pero sí te quita una mancha de encima y hace pensar que el viejo dicho francés de que se puede evitar que alguien robe pero no que sea un ladrón, no es del todo justo: parece que hay ladrones vocacionales y ocasionales, y a Juan Urbano y a mí nos apetece pensar que García Pozuelo pertenece a la segunda categoría y hasta desearle suerte. Ojalá algunos de sus antiguos compinches lo quisieran imitar, aunque, por lo que se ve, no hay muchas posibilidades de que así sea.

jueves, 7 de octubre de 2010

El ministerio de Madrid

No tardaremos en conocer qué opina Benjamín de Vargas Llosa, de hecho esperamos el perfil que hará de Don Mario (eso deseo, al menos), con ganas. Él sabrá, mejor que muchos, con lápices de colores, trazarnos el perfil del recien proclamado Nobel de Literatura.

Haremos la espera más liviana con el análisis en cabroncillo de la política madrileña.


Y si pierdes Madrid, te hacen Ministro. Por Benjamín Prado. El País.


Si hay algo difícil para un ganador es saber compartir su victoria con los vencidos. Los golpes duelen y las cicatrices nos los recuerdan. La cicatriz que en lugar de en la piel está en la memoria se llama rencor, y no hay cirujano en el mundo que pueda hacerla desaparecer. Con todo eso, el ganador de las elecciones primarias del PSOE entre candidatos a la Comunidad de Madrid, al que sus rivales han hecho tan famoso que hasta los que no saben cómo se llama saben que es Tomás Gómez, tendrá que montarse un sistema filosófico y elegir una carta de la baraja. No le será fácil, porque cuando tus camaradas y tus enemigos no son fáciles de distinguir, nada está claro y nunca sabes de qué lado va a soplar el viento, si desde la derecha o desde la izquierda. El fuego amigo defiende la misma bandera, pero también mata.

"Imagínate cuando llegue ese hombre a tocar el timbre del palacio de la Moncloa", dice Juan Urbano, mientras apura su segundo café de la mañana. "La cara de he visto un fantasma con la que le va a mirar el presidente del Gobierno al abrirle la puerta. Porque, claro, es que lo de ese hombre es una tragedia. Pide un portafolios y le dan una maleta. Pide su coche y le llevan un camión de mudanzas. Le tira una pelota a sus perros y le devuelven una granada de mano. Pide una cuchara y le traen una pala. Pide un traumatólogo que reduzca la fractura de su partido y aparecen José Bono y José Blanco vestidos, respectivamente, de teólogo y tocólogo. Y él, naturalmente, se pregunta si estarán intentando decirle algo, y mientras lo hace, pide a Trinidad Jiménez y le llevan a Tomás Gómez. Y todo eso con los secretarios generales de Comisiones Obreras y la UGT en la acera de enfrente, vestidos de Cobrador del Frac, y algunos ministros haciendo carreras al volante de un furgón fúnebre. Les está bien empleado, por no darse cuenta de que la democracia y la disciplina de voto hacen muy mala pareja".

Juan Urbano lo explica a su modo, y ya lo conocen: en su argumentación abundan las parábolas; pero yo creo que se le entiende muy bien y que el resumen que hace de la situación es bastante certero. Yo soy más claro, y me parece que lo que ha ocurrido en estas primarias en las que Tomás Gómez ha llegado arriba saltando por encima de su partido, exactamente igual que lo hizo el propio presidente del Gobierno, es que vuelve a quedar claro que en nuestro país la mayor parte de los políticos no se merece a la mayor parte de los ciudadanos. Por eso es de temer que en esta ocasión tampoco encajen ni la derrota ni el triunfo, y que de aquí a mayo, que es cuando se van a enfrentar a Esperanza Aguirre y a Alberto Ruiz-Gallardón, se dediquen más a hacerse la cama unos a otros que a pasarse el balón y se les mueran los peces en las urnas. La única razón de que sus rivales no se froten las manos es que tienen dentro la navaja que usan para pincharse las ruedas entre ellos.

En cualquier caso, aquí son otros los que se juegan el porvenir a cara o cruz, y Tomás Gómez tan contento y sin nada que perder: si fracasa en Madrid, lo hacen ministro, como a la propia Trinidad Jiménez y a Miguel Sebastián, que aún debe de llevar en la cartera de Industria lo que encontró en la basura del alcalde. De momento, a Gómez lo conocíamos tan poco que aún no hemos tenido tiempo de olvidarlo, y Juan Urbano y yo creemos que ha conseguido un buen papel en la obra: el Quijote siempre es el más simpático de los personajes.

viernes, 17 de septiembre de 2010

No disparen al sindicalista

Sirva el título del artículo de la semana pasada para introducir el tema al que esta semana se ha referido Benjamín en su artículo de el jueves en El País. El trabajo, y todas sus variantes prepositivas (con trabajo, sin trabajo, contra trabajo, sobre trabajo, tras trabajo...), están de moda y los liberados (qué mal nombre, qué mayor liberación que no tener que trabajar, qué mala descripción...) están en las portadas, y en las opiniones.

Aquí, la de Benjamín...
Todos contra los sindicatos. Por Benjamín Prado. El País

Anacrónico es una palabra con los cristales rotos, a la que por dentro se le ven los andamios y por encima una capa de polvo del grosor del maquillaje de una folclórica; tiene sonido de reloj oxidado y forma de araña de 10 patas, de modo que cuando alguien le pone a algo ese adjetivo, lo que está diciendo es que se trata de una cosa o persona que no es de este mundo, que hay que llevar a un museo o a un desguace, hay que pisarlo, ponerle veneno, arrojarlo a la basura o echarlo al inodoro y tirar de la cadena. La presidenta de la Comunidad de Madrid dice que los liberados sindicales son anacrónicos y actúa en consecuencia. Nos cuentan a Juan Urbano y a mí que hace poco fue al psicólogo y cuando este le pidió que dijese en tres segundos lo primero que le sugirieran las siglas CC OO y UGT, respondió: ¡Cercenado urgente!

Igual no es verdad, pero tampoco es increíble, y en cualquier caso me parece una buena idea: hay que intentar saber lo que tiene esa gente en la cabeza, no en la boca, porque "hablar es ocultar", como dice desde el más allá y en su libro Poesía y sofismas, recién editado por Visor, el escritor Vicente Núñez, y si eso vale para cualquiera, imagínense para los políticos. Por ejemplo, ¿se han fijado en que, de un tiempo a esta parte, cuando el presidente del Gobierno habla de los trabajadores y del mercado laboral se da vueltas con los dedos al anillo de casado? Igual es una simple coincidencia, o que a uno la crisis que hay y la que viene lo llenan de espinas, pero el caso es que Sigmund Freud habla en una de sus obras de una paciente que mientras alardeaba de su felicidad doméstica se ponía y se quitaba inconscientemente su alianza matrimonial y que, tras dar muchos rodeos, terminó por confesarle que su vida era una calamidad y su marido un tirano insufrible.

Esperanza Aguirre se va a cargar a los liberados sindicales porque ella es así y porque rema con el viento a favor, ahora que su partido y el de enfrente se han puesto de acuerdo en que la clase obrera es el enemigo y, por tanto, hay que disparar a las bombillas y fundirle la luz a sus representantes para así poderse mover a oscuras y hacia atrás, hasta un tiempo en el que las empresas estén en el siglo XXI y sus empleados en el XIX. Hay que salvar a los ricos de los pobres.

La Sanidad y la Educación, como siempre, son el laboratorio donde la presidenta de Madrid ensaya la manera de quitarle el cascabel al gato y busca fórmulas que le permitan sacar las manos limpias del lodo y ampliar o reducir el tamaño de las cosas a su antojo. En estos momentos, ella y sus rivales rivalizan por encontrar un colirio que al echársenos en los ojos nos haga ver las cosas de otra forma, que nos ayude a poner los principios al final como hacen ellos y así nos demos cuenta de que el paro es mentira y los sindicatos son sus causantes. A Juan Urbano y a mí también nos han contado que después de fusionar las cajas de ahorro se van a fusionar ellos también, y que su bandera única va a ser la pirata, pero seguro que eso también es un bulo. Ya saben, cuando el miedo crece, los rumores se multiplican.

"Es posible que una parte del paro sea mentira", dice Juan Urbano, mientras salimos del bar en el que estábamos desayunando, "pero como también lo es gran parte del empleo, una cosa contrarresta a la otra". Seguro que tiene razón, en eso y en que con tanto trabajo sumergido y temporal, la catástrofe no podía estar lejos: no hay nada más fácil que pasar de sumergido a hundido. Y como otra cosa muy sencilla es sacar el hacha cuando sale el sol y meterse en el bosque a hacer leña del árbol caído, Esperanza Aguirre se ha puesto las botas de cazar, ha bajado a la ciudad y como ha visto que hay barra libre con los sindicatos, se va a pagar una ronda de anestésico. La cosa está que no arde.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Las mentiras no ocupan lugar

El jueves Benjamín se unió a la rabiosa actualidad y esta vez decidió seguir la corriente que marcaban los noticiarios. Para decir verdades, como suele, y hacerlo fácil, como siempre.

No disparen al paracaidista.
Por Benjamín Prado. El País.

En la novela más reciente de John Irving, que se llama La última noche de Twisted River y sería mucho mejor si no lo hubiese escrito él, porque él ha escrito El hotel de New Hampshire, Un hijo del circo, El mundo según Garp o Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, hay un adolescente que se enamora de una paracaidista que cae desnuda del cielo, sobre una reunión de amigos con ganas de juerga que la han contratado para que les amenice un fin de semana en el campo, pero que por un error de cálculo aterriza en una pocilga, se pone hecha un Cristo y está a punto de ser devorada por los cerdos. No sé si ustedes la habrán leído, pero Juan Urbano y yo sí que lo hemos hecho y, por alguna razón, nada más leer en el periódico las noticias sobre el cese del profesor Jesús Neira como presidente del consejo asesor del Observatorio contra la Violencia de Género, nos hemos puesto a hablar de ella.

La palabra paracaidista es hermosa, pero su significado no, o al menos no siempre, porque habla de alguien que llega a invadirte, mandado quién sabe por qué oscuros ejércitos; o que pertenece a otro mundo y pretende inmiscuirse en el nuestro; o que está donde está por pura casualidad, porque su avión pasaba por allí... Al profesor Neira es tan fácil atacarlo ahora como lo fue defenderlo cuando salió en defensa de una mujer a la que, supuestamente, estaba agrediendo su novio en plena calle y sufrió por ello un calvario de heridas y hospitales. Nada más encontrarse en condiciones de volver a la vida, la presidenta de la Comunidad de Madrid se apresuró a ficharlo a bombo y platillo, sin duda con la idea de que la lista siempre queda mejor si la adornas con un héroe. Su gestión ha sido tan desastrosa que no ha sido ninguna, como podía adivinarse sin necesidad de ir a consultarle a una pitonisa, y la pregunta de hoy solo puede ser la de siempre: ¿quién le puso el paracaídas al gato?

¿Y por qué tendría que haber sido al contrario? ¿Qué preparación o qué experiencia tenía el profesor Neira para dirigir el consejo asesor del Observatorio contra la Violencia de Género? Salvar un perro atrapado en un contenedor no te convierte en zoólogo, ni echarle un cubo de agua a una hoguera mal apagada te convierte en bombero. Pero la presidenta de la Comunidad de Madrid ha vuelto a demostrar en este caso que, en su opinión, para ocupar un cargo público sirve el primero que pase y esté dispuesto a decir sí señora. Que creas que estás capacitado para cumplir una misión como la que le encomendaron a Neira, lo delata como un inocente, un optimista o un aventurero, pero da igual una cosa o la otra si tienes una idea publicitaria de la política y, por tanto, te sirve cualquiera para la foto, da lo mismo si se trata de un secuestrado por la ETA o de una deportista con cinco medallas al cuello o de un personaje como Neira, cuyo breve paso por la celebridad ha sido una sucesión de disparates de talla XXL. La culpa no la tiene él.

Como remate del esperpento, el rimbombante Observatorio contra la Violencia de Género también era de cartón piedra, nunca existió de verdad, no tenía sede, ni teléfono, ni página web propia, ni presupuesto... Y si sumas todo lo que no tenía, sabrás lo que le interesa realmente la violencia de género a esa gente que también ve en ella un camino hacia las cámaras de televisión y muy poco más. Las mentiras llenan la boca, pero no ocupan lugar.

La verdad es que Neira no caía muy bien, ni por lo que decía, ni por la manera de decirlo, ni por lo que escribía, ni por lo que ha hecho, pero Juan Urbano y yo lo vemos como una de las víctimas de toda esta comedia que ha sido su paso del anonimato a la fama. Una víctima antipática, tal vez, pero solo eso. No nos vamos a tomar una copa a su salud, porque tenemos que conducir, pero tampoco le deseamos nada más que buena suerte en su verdadero mundo. Si quieren culpar a alguien, miren hacia la sede de la Comunidad de Madrid, que esa sí que existe, y no disparen sobre el paracaidista. Y si lo ven caer al barro, como al personaje de John Irving, ofrézcanle una manguera y una toalla.