Ahorro ideológico
jueves, 29 de noviembre de 2012
Vuelve a ser Jueves
Ahorro ideológico
jueves, 8 de diciembre de 2011
Un hogar sin hache
viernes, 11 de noviembre de 2011
Tal día como hoy
jueves, 13 de octubre de 2011
Otra vez - otra vez - otra vez - otra vez
viernes, 30 de septiembre de 2011
Juan Urbano les dice adiós
jueves, 29 de septiembre de 2011
Juan Urbano se despide en jueves
viernes, 6 de mayo de 2011
Messi gana la Feria del libro de Madrid
Si bien es cierto que le sale su lado más madridista cuando comenta en este blog que "Nos vamos sin el tesoro pero con la honra de que nos lo hayan robado", también lo es que sabe guardar las distancias y ponernos de acuerdo, independientemente de los colores, con grandes textos, como el del pasado jueves en El País.
Pero antes de saltar al terreno de escritura, permitidme que destaque las fechas en las que Benjamín estará firmando en la Feria del libro de Madrid (antes incluso de que la propia feria lo publique en su página web), en respuesta a vuestras preguntas: "Hola a todos. Para los que me habéis preguntado por mis firmas en la Feria del Libro, de momento tengo éstas confirmadas:
Sabado 28 por la tarde: Visor.
Domingo 29, mañana: Libreria Machado. Tarde: Muga.
Sábado 4, mañana: Pueblos y culturas. Tarde: libreria Fabula.
Sábado 11, mañana: FNAC . Tarde: Casa del libro.
Domingo 12, tarde: libreria Rafael Alberti
Y ahora sí, salimos del tunel de vestuarios y entramos en el clásico:
En Madrid ya no nos queda ningún título que lograr, pero al menos no nos vamos de vacío como en los últimos años, tenemos la Copa, y además lograda en el mejor partido de fútbol que se ha visto por aquí en mucho tiempo. Así que tendremos que dedicarnos a pensar en el baloncesto y en las elecciones, que como para la gente de izquierdas tiene la misma pinta que para los seguidores del Real Madrid la eliminatoria de la Champions League quizá no sería mala idea utilizarla como lección. ¿Qué pasó en el terreno deportivo? Que el Madrid pagó caro el miedo a su rival en Chamartín, pero cuando le jugó de tú a tú en su casa solo empató porque el árbitro le impidió vencer.
¿Se dará cuenta de eso, por ejemplo, Tomás Gómez y tratará de mirarle a la cara a Esperanza Aguirre mientras ambos compitan por presidir la Comunidad? ¿Conseguirá salirse de los carriles de la corrección política y decir lo que piensa en lugar de lo que considera menos fácil de atacar? "Pues claro", dice de pronto Juan Urbano, "nadie gana una medalla tirándose a la piscina con impermeable, y pelear con miedo es ser medio desertor, porque el 50% de ti trabaja para el enemigo". Aleluya, lo habíamos perdido y ha vuelto. No hay nada como la política para quitarte las cosas importantes de la cabeza.
jueves, 24 de febrero de 2011
Viva El Salvador y el jueves
No pudimos estar en el Centro Cultural de España de El Salvador (quizá sí algún lector que quiera compartirlo con nosotros) pero nos hemos de conformar lo que Georgina Vividor de elsalvador.com nos cuenta de esta visita. "Dentro de lo que he descubierto en estos autores es que la literatura salvadoreña posee un lenguaje fascinante, tiene un sonido y una riqueza, realmente una diferencia, es una literatura muy rica como el país", dejó Benjamín dicho en El Salvador.
No tenemos ese "Cuaderno", pero sí el que acaba de publicarse aquí en España, el número 728, en los que, entre otros nos encontramos con artículos de Elvira Lindo, Abilio Estévez, Reina María Rodríguez, Juan Bonilla, Miguez Huezo Mixco, o poemas de Luis García Montero, Jesús Munárriz...
Echamos de menos, en este último número el habitual texto de Benjamín, pero a falta de editorial bienvenido sea su siempre presente opinión de El País, en la sección de Madrid, en la que hoy se leíamos esto:
Por Benjamín Prado. El País.
Esperanza Aguirre entra en las asambleas con los dientes apretados y sale sonriendo de los helicópteros caídos. La presidenta de la Comunidad de Madrid es un gran ejemplo de la imagen de fortaleza e impermeabilidad que les gusta dar a los políticos españoles, algo que, según mi amigo Juan Urbano, es otra de las herencias de la Transición, que aún hoy es el espejo en el que todos quieren mirarse y que es una época de nuestra historia que al ser considerada una hazaña convirtió en héroes a todos sus protagonistas. Por eso y tal vez porque en la política, como en tantas otras cosas, nos gusta ser norteamericanos de imitación, a nuestros dirigentes les gusta tanto sacar músculo, parecer acorazados, optimistas e invulnerables, dar la impresión de ser inmunes a las preocupaciones y a los miedos del resto de los seres mortales.
Sin embargo, la visión de Aguirre, una mujer que siempre parece alegre a la defensiva y simpática de armas tomar, comunicando el otro día, con una voz en la que las palabras temblaban como bolos a punto de caer, que padecía un cáncer y debía pasar por el quirófano con urgencia, tuvo la virtud de humanizarnos a todos y hacernos bajar las banderas: nada tiene importancia al lado de lo único que importa.
A la mañana siguiente, los pasos de Esperanza Aguirre se dirigían a un hospital público mientras sus manos venían de uno privado, los primeros caminando hacia los quirófanos del Clínico y las segundas sosteniendo una bolsa llena de radiografías de la clínica de Nuestra Señora del Rosario, y unas horas más tarde, cuando los doctores que la habían intervenido dijeron que todo había salido bien, Juan Urbano y yo nos alegramos de corazón, lo mismo que habríamos hecho con cualquier otra persona.
La verdad es que Aguirre mantuvo el tipo en su declaración pública y, además, esta vez la entereza de la que siempre alardea es digna de elogio, porque su caso puede servir como ejemplo a otras personas para que se animen a hacerse revisiones periódicas y recuerden que lo que hacen las personas inteligentes es ir al médico cuando aún no les pasa nada. La famosa sentencia que dice que es mejor prevenir que curar, significa que en este deporte no puedes ganar la carrera, pero puedes llevarte la meta un poco más lejos.
Como los españoles, quitando a tres o cuatro, somos una gente magnífica, no habrá casi nadie en todo el país que no le quiera desear a Esperanza Aguirre un restablecimiento rápido y total; y de hecho, Juan Urbano y yo queremos que esté en plena forma dentro de 90 días para presentarse a las elecciones y perderlas, cosa que será difícil, porque más bien parece capaz de ganarlas sin bajarse de la ambulancia.
El caso de Esperanza Aguirre, como los de Jordi Solé Tura o Pasqual Maragall, que en los últimos tiempos han accedido a rodar sendos documentales sobre su lucha contra el alzhéimer, es importante porque combate esa costumbre de esconder las enfermedades que se ha adueñado de nuestra sociedad, en la que todo lo que no brille y ruede hacia el futuro se aparta y se esconde como si fuese algo vergonzoso.
La verdad es que esta vez la presidenta de la Comunidad de Madrid ha estado torera y el que diga lo contrario, una de dos, miente o se engaña. Vivir es ser capaz de "creer que un cielo en un infierno cabe", como dice el famoso poema de Lope de Vega, y eso es justo lo que ha hecho Esperanza, más parecida que nunca a su propio nombre. Tiene valor, esta mujer.
jueves, 20 de enero de 2011
Arte y literatura
En la facultad a un profesor que nos mandaba a ver exposiciones de arte. Teníamos que hacerle una redacción de 40 líneas sobre la poesía de la exposición y un "afortunado" la leía al día siguiente en clase y se exponía a la valoración pública de sus compañeros y al escarnio del mismo profesor. Todos lo odiábamos, pero creo que el verbo está bien usado, fue en pasado.Todos los héroes son anónimos. Si se te ve la cara puedes ser una estrella o, como máximo, un ídolo, pero jamás un héroe, cuyo espacio natural es la niebla y cuyo único espacio posible es la distancia. Juan Urbano ha pensado eso esta mañana mientras miraba dentro de la galería Evelyn Botella dos cuadros del pintor Eduardo Gruber que se titulan Pioneros y Héroes. El último encierra 24 figuras borrosas que parecen posar para una fotografía sin rasgos visibles y rebajados por la bruma de la escena a la categoría de fantasmas, gente indeterminada que o bien se hunde en la oscuridad o aún no ha acabado de salir de ella, pero que en algunos casos tienen en la frente una luz misteriosa que los señala y los identifica: son héroes y por eso no importa quiénes son, sino lo que han hecho.
Me dice Juan que viendo ese cuadro hipnótico le ha parecido que era lo que son todas las obras sobresalientes, es decir, no una apuesta, sino una respuesta, en este caso a la vanidad de nuestras sociedades, tan acostumbradas a dividir a las personas en triunfadores y perdedores que últimamente, en lugar de admirar lo extraordinario, coleccionan lo vulgar y se han acostumbrado a los mitos rotos y las estatuas derribadas. ¿O no es esa la oferta que le hacen a sus seguidores la telebasura y ese patio trasero del periodismo del corazón que es el periodismo de las vísceras, tan presente en nuestras pantallas? "Pónganse cómodos", nos gritan, "y verán un desfile de ángeles caídos, celebridades venidas a menos, millonarios arruinados, prestigios abollados, familias en llamas, palacios con goteras, famosos sin éxito...". El horizonte que parecen vislumbrar los personajes del otro cuadro de Gruber, los Pioneros, cuyos ojos en blanco deben de estar cegados por lo que esperaban de un futuro en el que se empiezan a vislumbrar unos incongruentes perros blancos que ya son de otra época y se dejan ver a modo de adelanto del porvenir, resulta que ni era tan brillante ni tan digno de esa mirada llena de interrogaciones. Cuando esos trabajadores a punto de echar a andar desde los azulejos blancos en los que están pintados lleguen aquí y salgan a la calle Mejía Lequerica, descubrirán que no era oro todo lo que relucía, y que mientras ellos avanzaban algunos de sus derechos retrocedían. Bastará que lean el periódico para que lo entiendan.
Juan y yo vamos a salir del bar en el que nos hemos metido a tomar un café y antes de volver a casa entraremos una vez más en la galería Evelyn Botella para mirar de nuevo a los Héroes y los Pioneros de Eduardo Gruber, que son una llamada de atención sobre la realidad que vivimos, y que es tan poco resistente que resulta más fácil de ennegrecer que un vaso de leche en el que se dejara caer una gota de tinta. Me parece que si alguna gente va allí, igual también se le enciende una bombilla en la conciencia y consigue despertar mientras los mira.
martes, 11 de enero de 2011
Por la equivocación
Y para estrenarlo los mejores deseos que Benjamín nos dejó a través de "su página" en El País. Fue el año pasado, pero eran para éste. Y aunque ese día se levantó y arrancó el artículo conectado al polo negativo de la pila, acabó mostrándonos un ejemplo a seguir... leámoslo y brindemos que se equivoque en sus vaticinios.
Como mañana es Nochevieja, cerré los ojos y me puse a hacer un resumen del año que viene. Fue tan fácil que apenas me llevó unos segundos, porque solo necesitaba 30 palabras: "En 2011 bajaron los derechos, se congelaron los salarios y subió todo lo demás, la luz, el gas, el transporte público, el IVA, los impuestos, los combustibles... Fue una ruina".
A los idealistas como Juana Doña se los dejó sin sitio, y su lugar lo han ocupado esos "mercados"
Luego, por pura lógica, me fui a la calle Juan de Vera, en el distrito de Arganzuela, para ver la placa que le ha puesto el Ayuntamiento de Madrid a Juana Doña, aquella luchadora irreductible que caracteriza tanto su tiempo como el nuestro, porque es un símbolo de lo que éramos y de lo que ya no somos: donde acaba el orgullo, empieza la resignación.
Juana, que efectivamente era rebelde, inmanejable, audaz y solidaria, es decir, justo todo lo que hoy ya casi nadie se atreve a ser en esta sociedad sumisa y amedrentada que a menudo confunde lo intolerable con lo inevitable, escribió libros tan emocionantes y lúcidos -si es que la lucidez es el arte de ver claro en la oscuridad- como Gente de abajo -en el que advierte que la memoria es la base de la justicia y sentencia que "olvidar es un despilfarro, es quedarte con las manos vacías"- o Desde la noche y la niebla (mujeres en las cárceles franquistas), donde recoge testimonios de decenas de presas que sufrieron la ferocidad de aquel régimen con suficiente sangre derramada como para empapar todos los uniformes y sotanas del país, en infiernos como la penitenciaría de Ventas; formó parte del Comité Central del Partido Comunista; defendió a la República en la Guerra Civil y cuando ganaron los golpistas se integró en el maquis; se quedó viuda cuando el Funeralísimo asesinó, como a tantos otros, a su marido, que luego sería el protagonista de su obra más conmovedora, Querido Eugenio (una carta de amor al otro lado del tiempo), donde confiesa que nunca se le fueron de los labios "los besos fríos que te di en aquella caja de pino" y en cuyo prólogo Manuel Vázquez Montalbán, que por una coincidencia macabra del destino murió el mismo día que ella, el 18 de octubre del año 2003, una en Barcelona y el otro el Bangkok, la calificaba como la segunda gran dama roja de España, tras Dolores Ibárruri, a la que en mi opinión le sacaba una gran ventaja intelectual; fue condenada a muerte y la pena se la conmutaron porque lo pidió Eva Perón durante su visita a Madrid; pagó con 20 años de cautiverio su militancia; ayudó al desarrollo del sindicato Comisiones Obreras desde la clandestinidad; fue candidata al Senado por el PCE; estuvo implicada en la creación del Partido Comunista de los Pueblos de España y, entre otras muchas cosas, fundó el Movimiento por la Igualdad y la Libertad de las Mujeres, abanderando la causa del feminismo, para recordarnos "la gama de atrocidades y de opresiones que se ejercen sobre la mujer, por el solo hecho de serlo". Le han puesto una placa en la casa donde vivió los últimos 20 años de su vida, qué coincidencia, los mismos que consumió en diferentes penales de aquel país macabro que ahora es lo contrario de lo que fue gracias a personas como ella, pero Juan Urbano y yo mismo creemos que se merece una avenida.
Uno regresa a Juana Doña, aprovechando que ella ha vuelto a salir a su calle de Arganzuela, y se pregunta si a alguien le apetece calcular cuánto nos está costando el desprecio que se ha tenido en España por ciudadanos como ella, el modo en que sus ideas unas veces se criminalizaron, otras se descartaron a granel, sin matices, puesto que vivimos en un mundo en el que se ha llegado a la conclusión de que el capitalismo solo es la democracia y el comunismo era solo Stalin, y otras, simplemente, se ridiculizaron. A los idealistas como Juana Doña se los dejó sin sitio, y su lugar lo han ocupado esos oscuros "mercados" que hoy gobiernan nuestras vidas y nos exigen que les devolvamos lo que nos han robado. Así funciona este negocio. Mala cosa cuando la gente de abajo en lugar de tratar de salir a la superficie se conforma con tener limpio el fondo del pozo. Mi mayor deseo es equivocarme y que 2011 sea un año muy feliz.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Posición
"Todos los salteadores creen que son Robin Hood", me dice Juan Urbano, mientras tomamos un café que habrá que pagar, y bastante caro, antes de salir del bar, para que los camareros, los representantes y demás sigan pudiendo recibir sus sueldos y saldar sus facturas y sus hipotecas, "pero lo que resulta poco habitual es que la policía, en lugar de detenerlos, mire para otra parte, y eso es justo lo que ocurre. A mí la verdad es que ver a la oposición en pleno tumbar la ley contra las descargas ilegales me dio la medida de esa gente y me hizo extrañarme de que fueran tan pequeños: ¿Cómo es que no miden tres hectáreas cada uno? Porque es increíble que en un metro y pico les quepa tanta hipocresía". Le doy la razón y mientras esperamos el autobús, donde también van a pedirnos un billete a la entrada, le digo: "Sí, y lo peor no son los cínicos sino que haya tanta gente aplaudiéndolos y usando mil y una disculpas para justificar el atraco; los internautas asegurando que lo hacen por amor al arte y para castigar a las prepotentes compañías discográficas, como si la justicia consistiera en saltar de un barco pirata a otro; y los políticos, como de costumbre, entregándose a la retórica y al miedo, porque solo son capaces de tomar medidas impopulares cuando es para subir los impuestos y abaratar los despidos".
Íbamos a comprar nuestros regalos de Navidad y lo teníamos difícil, porque casi todas las tiendas de discos que había hace poco en Madrid están cerradas o desabastecidas. Íbamos a comprar algunas películas, pero tampoco es fácil encontrar dónde, porque los videoclubes están en vías de extinción, dado que los aficionados al séptimo arte prefieren bajárselas de internet o comprárselas a los manteros. El año que viene seguramente tampoco quedarán librerías. También fuimos a comprar algunos alimentos para Nochebuena, y estaban por las nubes, un 60% más caros que hace una semana, lo cual nos dejó las carteras con eco. Para terminar, Juan Urbano y yo fuimos a pagar nuestra tasa de basura impuesta por el Ayuntamiento de Madrid, 112 euros más otros cinco con sesenta por haber excedido el plazo del abono unos días, es decir, en total 117,60. ¿A quién se le ocurre que la cultura sea gratis y los desperdicios se paguen a precio de oro? Al Partido Popular, por ejemplo, que ahora baila alrededor de la ministra Sinde y cuando gane las elecciones hará una ley de propiedad intelectual a la Sarkozy que muchos se merecerán.
¿Saben qué es lo que nunca le tiene un ladrón a las cosas que roba? Respeto. Está tan claro que no sé cómo puede haber quienes no lo entiendan.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Del subsuelo de Madrid, al cielo
¿Puede la solución ser tan mala como el problema? No hay nada más que ver el descontrol de los controladores aéreos, que le echaron la llave al cielo de España y le dinamitaron el puente a medio millón de ciudadanos y después recordar el modo en que el Gobierno les ha cortado las alas, para darse cuenta de que sí. La mayor parte de la gente está contenta, dentro de lo que cabe, de que se haya aplastado la prepotencia de esa gente que lleva años cegada por la avaricia y segura de su poder, pero en opinión de algunos, el resultado de esa batalla es dos perdedores. A Juan Urbano y a mí, que sufrimos la soberbia de esos profesionales que se comportan como atracadores de bancos, es decir, tomando rehenes para llevarse el dinero, porque nos pilló su estampida en Barajas y a punto de ir a Santander, no nos gusta nada de lo que ha ocurrido. Nada es una palabra sin trastienda, que no admite matices.
Sobre los controladores, la verdad es que a estas alturas lo que nos preocupa no es que se fuesen de sus puestos, sino que vuelvan, porque produce pánico pensar que el espacio aéreo del país esté en manos de personas que pueden llegar a un nivel de irresponsabilidad como ese y dejarse llevar por arrebatos de esa magnitud. Con respecto al Gobierno, tampoco es muy agradable que solucionara el problema con mano de hierro envuelta en leyes de seda, decretando el estado de alarma y llenando las torres de control de coroneles. Qué le vamos a hacer, cada país tiene la historia que tiene, y en este la imagen de los aeropuertos tomados por los militares a algunos nos trae ecos inquietantes. Y, en general, nos deja una pregunta clavada como una espina: en España hay mucha gente que gana lo mismo o más que los controladores, banqueros, directivos de grandes compañías o deportistas, por poner los tres primeros ejemplos que se nos ocurren. ¿Los van a movilizar a todos si no se bajan el sueldo?
La realidad sin embargo, está hecha de paradojas, y casi al mismo tiempo que los controladores le metían un palo en la rueda al país y le hacían un daño de cientos de millones de euros a los viajeros, a la industria turística y a las compañías aéreas, en un lugar mucho menos aparente que cualquier aeropuerto, en la estación del metro de la Puerta del Ángel, un joven policía de 30 años, que lleva tres meses en su puesto, se jugaba la vida para salvar la de un hombre que acababa de caer a las vías y estaba a punto de morir arrollado por el tren. El héroe, además de su hazaña, le dio una respuesta maravillosa a los controladores aéreos que se habían marchado de sus torres de marfil, por ejemplo, en Barajas y en Torrejón de Ardoz: donde ellos exhibían, antes que nada, un desprecio absoluto por su oficio, él dignificaba el suyo; mientras los que cobran 15 veces más despreciaban a cientos de miles de personas, el que cobra en un año menos que los otros en un mes, se la jugaba por una sola; mientras los primeros usaban la deontología para encenderse un pitillo, el segundo demostraba un sentido del deber emocionante.
Tal vez esa parábola sea lo mejor que nos han dejado a todos estos días de presuntas vacaciones. Los malos ennegrecen el cielo y los héroes brillan en el subsuelo.
sábado, 4 de diciembre de 2010
2x1
Ambas tienen a la economía y las deudas, las de Madrid primero, y las personales después, en el punto de mira de su forma de ver y de explicar las cosas.
Dos personajes de una película de Mel Brooks están conspirando en la Casa Blanca y el primero le dice al segundo: "Hay que conseguir que el presidente se lo haga a su esposa o, de lo contrario, ¡se lo hará al país!". Por supuesto que esa escena es de los tiempos en los que aún se podían contar chistes sin que se te echase encima un colectivo -aunque tal vez sea mejor así y tenía razón el poeta Vicente Núñez cuando escribió que "todos los chistes son de derechas", en el sentido aún peor de la palabra-, pero sirve para explicar el miedo que Juan Urbano y yo hemos sentido al enterarnos de que el Gobierno no va a ayudar al alcalde de Madrid a barrer bajo la alfombra los 7.000 millones de euros que forman la deuda de la ciudad, que con tantas obras está hecha un queso de gruyère en todos los sentidos, porque un túnel es un agujero no solo en el subsuelo, sino también en la caja fuerte, y aquí si algo sobran son túneles. Alberto Ruiz-Gallardón salió de su reunión con el presidente hecho un estafado de Afinsa, de aquellos que cuando dejaron de poder canjear sellos de correos por euros se echaron a la calle a gritar "Zapatero dimisión", y nosotros nos ponemos a temblar. "Imagínate lo que se nos viene encima", dice Juan, "porque si Madrid ya era hasta ayer un lugar en el que la Policía Municipal se ha transformado en un ejército de recaudadores y toda la Administración está enfocada a multar y multar y multar para sacarnos el dinero por la espalda, no quiero ni pensar en lo que nos espera, porque como en esa escena de Mel Brooks, ahora Gallardón se lo hará a la ciudad". Ya lo saben: si pasas por debajo de la M-30 a 55 kilómetros por hora en lugar de a 50, 80 euros de sanción; si tu hijo se bebe una litrona en una plaza, 300 por vulnerar la ley antibotellón y otros 300 por el jaleo; y la tasa de recogida de basura; y el IBI por las nubes -que es una aliteración que le hubiera gustado al poeta postista Carlos Edmundo de Ory, que se murió en voz baja hace unos días, en el casi silencio que esta feria de las vanidades reserva para lo disidente, lo no etiquetable-, y la subida del transporte público que nos aguarda en la próxima curva...". Al llegar ahí, Juan Urbano prefiere tener mucho que callar a seguir hablando y le clava esos puntos suspensivos a la frase como quien sella una caja de madera para olvidar lo que hay dentro. Qué ingenuidad.
Vivimos en un capitalismo inmaterial, donde el dinero es invisible y las torres más altas están llenas de fantasmas, espectros que descienden hasta la Bolsa, entran en los Consejos de Ministros y envenenan la moral de los dirigentes políticos, que cuando el mar se pone bravo no navegan, solo flotan. Ahora el fantasma que más nos asusta y el que se aparece en todos los discursos, es el de "los mercados". Los mercados amenazan, dudan, advierten, sancionan, exigen... y los Gobiernos de Europa se tambalean. El resultado, como todo el mundo sabe, es que se empiezan a recortar derechos a los ciudadanos para que el sistema no se hunda. Esa especie de castillo de Kafka, el sistema, permite que las vacas flacas lo sean por todas partes excepto por el solomillo, que es lo que comen los ricos. Ustedes ya me entienden.
Los Ayuntamientos son gobiernos en miniatura, maquetas que imitan a los edificios, y en consecuencia nos podemos ir preparando, porque esos 7.000 millones que debe Madrid van a salir de nuestras carteras. Esperen y verán.
Vivir consiste en elegir el blanco. El País.
Por Benjamín Prado. 02-12-2010
Huir al sitio equivocado es seguir estando preso. Y para comprobarlo no hay más que ver lo fácil que resulta definir el capitalismo con una sola frase: cayó el muro de Berlín y fue sustituido por el Bundesbank. Sentado en el bar al que ha ido a tomar un café y a leer el periódico igual que cada mañana, Juan Urbano sostiene que, desde que la única ideología es la economía y el único pasaporte al que se presta atención en las fronteras es la tarjeta de crédito, las cosas han cambiado tanto que para entender lo que pasa hay que volver a leerlo todo del revés. Por ejemplo, le das la vuelta a lo que decía Aristóteles de que vivir consiste en elegir un blanco y apuntar hacia él toda tu existencia y asunto resuelto: ahora, la diana eres tú y el que te encañona es un banquero. Es mejor que no esperes a la policía, porque esa gente vive al margen de la ley y dos pisos por encima de la realidad, de forma que su negocio consiste en que si las cosas van bien, tienen beneficios, y si no, también. La crisis repta, no vuela, y por lo tanto muerde a ras de suelo pero no a los que están en los despachos más altos: no hay más que ver a los jefes de Iberia y British Airways, que por un lado anuncian que la fusión de las dos compañías les obligará a hacer algunos ajustes laborales y por otro se suben el sueldo un 56%. En todo el diccionario no hay dos palabras que estén más lejos una de la otra que "ellos" y "nosotros".
Hemos llegado a eso después de leer la noticia de una demanda por estafa que cinco familias ecuatorianas han presentado en un juzgado de guardia de Madrid contra el intermediario financiero con el que contrataron una hipoteca que primero los arruinó y ahora los tiene al borde del desahucio. Las víctimas firmaron el préstamo a través de una asesoría, que es como se llaman ahora los usureros, una supuesta Central Hipotecaria del Inmigrante, y pronto descubrieron que en este mundo una firma es el principio de un laberinto, porque todos los embrollos, mentiras y abusos posibles cayeron sobre ellos en cuanto el notario le echó la llave al despacho. Cualquiera que lea esa información se da cuenta de que estamos hablando de algo que si no es una estafa en sentido estricto, es de la familia, pero los bancos viven en otra esfera, de modo que ahora los echarán por morosos, se quedarán con los pisos y como estos valen hoy día menos que cuando fueron tasados, los clientes, a quienes hacían firmar comisiones millonarias, letras de cambio en blanco y, al parecer, avales que los responsabilizaban de su vivienda y de otra, asegurándoles que ese sistema de cooperativa solidaria los beneficiaba, seguirán teniendo que pagar la diferencia. Es decir, que su banco les quitará la casa, les sacará hasta el último euro, se quedará con los inmuebles hasta que el mercado vuelva a ser rentable y entonces los venderá a buen precio. Un buen negocio que, sin embargo, deja una pregunta en el aire: ¿Conocían los bancos todo ese proceso? ¿Eran, en consecuencia, cómplices de los timadores? Los denunciantes, que han recibido el apoyo de Izquierda Unida, de la asociación de ayuda a inmigrantes Conadee y de la Federación de Asociaciones de Vecinos, aseguran que sí y piden que su deuda desaparezca. Ojalá lo consigan y su triunfo cree escuela.
¿Qué es el capitalismo? Quitarle la ele a Aristóteles: vivir consiste en elegir un banco.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Sin venda
Yo también me indigno, pero él lo cuenta mejor.
Si robas diez veces más, no eres un ladrón
A veces es difícil saber a quién han robado y quién es el ladrón, y si no se lo creen, lean la noticia que ha salido estos días en el periódico, según la cual Telefónica le ha devuelto 44.351 euros a una concejala del PP en Getafe cuyo teléfono oficial, según dice, utilizó su hija para descargarse de Internet una serie de televisión. Sus rivales del PSOE le han pintado en la espalda la palabra malversación, pero nadie acusa de nada a Telefónica, sino a su víctima, lo cual es como culpar a los polacos de la expansión del nazismo por dejarse invadir: "¿Una factura de 44.351 euros?", dice Juan Urbano, mientras se apresura hacia su oficina. "Es una vergüenza, y me da igual si la concejala miente o dice la verdad, si su hija se descargó una serie o si fue ella que llamaba a su familia todas las mañanas, porque ese dinero no lo vale ni llamar a Washington cada mañana para darle los buenos días a Obama". Y después de eso, repite que el problema de este país es el modo en que las compañías de teléfonos, las líneas aéreas y los jueces siguen siendo intocables, es decir, que están siempre por encima de la ley.
Lo de los jueces lo dice porque está indignado con ese despropósito del Consejo General del Poder Judicial que consiste en destinar 450.000 euros a la contratación de una póliza de seguro que haga frente a la responsabilidad civil en la que puedan incurrir sus componentes y hasta sirva para pagarle la fianza a aquellos que se vean sometidos a un proceso penal. Eso también es dinero público y supone diez veces la cantidad que la telefónica le quería sablear a la concejala de Getafe, y lo digo porque esa gente no cobra, acuchilla. ¿Y nadie de ningún partido va a salir a clamar por semejante escándalo, semejante abuso de poder y semejante saqueo? Alguien se ha confundido: la que lleva la venda en los ojos es la justicia, no sus vigilantes.
Si hay algo incomprensible en España para la gran mayoría de sus ciudadanos, son sus jueces, tan arbitrarios, tan inexplicables y tan tendenciosos en algunas ocasiones que lo mismo hunden a Baltasar Garzón por intentar investigar el franquismo y tal vez por llegar demasiado lejos en su búsqueda de las raíces de la trama Gürtel, que condenan a un hombre al que una negligencia médica dejó en coma hace veintiún años. El hombre fue a hacerse una operación de cirugía estética, para arreglarse la nariz, y salió del quirófano convertido en un vegetal. La familia puso una denuncia y el Tribunal Supremo exculpó a la clínica Nuestra Señora de América y al anestesista, les condenó a ellos a pagar 400.000 euros por los costes del juicio.
Menos mal que lo que pisotean los tribunales lo puede reconstruir la buena suerte, porque los padres del paciente decidieron protestar, acamparon junto al Ministerio de Justicia y una noche, por pura casualidad, pasó por allí un médico que había estado presente en la intervención que dejó en coma a su hijo y que vio cómo fue un descuido del personal del centro lo que provocó la catástrofe. El abogado de la familia ha pedido al Tribunal Supremo que revise la sentencia, y parece que va a hacerlo. Esperemos que no sea para cobrarles otros 400.000 euros. Porque eso seguirá logrando que en este Estado de Derecho en el que vivimos, cada vez que alguien tiene que ir a un juzgado lo haga lo mismo que en la dictadura se iba al cuartel de la Guardia Civil: con miedo, porque no haber hecho nada no era razón suficiente para no estar asustado.
viernes, 29 de octubre de 2010
Lo que nos asusta
Lo invisible también se puede encontrar, pero solo tanteando, es decir, con una suma de persistencia, intuición y suerte, y eso es lo que hace muy complicado dar con la madriguera de esa enfermedad con nombre de sabandija, la legionela, que ha vuelto a Madrid, ha matado a dos personas y ha puesto su veneno en otras 31, hasta el momento. La gente de Sanidad sigue su rastro, pero la ciudad es grande y el foco mortal no aparece; lo buscan por los distritos de Centro y Retiro, han inspeccionado el sistema de aire acondicionado del Gregorio Marañón, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y otras doscientas y pico instalaciones, sin éxito, y uno empieza a ver su lucha contra la epidemia y contra el reloj como una mezcla de novela de detectives y ciencia-ficción. A las cosas que nos asustan les damos forma de monstruo, y la legionela es algo viscoso, frío y que repta; algo gris, con escamas húmedas, sangre verde, colmillos curvados y ojos que ven en la oscuridad. "Una amenaza tiene el tamaño de las personas que la temen", dice Juan Urbano, mientras tomamos nuestro desayuno enfrente de la oficina, "por eso hay que evitar que crezca y se haga gigante. Como dijo André Maurois, de entre todos los sentimientos colectivos, el más peligroso es el miedo".
Mientras leíamos las noticias, y comentamos lo complicado y desesperante que debe resultar el trabajo de los investigadores, a los dos nos ha llamado la atención que mientras ellos persiguen a la legionela la Asociación Nacional de Empresas de Frío y Refrigeración intente desmarcarse y emita un comunicado en el que exige, o sea, que no "solicita", ni "pide", ni "recomienda", sino que "exige" para estar a la moda, porque ese es el verbo del año entre los políticos, que todo el tiempo están exigiendo algo al rival, de manera que ellos también exigen a quien corresponda que se comprueben todas las instalaciones de riesgo, incluidas las duchas de piscinas, los gimnasios y los spas, puesto que la bacteria puede alojarse en cualquier lugar con una concentración de agua que esté a una temperatura de entre 30 y 40 grados. Y afilan la exigencia afirmando que "es absolutamente imposible que una torre de refrigeración en Centro o Retiro sea el foco". Por su lado, la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas también lanzó al aire un comunicado, qué menos, en el que "reclama" a los propietarios y usuarios de instalaciones con riesgo de dispersión de la enfermedad que cumplan la legislación. Ya lo ven, la legionela no tiene padre, es mala para el negocio y, por tanto, no hay quien la quiera en su familia.
"Lo bueno de los problemas es que siempre tienen dentro la solución", dice Juan Urbano, así que tal vez la gente del Ministerio de Sanidad y las autoridades locales podrían aprovechar que están inspeccionando la ciudad para obligar a las personas que no cumplen la legislación, esas a las que la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas acusa de ponerle una autopista a la legionelosis, a hacer más seguros sus negocios. Si eso ocurre, el peligro pasará de largo y la legionelosis volvería a los diccionarios de latín. No hay mal que por bien no venga, tal vez.
sábado, 23 de octubre de 2010
La ausencia de miedo
Y hablando del Madrid, cedo la palabra a un madridista de pro, que en este artículo se define como optético. "La crisis es una estado de ánimo", dijo una vez Zapatero, realmente no lo es, (y menos para ese millón de persona al borde de la desesperación), pero, con ojos de Punset, quizá tenía razón.
Uno solo se deprime por falta de imaginación, y esa es una de las conclusiones a las que podrían haber llegado los asistentes al congreso sobre la felicidad que se ha celebrado en Madrid ayer y antes de ayer, y del que Juan Urbano salió igual que había entrado, absolutamente optéptico, que es la palabra de pega que él usa en broma para explicar su carácter paradójico, que es el de un optimista escéptico, alguien que sabe que, a pesar de todo, la alegría siempre merece la pena.
Mientras los filósofos le daban vueltas con sus cucharas a la felicidad, el presidente del Gobierno se la daba a sus ministerios; y aunque como es un buen lector de poesía sabrá que "no se sostiene la seda con cemento", como dijo el poeta Vicente Núñez en uno de sus Sofismas, esperamos que nos vaya a todos bien con esos trabajos de apuntalamiento. El camión de mudanzas que en el mundo de la política siempre está aparcado detrás del coche oficial se lleva a Trinidad Jiménez a Exteriores, y si lo hace ahí tan rematadamente bien como lo ha hecho en Sanidad, al final nos alegraremos mucho de que no haya salido candidata a presidenta de la Comunidad de Madrid.
Todo lo vertical amenaza ruina, y por eso vivir consiste en mantener el equilibrio; de manera que si las goteras del palacio de la Moncloa se arreglan, tal vez la crisis se atenuará, el horizonte volverá a ponerse recto y la angustia irá pasando. "La felicidad es la ausencia del miedo", dijo Eduard Punset en el congreso celebrado en Madrid, así que si dejamos de estar asustados, esto va a ser una juerga: imagínense, si en la situación que vivimos, cuando según un informe de la UGT, recién presentado en sociedad, solo en Madrid hay un millón de personas que viven al borde de la pobreza y sufre un grave riesgo de exclusión social; si en esas circunstancias el 58% de los españoles se consideran personas felices, es que este país es tan estupendo como Juan Urbano y yo siempre decimos que lo es. Y va a ser aún mejor si a nuestra vocación de felicidad, como la llamaba Jaime Gil de Biedma, y a esa ausencia de miedo de la que habla Punset, le sumamos la ausencia de Díaz Ferrán de la patronal, puesto que no se va a presentar a la reelección, y menos después de que el presidente de la CEIM dijese que necesitaban como jefe a "un empresario que haya pagado las nóminas".
Ahora ya solo falta que el cambio de ministros coincida con un cambio de política, para que empiecen a mermar las cifras que acaba de dar UGT-Madrid, que afirman que en el último año se han sumado al ejército de los pobres de nuestra Comunidad "alrededor de 200.000 personas". Si eso no desaparece, todo lo que se vea será mentira.
jueves, 14 de octubre de 2010
Soltar lastre
Los ladrones no son gente honrada, a pesar de que Enrique Jardiel Poncela dijese lo contrario en una de sus obras, pero al menos pueden dejar atrás la parte en metálico de su delito, devolviendo lo que han robado. No suele ocurrir, aunque parezca mentira, y uno siente un tanto por ciento de lástima cuando uno se pone a pensar en las personas que prefieren hundirse en la ciénaga de la cárcel a soltar sus fortunas, gente del pasado, como el antiguo director de la Guardia Civil, Luis Roldán, o de ahora mismo, el del cabecilla de la trama Gürtel, Francisco Correa, que sigue en prisión mientras esconde en el extranjero los millones de euros que logró amontonar recibiendo comisiones y sobornando a cargos públicos del Partido Popular en nuestra Comunidad, sobre todo en Madrid, Alcalá de Henares y Boadilla del Monte, y también en Valencia y Castilla y León. "Es curioso que les importe tanto enriquecerse y se valoren en tan poco a sí mismos", dice Juan Urbano, y tiene razón, porque hay algo tristísimo en la imagen de esa gente para la que todo tiene un precio y nada tiene valor, ni siquiera sus propias vidas. Se puede ser al mismo tiempo un hombre rico y un pobre hombre, dice el refrán, y no parece que esté equivocado.
Alfonso García Pozuelo, implicado en el 'Gürtel', ha vendido su empresa para devolver el dinero
Todo esto lo hablamos Juan Urbano y yo a la hora del desayuno, como siempre, pero esta vez en un bar de Cartagena de Indias, Colombia, donde nos han traído a dar una conferencia, y después de leer las noticias sobre ese empresario implicado en el caso Gürtel que acaba de darle a Hacienda el dinero que debía. Se llama Alfonso García Pozuelo, era dueño de la empresa Constructora Hispánica y ha tenido que vender a la firma Assignia la empresa que tenía desde hace 20 años, para saldar su deuda. Un hombre inteligente, por suerte para él, y muy original, por desgracia para todos sus antiguos compañeros, que siguen sin aportar las fianzas que les pide el juez y sin traer de vuelta a este lado de la ley los millones que se llevaron. Es imposible no pensar en esos tipos mientras uno ve en este país y en este lugar cómo tanta gente hace lo mismo que en el resto del mundo: trabajar mucho a cambio de muy poco, unos 800.000 pesos al mes, que es menos de 400 euros.
Ese hombre, García Pozuelo, a quien el juez Pedreira imputa delitos de cohecho, tráfico de influencias y contra la Agencia Tributaria, ha vendido su empresa, pero Constructora Hispánica nunca llegó a pedir un ERE ni a despedir a ninguno de sus 2.000 trabajadores, a diferencia de otras implicadas en Gürtel, como la Teconsa o Begar, que han despedido a todos sus trabajadores por quiebra. Además, desde el principio, mostró su decisión de abonar las deudas que le reclamase el fisco y acortar en lo posible el juicio por delito fiscal que se celebró contra él en el Juzgado de lo Penal número 20 de Madrid. Su abogado habló con el fiscal y ofreció pagar todo lo que Hacienda le reclamase: 19,7 millones de euros tal vez no puedan lavar una conciencia, pero sí pueden saldar un error y ser un ejemplo.
No creo que el simple hecho de rectificar te convierta en sabio, ni devolver lo que no es tuyo te convierta en una persona honrada, pero sí te quita una mancha de encima y hace pensar que el viejo dicho francés de que se puede evitar que alguien robe pero no que sea un ladrón, no es del todo justo: parece que hay ladrones vocacionales y ocasionales, y a Juan Urbano y a mí nos apetece pensar que García Pozuelo pertenece a la segunda categoría y hasta desearle suerte. Ojalá algunos de sus antiguos compinches lo quisieran imitar, aunque, por lo que se ve, no hay muchas posibilidades de que así sea.
jueves, 7 de octubre de 2010
El ministerio de Madrid
Haremos la espera más liviana con el análisis en cabroncillo de la política madrileña.
"Imagínate cuando llegue ese hombre a tocar el timbre del palacio de la Moncloa", dice Juan Urbano, mientras apura su segundo café de la mañana. "La cara de he visto un fantasma con la que le va a mirar el presidente del Gobierno al abrirle la puerta. Porque, claro, es que lo de ese hombre es una tragedia. Pide un portafolios y le dan una maleta. Pide su coche y le llevan un camión de mudanzas. Le tira una pelota a sus perros y le devuelven una granada de mano. Pide una cuchara y le traen una pala. Pide un traumatólogo que reduzca la fractura de su partido y aparecen José Bono y José Blanco vestidos, respectivamente, de teólogo y tocólogo. Y él, naturalmente, se pregunta si estarán intentando decirle algo, y mientras lo hace, pide a Trinidad Jiménez y le llevan a Tomás Gómez. Y todo eso con los secretarios generales de Comisiones Obreras y la UGT en la acera de enfrente, vestidos de Cobrador del Frac, y algunos ministros haciendo carreras al volante de un furgón fúnebre. Les está bien empleado, por no darse cuenta de que la democracia y la disciplina de voto hacen muy mala pareja".
Juan Urbano lo explica a su modo, y ya lo conocen: en su argumentación abundan las parábolas; pero yo creo que se le entiende muy bien y que el resumen que hace de la situación es bastante certero. Yo soy más claro, y me parece que lo que ha ocurrido en estas primarias en las que Tomás Gómez ha llegado arriba saltando por encima de su partido, exactamente igual que lo hizo el propio presidente del Gobierno, es que vuelve a quedar claro que en nuestro país la mayor parte de los políticos no se merece a la mayor parte de los ciudadanos. Por eso es de temer que en esta ocasión tampoco encajen ni la derrota ni el triunfo, y que de aquí a mayo, que es cuando se van a enfrentar a Esperanza Aguirre y a Alberto Ruiz-Gallardón, se dediquen más a hacerse la cama unos a otros que a pasarse el balón y se les mueran los peces en las urnas. La única razón de que sus rivales no se froten las manos es que tienen dentro la navaja que usan para pincharse las ruedas entre ellos.
En cualquier caso, aquí son otros los que se juegan el porvenir a cara o cruz, y Tomás Gómez tan contento y sin nada que perder: si fracasa en Madrid, lo hacen ministro, como a la propia Trinidad Jiménez y a Miguel Sebastián, que aún debe de llevar en la cartera de Industria lo que encontró en la basura del alcalde. De momento, a Gómez lo conocíamos tan poco que aún no hemos tenido tiempo de olvidarlo, y Juan Urbano y yo creemos que ha conseguido un buen papel en la obra: el Quijote siempre es el más simpático de los personajes.
viernes, 17 de septiembre de 2010
No disparen al sindicalista
Aquí, la de Benjamín...
Anacrónico es una palabra con los cristales rotos, a la que por dentro se le ven los andamios y por encima una capa de polvo del grosor del maquillaje de una folclórica; tiene sonido de reloj oxidado y forma de araña de 10 patas, de modo que cuando alguien le pone a algo ese adjetivo, lo que está diciendo es que se trata de una cosa o persona que no es de este mundo, que hay que llevar a un museo o a un desguace, hay que pisarlo, ponerle veneno, arrojarlo a la basura o echarlo al inodoro y tirar de la cadena. La presidenta de la Comunidad de Madrid dice que los liberados sindicales son anacrónicos y actúa en consecuencia. Nos cuentan a Juan Urbano y a mí que hace poco fue al psicólogo y cuando este le pidió que dijese en tres segundos lo primero que le sugirieran las siglas CC OO y UGT, respondió: ¡Cercenado urgente!
Igual no es verdad, pero tampoco es increíble, y en cualquier caso me parece una buena idea: hay que intentar saber lo que tiene esa gente en la cabeza, no en la boca, porque "hablar es ocultar", como dice desde el más allá y en su libro Poesía y sofismas, recién editado por Visor, el escritor Vicente Núñez, y si eso vale para cualquiera, imagínense para los políticos. Por ejemplo, ¿se han fijado en que, de un tiempo a esta parte, cuando el presidente del Gobierno habla de los trabajadores y del mercado laboral se da vueltas con los dedos al anillo de casado? Igual es una simple coincidencia, o que a uno la crisis que hay y la que viene lo llenan de espinas, pero el caso es que Sigmund Freud habla en una de sus obras de una paciente que mientras alardeaba de su felicidad doméstica se ponía y se quitaba inconscientemente su alianza matrimonial y que, tras dar muchos rodeos, terminó por confesarle que su vida era una calamidad y su marido un tirano insufrible.
Esperanza Aguirre se va a cargar a los liberados sindicales porque ella es así y porque rema con el viento a favor, ahora que su partido y el de enfrente se han puesto de acuerdo en que la clase obrera es el enemigo y, por tanto, hay que disparar a las bombillas y fundirle la luz a sus representantes para así poderse mover a oscuras y hacia atrás, hasta un tiempo en el que las empresas estén en el siglo XXI y sus empleados en el XIX. Hay que salvar a los ricos de los pobres.
La Sanidad y la Educación, como siempre, son el laboratorio donde la presidenta de Madrid ensaya la manera de quitarle el cascabel al gato y busca fórmulas que le permitan sacar las manos limpias del lodo y ampliar o reducir el tamaño de las cosas a su antojo. En estos momentos, ella y sus rivales rivalizan por encontrar un colirio que al echársenos en los ojos nos haga ver las cosas de otra forma, que nos ayude a poner los principios al final como hacen ellos y así nos demos cuenta de que el paro es mentira y los sindicatos son sus causantes. A Juan Urbano y a mí también nos han contado que después de fusionar las cajas de ahorro se van a fusionar ellos también, y que su bandera única va a ser la pirata, pero seguro que eso también es un bulo. Ya saben, cuando el miedo crece, los rumores se multiplican.
"Es posible que una parte del paro sea mentira", dice Juan Urbano, mientras salimos del bar en el que estábamos desayunando, "pero como también lo es gran parte del empleo, una cosa contrarresta a la otra". Seguro que tiene razón, en eso y en que con tanto trabajo sumergido y temporal, la catástrofe no podía estar lejos: no hay nada más fácil que pasar de sumergido a hundido. Y como otra cosa muy sencilla es sacar el hacha cuando sale el sol y meterse en el bosque a hacer leña del árbol caído, Esperanza Aguirre se ha puesto las botas de cazar, ha bajado a la ciudad y como ha visto que hay barra libre con los sindicatos, se va a pagar una ronda de anestésico. La cosa está que no arde.
