viernes 6 de noviembre de 2009

Vine a Praga a romper esta canción

Cuando aprendí a tragar fuego / el circo ya se había ido / de Albacete a Nueva York / el elefante está ciego / el domador malherido / quién ha mentido / mi amor. / La canción que estoy cantando / empieza en otras canciones /y acaba en un hospital / por qué me sigo jugando / la vida a pares o nones / por fulanita de tal

Así, con un nuevo adelanto de una nueva canción de Vinagre y Rosas, comenzaba la entrevista que Carles Francino, en la SER, le hacía a Joaquín Sabina en directo el pasado 3 de noviembre, y durante la cual intercalaron una entrevista con Benjamín Prado.

Decía Francino que "a Joaquín hay que quitarle los discos de las manos porque no los suelta, y en esta ocasión de un bar de Praga, donde se fue a escribir las canciones con quién, con Benjamín Prado, que además ha escrito un libro "Romper una canción", donde nos cuenta los secretos de este libro y lo hace ahora, con nuestra compañera Ana Uslé que también ha aprendido lo que es romper un disco".

La periodista comienza, con mucho tino, "Un disco no comienza por la primera pista, ni por la visita de una musa, en este caso empieza con su marcha, la de la virgen de la amargura", y Benjamín, en entrevista grabada comenta:

"Me acuerdo que estábamos en los diablos azules y me dijo oye Benja, aprovechando que tú estás hecho polvo ahora mismo, te has peleado con una novia, por qué no nos vamos por ahí, al sitio del mundo que tu quieras y escribimos un disco entero de canciones de desamor".

Dos tipos que - continúa la periodista - en Hamlet se hubieran peleado por el papel de calavera hacen la maleta y se van juntos a Praga.

Benja corta la canción, la rompe, para decir: "La primera canción que nos pusimos a escribir es una que se llama agua pasada, maravillosa, de esta que, no sé si se puede decir en la radio, los músicos dicen que va directa al coño". "Levantanto los puñitos para arriba es la tregua y la catraba? es meneando mucho las caderas, imagínate los camareros del Jopersbar, como le llamaba Joaquín, lo que pensaban cada vez que nos véían hacer eso".

"Sinceramente - dice Benjamín - yo no tengo ni la más remota idea de quién escribió cada cosa, en mi opinión es un milagro, aunque sea un milagro por lo civil". "Creo que estamos los dos muy contentos, él con su disco, yo con mi libro, y los dos con nuestras canciones".

Y canta la canción en voz de Sabina, "Vine a Praga a romper esta canción, por motivos que no voy a explicarte". (Así, o casi, comenzaba un soneto de Sabina en Interviú, dedicado a Benjamín Prado).

Dice Francino, "en el reportaje se nota que Benjamín está entusiasmado, con el libro, con el disco...", "yo también" replica Sabina "es verdad que no sabríamos decir qué verso es de él y cuál mio, es verdad que nos hemos peleado gozosamente por una coma, o por una tilde y es verdad que hemos vuelto más amigos de lo que fuimos". "Los camareros de Praga pensaban que eran maricones, y tenían razón".

Se escucha bien, entera, y con nuevas letras de fondo en


jueves 5 de noviembre de 2009

Don Francisco Ayala

El artículo del jueves, e incluso la entrevista en la Ser del pasado miércoles, quedan relegados hoy por el obituario que Benjamín le ha dedicado al gran Ayala, Don Francisco Ayala.


Obituario: "In Memóriam"
Francisco Ayala: todo lo contrario

Por fuera, Francisco Ayala parecía todo lo contrario: un hombre huraño, de mirada rígida y palabras secas, de ésos en cuyo rostro se transparenta hasta el hueso la antipatía. Por dentro, siempre que respetases ciertas reglas y guardaras las distancias, era un hombre de amabilidad exquisita, que siempre te recibía en su casa con los brazos abiertos, un whisky sobre la mesa, un libro que solía regalarte cuando estabas a punto de irte y, sobre todo, con ganas de compartir una conversación, normalmente irónica, sobre literatura y política, que eran los dos temas que más le apasionaban.

Tenía un humor granadino, como le dije alguna vez, que puede explicarse contando una comida que compartimos con él y con su esposa Luis García Montero y yo, cuatro días antes de que se celebrase su centenario, que, como todo el mundo recuerda, iba a ser un gran acontecimiento. Digamos que la fecha del cumpleaños era el viernes siguiente y que nosotros estábamos en aquel restaurante el lunes de la misma semana. De pronto, Ayala dijo: "¿A que no sabéis qué broma estupenda se me está ocurriendo? ¡Morirme el jueves!".

Su generosidad yo la disfruté desde el principio de nuestra relación, que empezó a mediados de los años ochenta, cuando fui a verlo para que escribiera algún artículo en el suplemento literario del periódico en el que yo trabajaba, Diario 16. Por entonces, lo veía a menudo, y a él le gustaba contarme y que le contara chismes de mi maestro Rafael Alberti, con quien compartía una larga enemistad. Después, me presentó alguna de mis novelas, se tomó siempre la molestia de leerlas y comentarme su opinión, e incluso escribió una frase promocional para Alguien se acerca.

El día de la presentación, estábamos esperando a que llegara a la sala Mario Benedetti, y como se retrasaba y nosotros estábamos de pie, le dije: "Paco, ¿le acerco una silla para que se siente?". Me miró de arriba abajo y respondió, cortante: "Siéntese usted si está cansado, yo me encuentro perfectamente". Así era Ayala, como le gustaba firmar sus obras, sin más detalles: simplemente así, "Ayala". Y creo que lo de llamarle Paco y de usted también explica el respeto que le teníamos los aprendices de él.

Recuerdo muchos momentos divertidos con Ayala, junto al propio Alberti, con Carlos Fuentes o con Rosa Chacel, que lo acusaba en público de haberse alejado del espíritu de Ortega y Gasset, pero que también lo recordaba como un joven "muy mono, que a todas nos gustaba mucho". De él, los más jóvenes, a quienes, al menos tal y como yo lo he vivido, nunca negó un minuto de atención, aprendimos la lección que te da una persona decente, un escritor responsable y un intelectual de una inteligencia extraordinaria y una lucidez que se puede comprobar leyendo sus ensayos, siempre magníficos. Ha muerto a los 103 años, pero su vida se nos ha hecho corta. Por suerte, libros magníficos como sus memorias, Recuerdos y olvidos, se han quedado aquí para hacer de él cuando necesitamos volver a buscarlo.

lunes 2 de noviembre de 2009

La lesbiana

Benjamín Prado escribió en El País, el día 19 de septiembre, un artículo de los que aúnan su faceta de periodista, que la tiene, y la de narrador y biógrafo extraordinario, sobre todo de escritores. O de escritoras. Sobre todo de estas últimas (uno de sus libros, Los nombres de Antígona, es solo eso, biografías de escritoras).

Quizá por ello sea capaz de escribir un artículo en el que habla de la revelación y la conmoción que ha supuesto en su país descubrir que Gabriela Mistral era lesbiana, y acabes el texto pensando, qué lastima no haber leído aún nada de ella.


Gabriela era Lesbiana, ¿qué hacemos?
Por Benjamín Prado
La correspondencia de la Nobel chilena con Doris Dana, reunida en Niña errante, se lee como si fuera una novela que cuenta la hermosa historia de amor de estas dos mujeres, que compartieron parte de sus vidas en equilibrio entre el amor, el deseo, los celos y la distancia.
En su país, Gabriela Mistral está por todas partes, tal vez porque así se puede esconder a Neruda detrás de ella: a la hora de elegir escritor nacional entre los dos premios Nobel de Literatura, la autora de Tala o Lagar, que lo ganó en 1945, es menos comprometedora que el de Residencia en la tierra, que lo obtuvo en 1971 y que sigue siendo un personaje controvertido a causa de su militancia comunista. Así que mientras él parece algo recluido en sus casas-museo de Isla Negra, de Valparaíso y de la capital, su colega y amiga mantiene una presencia pública extraordinaria. Como ejemplo, podemos decir que su cara protagoniza los billetes de 5.000 pesos y que el Centro Cultural que se acaba estos días en Santiago de Chile, construido para celebrar el bicentenario del país en el año 2010 y que presume de ir a ser el más grande de América, también lleva su nombre. Que, por cierto, era tan falso como el del propio Pablo Neruda: en realidad, uno se llamaba Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto y la otra Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga. Si pronuncias seguidos esos once nombres y apellidos, te sale un equipo de fútbol entero.

Ahora, la parte más reaccionaria de la sociedad chilena, la que aún pasea con orgullo por la céntrica avenida 11 de Septiembre, en Santiago, bautizada de ese modo para conmemorar la fecha en que los militares golpistas derrocaron a Salvador Allende, se hace cruces ante la polémica que ha propiciado la aparición del libro Niña errante. Cartas a Doris Dana, en las que quedan claras las preferencias sexuales de la autora de Desolación. Hace poco, el semanario The Clinic incluyó en su portada una foto a toda plana de Gabriela Mistral y este titular irónico: "¡Era lesbiana! ¿Qué hacemos?". Y no parece que ése vaya a ser el último episodio que obligue a replantear su biografía, porque se sabe que la parte inédita de su poesía, que también estaba en poder de su novia y albacea norteamericana, fallecida en el año 2006 en Florida, duplica la publicada y es muy explícita en sus contenidos.
La correspondencia reunida en Niña errante, que ha salido en Chile en el sello Lumen, se lee como si fuera una novela que cuenta la hermosa historia de amor de estas dos mujeres, que se conocieron en Nueva York tras una conferencia que dictó allí Mistral, al año siguiente de haber sido galardonada por la Academia Sueca, y que compartieron parte de sus vidas en equilibrio entre el amor, el deseo, los celos y la distancia, esto ultimo porque la joven Dana, que también escribía poesía, aunque de forma esporádica, tenía que pasar gran parte de su tiempo en Estados Unidos, lo cual desesperaba a su famosa amante, quien al final consiguió que el Gobierno de su país la nombrase cónsul en Nueva York, para poder estar juntas.
En el libro, conocemos los problemas de salud de la pareja, que hacía difícil que la preciosa Dana, una joven que guardaba un parecido asombroso con la actriz Katharine Hepburn, acompañase a Mistral a sus viajes, como ella quería. También vemos cómo crece su amor. "Desde que te fuiste yo no río y se me acumula en la sangre no sé qué materia densa y oscura. Yo no puedo saber aún, amor mío, lo que ocurra conmigo a lo largo de los sesenta días de nuestra separación. (...) Estoy viviendo la obsesión, amor. (...) Yo no sabía hasta dónde eso -lo vivido- ha cavado en mí, hasta dónde estoy quemada por ese punzón de fuego, que duele igual que la brasa ardiendo sobre la palma de la mano", escribe Mistral a Dana, y ésta responde: "Mi amor. Todo lo bonito me habla de ti. ¡Siempre tú estás conmigo! (...) Veo el cielo y pienso: este mismo cielo toca la cabeza de mi querida. (...) Yo me pongo en el viento y en la lluvia para que puedan abrazarte y besarte por mí".
También hay momentos de desconfianza, y reproches con los que Gabriela le hace saber a Dana "el infierno puro que ha sido para mí tu silencio de siete o más días", o le dice: "En cuanto a tu miedo de perderme, tu falta completa de confianza, yo no me merezco eso, que me da un poco de cólera y un mucho de tristeza, casi de amargura. Yo no soy una sinvergüenza, no, mi amor, yo no soy eso que tú imaginas. Soy una desgraciada si tú sigues sin tener fe en tu Gabriela". Las cartas siempre están firmadas así, pero es curioso que en muchas de ellas Mistral hable en masculino: "Soy arrebatado, recuérdalo, y colérico, y torpe. Por favor, no vuelvas nunca a sufrir así, a padecer por mi culpa, tienes que saber que así me das una enorme vergüenza de mí mismo".
La poeta ayudaba económicamente a su compañera, y parte del epistolario lo ocupan los cheques que le anuncia Mistral que va a mandar o la oferta de que se quede con la renta que produce una casa que tiene alquilada en Monrovia. Pero, sobre todo, Niña errante demuestra la desesperación de un amor acosado por las separaciones. "Tengo ganas de morirme, porque dudo de que vuelvas", le escribe Mistral a Doris Dana; y hacia el final del libro, cuando demasiados asuntos domésticos rodeaban ya su paraíso, le da instrucciones para que cuide sus cuentas, y le dice: "Te encargo que tú veles porque yo tenga siempre en caja el valor de lo que cuesta un entierro en tu país. No quiero cargarte a ti con ese gasto grande".
Gabriela Mistral murió en Nueva York, en febrero de 1957. Su novia la sobrevivió cincuenta años, y custodió su legado hasta su fallecimiento. Sólo entonces su sobrina donó al Gobierno chileno los cuarenta mil documentos que forman el legado inédito de la autora de Lagar, en el cual estaban incluidas estas cartas.

viernes 30 de octubre de 2009

¿Tú te crees que la policía es tonta?

La música nos rodea, los versos de las canciones nos embriagan, los nuevos libros nos deslumbran... pero Juan Urbano sigue a lo suyo, pensando, y criticando a los políticos y a los bancos. Bendito cuarto poder. Mientras Benjamín se sigue jugando que Esperanza la repita aquellas 5 palabras.
La policía no es tonta
Por Benjamín Prado. El País.
Eso es lo que se les decía antes a los que pensaban que te la iban a dar, o que no te enterabas, o que eras fácil de confundir: ¿pero tú te crees que la policía es tonta? Pues ahora, la frase podría ser igual, sólo que cambiando a la policía por la presidenta de la Comunidad de Madrid: ¿pero tú te crees que Esperanza es tonta?
Pues claro que no, la esperanza puede ser audaz, como dice Obama; o puede ser el sueño que tienen los hombres cuando están despiertos, como decía Aristóteles; puede ser lo último que hay que perder o el último refugio de los que ya lo han perdido todo; pero no puede ser tonta. Y eso vale las dos veces, cuando va escrita en minúscula y cuando es un nombre propio. Porque tal vez Aguirre sea la gran Esperanza blanca del PP y tal vez no, pero es lista, ágil, dura, tramposa y, en resumen, tan mala enemiga de sus amigos que alguno de ellos debe de estar ahora mismo en casa, sentado en el borde de la cama, sin afeitar, vestido con un pantalón de pijama a rayas y una camiseta de tirantes y emborrachándose con el tinte que ella se pone en el pelo, igual que hacía Woody Allen en Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar, cuando para olvidar a la oveja de la que estaba enamorado se cogía una cogorza de Woolite.

Quizás el que se esté dando a la bebida sea el vicealcalde, repitiendo entre sorbo y sorbo, ante el espejo de encima de la cómoda, eso de "vinieron a por el presidente del PP en Madrid, y yo no hablé; vinieron a por Telemadrid, y yo no hablé; vinieron a por la Cámara, y yo no hablé; vinieron a por Ifema, y yo no hablé; vinieron a por Caja Madrid, y yo no hablé; vinieron a por Rajoy, y yo no hablé; vinieron a por el PP, y yo no hablé; y me montaron una gestapillo para espiarme; y ahora vienen a por España". Si le dan la vuelta al discurso, verán que si Aguirre y los suyos fueron a por todo eso y se lo llevaron... es que la policía no es tonta.

Esperanza va por todas, y si con las letras de Aguirre se puede escribir la palabra guerra, no es por casualidad. Ahora la gran batalla es por el control de Caja Madrid y ése es un partido raro, en el que los jugadores de los dos equipos se cambian las camisetas mientras juegan, y cuando parece que les han metido un gol, en lugar de lamentarse pegan saltos y besan el escudo del rival. Esperanza quiere al frente de la entidad financiera a uno de los suyos y Rajoy y Gallardón quieren a Rato; pero a la vez el PSOE, que parecía más cerca del alcalde que de la presidenta regional, también quiere a Rato y Zapatero dice que no se opone a su candidatura, o sea, que la apoya echándose a un lado para dejarla pasar. Centra Messi y remata Cristiano Ronaldo. La conclusión que mi amigo Juan Urbano y yo hemos sacado de todo esto es que el encuentro está amañado, porque el uniforme de los dos conjuntos lo paga el mismo patrocinador: la banca, cuya sombra es el Estado.

"Y cuando digo eso estoy diciendo lo que piensan millones de personas", concluye Juan Urbano, "que se dan cuenta de que en este mundo la única ideología es la economía y el carnet del partido es la tarjeta de crédito".

Bueno, ustedes ya lo conocen y saben que es un hombre algo sentencioso, pero la verdad es que tampoco estarán demasiado en desacuerdo con él, ¿a que no? Yo les voy a confesar que cuando me siento delante de la televisión y me pongo a mirar las noticias que hablan de la pelea por Caja Madrid, soy igual que mi madre cuando mira un partido de fútbol: a los diez minutos ya estoy preguntando cuáles son los nuestros y con quién va cada uno. Eso sí, de lo que estoy seguro es de que la máquina va a seguir funcionando, sin importar quién haga de chófer, porque acabo de ingresar un cheque en la propia Caja Madrid y me han cobrado una comisión de cuatro euros con setenta y cinco. Así que no se preocupen y, si tienen que apostar, apuesten por Esperanza. Como dice Dylan, no hace falta ser meteorólogo para saber de qué lado sopla el viento.

lunes 26 de octubre de 2009

Para Benjamín Prado, más que nunca

Joaquín Sabina dedica, desde su rincón semanal en Inteviú, unas estrofas a Benjamín Prado. Unas estrofas que hablan del nuevo disco, de la nueva gira, de las 14 nuevas canciones, y de un Benjamín al que anima a releer.
Y a leer, añado, pues leyéndole a él en Romper una canción, conoceremos mejor Vinagre y Rosas.
Gracias a Romano, a Bea y a Jon, por estar al quite.


Disco nuevo, que ya es hora
de echarle un pulso a la aurora,
de que le toquen las musas
el culo a las semifusas,
de que aceleren los trenes
derrapando en los arcenes
de las curvas peligrosas.
Por eso… Vinagre y Rosas.

Gira nueva, ya me toca
disfrutar del boca a boca,
volver a la carretera,
darle cuerda a tus caderas,
mancillar el escenario
con el verbo estrafalario
de cien rimas caprichosas.
Por eso… Vinagre y Rosas.

Video nuevo en la mochila,
habrá que cargar las pilas,
desempolvar las guitarras,
disfrazarse de macarra,
procurar que las canciones,
sean un libro de oraciones
a la virgen milagrosa.
Por eso… Vinagre y Rosas.

Catorce emociones nuevas
que brotan de higos a brevas,
urge calarse el bombín,
releer a Benjamín,
sacudirse la tristeza,
trasnochar con los Pereza,
poner pies en polvorosa.
Por eso… Vinagre y Rosas.

sábado 24 de octubre de 2009

Bendita ingenuidad

Tras conocer la portada, y la contraportada, del nuevo libro, y mientras saboreabamos el tiramisú, volvimos a Juan Urbano, quien, atento a la actualidad, y como buen madrileño, quemado con la Sanidad pública, no quiso dejar pasar la ocasión para contarnos sobre la ingenuidad de quien creía que la salud y la humanidad están por encima del dinero. Esta es su historia.

Un quirófano es una tienda
Por Benjamín Prado. El País.

"Da igual si el dinero es negro o blanco, lo que importa es que cace ratones", dice Juan Urbano mientras pide en la cafetería de la esquina el segundo café de esta mañana en la que le ha dado por lamentar que en nuestro mundo no sea gratis ni la misericordia y que todo tenga una etiqueta colgada en donde está escrito su precio. "Lo cual significa que quienes no pueden pagarlo no valen nada", añade.

"Eso es lo que ocultan los liberales, y los es-la-economía-estúpido, y los saboteadores de lo público y los evangelistas de la sanidad y la educación privadas: que cuando un hospital, por ejemplo, es un simple negocio, te pueden sacar de la sala de operaciones porque debes una cuota de 166 euros, como acaban de hacerle los burócratas de Sanitas a un vendedor de la ONCE que iba a operarse de cataratas en la clínica Vissum, de Madrid. Eso es lo que ocurre cuando dentro de un quirófano no imperan los criterios científicos, sino los empresariales".

Yo creo que tiene razón, porque la voracidad se ha hecho con el mercado hasta tal punto que continuamente nos intentan cobrar hasta lo que no consumimos, como hacen los aparcamientos o las compañías telefónicas y quieren hacer los taxistas de nuestra Comunidad, que ahora pretenden poner una tarifa mínima de 25 euros para los usuarios que vayan del aeropuerto a algún destino cercano, lo cual es inaudito.

Pero el problema es cuando los servicios públicos que están recogidos como derechos innegociables en nuestra Constitución también entran a ese mercado, porque un taxi puedes sustituirlo por el metro, pero una ambulancia no. Porque aunque la deontología y las cuentas de resultados no se llevan bien en el 50% de los casos, y en el 50% restante sean íntimas enemigas, parece injustificable que un seguro médico, por muy privado que sea, pueda quitarle un paciente a los cirujanos cuando éste ya está en la camilla, con la anestesia en el ojo, el oxígeno en la nariz y la aguja clavada en la vena, porque debe una cuota que, además, su mujer y su hijo se ofrecían a pagar de inmediato. Lo sentimos mucho, pero el banco ha devuelto el último recibo, y en esas condiciones no podemos autorizar la intervención. Sanitas. No hay miserable que no jure defender una ley o cumplir una norma.

Ya lo saben, no hay romanticismo que valga; la única música que queremos oír es la de las cajas registradoras, y no nos interesa su tarjeta de la Seguridad Social, sino la de crédito, porque aquí todo es una tienda, empezando por las farmacias, por no salirnos del círculo de la salud, que además de ser farmacias son perfumerías, ópticas y zapaterías que venden medicamentos pero también cepillos de dientes, champús, gafas pregraduadas, cosméticos, juguetes para bebés, zapatillas vagamente ortopédicas...

Vale, la comida y la hipoteca no se la regalan a nadie y todo es un negocio; pero lo de los seguros médicos es ya una pura demencia, y lo peor es que con lo que le están haciendo a la Sanidad pública parece imposible librarse de ellos, porque la estrategia que siguen Esperanza Aguirre y los suyos es igual a la que se usa con las carreteras, cuya señalización es cada vez más tramposa porque consiste en llevarte a un peaje te pongas como te pongas: vayan en coche a la T-4 de Barajas y verán de qué hablo.

La mujer del hombre expulsado del quirófano llamó a su hijo para que fuera a un banco a ingresar el dinero. Lo hizo a las 13.24, pero la clínica no esperó. "Me dijeron que tenían más pacientes que operar". Así es: saquen a ese moroso de ahí y que pase el siguiente. "Mi marido no es un perro que se pueda sacar de un hospital así. Es una cuestión de humanidad. Esto no se le puede hacer a nadie", dice. Bendita sea su ingenuidad.

jueves 22 de octubre de 2009

La receta del Tiramisú de Limón: Prado y Sabina

Si aún no habéis escuchado la canción, que ya circula por la red, leed primero la poesía. Será la primera vez que la escuchéis sin música, una vez que la música os atrape... se hará canción.

Tiramisú de Limón.
Letra: Joaquín Sabina y Benjamín Prado. Canta: Pereza y Sabina.


Hice un solo desafinado
con las cenizas del amor
las verbenas del pasado
cangrenan el corazón.

Acórtate la falda nueva
despiértate al oscurecer
túmbate al sol cuando llueva
no desordenes mi taller

Tiramisú de limón
helado de aguardiente
muñequita de salón
tanguita de serpiente.

De madrugada y por la puerta de servicios
me pasabas el hachís
al borde del precipicio
jugábamos a Thelma y Louise

Pero esta noche estrena libertad un preso
desde que no eres mi juez.
Tu vudú ya pincha en hueso,
tu saque se enredó en red.

Tiramisu de limón
helado de aguardiente
puritana de salón
tanguita de serpiente.

Dónde crees que vas
qué te parece que soy
no mires atrás
que ya no estoy.

Pero dónde crees que vas
qué te parece que soy
si miras atrás
mañana es hoy.

Dónde crees que vas
qué te parece que soy
puede que quizás
luego sea hoy.

Nena dónde crees que vas
que te parece que soy
no mires atrás
que ya me voy.

Que sepas que el final no empieza hoy.

Y ahora sí, hágase la canción...(en un fotomontaje del propio Sabina)



O en uno de sus fans (en esta ocasión con la canción entera...
http://www.youtube.com/watch?v=hud8BuCq7mk


Y recordad que en breve podremos saber cómo se escribió esta, y las demás canciones del disco en Romper una canción.