martes, 10 de abril de 2012

Benjamín y su investigador, Juan Urbano

Benjamín Prado pasó por la Semana Negra de Salamanca que se celebró del 20 al 23 de marzo. Allí participó en una de las charlas donde analizó el género más negro de la literatura, un género que no le es ajeno, como muestra en toda su extensión en su última novela Operación Gladio , aunque ya había dejado destellos o más que eso en anteriores novelas.

Reproducimos aquí el texto que publicó el equipo de la VIII Edición en su web. Un gran resumen de una muy interesante jornada.

Benjamín Prado, género aplicado a los cabos sueltos de la transición

Benjamín Prado ha trabajado en sus más recientes novelas el tema del pasado histórico, especialmente la Transición, aplicando formas narrativas muy entroncadas en el género negro. Estructura narrativa, personajes… sus libros cuentan con un aire de intriga que abre posibilidades para escapar de las versiones oficiales. Tramas verosímiles que posibilitan personajes que luchan, a la manera de los detectives clásicos, con una pequeña heroicidad contra poderes que les superan.

“Siempre he pensado que toda novela que merezca ser leída es una novela negra. Puede cumplir con todas las características del género o no, pero si no tiene un misterior que resolver, una dosis, algo que desenterrar que haga que el lector avance, a mí suele interesarme menos. Casi todos los relatos que te atrapatan tienen algo de misterio. Billy Wilder decía que hay una manera buena y otra mala de empezar una película: en la mala, se ilumina una habitación, se abre una puerta y entra Cary Grant. En la buena, Cary Grant entra por la ventana. Ahí ya hay un misterio”, dijo en su conferencia de ayer.
Prado explicó claramente cómo utiliza y qué pretende evitar del género negro: “Me gusta proponer una intriga, pero no caer en los típicos del género, muchas veces imitación un poco barata de los maestros, con expresiones que a veces casi producen risa, y en ocasiones parecen palabras ya traducidas. He leído “retreparse” en un sillón, y no sé qué es retreparse, cómo se ponen las piernas… Intento buscar otra manera de contar. El género negro está ya en los periódicos. Por ejemplo, la Transición. ¿De verdad fue así, tan rápido, con seis personas dirigiéndolo todo, el franquismo se disolvió sin pedir nada a cambio? Es raro, hasta el punto de que si cuestionas esta verdad oficial te tachan casi de enemigo de la democracia. Me gusta pensar en las zonas oscuras tras las versiones oficiales”.

Juan Urbano es su investigador, y Prado hizo una gran definición del arquetipo clásico del personajes que ha sido encarnado por detectives, policías o sabuesos ocasionales: “El detective siempre es un perdedor, que es mucho menos aburrido que los ganadores. Un tipo al que le iría mejor si fuera más cínico por dentro y menos por fuera, alguien que seimpre pierde algo. En mi novela Mala gente que camina, en torno al tema de los niños robados, quise que el personaje fuera así, de novela negra. Tiene un camino que recorrer, uno bastante largo: el que lleva del cinismo al civismo. Así, Juan Urbano descubre que no hay nada que escribir sobre su investigación, pero tiene un deber moral. Es alguien que no consigue nada, excepto problemas.

A uno le da cierta rabia que los críticos, incuso algunos que hablan bien de ti, no se enteraran de este planteamiento de novela negra que quise darle a esa novela”.

“Operación Glaudio cuenta la misma historia, cabos sueltos de la Transición. Se produjeron en esa época algunas cosas con las que no sólo es que no esté de acuerdo, sino que creo que son las causantes de muchos problemas de hoy. Si se hubiera pintado con menos colores no hubiera existido Mario Conde, por ejemplo, y seguramente no habría habido tanto ladrillo”.

“A la hora de plantear una novela puedes elegir un asunto raro y entonces eres Vila-Matas y escribes una de sus magníficos libros, o bien un tema muy reconocible del que todo el mundo cree saber. Sobre el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha investigo y veo que hay cosas que no casan, como el asunto de los disparos: parece raro que un solo tirador matara a cinco personas e hiriera al resto. Se sospecha que hay una metralleta manejada por un terrorista italiano, perteneciente a la Red Gladio, una organización ligada a la OTAN que cometió cientos de atentados con el propóstto de crear una estrategia de tensión y culpar a anarquistas y comunistas, busncando una reacción del ejército. Hay un policía, el comisario Medina, que investiga a esto y cuando está a punto de coger un avión hacia Italia para ver a un terrorista encarcelado, le ordenan volver y cerrar el caso. Luego, después de ser el superpolicía de la época, cae totalmente en desgracia. Se sospecha hay hay una conexión entre la CIA, Fuerza Nueva, ultras italianos, guardia civiles y militares, los servicios secretos…”.
Tras explicar con detalle las claves de su última novela, Prado estableció las diferencias entre un historiador y un novelista: “Cuando hablas con Paul Preston de un asunto que ha descubierto pero no puede contar y le preguntas por qué, siempre dice “porque no tengo el puto papel”. Él, que es historiador, lo necesita, pero un novelista no, sólo indicios para montar una trama que sea verosímil. Por ejemplo, la Transición arranca con el atentado a Carrero Blanco. Es curioso que estuviera por aquí Kissinger, ese Premio Nobel de la Paz, que el atentado sea a cincuenta metros de la embajada americana, que hubiera un clima de enfado hacia Carrero por el tema del Sáhara o la prohibición de usar las bases para la guerra de Yom Kippur… Parece que si la CIA no estuvo en eso, al menos miró hacia otro lado, y eso ya supone mucho”.

Poderes grandes, heroicidades pequeñas. Así podría resumirse ese personaje de Prado, un investigador que sólo va a ganar problemas con sus actos de rebeldía ante las verdades oficiales. “Le di a esta narración una forma de novela de espías. Llámalo CIA o llámalo “Los Mercados”, pero da la sensación de que la gente normal siempre está sometida a fuerzas oscuras mientras esos poderes le hacen creer que son ellos quienes mueven las manos del titiritero.

Mi personaje, Urbano, el alguien que lucha contra un poder grande al que sabe que no va a poder derrotar. Esos elementos de estructura, argumento y personajes de novela negra se pueden trasladar a otro tipo de narración y le hacen mucho bien, ese clima de misterio y de heroicidad pequeña. Que como lector, yo esté intrigado, en una nube de sospecha para poder pensar, ¿y si hubiera una posibilidad B, si las cosas no son lo que parecen?”.