jueves, 30 de diciembre de 2010

Posición

La posición es, según la RAE, la actitud o manera de pensar, obrar o conducirse respecto a algo. Y si algo tiene Benjamín sobre, creo yo, todo, es posición. Siempre se coloca a un lado de la línea, sea el tema que sea. Tanto si le toca directamente como si le toca algo más lejos. Siempre se posiciona. Ayer lo hacía con sus 10 mejores libros, hoy le toca a los derechos de autor.

Eso es, en definitiva, un artículo de opinión. Y eso es lo que hace cada jueves en las páginas de El País. Hoy nos hemos levantado con otro texto suyo, pero quiero dejar constancia en este blog de su opinión respecto a un tema que mueve foros (hoy en día las montañas ya no se mueven) y foreros: la denominada ley Sinde, el intento del Gobierno de limitar las descargas gratuitas en nuestro país. Esto piensa Benjamín:

Canciones gratis para todos.
Por Benjamín Prado. El País.

Al despertar, ya no era un ciudadano y, en consecuencia, no tenía derechos. Me fui a mirar al espejo, para ver si además me había convertido en una cucaracha como la de Kafka, pero no: por fuera continuaba siendo el mismo, lo cual representaba el problema de que para sobrevivir seguiría necesitando comprar comida y tener dinero con el que pagarla. Encendí el ordenador por comprobar si aquello, en cualquier caso, era una pesadilla o la realidad, e inmediatamente comprobé el número de descargas que la gente había hecho de mi trabajo sin pagar por él y leí esa carta de la organización Facua-Consumidores en Acción contra la ley Sinde, en la que le piden a la Comisión de Economía del Congreso que no se apruebe "una norma elaborada contra los intereses de los ciudadanos". O sea, que como los intereses de esos ciudadanos consisten en disfrutar gratis de mi trabajo y del de otros como yo, que también escriben novelas o canciones, pues queda claro que para ellos la cultura y sus profesionales no valen nada, que hay que atarles la etiqueta de cero euros en el dedo gordo del pie, como a los cadáveres de la morgue, y que no deben de recibir una sola moneda a cambio de su trabajo, como sí lo hacen el fontanero, el dependiente de la tienda de ultramarinos, el electricista, el conductor del autobús, la azafata o la empleada del banco. ¿Se han fijado en que con las letras de "consumidores" se puede escribir la palabra "sumidero"?. Y por ahí se va todo.

"Todos los salteadores creen que son Robin Hood", me dice Juan Urbano, mientras tomamos un café que habrá que pagar, y bastante caro, antes de salir del bar, para que los camareros, los representantes y demás sigan pudiendo recibir sus sueldos y saldar sus facturas y sus hipotecas, "pero lo que resulta poco habitual es que la policía, en lugar de detenerlos, mire para otra parte, y eso es justo lo que ocurre. A mí la verdad es que ver a la oposición en pleno tumbar la ley contra las descargas ilegales me dio la medida de esa gente y me hizo extrañarme de que fueran tan pequeños: ¿Cómo es que no miden tres hectáreas cada uno? Porque es increíble que en un metro y pico les quepa tanta hipocresía". Le doy la razón y mientras esperamos el autobús, donde también van a pedirnos un billete a la entrada, le digo: "Sí, y lo peor no son los cínicos sino que haya tanta gente aplaudiéndolos y usando mil y una disculpas para justificar el atraco; los internautas asegurando que lo hacen por amor al arte y para castigar a las prepotentes compañías discográficas, como si la justicia consistiera en saltar de un barco pirata a otro; y los políticos, como de costumbre, entregándose a la retórica y al miedo, porque solo son capaces de tomar medidas impopulares cuando es para subir los impuestos y abaratar los despidos".

Íbamos a comprar nuestros regalos de Navidad y lo teníamos difícil, porque casi todas las tiendas de discos que había hace poco en Madrid están cerradas o desabastecidas. Íbamos a comprar algunas películas, pero tampoco es fácil encontrar dónde, porque los videoclubes están en vías de extinción, dado que los aficionados al séptimo arte prefieren bajárselas de internet o comprárselas a los manteros. El año que viene seguramente tampoco quedarán librerías. También fuimos a comprar algunos alimentos para Nochebuena, y estaban por las nubes, un 60% más caros que hace una semana, lo cual nos dejó las carteras con eco. Para terminar, Juan Urbano y yo fuimos a pagar nuestra tasa de basura impuesta por el Ayuntamiento de Madrid, 112 euros más otros cinco con sesenta por haber excedido el plazo del abono unos días, es decir, en total 117,60. ¿A quién se le ocurre que la cultura sea gratis y los desperdicios se paguen a precio de oro? Al Partido Popular, por ejemplo, que ahora baila alrededor de la ministra Sinde y cuando gane las elecciones hará una ley de propiedad intelectual a la Sarkozy que muchos se merecerán.

¿Saben qué es lo que nunca le tiene un ladrón a las cosas que roba? Respeto. Está tan claro que no sé cómo puede haber quienes no lo entiendan.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Pretendéis defender unos derechos de por sí abusivos a costa de las libertades individuales de los demás, y encima hacen uds. un strawman de las posiciones de los demás. No me dan ninguna pena ni ud. ni sus amigos de la SGAE, señor Prado. Reforme su negocio y déjenos en paz.

Marta Ávila dijo...

Bueno, volví a leerlo y el único espantapájaros que ahora encuentro es la falacia de hacer sinonimia con la piratería y las libertades individuales, cuando esta primera está más próxima a la SGAE y, afuera, queda el autor viendo cómo entre unos y otros le roban su trabajo y, con él, el alimento y su propia libertad individual. Quiero seguir pensando que un robo jamás podrá ser el salvoconducto de otro robo mayor. Considerar que este artículo de opinión es honesto y valiente a partes iguales me hace caer en la cuenta de que, el hecho de tener que defenderlo yo (que no soy autora de nada), sólo puede querer decir que, en este país, lo que falta, efectivamente, es respeto hacia la cultura. Adoro mi trabajo, pero no caeré jamás en la hipocresía de afirmar que lo haría gratis porque necesitaría pluriemplearme para vivir... Una cosa es que tengamos el privilegio de abrir una ventana para conocer y admirar (a lo que, por lógica, le sigue el agradecimiento de comprar ese trabajo) y otra tener el desdén de apropiárselo uno gratis. Por favor, no confundamos el respeto cultural con una medida anticrisis o con la usura cuando es justo todo lo contario: Toda falacia es un círculo de radicalismo, antiempatía e incomprensión y, esos tres sustantivos me dan como resultado de la equis, en una regla de tres, la destrucción, que es ‘auto’ si uno no puede vivir sin música, cine y Literatura: un círculo perfecto. Perdón, no busco un mal rollo, pero me parece una agresión a la razón y me costó contenerme, al fin y al cabo el foro se inventó para llevar.

Dixebra dijo...

Mira que soy seguidor tuyo y adoro todo lo que escribes, pero ¿y el canon que pago religiosamente por cada uno de los soportes digitales, sean para uso de la copia privada a la que tengo derecho legalmente o no, que compro?

Si hablamos, hablamos de todo, no solo de la parte que nos interesa.

Marta Ávila dijo...

Claro, Dixebra, pero si hablamos de todo hay que conocerlo todo, la SGAE no reparte ecuánimemente, según tengo entendido, lo recaudado por el canon digital. Lo que, desde Europa, es, quizá, una medida sin ánimo de lucro, pasó a ejecutarse en España como una trasgresión sinónimo de lucro. No abogo por la inhabilitación de la SGAE, pero sí por forzar que sea el autor el que obtenga el beneficio por su obra y no una empresa privada ajena al autor y a la obra. Para eso, habría que vigilar muy de cerca los movimientos y facturaciones de la SGAE, porque hay creadores que no ven ni un €urípide o ven menos de lo que deberían y al último que, indirectamente, lo intentó, lo exiliaron: http://www.internautas.org/html/5425.html
¿Deben aceptar el robo pirata los creadores cuando este robo sólo es menor a pequeña escala, pero es tan gigante como el otro cuando se comercia pirateando a gran escala? En mi opinión, NO es mejor robar sólo al creador que robar a consumidor y creador. Pido disculpas de nuevo, el tema es delicado y no quiero molestar a nadie.

Pepe Momia dijo...

Creo que se confunde compartir con robar. Y P2P con pirateo (que eso de la costa de Somalia).

Yo siempre (soy del 64) he dejado y me han dejado libros y discos. Y los he grabado. Y he comprado y sigo comprando (y la última reedición de Ecuador también). Y ahí siguen las librerías y las bibliotecas, los DVDclubs, etc.

No creo que Benjamin Prado no tenga cassettes de esos en los que también hacíamos recopilaciones para las novias, etc. ni que todos los libros de su biblioteca los haya comprado personalmente (siempre ha sido un tema muy literario el de los libros robados).

El problema (para los autores) es que ahora podemos compartir (y, sí, también robar) a gran escala. Copiar un cassette de los de antes equivale ahora a una lista de reproducción de minutos/segundos. Un libro "pesa" menos de 1 mega (qué diablos es un mega [que diría Millás]). Es decir, ahora los autores de algo digitalizable tienen un problema porque el intercambio o trueque o descarga se ha hecho masivo.

Pero las compañías de comunicaciones, en cambio, tienen un mega-caramelo de mucha, mucha pasta.

No se trata por tanto de que los autores no cobren sino de quién tiene que pagar a quién.

Obviamente: compañías de comunicaciones a autores (o generadores de contenidos que se quieren mal llamar ahora).

Y, si no es ese el problema, que alguien me aclare por qué las compañías telefónicas ya se han levantado varias veces de la mesa de negociaciones de estas cosas o de por qué ni siquiera están convocadas (creo) en el asunto de la SGAE y el estupendo Alex. Pero claro es más fácil presionar al consumidor/sumidero anónimo que a las mayors de comunicaciones / discos / libros…

Ya no hay discos ni libros ni pelis, hay ficheros de datos: para proteger a los autores hay que ponerle precio a su tráfico. Y que Benjamin reciba un cheque de movistar, vodaphone, jazztel o del organismo que los controle y les cobre ¿SGAE?, mensual o semanalmente, a su gusto. O utilizar el modelo Spotify, o mil otras cosas que se le ocurrirán a los expertos.

Pero no pretender el regreso al pasado. No creo que funcione.

Y qué largo, perdón
(y saludos Marta)

Pepe Aguilar

Anónimo dijo...

ONio

Yo me descargo más bien poco y suele ser de cosas que ya no se encuentran en las tiendas "descatalogadas" (por cierto, me resulta imposible encontrar el libro "a la sombra del angel")

Me parece bien compartir, pero me parece mal que el dinero se lo lleve otro que no sea el autor, ya sea un portal web (por la propaganda) o una dudosa sociedad de gestión.

saludos y feliz 2011 a todos!

onio230@hotmail.com

Benjamín Prado dijo...

Os deseo a todos mucha poesía, y en todos los sentidos, para 2011. Gracias por estar ahí.

Marta Ávila dijo...

Pepe, una abrazo y buenas nochecita, mejor año... Pero no estoy de acuerdo, sobre todo, con "Pero no pretender el regreso al pasado." Yo en ningún momento quise decir que antes era mejor, la digitalización me gusta; me parece un privilegio, pero eso, tal y como yo lo veo, no hace incompatible que un creador cobre por su trabajo hecho y ¿quién debe pagar? Pues obviamente quien disfruta de ese trabajo, nosotros, el problema aquí es que el dinero no lo cobre el creador directamente, que se pierda por el camino... Que todo se encarezca y el autor siga sin tener su merecida remuneración por cada descarga guardada en nuestros ordenadores.
Besos a todos y lo mismo para ti, Benjamín