viernes, 30 de septiembre de 2011

Juan Urbano les dice adiós

Tal como anunciamos en exclusiva ayer, así se despedía Juan Urbano de las páginas de El País. Cambiamos el minuto de silencio por la cultura por unos minutos de lectura.

Juan Urbano les dice adiós
Por Benjamín Prado

Hay cosas que nunca llegan, pero todo tiene un adiós, y hoy le ha llegado la hora de despedirse a nuestro amigo Juan Urbano, después de casi 15 años asomándose cada jueves a estas páginas en las que, más que dar lecciones de nada a nadie, hemos tratado de compartir nuestras ideas y nuestra mirada sobre Madrid y sus realidades, así en plural, como él suele decirlo, porque entiende que casi todos los singulares son un modo de injusticia. Juan se marcha con la seguridad de que aunque haya quien tal vez se alegre de su partida, algunos lectores lo echarán de menos, y esa es una buena recompensa. Uno no busca un botín, pero sí un tesoro.

Escribir en una sección de local, como nosotros la llamamos, es una suerte, porque para hacerlo estás obligado a mirar con lupa lo que ocurre a tu alrededor y, sobre todo, a reflexionar sobre ello, a entender dónde vives y por qué las cosas son como son; y en un mundo en el que todo va tan deprisa y se nos plantean tantas urgencias de toda clase, que alguien te dé la oportunidad de pararte a pensar es extraordinario, de manera que Juan y yo le damos las más sinceras gracias a este periódico, que nos ha proporcionado durante tantos años el lujo, cada vez más infrecuente, de ser escuchados. Aquí hemos aprendido, semana tras semana, hasta qué punto es importante saber detenerse para no perder el tiempo.

Juan y yo hemos intentado ser justos en nuestras apreciaciones; hemos tratado de ser sinceros pero también respetuosos, y acomodarnos a las circunstancias seguros de que no importa no ser igual con todo el mundo mientras seas siempre tú mismo; también hemos combatido con toda la pasión a nuestro alcance aquello en lo que no creíamos, pero sin olvidar jamás la que ambos consideramos la frase más bella dicha jamás por un ser humano, que es obra de Voltaire: "Detesto sus ideas pero daría mi vida por defender su derecho a expresarlas". Y, desde luego, antes que nada hemos discutido cada línea de estos artículos para intentar que tuviesen una dignidad literaria, que es el mayor compromiso que debe de imponerse quien se atreve a ser leído. Dentro de muy poco, publicaré un libro titulado Pura lógica, compuesto de aforismos que, en gran parte, están sacados de las columnas que han aparecido en este mismo lugar del que ahora nos vamos, y eso para nosotros dos es una justificación y una prueba de que las palabras no tiene por qué llevárselas el viento.

Juan y yo detestamos las despedidas largas, así que vamos a apagar la luz y a salir de esta habitación. A él no lo van a volver a encontrar, y en cuanto a mí, espero que sigamos viéndonos en otros lugares de este periódico que es nuestra casa y también la de ustedes, que son quienes tienen la llave en la mano. Aún nos quedan muchas cosas que contar. Muchas gracias a todos y de todo corazón.

4 comentarios:

Juan Antonio Fernandez dijo...

Me provoca mucha tristeza no poder contar, de aquí en adelante, adelante con esos magníficos artículos semanales de Benjamín Prado.
He seguido semanalmente lo que escribía y comparto casi la totalidad de sus opiniones.

He conseguido que amigos míos se aficionasen a leer esos artículos. Yo pensaba que si no lo hacían, se estaban perdiendo una cosa extraordinaria.

Muchas Gracias Benjamín.

El destino hizo que no llegásemos a ser cuñados.

Un fuerte abrazo y espero seguir leyendo lo que escribes.

Juan Antonio Fernández
ficionado a

Premio consuelo para Lucía Folino dijo...

"Detesto sus ideas pero daría mi vida por defender su derecho a expresarlas" dice Benjamín Prado.

Escribe con bastante arte, pero su cinismo e hipocresía no admiten límites a la hora de la verdad.

No tuvo el menor reparo en comunicarse con El Observador -quien estaba de mi lado, como podrá imaginarse cualquiera que estando en los medios sepa que no se filtra una entrevista como la que di en nombre de Joaquín Sabina sin un amparo de alguien más poderoso que un cantautor que abusa de "las minas", las saquea, las destruye y después no les devuelve ni el saludo de agradecimiento-.

¿Y cómo sabe BP que JS no lo mandó al toro a él en lugar de dar la cara y decir "Esa boca es mía"? Por cierto, no lo sabe. Lo mandan y él va. Mercenariamente, como las putas.

¿Y quien le dio el título de neuropsiquiatra al estafador José Emilio Navarro Viña para diagnosticarme y obligar a silenciar mi nombre en la prensa?

Benjamín es un mediano poeta. No deslumbra ni por su ética ni por su s versos (convengamos que no es ni siquiera Luis García Montero).

Joaquín ha sido siempre un impostor, un cascarrabias, un viejo mitómano, un abusador y un mal amigo. Lo seguirá siendo a muerte, porque además es un tonto del culo. Un pobre infeliz que lejos de aprender de su musa, la manda agraviar por los excrementos cercanos al negocio millonario de sus canciones.
Alguien que no tiene reparos en gastar tres millones de euros en un a comedia musical mediocre, falta de originalidad y producida para los amiguitos del turbio negocio de las más turbias izquierdas con panza llena y corazón descontento, pero se niega a pagarle a las musas, porque las musas no cobran derechos de autor, y que se jodan los fans por hijos de puta, que toda la platita es para él, que para eso tiene una mina de oro.

A mí me defraudó y yo tomé mi pequeña venganza (el plato que se come frío, el placer de los dioses).

Ahora, el diario El País, expulsa a BP por intrigante, cruel y maledicente.

Es lo que tiene ser un imbécil de capa y espada.


Lu

Anónimo dijo...

Meadow, ¿por qué permites que esa demente de Lamprea Pollino manche este hermoso blog con sus chaladuras? Nos espanta a los amantes de la poesía.

Anónimo dijo...

Apoyo al anónimo... Limpiemos a L. F. de los lindos lugares.