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jueves, 30 de septiembre de 2010

El poder de la imagen en palabras

Benjamín, como los grandes escritores, tiene el don de que sus palabras valgan mucho más que cualquier imagen. Por eso cuando escribe sobr imágenes el efecto de aquellas y las de estas se mutiplican y sale un texto del calibre del que nos ocupa, publicado en El País el pasado día 26, sobre Robert Capa.

Porque el texto es muy bueno y porque estoy empanzanado de huelga.

Medio Hombre, media mujer y todo el horror. Por Benjamín Prado.

Robert Capa era medio hombre y media mujer, a veces un solo artista y a veces dos distintos. El 50% del fotógrafo al que conocemos por ese nombre falso se llamaba en realidad Ernö Friedmann, no era norteamericano como hizo creer a muchos, sino húngaro, y esa identidad se la inventaron él y su novia, la alemana Gerda Taro, nada más conocerse en Francia, donde los dos habían ido huyendo del nazismo, para lograr vender sus obras con menos problemas: todo es más fácil cuando te avala Estados Unidos. El seudónimo fue un atajo para ellos, pero es un laberinto para nosotros, porque hace prácticamente imposible descubrir quién de los dos tomó algunas de sus imágenes más famosas, por ejemplo la del miliciano abatido en Córdoba durante la guerra civil española, que mientras cae no puede responder a tantas preguntas: ¿Esta escena es real o fue un montaje? ¿Eres el anarquista que dicen que fuiste o eres otra persona? ¿Quién disparó su cámara, Gerda o Ernö? Todo eso es interesante, pero no importante: en la literatura y en cualquier otro tipo de arte que merezca la pena, lo que importa no es lo que las cosas son, sino lo que simbolizan, y esa ley sirve para las fotos de los Capa y para el Guernica, del que a nadie se le ocurriría preguntar a qué especie pertenecía el toro que pintó Picasso o si lo que hay en el centro del óleo es una yegua o un caballo.

Lo trascendente del trabajo que Gerda y Ernö llevaron a cabo en España no son los personajes, sino el drama, y el hecho de que aquellos sean por lo general seres anónimos le da una dimensión mayor a la obra que tuvieron que interpretar a la fuerza: al mirarlos, no vemos a un héroe, sino el valor; no vemos un cadáver, sino la muerte; no vemos a unos vencidos, sino la derrota. Las secuencias de esa derrota que se conocían y las que han aparecido en la célebre maleta de Robert Capa que se encontró hace un par de años y que contenía numerosos negativos de instantáneas tomadas mientras se producía la retirada del ejército republicano muestran una desolación que, como la célebre navaja de Luis Buñuel, corta por la mitad los ojos de quien las observa. Es difícil retratar con tanta profundidad el abatimiento y la desesperanza, y si Ernö lo consiguió, indudablemente a solas porque para entonces él ya era todo Robert Capa, tal vez fuera porque aquel dolor de otros era su autobiografía: Gerda había muerto en el frente de batalla, en julio de 1937, al caer de un coche desde el que fotografiaba a las tropas y ser arrollada por un tanque.

El Guernica no es un cuadro sobre un solo bombardeo y una sola ciudad, ni las fotografías de Robert Capa hablan de un solo ejército vencido y de una sola huída. Lo que las hace únicas es que son nada más que un ejemplo, porque su poder es el de representar el horror de todas las guerras. La madre con la maleta al hombro y el niño agarrado de la falda; la que mira al cielo temiendo que lluevan las balas; la que llora vestida de negro al marido muerto en medio de la calle; los chicos que juegan a fusilar a otros chicos y en este caso los miles de prófugos en busca de una frontera que los salvase de los asesinos… No necesitamos saber sus nombres y sus apellidos, ni si los fotografió un hombre, una mujer o las dos cosas. Son los perdedores, pero sobre todo son la pérdida. En sus rostros se puede leer todo lo que les ha pasado y todo lo que les espera.

sábado, 10 de enero de 2009

Retrato de Benjamín

Este retrato tiene solera. En el año 2005 Telefónica organizó una exposición que bajo el nombre "Retratos con conversación" unía la palabra y la pintura.

La presentación de la exposición decía así: "Félix de la Concha desarrolló el proyecto, Retratos con conversación, con la visión de unir la palabra y la pintura y reflejar con su obra no sólo lo externo de los retratados si no su pensamiento y todo lo que expresaban al mismo tiempo que vemos su imagen en un retrato. El experimento hizo que los modelos se implicaran en el desarrollo del cuadro (que el autor pintó en dos horas) y este ha sido el resultado, cincuenta retratos “sonoros” que acercan las obras al público a través de la vista y el oído".

Del audio sólo tenemos unos escasos segundos en este enlace: http://www.telefonica.es/planeta/es/html/felixdelaconcha/pg-audio/37.html

El retrato es este:

viernes, 26 de diciembre de 2008

Fotografías de entonces

Las imágenes toman el testigo de las palabras. No soy quien para comentarlas, quizá debieran hacerlo sus propios protagonistas. Cada imagen es más que un momento, es el antes y el después de cada una.

En algunos casos vemos qué cierto es aquello de que "un hombre nunca sabe qué pasado le espera".

(Gracias, Bea, por las fotografías; que hemos cogido prestadas del especial que el Ideal de Granada tiene sobre García Montero)

Benjamín Prado con Alberti y García Montero.
Durate la presentación de la colección Maillot Amarillo con García Montero, Egea, Alberti, Olid, Sabina y el propio Benjamín Prado.

Benjamín Prado junto a Sabina, Almudena Grandes, Ángel González y García Montero.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Dentro de Bob Dylan

En esta ocasión el vídeo es el protagonista (gracias Víctor por la aportación). Pero es un vídeo con poesía y voz, del mismísimo Benjamín Prado. Nos encontramos ante el trailer, en su versión larga, del documental que se hizo sobre Bob Dylan, y en el cual aparecen distintas personas hablando sobre Dylan, tanto fans, como fans-famosos (Sabina, Pablo Carbonell, Aute,...) y a partir del minuto 3:16 Benjamín Prado recita alguna estrofa de uno de sus poemas, "Mi Vida se llama Bob Dylan"

jueves, 9 de octubre de 2008

Sesión doble, por VivAmérica

(O triple, ojo a la foto del lateral. Recién revelada en el festival VivAmérica).


La obligación y la devoción no se llevan bien. Y una imagen no siempre sustituye a mil palabras. Aquí dejo constancia, con esta imagen, de que ayer Benjamín Prado estuvo en la Casa de América, aquí al lado, y que no pude ir. Ayer, él, Benjamín, desde Madrid habló por videoconferencia con Bogotá, con Héctor Abad Faciolince, moderado por Marco Schwartz, sobre "La justicia de la memoria. Conversación sobre la memoria y el pasado colectivo". Y me lo perdí.

Mi reino por el mp3 de ayer. ..
Y por el de mañana.

Que el reloj de la literatura no es el de las oficinas. A las 13:00, también en la casa de América, también en la Sala Bolívar, Benjamín Prado, Ronaldo Menéndez, Daniel Samper y Alejandro Hernández hablarán, en mesa redonda (que siempre es rectangular) sobre "Los escritores leen. Los autores leerán pasajes de sus textos literarios". Y también me lo voy a perder...

lunes, 6 de octubre de 2008

Un prólogo de tebeo. Por Benjamín

Lo prometí, y aqui comienza la serie de prólogos de Benjamín Prado. Hasta ahora ya he publicado alguno en este blog, el del libro de Suicidas, el de Quién nos cortará las uñas cuando hayamos muerto, de otros nos ha hablado Benjamín como proyectos, y otros los estoy buscando de biblioteca en biblioteca, y lo mejor es que los estoy encontrando.



El de hoy es, quizá, el más curioso de los que Benjamín Prado puede haber escrito. Y algo de relación tiene con el autor o viceversa, pues en "Nunca le des la mano a un pistolero zurdo" uno de los personajes se llama como este cómic, por algo será, ¿no?
Un prólogo de un comic, de Blueberry. Os dejo con él...



(lo transcribo porque la calidad de las imágenes no dan para mucho, y cuelgo todas las imágenes del prólogo porque los dibujos son el complemento perfecto de este texto. Gana al natural...)



Esa azulada belleza

Por Benjamín Prado. Colección de comics de El Mundo.


Todo Blueberry se parece a una mentira. No a una mentirda común ni a un mentiroso cualquiera, sino a un embuste genial de John Ford, quizás el director más grande de la historia del cine, quién en una ocasión inició un discurso con esta palabras que son tanto el anagrama de la falsa modestia como el de la verdadera astucia "Me llamo John Ford y hago películas del Oeste".

Naturalmente, ni John Ford se llamaba John Ford, sino Sean Aloysius O'Fearna, ni sus obras pueden ser reducidas a la categoría de "películas del Oeste", cosa que no son El hombre tranquilo, Mogambo, o las Uvas de la ira, pero tampoco La Diligencia, Rio Grande, Centauros del desierto o Pasión de los fuertes, por mucho que sus protagonistas galopen por el Gran Cañón del Colorado, se cubran la cabeza con sombreros Stetson, peleen a puletazos enlas cantinas y le disparen a los indios. Todo eso es lo que más se ve, pero también es lo de menos, y ocurre en el lejano Oeste como podría pasar en cuaqluier otra parte, porque de lo que tratan las películas de Ford es de cosas como la lealtad, el honor, la avaricia, el coraje, la traición, la cobardía, la vejez... Eso es lo que los hace tan grandes.



Con las aventuras del Teniente Blueberry pasa exactamente lo mismo. El protagonista de los tebeos de Jean-Michel Charlier u Jean Giraud es un oficial del éjército federal de los Estados Unidos que recorre el Oeste coleccionando todas las aventuras del género: batallas contra los apaches y los navajos, resistencias numantinas en fuertes sitiados por el enemigo; escaramuzas, al otro lado de la frontera, con mexicanos que no aceptan haber perdido Texas y quieren vengar la derrota de El Álamo; partidas de póker que acaban en un batalla campal; duelos al sol en la calle desierta de un pueblo en manos de los bandidos; travesías agustiosas por el desierto; héroes enterrados hasta el cuello para que las hormigas rojas los torturen y maten; negociaciones con grandes jefes rebeldes en un tipo, alrededor de un hoguera y con una pipa de la paz en la mano... Y galopes sin fin, interminables viajes a caballo en los que los jinetes siempre buscan, cabalgando, contrarreloj, una última esperanza, una grieta por donde salir de un callejón sin salida. Junto al Teniente Blueberry, las palabras de Charlier y la pluma prodigiosa de Giraud colocaron todo un ejército de personajes secundarios de primera, compuesto de tahúres, traficantes de alcohol, soldados incorruptibles, coroneles locos, indios taimados como una serpiente de cascabel, exploradores borrachos y chicas que rompen corazones como quien deshoja una margarita. La suma de todo eso da un resultado innegable: las aventura del Teniente Blueberry son tan divertidas, tan variadas y tan completas, ofrecen una suma de inteligencia, acción y belleza tan extraordinaria que el que se aburra con uno de estos tebeos, una de dos, o es el cenizo más grande del planeta o está muerto.



La pareja Charlier-Giraud, que es la original y a la que se deben los títulos esenciales de la saga, esas series inolvidables que forman, por ejemplo, Fort Navajo, Tormenta en el Oeste, Aguila solitaria, El jinete perdido, la pista de los Navajos y El hombre de la estrella de plata, o la célebre El caballo de hierro, El hombre del puño de acero, La pista de los Sioux y El general "Cabellos Rubios", es en el mundo del tebeo algo así como la pareja Jagger-Richards en el mundo del Rock&Roll, la combustión entre ambos da lugar a una obra maestra de su género. Si los argumentos de Charlier siempre unen la sabiduría del narrador clásico, la solvencia del historiador y la imaginación para crear intrigas y tramas del autor de novelas de detectives, los memorables dibujos de Giraud están entre los más densos, minuciosos y poéticos de la Historia del cómic: una vez leído Blueberry, su imagen se queda en nuestra memoria para siempre. No me refiero a la imagen concreta del Teniente, ese romántico-duro-cínico-noble que le robó la cara a Jean Paul-Belmondo y los gestos a todos los antihéroes míticos de la historia del cine y la literatura, sino a la imagen en general, esas viñetas expresivas a más no poder, llenas de matices, en las que los fondos fortalecen los primeros planos, los paisajes son hemosísimos y están llenos de detalles y cada ademán de cada personaje es un prodigio de expresividad. Esa azulada belleza de Blueberry.



En cuanto al Teniente, ese hombre con puños de hierro y puntería legendaria, es un sudista que luchó contra la esclavitud y, por ello, fue desheredado por su familia confederada, quizá de ahí venga su atractivo, el de alguien que es sutil porque es contradictorio no pretende ser un héroe, pero jamás es un cobarde, no querría apostar su piel por nadie, pero nunca deja a un amigo en la estacada, presume de su falta de principios, pero todo lo que hace, lo hace a cargo de su valor y por pura nobleza y nadie le ha visto abandonar a un caído sin darle sepultura, es un romántico incurable y, a la vez, un escéptico, hasta tal punto que cuando le ofrecen una condecoración por haber arriesgado su vida para salvar el honor de su uniforme, su respuesta no ofrece dudas: las únicas medallas que le interesan son los dólares de oro y de plata. Y, sobre todo, es astuto como un zorro. De hecho, su gran baza es su ingenio y gracias a él, inventando engaños y estratagemas inauditas, sale de los infiernos en los que le meten su generosidad y su sentido del deber . Todo un artista.



Estoy seguro de que cualquier día voy a abrir una biografía que alguien escribirá sobre el Teniente Blueberry y en ella habrá una entrevista con Charlier y Giraud en la que los maestros dijeron: "Nos llamamos Michel y Jean y hacemos tebeos del Oeste". Ese día, el círculo se habrá cerrado.




domingo, 31 de agosto de 2008

Correr hacia el nuevo año

El médico me ha ración de Benjamín Prado para llevar mejor la depresión posvacacional. Por ello leemos y colgamos este clic (en cuanto tenga la foto la subo)
Tema recurrente, pero invevitable cada fin de año (Para entender mejor esta última frase no hay que perderse el post de mañana, en el Benjamín lo explicó ya hace un par de años).

Mientras me llega la depresión correré yo también, comenzaré el año corriendo por las calles de un Madrid que se despereza y que antes de engullirnos a todos mañana en el metro a las 7 de la mañana, nos cederá sus calles para correr. Quizá buscamos todos lo que nos dice Benjamín en este texto, quizá cada uno busque una cosa, pero esta tarde miles de corredores recibiremos el año como se merece, con una San Silvestre en pleno mes de agosto.


La vida empieza mañana
Por Benjamín Prado. El Clic. El País.
En cualquier otro momento del año quizá nos tendríamos que preguntar hacia dónde corren las personas de la imagen, pero no hace falta porque estamos en el último día de agosto y septiembre, que es el mes de los grandes proyectos y las esperanzas aplazadas, nos da la respuesta: esas mujeres y ese hombre corren hacia una nueva vida, hacia la versión mejorada de ellos mismos que soñaron este verano junto al mar y en la que se veían más felices, más saludables y, sobre todo, más parecidos a quienes siempre desearon ser. ¿O es que alguien piensa que el adverbio siempre se puede escribir con las letras del sustantivo septiembre por pura casualidad?
Comienzan los días laborables y los despertadores a las siete de la mañana
Quien tiene una meta tiene una razón para correr, y por eso los dos deportistas que vemos en primer plano sonríen con la boca llena de optimismo mientras huyen de la palabra vida, escrita en grandes letras rojas sobre el edificio que hay a sus espaldas. La tercera no da la impresión de tenerlo tan claro, porque parece moverse con menos convicción que sus acompañantes y ni va tan bien uniformada como la otra mujer, cuya ropa delata una voluntad firme de ponerse en forma, ni parece haberse echado a la calle tan impulsivamente como el hombre de azul, que no quiso perder el tiempo en buscar una indumentaria adecuada y va vestido de centauro urbano, mitad peatón y mitad gimnasta.
Pero hay un cuarto personaje en la fotografía que también es un habitante característico de septiembre, un ciudadano al que la perspectiva ha hecho pequeño en comparación con quienes lo rodean y que lee algo con gesto ensimismado, igual que si estuviera a mil kilómetros de los gigantes que lo rodean, lejos de todo aunque esté en el mismo mundo de líneas y círculos perfectos por el que corren sus compañeros de reparto. Imagino que leerá unas instrucciones, un folleto publicitario o un esquema, cualquier cosa que también sea el primer paso de una nueva vida, el inicio de un camino que muchos seguimos en estas fechas esperando que nos lleve a un nosotros mejor: voy a aprender idiomas, o a pintar, o a tocar un instrumento; voy a hacer una colección de libros, de sellos, de discos; voy a ponerme en forma, voy a viajar, voy a beber menos, a dejar el tabaco, voy a comer mejor...
Se acabó el verano y mañana empiezan los días laborables y los despertadores a las siete de la mañana, pero si uno además de iniciativa tiene perseverancia, también puede comenzar algo magnífico: una nueva vida que nos corrija, nos amplíe y nos haga sentirnos bien. ¿Qué hacen los protagonistas de esta foto? Corren para no dejarse atrás.

domingo, 24 de agosto de 2008

El clic de Madrid



El recipiente azul
Por Benjamín Prado. El Clic. El País.
No se sabe si miran o se refugian, y eso explica bien el sentido de una edificación como la plaza Mayor de Madrid, que le ofrece su centro al ocio, sus paredes al arte y sus soportales al comercio o, simplemente, los transforma en un lugar donde esperar a alguien cobijados de la lluvia o del sol. Los tres personajes que ocupan el primer plano de esta imagen no parece que tengan una cita, sino más bien que descansan, porque su postura es la de quien, tras un largo paseo, vence el cuerpo y se recupera de la factura que suele pasarle al viajero la suma del turismo y el calor. ¿Qué estarán mirando, en cualquier caso: la arquitectura de la plaza Mayor o al actor callejero que intenta llamar la atención de los paseantes con su traje oriental?
La plaza Mayor ha tenido cinco nombres y tiene nueve puertas, aunque no sabemos por cuál habrán entrado a ella esas tres personas, ni qué querían saber exactamente de ese lugar, pero, por si les interesa, podemos decirles que los orígenes de la construcción están en la Edad Media, en el siglo XV, que su función era acoger el mercado principal de la ciudad -aunque también ha sido plaza de toros, teatro y lugar destinado a las ejecuciones públicas- y que su primer nombre fue plaza del Arrabal. Los otros han sido plaza de la Constitución, plaza Real y plaza de la República. Felipe II la mandó remodelar en 1580, y le encargó el proyecto a Juan de Herrera; y Felipe III remató la faena en 1617, poniendo la obra en manos de Juan Gómez de Mora, quien le dio fin dos años más tarde. También les interesará saber que la plaza Mayor ha regresado tres veces del infierno, pues sufrió tres grandes incendios en su historia, en 1631, 1670 y 1790.

Pero la plaza Mayor es también otra cosa que se ve muy bien en esta fotografía: un recipiente extraordinario para el cielo azul de Madrid, el famoso color celeste que Diego Velázquez convirtió en la bandera de la ciudad y que uno puede ver como quien contempla un cuadro. Aunque aquí el azul ha hecho lo mismo que los personajes de la foto, esconderse, e igual que ellos se ponen a cubierto bajo los soportales de la plaza Mayor, él lo hace en una nube. Es curioso que ninguna de las personas que vemos mire esa nube. Se pierden lo mejor.

domingo, 17 de agosto de 2008

El clic del domingo

La imagen se incluirá en breve... mientras tanto quedémonos con las palabras que según quien las escriba, como es el caso, valen más que mil imágenes.

Un beso democrático.
Por Benjamín Prado. El clic. El País.
El novelista Carlos Fuentes escribió que una pareja es un triángulo imperfecto, y sin duda el trío que forman en esta imagen el amor, la libertad y la iglesia le da la razón. Porque lo que se ve al fondo, detrás de los jóvenes que se estrechan como si todo lo que no está dentro del círculo de su abrazo no existiese, es la catedral de la Almudena, es decir, para algunos una obra de arte y para otros una fortaleza; para unos algo que ver y para otros algo que nos vigila, dada la costumbre que tiene nuestra jerarquía eclesiástica de controlar la vida civil y poner un ojo dentro de cada colegio y cada juzgado. Por eso, y dadas las circunstancias, me parece que no nos equivocaríamos si definiéramos lo que hacen esos muchachos ante la sede episcopal de la diócesis de Madrid como un beso democrático.
El templo está en segundo plano y los enamorados son los protagonistas de esta historia, pero ambos tienen la misma vocación de permanencia, porque la arquitectura es música congelada y "el amor es eterno mientras dura", según dijo el poeta Luis Rosales. ¿Cuánto lo será el de los amantes de la fotografía? ¿Por cuántas estaciones pasará su relación? ¿Saltarán del neoclásico al neogótico y el neorrománico según se construye su vida de pareja, como fue pasando la Almudena de uno a otro de esos estilos? Ojalá no, porque el resultado sería de lo más triste, como lo es la propia catedral de Madrid, con su simulacro de magnificencia y su solemnidad de imitación.

Pero conviene quedarse unos segundos con el camarero, que parece caminar hacia la pareja cariñosa con la intención de felicitarlos, por la sonrisa que le cruza la cara y por el modo en que sus manos se han quedado por un instante quietas en los bolsillos del delantal donde debe echar las monedas que le dan los clientes, lo mismo que si pensara que no hay dinero en el mundo para pagar lo que contempla ni motivo para dejar de observarlo: el que tenga sed o hambre, que espere, ¿es que no ven que hay un chico y una chica besándose? Y es cierto que toda la estampa tiene un punto de paisaje detenido, desde las sombrillas cerradas hasta las posturas algo rígidas de los demás figurantes, cuyos gestos parecen coagulados a la espera de que los amantes se suelden el uno al otro, dándole la réplica a esa canción de Bob Dylan que dice que lo único que aprendes cuando llegas al fondo es que desde ahí todavía puedes caer un poco más abajo: ellos ya están pegados, pero quieren acercarse aún más y dentro de un segundo, en cuanto el fotógrafo baje su cámara, se habrán fundido en la resta de un beso. Sí, una resta, porque los besos de verdad no suman dos bocas, sino que las convierten en una, indivisible. Y en este punto, hay que rendirse y aceptar que Neruda también definió esta foto 60 años antes de que fuera tomada: "Para mi corazón basta tu pecho / para tu libertad bastan mis alas. / Desde mi boca llegará hasta el cielo / lo que estaba dormido sobre tu alma". La catedral de la Almudena tiene seis puertas para huir del infierno. A esos dos jóvenes les bastan los labios del otro para entrar en el paraíso.

martes, 12 de agosto de 2008

Un regalo para Benjamín

No, este no es un blog sobre Ángel González, pero sí sobre Benjamín Prado. Por y para él. Seguro que le gusta este pequeño tributo que el Metro de Madrid le ha dedicado al poeta asturiano, amigo de Benjamín Prado, Ángel González.

Esta imagen corresponde a unos carteles que de vez en cuando Metro de Madrid coloca en los vagones para fomentar la lectura. En algunos casos son primeras páginas, en otros poesías, en otros fragmentos... Este cartel, que cualquier viajero puede ver en algunos vagones (yo lo ví en la línea 10), corresponde al poema que Benjamín Prado leyó en el homenaje que se hizo en Rota a Ángel González.

Juan Urbano, que ya nos ha contado que ahora anda en Rota, quizá no lo haya visto aún, aquí se lo adelantamos.


lunes, 11 de agosto de 2008

El clic. SIn imagen

Me pregunto yo... ¿tiene algún sentido publicar el texto que Benjamín Prado escribe cada domingo basándose en una imagen, si no pones la imagen?

A mi me gustaría ponerla, pero aún no la tengo (el verano es esa época en la que incluso comprar el periódico se convierte en una aventura). Así, que mientras la consigo... haré como El País, aquí va el texto al 2º clic de Benjamín Prado.

El vuelo de la libertad.
Por Benjamín Prado. El clic. El País.
El ser humano quiere volar por lo mismo que nada o cocina, para someter a otro elemento y dirigir el aire, el agua y el fuego como dirige la tierra; pero también para saber lo que es la libertad; y ese muchacho que en la imagen se eleva con su monopatín bajo el puente que une la calle de Juan Bravo con la de Eduardo Dato sobre la Castellana, parece que saltase para cambiar de idioma o de especie, para ser durante unos segundos una letra china o un insecto, pero también para convertirse en otra pieza de La sirena varada, que es la escultura de Eduardo Chillida que hay a su derecha. ¿Sabrá que esa obra fue alguna vez un símbolo de la lucha contra la dictadura o vivirá, como tantos españoles nacidos en la democracia, al margen de la historia de su país?
En el aire no existen la geografía ni los callejeros, y por lo tanto ese niño no está ahora en ninguna parte; pero cuando aterrice volverá a estar en el Museo de Arte Público de Madrid, que fue ideado por el artista Eusebio Sempere y alberga obras de Joan Miró, Alberto Sánchez, Pablo Serrano, Martín Chirino, Manuel Rivera, Pablo Palazuelo, Julio González, Gustavo Torner o Gerardo Rueda, entre otros. La sirena varada se convirtió en un emblema porque el alcalde franquista que había en el Madrid de 1972, que es el año en el que debía de haberse inaugurado el museo, hizo que la retiraran, aduciendo razones de seguridad en contra del informe de los ingenieros municipales. El verdadero motivo de la censura lo aclara en nuestra imagen la naturalidad con que La sirena varada asimila al niño del monopatín: Chillida hacía volar al cemento, y eso debió de parecerle subversivo a las autoridades de la época. La apertura tuvo que esperar hasta 1979.

Sin embargo, también hay algo inquietante en la fotografía, y es el resto del cemento que se ve en ella, el que no es una obra de arte ni una victoria sobre la ley de la gravedad. Porque mientras dure su vuelo, el niño estará en otra esfera, a salvo del mundo real, convertido transitoriamente en una pieza de museo, y ésa es la causa de que combine tan bien con la creación de Chillida y con el edificio reflejado en los cristales del fondo, en los que quiere ser una casa de Gaudí o un cuadro cubista; pero no parece que su alegría tenga mucho que ver con la tristeza gris del paisaje urbano que lo rodea, al que sólo alivia el verde de unos setos entrevistos al fondo. ¿Por qué no hay árboles? ¿Por qué es todo tan árido? Cuando las ruedas de la tabla caigan sobre el piso, se oirá un golpe desagradable, seco, el sonido de un mundo en el que no existen la sombra ni los jardines. Ése será el final de la escena, pero no necesariamente su fin, porque ha quedado grabada por las dos cámaras que vigilan al niño y apuntan hacia él desde las alturas, como si fuesen los cañones de una escopeta de caza con un pájaro en su punto de mira.

sábado, 26 de julio de 2008

Album fotográfico del homenaje a Ángel González en Rota

Nuestros corresponsales en Rota nos han hecho llegar estas fotografías del homenaje a Ángel González del pasado 24 de julio.

Pincha sobre la imagen para acceder al álbum completo.

Homenaje a Ángel González en Rota. Benjamín Prado

domingo, 6 de julio de 2008

De arena y playa

Rareza veraniega la que acabo de descubrir tirando de los hilos de la poesía. Benjamín Prado colaboró con el diario El Mundo en el año 2003 (no es raro pues ya fue portada de este diario, y ya puse el post en esta blog), lo hizo en un especial estío caliente, caliente que el diario publicó.

El diario, además, le dedicó una caricatura con la cara color playa. Otra más para la pinacoteca del Blog.

En 2003 la chica capicúa se llamaba Astrid y andaba por Rota...


La mujer de arena

Por Benjamín Prado. El Mundo

Yo la llamo Astrid, no sé por qué. Tampoco sé de dónde viene, ni qué idioma habla, pero la quiero desde que la vi, hace un año, en una playa de Rota. Cada mañana, ponía su sombrilla cerca de mí, se desnudaba, nadaba un rato en el océano y después se tumbaba en la arena. La arena se pegaba a su piel húmeda y toda ella brillaba como un mineral. En mi vida había visto nada tan bello. Cuando se iba, yo me acercaba al lugar donde estuvo y a veces me tendía sobre su silueta. Después, empecé a guardar puñados de esa arena que era como el molde de la diosa. Así pude tenerla: cada mañana, memorizaba en la playa unos centínetros de su cuerpo y cada tarde los rehacía sobre mi cama, dándole su forma a la arena, amasando horas y horas aquella mezcla de tierra y agua hasta conseguir sus hombros, sus muslos, sus pechos, sus pies... Hace casi un año que acabé a Astrid y todas las noches nos amamos con dulzura y con furia, hasta convertirnos en estatuas deshechas. No sé si este año volverá a Rota. Astrid. Mi adorada Astrid, seas quien seas

martes, 17 de junio de 2008

Benjamin Brother de Joaquín



Benjamín Prado a los ojos de Sabina, quien "Pinta autorretratos al portador", para la portada de Iceberg, el libro de Prado.

No sería un dibujo de poetas si no tuviera palabras: "Benjamin Brother de Joaquín", "Rota. Agosto de 2002", "Iceber".




viernes, 30 de mayo de 2008

Benjamin Green

Benjamín Prado es un escritor comprometido. Tan pronto escribe una novela apasionante con denuncia sobre el rapto de niños, ensayo sobre los escritores de la guerra y retrato de personajes, como apoya a las organizaciones ecologistas de Rota.

Esta imagen corresponde a una camiseta en la que Benjamin cedió lo mejor de si mismo, sus ideas...