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lunes, 23 de julio de 2012

Así comenzó todo

Comentábamos la semana pasada que Benjamín Prado había tenido que dejar la dirección de Cuadernos Hispanoamericanos por decisiones políticas. Por lo cual el de junio de 2012 fue el último número de Cuadernos que dirigió.

Pero en vez de recrearnos en el infortunio celebremos que nos legó 60 números en los 5 años que estuvo al frente de esta dirección. Algunos ya los he ido picando en este blog, otros los iré publicando poco a poco, para no olvidarlos y para rescatar esos editoriales de literatura que cada número, desde 2007, abrían los Cuadernos Hispanoamericanos.

Si la semana pasada fue el "penúltimo", hoy traigo el primero... disfrutadlo.

Por Benjamín Prado
Con el deseo doble de inaugurar caminos inéditos y mantener viva la llama de su prestigiosa historia, Cuadernos Hispanoamericanos inicia en este número una nueva etapa, en la que intentará seguir siendo una ventana abierta sobre la cultura iberoamericana, un lugar de encuentro para sus principales escritores y artistas y un imán al que vayan a parar el pasado y el presente, donde se reúnan la tradición y las nuevas tendencias: todo un reto, si tenemos en cuenta que estas páginas quieren ser la casa de dos idiomas, el español y el portugués, que hacían alrededor de seiscientos millones de personas.

En un territorio tan amplio, rico, diverso y lleno de particularidades, casi todo es posible desde el punto de vista creativo, y nuestra intención es que Cuadernos Hispanoamericanos pueda ser una guía plural y minuciosa que ayude a los lectores a orientarse por el laberinto de la cultura, en el que, al contrario que en el resto de los laberintos de este mundo, el éxito consiste en no encontrar la salida, en volverse uno de sus habitantes. Contaremos en cada entrega de Cuadernos Hispanoamericanos, que como puede comprobarse ha cambiado su diseño por otro más moderno y visible, con la firma de los más importantes creadores de nuestro ámbito, que aportarán tanto sus reflexiones como sus creaciones.

En este caso, por ejemplo, con textos de cuatro maestros como lo son el argentino Juan Gelman y el peruano Alfredo Bryce Echenique, que abren la revista con sendas meditaciones sobre la poesía y la novela, y los poetas español y uruguayo Ángel González y Mario Benedetti, que nos ofrecen una muestra de su obra en marcha. Pero pretendemos que Cuadernos Hispanoamericanos de acogida a todos los géneros y las generaciones, y autores de otras edades y estilos irán sumando su opinión y sus trabajos a las diferentes secciones de la revista, que pretenden contribuir al conocimiento completo de los escritores y artistas más conocidos y también de los que emergen con fuerza en la actualidad, y que en algunas ocasiones han tomado prestados sus nombres de autores clásicos, desde la borgiana «El otro, el mismo», que nos desvelará aspectos secundarios, profesiones al margen o pasiones desconocidas de autores célebres, hasta «Antes de escribir», donde se irá dibujando un mapa de los inicios de algunos escritores, o «Copias del natural», que surge del título de un libro de José Manuel Caballero Bonald y quiere dar a conocer perfiles confidenciales y ángulos ocultos de diferentes personalidades.

El cubano Antonio José Ponte y los españoles Luis Alberto de Cuenca, Juan Cruz y Luis Antonio de Villena se encargan en esta ocasión de esos apartados. En otra sección que inspira un epígrafe de Octavio Paz, «Generaciones y semblanzas», dialogarán en cada número de Cuadernos Hispanoamericanos un maestro y uno de sus discípulos, se definirán uno a otro y darán una muestra de lo que fue y es nuestra cultura.

Y en los sucesivos «Encuentros en la Casa de América» iremos dando una información de los actos que se celebran en esa institución y habrá una entrevista a fondo con alguno de sus protagonistas, en este caso con el narrador colombiano Fernando Vallejo. Pero también queremos abrir Cuadernos Hispanoamericanos a otras disciplinas, el arte, la música o el cine, y aparte de que cada número irá ilustrado por un pintor, en este caso por Pablo del Pino, también contaremos, por ejemplo, con textos de un director de cine que explique qué libro iberoamericano le gustaría convertir en una película y cómo la filmaría, como lo hace esta primera vez Inés París con un relato de Gabriel García Márquez.

Finalmente, vamos a intentar acercar la revista a todos los ámbitos de la cultura iberoamericana, dándole voz también a libreros, editores, críticos y ensayistas para que analicen el porqué, el cómo y el dónde de cada fenómeno cultural. En este caso, el narrador Santiago Roncagliolo, último premio Alfaguara, nos envía una «Carta desde Perú», el editor Jesús García Sánchez explica las razones de algunos de los libros que está publicando y la dueña de la librería madrileña Rafael Alberti, Lola Larumbe de detalles de la vida de los libros en su local. Les seguirán escritores, editores y libreros de todos los países de Iberoamérica

martes, 17 de julio de 2012

Volveremos a vernos

Como ya anunciábamos allá por el mes de mayo, los poderes políticos han movido a Benjamín Prado del sillón de director de la revista cultural Benjamín Prado. La propaganda se abre paso entre la cultura y los políticos, atiborrados aún de desfachatez e inmunes al odio de la gente, siguen creyendo que teniendo el poder político tiene el derecho de hacer lo que les de la gana.

Por eso, vestido de recortes, como todo, Benjamín Prado deja con este número y con este texto, la dirección de Cuadernos Hispanoamericanos, como él mismo dice, "al volver la última página se cerrará, al menos por ahora, el ciclo que comenzó en febrero del año 2010. Aunque también como es él, siempre nos deja una sonrisa de optimismo en las últimas palabras "si tuviese que apostar por algo, sería porque volveremos a vernos". Eso seguro.

Desde aquí un ¡gracias por el trabajo bien hecho! y un abrazo tan fuerte como enorme desprecio hacia quienes nos están hundiendo en la pobreza y en la incultura.

Una sola puerta y todas las historias
Por Benjamín Prado, Cuadernos Hispanoamericanos nº 744

Una sola puerta puede cerrar muchas historias, y eso es lo que ocurre con este número de Cuadernos Hispanoamericanos en el que al volver la última página se cerrará, al menos por ahora, el ciclo que comenzó en febrero del año 2007, cuando me hice cargo de su dirección. Vivimos tiempos de cambios en que los números rojos propician los ajustes de cuentas, y entre una cosa y la otra, hoy se ha puesto fin a una aventura que comenzó en aquella entrega número 680 de esta revista, que se abría con las colaboraciones de Juan Gelman, Mario Benedetti, Ángel González o Alfredo Bryce Echenique. En el siguiente, escribían Mario Vargas Llosa, Gioconda Belli y Joan Margarit. En el que le sucedió, Almudena Grandes, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez o Ernesto Cardenal...

Y así hasta este ejemplar número 744, en una larga lista de temas, autores y países con la que he intentando dejar constancia de las diferentes voces que integran nuestra cultura y nuestro idioma. En los poco más de cinco años que se me ha dado el privilegio de convertirme en parte de la historia de esta extraordinaria revista, han ido pasando por sus páginas, en algunos casos de menera muy habitual, las firmas de premios Cervantes como Juan Marsé, Ana María Matute, Gonzalo Rojas, Nicanor Parra, Carlos Fuentes o Álvaro Mutis; y los maestros como José Manuel Caballero Bonald, Eduardo Galeano, Francisco Brines, Claribel Alegría, Ferreira Gullar, Nélida Piñon, Félix Grande, Sergio Ramírez, Ida Vitale, Hugo Mujica, Rafael Cadenas, Raúl Zurita o Ángeles Mastretta; o las de autores aún jóvenes pero ya consagrados como Juan Manuel Roca, Fernando Savater, Piedad Bonnett, Darío Jaramillo, Andrés Sánchez  Robayna, Jon Juaristi, Luis Alberto de Cuenta, Reina María Rodríguez, Julio Llamazares, César Aira, Luis García Montero, Horacio Castellanos Moya, Gustavo Martín Garzo, Ignacio Martínez de Pisón o, entre un larguísimo etcétera, Felipe Benítez Reyes. La mayor recompensa que he tenido a este trabajo ha sido una carta de Mario Vargas Llosa en la que el premio Nobel señalaba "la profunda vocación democrática de una tarea en la que el único criterio de selección ha sido la calidad de los colaboradores". Le pido perdón por hacer públicas esas dos líneas como quien levanta una copa ganada en un estadio.

En estos años, también he puesto especial interés en otras dos cosas: la primera, lograr que los más jóvenes creadores de cada país encontraran aquí un espacio desde el que darse a conocer, e infinidad de ellos han publicado en Cuadernos Hispanoamericanos sus artículos, sus manifiestos y, a veces, sus primeros versos; la segunda, en aprovechar mis viajes a Latinoamérica, bastante habituales, invitado a participar en alguna feria del libro o a presentar alguna de mis novelas, para llevar la revista de viaje, y así han ido apareciendo monográficos o páginas especiales dedicadas a la literatura de hoy en diferentes países que han sido presentados, por ejemplo, en Argentina, Chile, Cuba, Ecuador, Perú El Salvador o Nicaragua, cumpliendo en mi opinión dos de las funciones básicas a las que obligan las siglas de la Aecid: la cooperación y el desarrollo. Tengo la esperanza de haber contribuido a multiplicar el nombre de Cuadernos Hispanoamericanos en esos países y en otros, como Brasil, al que dedicamos un tomo aparecido, por primera vez en sus más de seis décadas de existencia, en edición bilingüe español-portugués.

Una sola puerta puede cerrar muchas historias, y las más hermosas que he vivido en esta casa han sido las conversaciones e intercambios de ideas que he podido tener con todas las personas que me han ofrecido su amistad y su colaboración. Gracias a ellas; a aquienes confiaron en mí a la hora de reflotar este barco y, sobre todo, a los lectores de Cuadernos Hispanoamericanos: todo ellos me han otorgado el enorme privilegio de poner un tesoro en mis manos. En el futuro siempre está nublado y la vida, como dijo Jaime Gil de Biedma, nunca es exactamente como uno se la espera; pero a pesar de todo, si tuviese que apostar por algo, sería porque volveremos a vernos.

martes, 5 de junio de 2012

El espectáculo ha terminado

En el número 742 de Cuadernos Hispanoamericanos, el de Abril de 2012, Benjamín dedica un texto al maestro Mario Vargas Llosa. En mi opinión es de los mejores textos que ha escrito Benjamín en Cuadernos , tanto por lo que dice como por lo que menciona que dice Vargas Llosa. Una mezcla imprescindible.

Eso sí, el título suena a fin de fiesta, como ya anunciamos la semana pasada, pues Benjamín dejará la dirección de los Cuadernos Hipanoamericanos, por obra y desgracia de la política, el próximo mes de junio.

Con textos como este aún cuesta más despedirse.

El espectáculo ha terminado
Por Benjamín Prado en Cuadernos Hispanoamericanos nº 742, abril 2012

Al acabar su último libro, La civilización del espectáculo, cualquier persona de este mundo a la que le gusten la literatura y el arte deseará no estar de acuerdo con Margio Vargas Llosa. Porque lo cierto es que el panorama que dibuja el Premio Nobel, resultad desolador, y es fácil de resumir: a base de bajar el nivel de nuestra cultura, hemos llegado al fondo de un pozo, y no se ve la manera de salir de él. Los siniestros mercados que nos acosan por tierra mar y aire, a los que Octavio Paz ya señaló como "responsables de la bancarrota de la cultura en la sociedad contemporánea", dirigen con mano de hierro la sociedad de consumo y no le reconocen a nada, tampoco a un libro, a una composición musical o a una escultura, más virtud que su cuenta de resultados, de modo que el único valor de las cosas es su precio: lo que vende, importa, y lo que no, carece de interés. Uno va viendo cómo las editoriales prestigiosas se entregan de un modo patético a la búsqueda del best-seller, las salas de teatro apartan a grandes actrices  y actores para usar de señuelo en sus carteleras a famosos de las series de televisión o los museos usan de reclamo a artistas más conocidos por su provocaciones que por sus obras, y entiende por qué el autor de El sueño del celta, La casa verde o Travesuras de la niña mala se rasga la camisa al recordar que si Grecia estuvo gobernada por la filosofía, Roma por el Derecho y la Ilustración por la ciencia, nosotros estamos en manos de la economía, y sometidos a las leyes de la publicidad. "El fetichismo de la mercancía - escribe - produce la cosificación del individuo, entregado al consumo sistemático de los objetos, muchas veces inútiles o superfluos, que las modas le van imponiendo". Uno siempre está en manos de aquello que desea y, en ocasiones, es su cautivo: no hay más que ver a los miles de ciudadanos que hoy día viven atrapados en sus casas, bajo arresto domiciliario de su hipoteca.

Nadando contra las corrientes de opinión, Vargas Llosa encuentra el origen de la catástrofe en la democratización de la cultura, "un fenómeno que nació de una voluntad altruista, evitar que la cultura siguiera siendo patrimonio de una élite (...) pero que ha tenido el efecto de trivializarla", porque la función que antes cumplían los sistemas filosóficos, hoy la llevan a cabo las campañas comerciales, "que ejercen un magisterio decisivo en los gustos, la sensibilidad, la imaginación y las costumbres" de las personas. Así que lo que antes había que ir a buscar a Kierkeggaard o a Hegel, ahora te lo traen a caso los anuncios. Mala cosa.

La degradación de la cultura, por lo tanto, se hizo inevitable "desde el momento en que la obra literaria y artística pasó a ser considerada un producto comercial que dependía de los vaivenes del mercado", y esa política de tierra quemada se ha extendido a todo, también al periodismo, en vista de la forma en que hoy en día se abaratan algunos diarios, hasta convertirse en una mezcla de revista de modas, prensa del corazón y revista satírica. Vargas Llosa, siempre capaz de mirar desde todos los ángulos posibles aquello de lo que habla, ve en los desmanes de la economía uno de los motivos de la derrota, pero no cree que sea el único. También está, por ejemplo, el esnobismo que ha vivido como pez en el agua en el mar de la posmodernidad. "Desde que Marcel Duchamp revolucionó los patrones artísticos de occidente - dice (...) ya todo fue posible en el ámbito de la pintura y la escultura, hasta que un magnate pague doce millones y medio de euros por un tiburón preservado en formol en un recipiente de vidrio y que el autor de esa broma sea reverenciado como un gran artista de nuestro tiempo", lo cual, sin duda, nos deja en tan mal lugar a nosotros como a él, porque corremos el riesgo de mostrarnos "tolerantes o indiferentes" hacia la inmoralidad. Cerrar los ojos te convierte en cómplice de lo que no quieres ver.

Todo es posible, pero no todo vale, y para explicarlo, el autor de ¿Quién mató a Palomino Molero? recurre al ejemplo de la ciencia, transformada por la combinación de nuestra locura y nuestra inteligencia en un arma de doble filo, que hace incluso del arsenal que los países más poderosos guardan debajo de sus banderas "una hazaña tecnológica" y, al mismo tiempo, una manifestación flagrante de barbarie" que, como él recuerda, contradice a cuchillo el precepto de T.S. Elliot según el cual la cultura es "todo aquello que hace la vida digna de ser vivida".

Mario Vargas Llosa escribe con la autoridad de quien es justo lo contrario de aquello que critica, algo que, si se piensa bien, no es tan común; y por eso cuando se lamenta de que hoy en día "la popularidad y el éxito se conquisten no tanto por la inteligencia y la probidad como por la demagogia y el talento histriónico", uno sólo tiene que recordar cómo y de qué ha hecho él su obra, para darse cuenta de que el camino recto puede estar lleno de curvas peligrosas, pero también existe y es el único que merece la pena. La civilización del espectáculo tiene algo de alarma roja sonando en la oscuridad y otro poco de parte de defunción. Por fortuna, aún quedan intelectuales que se merezcan ese nombre, y Mario Vargas Llosa es uno de ellos, por su valor a la hora de decir lo que piensa en un mundo gobernado a partes iguales por la cautela y el desinterés, donde casi nadie se arriesga a salirse a salirse del círculo que le han pintado alrededor y en el que, por desgracia, poco quieren saber y muchos se conforman con estar al tanto, que son cosas muy distintas. Pero, contra viento y marea, aún hay personas como el autor de La ciudad y los perros, a quienes la edad les añade experiencia y no les quita pasión, y que no han luchado nunca por llegar arriba para que se les viese más, sino para que se les escuche mejor porque no tenían algo que vender, sino algo que decirnos. Si algo demuestra este libro es que también puede ser clarividente cuando se habla con el corazón en la mano.

martes, 15 de mayo de 2012

El 15M del blog

Se confirma. Una revista Cultural como Cuadernos Hispanoamericanos se suma a la lista de ejemplos en los que la política confunde su función al servicio del ciudadano para poner al ciudadano a su servicio. Tal como temía Benjamín Prado cuando nos anunció en exclusiva que dejaría de darle voz a Juan Urbano a través de El País, con el cambio del gobierno llegaría el cambio de dirección de Cuadernos Hispanoamericanos. Aquella afirmación lejos de ser derrotista ha resultado ser una terrible prueba de que lo importante en la cultura es la política.

Benjamín Prado lo confirmaba en su cuenta de facebook al ser preguntado por si volvería alguna vez Juan Urbano: "Qué va, al contrario: en junio me echan también de Cuadernos Hispanoamericanos... es tiempo de caza en el PP".

Me gustaría evitar la política en un blog de literatura, pero no nos dejan otra opción. ¿Qué razones hay para echarle?, ¿Razones culturales?

Quizá no pueda hacer mucho, pero afortunadamente estamos en una época en la que el cabreo y la frustación no se queda en casa y las voces cada vez se oyen más. Desde aquí mi indignación. Y en breve la cancelación de la suscripción.

jueves, 12 de abril de 2012

Un país en verso: Nicaragua

Si el 730 fue sobre Perú, el 740 ha sido dedicado a la literatura de hoy en Nicaragua. Un número, el de febrero de 2012, que llegó al país de manos del embajador de España allá, León de la Torre, y que fue recibido por un gran número de poetas, como se puede ver en la fotografía (extraída del diario La Prensa).

El Cuaderno, como siempre está repleto de voces, poemas, entrevistas, dibujos, literatura, cultura... mucho y todo bueno. Como ni puedo ni debo colgarlo aquí al completo, sí me gustaría refrendar mis palabras con las dos primeras páginas de los Cuadernos, las que le dedica Benjamín Prado, el director de los Cuadernos a la literatura de aquel país. (Clica aquí para ver más Cuadernos)

Un país de poetas llamado Nicaragua
Por Benjamín Prado en Cuadernos Hispanoamericanos nº740


España es un país de poetas y pintores, pero no de filósofos o científicos, a pesar de José Ortega y Gasseta o María Zambrano, de Santiago Ramón y Cajal o Severo Ochoa. Los mexicanos son grandes pintores, y ahí está Frida Kahlo, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros o Remedios Varo para demosrtarlo. Argentina produce autores de relatos como Julio Cortázar o Borges y grandes psicólogos y a Colombia y Perú se les dan bien los novelistas. En Cuba y en Brasil la gente lleva la música en la sangre... ¿Hasta qué punto son verdad todos estos supuestos? Sin duda, no al cien por cien, pero sí en parte, cmo también lo sería decir que Nicaragua empieza por erre, la de Rubén Darío, y que de ahí en adelante, también es un país en verso. La lista de credenciales que presenta el pequeño país centroamericano en este terreno, impresiona: ha dado pioneros de la vanguardia como Salomón de la Selva y autores de la categoría de José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Pasos o Carlos Martínez Rivas, y sigue disfrutando de la presencia de poetas y narradores de fama internacional como Ernesto Cardenal, la salvadoreña Clarible Alegría, Sergio Ramírez o Gioconda Belli; de nombres hace tiempo escritos en letras mayúsculas como los de Francisco de Asis Fernández y Blanca Castellón y de una larga serie de jóvenes que empiezan a dar frutos de nuevo sabor y extraordinario interés. Todos ellos, los maestros y los discípulos, los poetas, los narradores y los que hacen una cosa y la otra, se reúnen en este número de Cuadernos Hispanoamericanos que hemos hecho coincidir con una nueva edición del Festival Internacional de Poesía que se celebra en la bellísima ciudad nicaragüense de Granda y que es una fiesta de la cultura: los recitales están abarrotados de público, el gentío se reúne en las plazas públicas para escuchar a poetas venidos de medio planeta, anda por los colegios y las calles escuchando a los escritores o se acerca a la casa de Cardenal y lo reclama hasta que sale a saludar a la terraza...

Un país que supo sacar poesía hasta de sus momentos más dramáticos, durante su guerra civil, y que incluso en aquella época de la sangre fue capaz de encontrar versos entre las balas, con tentativas tan considerables como las de Leonel Rugama, a quien Rafael Alberi solía citar como la gran voz d ela poesía joven latinoamericana, o Rigoberto López Pérez, merece la paz de la que disfruta desde hace años, aunque sea teniendo que luchar con los cabos sueltos de una democracia a veces bajo sospecha y en la que muchos denuncia interminables casos de malversación, fraude y abuso de poder. Pero contra viento y marea, como siempre, los escritores nicaragüenses siguen dando ejemplos de talento y haciendo de la literatura, y muy especialmente de la poesía, su bandera. La entrevista con la poeta Blanca Castellón que incluimos en estas páginas, es un repaso inteligente y exhaustivo del ayer, el hoy y el mañana de la literatura de Nicaragua. El presente es conocido y el futuro, como se ve en la muestra que ofrece este número de nuestra revista, parece asegurado. Buenas noticias para un país que, sin ninguna duda, las necesita. Quién no, en estos tiempos.



viernes, 6 de abril de 2012

Un poco menos

Llegaron a la par el número de febrero y el de marzo de Cuadernos Hispanoamericanos, pero esa no es la noticia. La noticia es que llegaron. Porque viendo los recortes que está haciendo el Gobierno de España a la ayuda a la cooperación, y más concretamente en el caso de AECID (Agencia Española de cooperación internacional al desarrollo, que es la editora de los Cuadernos) que alcanza la vergonzosa cifra de un 74% menos, estaba temiéndome lo peor.
Estaremos atentos y ojalá no tengamos que dar malas noticias.

Por lo pronto tenemos dos nuevos "prólogos" de Benjamín Prado, el director de los Cuadernos Hispanoamericanos, en sendos números. Hoy comenzaremos por el final, por el más reciente, por el 741 de marzo de 2012, que ustedes lo disfruten:

Un poco menos en el más allá
Por Benjamín Prado, Cuadernos Hispanoamericanos nº741
El tiempo pasa deprisa para los muertos. Sobre todo si no los has olvidado, porque lo que está presente está cerca, está dentro, está un poco menos en el más allá. Por ejemplo, el poeta Luis Rosales murió hace veinte años y el poeta José Hierro, hace diez, pero ninguno por completo, porque sus obras aún siguen aquí, algo que sirve para que lo que dicen los números lo desmientan las palabras que ellos mismos escribieron. El autor de Diario de una resurrección, por ejemplo, murió en 1992, pero acaba de publicar en la editorial Visor un volumen que contiene El libro de las baladas y Romances de colorido, los dos escritos hacia 1930 y ninguno suyo del todo, porque ambos seguían la estela de Federico García Lorca, sobre todo la que marca su Romancero gitano. Sin embargo, uno y otro dejan muy claro que cuando aún no era él enteramente, Rosales ya era un apunte de gran poeta, un joven que con sus primeros pasos dejaba huellas inversas, es decir, que llevaban al futuro, hacia el maestro que sería cuando escribiera La casa encendida. Que la profesora Xelo Candel Vila haya recuperado estas creaciones juveniles de Luis Rosales, llenas de deudas y ecos pero también de señales esperanzadoras, sirve para descubrir todo eso y también para tirar de su creador hacia este lado de 1992, la fecha de su desaparición. Y la cultura es eso, correr en dirección contraria a los calendarios, evitar que lo que tiene valor se silencie y desaparezca, algo difícil en esta era dominada por las urgencias, los resultados inmediatos y la búsqueda continua de novedades.

Las fundaciones Gerardo Diego y José Hierro y la Casa de Cantabria en Madrid, por su parte, han conmemorado los diez años de la desaparición del autor de Quintra o el Libro de las alucinaciones con un pequeño tomo, Mi Santander 4, en el que reúnen textos y dibujos suyos. Es un homenaje modesto, pero también contribuye a que su figura se mantenga viva. En su caso, además, su fama tiene algo de ajuste de cuentas con el olvido, ya que pasó media vida ente brumas, sin escribir, o al menos sin publicar, durante casi treinta años, hasta que rompió ese paréntesis con Agenda, en 1991, y siendo más reconocido que conocido porque nadie dudaba que era un nombre imprescindible de la literatura de posguerra pero muy pocos lo leían. El prestigio que hoy lo mantiene a flote es un eco de la celebridad que consiguió con la publicación de Cuaderno de Nueva York y tras ser galardonado con el premio Cervantes. Y es también una buena disculpa para regresar o entrar por vez primera en su obra, por ejemplo a través de la más reciente edición de sus Poesías Completas (1947-2002), publicada por Visor.
"La madera de los ataúdes de todos los que estamos en la sala está ya cortada", dice Federico García Lorca en uno de los dramas inacabados que incluye su Teatro completo, recién publicado por Galaxia Gutenberg. Es otra recuperación interesante, por mucho que el legado del autor de La Casa de Bernarda Alba no corra ningún peligro, porque es una presencia abrumadora. Pero un tomo como éste, con todas sus tragedias y sus esbozos reunidos, simpre es una buena noticia. "Ver la realidad es difícil. Y enseñarla, mucho más. Es predicar en el desierto", dice en Comedia sin título. O sea, que es algo admirable, tanto como todos los esfuerzos que se hagan por conservar en pie nuestra cultura. La de antes y la de ahora.

viernes, 20 de enero de 2012

El valor de lo diferente: Nicanor Parra

Para Cuadernos Hispanoamericanos, la Revista Cultural, e imprescindible, que dirige Benjamín Prado le ha costa salir de 2011 casi tanto como poco arrancar el nuevo año. Los número de diciembre y enero han llegado casi a la par, y lo que fue una desazón por la tardanza del primero se ha compensado con la alegría de tener 2 regalos en periodo inesperado.

Cada página de los Cuadernos tiene mucho más que textos, tienen literatura. Y para que me creáis empiezo por el principio, por el Editorial de Benjamín Prado... si el comienzo es así, cómo será el final.

Nicanor Parra y algo más
Por Benjamín Prado, en Cuadernos Hispanoamericanos 738, diciembre 2011

El que no se rinde puede ser derrotado, pero no puede ser vencido, y eso es lo que ocurre con la poesía del último Premio Cervantes, el chileno Nicanor Parra, cuya fidelidad a los principios que alentaron desde los años treinta hasta ahora su escritura se ha mantenido a lo largo de los años y de los libros, a veces en las condiciones más adversas y sobreponiéndose siempre a modas, dictaduras, prohibiciones y olvidos. Los dos tomos de sus Obras completas que ha sacado Galaxia Gutenberg, uno en 2006 y otro este 2011 que ahora termina, son una apabullante demostración de dos mil doscientas páginas del modo en que ha mantenido en pie sus convicciones, a lo largo de siete décadas, el autor de Poemas y antipoemas, Canciones rusas o Sermones y prédicas del Cristo del Elquí o de la antología Chistes para desorientar a la policía poesía, un título en el que la palabra tachada dice tantas cosas como su sustituta. Parra tiene noventa y siete años pero aún es demasiado joven para quienes no pueden comprender ni su ironía, ni su perpetua subversión, ni su carácter "profundamente democrático, liberal y ecologista desde mucho antes de que se pusiera de moda serlo y esquivo a cualquier militancia", como lo define el director de la revista The clinic, que se llama así porque salió a la calle en el momento en que el general Pinochet estaba detenido en un hospital de Londres y que en un momento dedicó un importante monográfico al poeta.

Parra nunca dejó de ser el innovador que quiso "construir una montaña rusa dentro de la poesía", pero tampoco el transgresor que decoraba las calles de Santiago de Chile, en los años cincuenta y junto a Enrique Lihn y Alejandro Jodorowsky, con los combativos murales quebrantahuesos, que eran una suma de recortes de periódico que al mezclarse dejaban ver la parte invisible de la realidad, que siempre le ha interesado por encima de todo a este indagador: "Responde sol oscuro / ilumina un instante / aunque después te apagues para siempre". La poesía de Nicanor Parra es contestataria, es politica y es sobre todo, como podrá comprobar cualquiera que la atraviese de lado a lado, una lucha feroz contra todas las limitaciones del ser humano, las espirituales, las intelectuales y las biológicas: "Qué es el hombre / Nada / si se le compara con el todo / Todo / si se compara con la nada: / Nacimiento más muerte: / Ruido multiplicado por silencio". Su receta teórica es breve, pero lo abarca todo, como podemos ver en uno de sus Discursos de sobremesa: "1% de inspiración / 2 de transpiración / & el resto... / suerte".

Al publicar, en 1972, sus Artefactos, que son poemas visuales, Parra pensó que su famosa antipoesía había llegado al límite; pero el golpe de Estado de los militares le puso en otro camino, que es el que emprendió en dirección contraria a Góngora, es decir, no "entre espinas crepúsculos pisando" sino justo al revés, y de ese descenso a la realidad más oscura, salen su Sermones y prédicas del Cristo de Elqui, donde reconocía que "a pesar de que vengo preparado / realmente no sé por dónde empezar", pero advertía también, de manera más que simbólica: "pronto me podrán ver / nuevamente vestido de civil". Un camino similar al que siguieron sus Discursos de sobremesa. Lo admirable de Parra es que incluso en esas circunstancias siguió inventando, metiéndose a los rincones de cada cosa, sin acomodarse y sin caer en la repetición: en todo el diccionario no hay una palabra que resuma mejor su poesía infatigable que el sustantivo búsqueda.

En un país de poetas superlativos como es Chile, nadie duda que el nombre de Nicanor Parra va en la misma estantería que los de Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, del que en Also Sprathc Altazor dice haberlo aprendido "prácticamente todo (...) / incluidas algunas malas costumbres"; y Pablo Neruda, de quien se considera "algo + que parientes lejanos / pero bastante menos que hermanos siameses". En cualquier caso, de ellos heredó la seguridad en el poder de la poesía y un punto de arrogancia: "Escribo, / luego tú existes".

Sus obras completas & algo +, que es el título general que le ha puesto a los dos tomos de Galaxia Gutenberg, no se llaman así por casualidad: el extra que anuncia, por supuesto, se refiere a los objetos, las fotos y los collages que reúne su trabajo, dentro del cual la sola escritura no es suficiente; pero al mismo tiempo sugiere que la poesía que él inventó una y otra vez, es algo al margen, distinto, heterodoxo, original. Ese añadido, esa ampliación de los territorios de la literatura también ha sido galardonado por el Cervantes, que esta vez reconoce el valor de lo diferente. Nincanor Parra escribió un hermoso poema a su hermana Violeta que está lleno de versos que sirven para definirlos a los dos. ¿O acaso no es él también un "árbol lleno de pájaros cantores", alguien que escribe "como quien bebe una copa de vino" y a quien se podría decir, sin temor a equivocarse: "basta que tú los llames por sus nombres / para que los colores y las formas / se levanten y anden como Lázaro"? Qué gran noticia, que a Nicanor Parra se le haya metido el Cervantes en el apellido.

martes, 20 de diciembre de 2011

La ideología del humor

Los Cuadernos Hispanoamericanos de noviembre llegaron en diciembre, pero bien cargados. Artículos de Justo Navarro, Jorge Boccanera, Abilio Estévez, Rodrigo Fresán, poemas de Lêdo Ivo, Isabel García Mellado o la entrevista con Antonio Orejudo... son algunos de los textos de este número magenta que busca sacarnos una sonrisa. Otra, quiero decir, además de la que surge de tus labios al ver el ejemplar en el buzón.

El humor no tiene ideología
Por Benjamín Prado. Cuadernos Hispanoamericanos, nº 737
¿El humor no tiene ideología? ¿La alegría no tiene prestigio literario? ¿Una comedia no se puede tomar en serio? En la entrevista que publicamos en este número de Cuadernos Hispanoamericanos, el escritor Antonio Orejudo sostiene que uno de los misterios sin resolver de la literatura española actual es que sea tan solemne, cuando se basa en obras tan joviales como El libro de buen amor, La Celestina, el Lazarillo de Tormes o El Quijote, y se pregunta si el problema se debe a que "alguien, en algún momento, hizo circular la consigna de que reírse con los libros era de derechas o era una frivolidad, y ahí seguimos." Es una teoría interesante. Y, desde luego, es un hecho, porque la verdad es que en España y, por extensión, en toda Latinoamérica se publican muy pocos libros de humor, y menos aún que sean capaces de combinar humor y calidad, algo efectivamente incomprensible en el país de la novela picaresca, Cervantes o el Quevedo más satírico. ¿Tendrá también la culpa de eso la Guerra Civil? Tal vez en parte, si atendemos a la apreciación global que tenemos de autores como Enrique Jardiel Poncela, Miguel Mihura o Edgar Neville, todos ellos partidarios, en principio, de los sublevados de 1936, lo mismo que Ramón Gómez de la Serna. "A Jardiel y Mihura, que son unos genios, les colgaron en su momento el cartelito de fascistas y ésa ha sido su desgracia. En otros países habrían sido canonizados", sentencia Orejudo.

Mihura logró hacerse un clásico con Tres sombreros de copa, y tiene en sus solapas títulos tan notables como El caso de la señora estupenda, Maribel y la extraña familia, Ninette y un señor de Murcia, A media luz los tres y otras piezas teatrales que mezclan sátira, costumbrismo y absurdo con soltura y sentido de la anticipación y que no hacen nada extraño que colaborara con Luis García Berlanga y Rafael Azcona en el guión de Bienvenido, Mister Marshall. Pero tal vez es Jardiel Poncela el más sobresaliente de los autores de eso que se ha llamado "la otra Generación del 27", precisamente la del humor. Sus comedias y novelas son magníficas, siempre rayando lo inverosimil, y con ellas dinamitó hasta tal punto el naturalismo que gobernaba la escena española, que la crítica de la época lo atacó sin piedad, aunque no lograron vencerle ni vivo ni muerto. Mientras aún estuvo  de este lado del más allá, fue capaz de presentarse una tarde en el teatro donde por la noche se iba a estrenar una de sus obras y hacer que desclavasen del suelo la butaca en la que iba a sentarse el periodista más temido de la época, para clavarla al revés, es decir, mirando en dirección contraria al escenario, argumentando que, como de todas formas no se iba a enterar de nada, le daría igual estar de frente que de espaldas. Cuando falleció por no hacerle caso a uno de sus títulos, Morirse es un error, aún muy joven, a los cincuenta años, y, entonces sí, ya un poco olvidado y en la ruina, lo hizo sólo como repliegue estratégico, para tomar impulso hacia la posteridad, que es donde continúa: a los espectadores les sigue hipnotizando su mezcla de intriga, surrealismo y diversión, y es imposible una temporada que no tenga en la cartelera Eloísa está debajo de un almendro, Angelina o el honor de un brigadier, Los ladrones somos gente honrada, Un marido de ida y vuelta o, entre todas muchas posibles, Los habitantes de la casa deshabitada. Pero es cierto que, como dice Antonio Orejudo, la política y los abismos abiertos por el golpe de Estado que él suscribió, aunque fuese a su manera un tanto inconsciente y de un modo similar al de Ramón Gómez de la Serna, tuvieron algún peso en su decadencia, porque cuando en 1944 emprendió una gira por Latinoamérica que debía de haber sido su confirmación y en la que había invertido todo lo que tenía, los republicanos exiliados lo sabotearon y quedó en bancarrota. Atacado tanto por sus correliginonarios como por sus enemigos, se fue viniendo abajo y no mucho después, la enfermedad, un violento cáncer de laringe, se ocupó del resto. En su sepultura, ordenó poner una frase que explica hasta qué punto se le puso amargo el humor: "Si queréis los mayores elogios, moríos".

Por suerte, hoy en día nadie le mira a Jardiel la bandera para ir al teatro a ver una de sus obras o cuando lee cualquiera de sus novelas, Amor se escribe sin hache, Espérame en Siberia, vida mía, o Pero... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?, y ése es un síntoma de la normalidad democrática en la que vivimos. Buena cosa, porque reírse es terapeútico y el sentido del humor es uno de los ingredientes básicos de la inteligencia. Por eso, que autores como Antonio Orejudo o Felipe Benítez Reyes sean seguidos cada vez por más lectores es una gran noticias. Y que otros como Jardiel Poncela o Mihura no caigan en el olvido, también.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

De tesoros recién desenterrados

Noviembre empieza como el mes de los muertos y en el número 736 de Cuadernos Hispanoamericanos, pese a que es del mes de Octubre, Benjamín Prado escribe sobre ellos, y sobre literatura, por supuesto. Un detalle de calidad en unos cuadernos de muchos kilates, que en esta edición cuentan con Santiago Roncagliolo, Reina María Rodríguez, Hugo Mujica, Ada Salas, poemas de Leopoldo María Panero, o Irene Zoé Alameda, entrevistas a Olga Lucas, José Luis Sampedro, puntos de vista de Juan carlos Abril, Julio Neira, Ramón Acín... así como una extensa "Biblioteca".

Yo os dejo con

Algunos muertos tienen mucho que escribir
Por Benjamín Prado en Cuadernos Hispanoamericanos nº736, Octubre 2011

En este mundo obsesionado hasta la extenuación por el futuro, el progreso y las novedades, es difícil encontrar un minuto para mirar atrás, y por eso el porvenir vive mejores tiempos que el pasado. Nos movemos en la superficie y a la carrera, olvidando, o no queriendo saber, que para que el tiempo sea de verdad oro hay que detenerse y cavar, y no queriendo o pudiendo entender en muchas ocasiones que renunciar a la historia es quedarse sin la mitad de la vida, que está compuesta por "un adelante, la acción; y un atrás: el recuerdo", como dice el psiquiatra y escritor Carlos Castilla del Pino en uno de sus Aflorismos, publicados ahora, a los dos años de su muerte, y en los que se reúnen sus pensamientos más espontáneos pero también más certeros, casi un millar de anotaciones que se amparan en una cita de Samuel Johnson elegida para explicar que el brillo y la profundidad son antagónicos pero no incompatibles y que la concisión es una victoria por lo que ahorra y una renuncia por lo que evita: "Tal vez un día el hombre, cansado de preparar, explicar, convencer, llegue a escribir sólo aforísticamente".

De momento, lo que sí sabemos es lo que ya ha pasado y ya se ha escrito, pero nunca del todo, porque libros como el de Castilla del Pino, preparado y prologado por Celia Fernández, logran que los autores desaparecidos puedan seguir manteniéndose en contacto con nosotros a rtavés de sus inéditos, a veces, como en este caso, porque dejaron lista alguna obra para su publicación, y en otras, como ha ocurrido últimamente con el Diario anónimo de José Ángel Valente y con la Correspondencia entre los novelistas Carmen Martín Gaite y Juan Benet, ambos aparecidos en Galaxia Gutenberg; o con el Epistolario inédito sobre Miguel Hernández, 1961-1971, que ha sacado la editorial Renacimiento y en el que se recogen las cartas cruzadas ente el crítico Darío Puccini y Josefina Manresa, la viuda del autor de Viento del pueblo. Leer todos esos libros no sólo nos permite conocer más acerca de esos escritores admirables, sino también conocerlos desde otro sitio, en este caso desde la intimidad, porque lo que ahora nos llega a los ojos no estaba hecho para la luz pública, sino para ser leído de puertas para adentro. Uno vulnera esa intimidad y aunque por una parte se sienta un extraño que partidipa de una fiesta a la que no había sido invitado, también tiene una sensación de privilegio y un sentimiento de cercanía.

Es una suerte que, a pesar de todo, aún estemos dispuestos unos a invertir su esfuerzo y su dinero en rescatar del olvido textos de esta naturaleza y otros a disfrutar de ellos como lo que son: un tesoro recién desenterrado.

sábado, 3 de septiembre de 2011

El pasado cabe en dos vidas

Portada del número 734 de Cuadernos Hispanoamericanos
 en su edición de Agosto de 2011
Tras el de junio (sobre Luis Cernuda), y el de julio (con Pessoa de protagonista), toca acabar de ponernos al día con el texto que el director de la revista Cuadernos Hispanoamericanos escribe en el Cuaderno del mes de agosto, el 734 de la serie. Un texto que tiene a Zamacois y Gómez Carrillo como pilares.

El pasado cabe en dos vidas
Por Benjamín Prado, en Cuadernos Hispanoamericanos

Dice el filósofo José Luis Pardo que para escribir unas memorias primero hay que morirse, porque de lo conrtario uno sólo puede aspirar a hacer un libro incompleto. Eso es difícil, pero que el tiempo convierta a los autores más célebres en unos desconocidos es muy común, y más en esa época siempre en busca de novedades y dispuesta a correr al mismo tiempo hacia las promesas de futuro y hacia el olvido. Y la verdad es que cuando uno lee libros como las autobiografías dle autor guatemalteco Enrique Gómez Carrillo y del hispano-cubano Eduardo Zamacois, que acaba de volver a publicar la editorial Renacimiento, se da cuenta de la pérdida que supone la renuncia al pasado. Leer Treinta años de mi vida y Un hombre que se va... es desenterrar un tesoro.

Eduardo Zamacois, hijo de vasco y cubana, nació en Pinar del Río (1873), vivió entre España y Francia, tenía una familia tan culta que cuando era niño y estaba en París su padre lo llevó a ver a Víctor Hugo el día de su cumpleaños, y él heredó ese respeto por la literatura hasta el punto de que cuando se trasladaron a Madrid una de las primeras cosas que hizo fue visitar a Benito Pérez Galdós. Publicó alrededor de cien libros, fue editor de algunas revistas importantes como El Cuento semanal, en la que publicaron sus obras Emilia Pardo Bazán, Jacinto Benavente, Felipe Trigo, Emilio Miró o los hermanos Álvarez Quintero, y que abrió la puerta a otras publicaciones de esa clase que serían importantísimas en nuestra historia, entre otras cosas porque durante la posguerra fueron uno de los pocos medios de superviviencia al alcance d elos escritores españoles... Zamacois, autor él mismo solvente aunque no fuera una primera figura, se relacionó con bohemios como Francisco de Villaespesa, Rafael Cansinos Assens, el propio Gómez Carrillo o Alejandro Sawa, un hombre tan majestuoso y egocéntrico como pobre que "había sabido hacer de su desvalimiento un pedestal"; y con creadores como Rubén Darío, que fue vecino suyo en Madrid y de quien hace un retrato brutal, presentándolo como un maltratador cuya mujer tenía a menudo que huír de casa para refugiarse de sus golpes en el bar de la esquina; o Valle-Inclán, "maestro del idioma y sacerdote de la mentira" que dejó "una leyenda en lugar de una biografía"; o Azorín, a quien veía como un "inglés de Alicante"; o Pío Baroja, con quien fue a visitar a un verdugo para hacer un reportaje y de quien alaba "su prosa en mandas de camisa..." Todos ellos aparecen en Un hombre que se va..., y también Ramón Gómez de la Serna, Carmen de Burgos o el escultor Rodin, del que fue modelo, junto con una larga caravana de personajes a los que el tiempo ha arrebatado su prestigio.

Zamacois cuenta sus numerosos viajes por América, donde dio una larguísima serie de conferencias que amenizaba con unas filmaciones que hizo en Madrid a Galdós, Valle-Inclán y algunos otros maestros de la Generación del 98, y relata algunas historias sorprendentes, como la de la mujer abandonada de Rubén Darío, que nada más morir el autor de Azul en León, Nicaragua, telefoneó a un médico para venderle su cerebro: ese doctor escribió un libro en el que explica las conclusiones a las que llegó durante su análisis. Al llegar la Guerra Civil, que él inició en Madrid, "la capital invencible de una guerra perdida", para después acompañar el calvario republicano a Valencia y Barcelona, y que define como un drama "sin prisioneros, en el que perdimos a García Lorca, a Ramiro de Maetzu, a Pedro Muñoz Seca...", se da cuenta del modo en que la comedia desemboca en el drama y pone el ejemplo de cómo el autor de La venganza de don Mendo y el torero Ricardo Torres "bombita" siempre bromeaban acerca de sus destinos paralelos, por la coincidencia de haber nacido el mismo día, y el matador le decía: "Procure usted, don Pedro, de mi alma, que no le silben ninguna obra, porque a la tarde siguiente a mí me coge el toro". Los dos fueron asesinados el 28 y el 29 de noviembre de 1936. El desastre hace parejas extrañas, tanto que cuando él fue a refugiarse a la embajada de México, tuvo que avisar a su esposa y a su amante para que se reunieran allí con él e intentar escapar de España, y así se conocieron las dos mujeres. Su exilio lo llevó a Cuba, México, Estados Unidos - donde trabajó en Hollywood, de doblador, para la Metro Goldwyn Mayer; en las oficinas de Reader's Digest y como guionista de radio - y, finalmente, Argentina. Merece la vida oírle la vida a Eduardo Zamacois, hoy olvidado, porque es una manera de verle los rincones a aquel tiempo maravilloso y terrible que le tocó en suerte.

Enrique Gómez Carrillo fue famoso por sus libros, por su vanidad y por sus matrimonios, entre otras, con Raquel Meller y Consuelo Suncín, la futura mujer del autor de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry. Ninguna le duró mucho, lo cual se entiende cuando él mismo nos cuenta que de su primera esposa, una millonaria peruana llamada Zoila Aurora Cáceres, se separó al encontrarlo ella tomando una copa con su chófer y anunciarle que en cuanto llegara a casa lo despediría, porque no toleraba que alguien fuese al mismo tiempo "su sirviente y el compinche de su marido": el novelista, a quien luego se atribuyó un oscuro romance con Mata-Hari y haberla denunciado para propiciar su detención, respondió que si lo echaba, se iría con él, cosa que hizo una hora más tarde.

Las obras casi incontables de Gómez Carrillo no han pasado a la historia, pero su ingenio, su vanidad y su arrogancia se han vuelto legendarias, y están bien resumidas en los tres libros de memorias que publicó, El despertar del alma (1918), En plena bohemia (1919), y La miseria de Madrid (1921), que Renacimiento ha reunido en este tomo, Treinta años de mi vida, y en los que cuentan, respectivamente, sus aventuras en Guatemala, en París, y en la capital de España. En la primera, había sido amigo y compañero de trabajo de Rubén Darío, que describió su encuentro con él diciendo: "He visto pasar la felicidad"; y en Francia había tratado con frecuencia a Paul Verlaine y a Oscar Wilde, del que, por cierto, cuenta que soñaba con visitar el Museo del Prado para ver la Salomé de Tiziano y alguna anécdota divertida como la que explica su tendencia a atribuirse las ideas ajenas: en una ocasión , al decir el pintor Whistler una frase ingeniosa, Wilde exclamó: "¡Ojalá se me hubiera ocurrido a mi!", y su amigo le respondió: "No te preocupes, Oscar, ten por seguro que ya se te ocurrirá..."

Muchas páginas de sus memorias las dedica Gómez Carrillo a Madrid, que describe como una ciudad en la que un coche que pasaba ante ti llevaba dentro a José Zorrilla; o en la que no era difícil encontrarse en un café a Campoamor y Galdós, o a Unamuno, Emilia Pardo Bazán o Blasco Ibáñez en una librería; o que un amigo te llevara de visita a la casa de José María de Pereda o de Armando Palacio Valdés. Todo ello, sin embargo, le parecía poco a alguien que venía de París y en la capital de España no encontró más que a autores mediocres como el poeta Núñez de Arce o el dramaturgo José de Echegaray, cuya "estulticia" quedaba clara por el modo en que se pavoneaba por las tertulias desacreditando a escritores más grandes que él: "Anatole France es un hombre que escribe con frases cortas... porque tiene ideas cortas también", dice haberle escuchado decir Gómez Carrillo, que por otra parte confiesa haber leído el Quijote "siin lograr descubrir el interés de la obra" y despacha a Galdós y a Clarín con tres palabras: "me aburrieron terriblemente", por lo cual sus opiniones críticas no son lo más salvable de él. Pero no importa, porque el mapa de su época que dibuja en estos recuerdos, resulta igual de fascinante y, lo mismo que sucede con el libro de Eduardo Zamacois, nos da la posibilidad de reconstruir un momento essencial de nuestra historia: Treinta años de mi vida y Un hombre que se va... son dos obras de extraordinario interés y es una gran noticia que ambas hayan regresado del más allá.

sábado, 20 de agosto de 2011

Pessoa en los Cuadernos

Como director de Cuadernos Hispanoamericanos Benjamín Prado nos explica cada mes, en cada número, un poco más de algunos autores, bien a través de la lectura o relectura de sus obras, bien a través de los libros que otros escribieron sobre ellos. Como fue el caso del mes de Julio, del número 733 de Cuadernos Hispanoamericanos (sigo poniéndome al día y ya solo debo el texto de agosto), en el que Pessoa es el protagonista. Os dejo con él.

Pessoa vuelve a poner los pies en en suelo.
Por Benjamín Prado



Fernando Pessoa pudo equivocarse muchas veces en su vida, pero ninguna tanto como cuando escribió que "morir sólo es dejar de ser visible", porque lo cierto es que tras su fallecimiento en noviembre de 1935, se hizo tan famoso que cincuenta años más tarde tuvo que ser desenterrado para que sus restos se trasladasen al monasterio de los Jerónimos, junto a los de varios reyes de Portugal, el conquistador Vasco de Gama y Luis de Camôes, del que por otra parte el irreverente autor del Libro del desasosiego opinaba que "carecía llamativamente de todas las cualidades sobre las que se levanta la buena poesía". Dentro del féretro de aquel hombre que afirmaba haber "asistido de incógnito a mi vida", no se encontraron varios esqueletos, como habría sido lógico en un poeta que se había desdoblado en tantos heterónimos, y por lo tanto allí no estaban Alberto Caeiro, Ricardo Reis o Álvaro de Campos; pero lo más raro no es que Pessoa no estuviese dividido en diversos difuntos, sino que estaba entero: el diario ABC, reproduciendo las extrañas informaciones que llegaban desde Lisboa, publicó en noviembre de 1991 que al abrir su primera tumba descubrieron que su cuerpo estaba incorrupto y sus ropas intactas, por lo cual se decidió guardar silencio, dejarlo donde estaba y llevar a los Jerónimos un ataúd vacío.
Esa leyenda y otras muchas la cuenta Carlos Taibo en Como si no pisase el suelo. Trece ensayos sobre las vidas de Fernando Pessoa, una biografía de biografías que reúne los episodios más extraodinarios de la existencia oscura de aquel hombre esquivo que prefería imaginar a recordar y escribir a hablar: "olvidé mi pasado, no sé quién lo vivió", dice uno de sus versos; y otro: "ser poeta es mi formamde estar solo". Leyendo este libro volvemos a ver a Pessoa desdoblándose en más de setenta identidades, siendo Bernardo Soares, Coelho Pacheco, Alexander Search, Vicente Guedes, Jean Seul, Rafael Baldaya, António Mora o Thomas Crosse para al final llegar a una conclusión deprimente: "envidioma todos porque no son yo". Aunque tal vez todo aquello no fuese nada más que la carrera contra el tiempo de un fatalista que se consideraba "vencido como si supiese la verdad" y trataba de dejar algo inolvidable en este lado del más allá. Lo consiguió, porque como dijo José Saramago la esquizofrenia que para él fue un laberinto, para nosotros es un mapa: " su forma de no saber quién era, nos hace sospechar quiénes somos".
Carlos Taibo nos vuelve a poner delante al peculiar escritor que escribía de pie, igualmque Hemingway, o trabajaba en los cafés de Lisboa de forma tan obsesiva que en algunos llegaban a cerrar con él dentro; al modesto empleado que resolvía crucigramas para intentar ganar un concurso que le  permitiera comprar una casa en la que juntar sus libros; al hombre que odiaba ser fotografiado; al gran fingidor que sólo se sentía seguro siendo un desconocido para quienes les conocían; al incomprensible enamorado que teníammiedo a querer a la única mujer que quiso, hasta el punto de hacer que sus personajes le enviaran cartas hablándole mal de él; y, naturalmente al suicida por puro pesimismo que en lugar de vivir, bebía, quizás empeñado en seguir hasta el fondo del último vaso su propio mal consejo: "cambia por vino el amor que no tendrás".
Y también deja este retrato de aquel ser extraordinario que pasó por el mundo como si no pisase el suelo algunas preguntas: ¿Qué hubiera ocurrido si hubiese aceptado venir a Madrid en 1925? ¿Se hubiera encontrado con los jóvenes    de la Generación del 27? ¿Habrá en algún álbum perdido una imagen suya en las Islas Canarias, donde estuvo haciendo escala en un viaje a Durban? ¿Cómo supo de él Ramón Gómez de la Serna, que lo cita en su famoso Pombo y o define como un creador "frenético de inspiración"? ¿Cómo habrían sido sus libros si los hubiese querido acabar, en lugar de ir acumulando sus manuscritos
en un baúl para convertirse en "el mejor arquitecto de lo inacabado", como guien dijo de él? ¿Quién fue Fernando Pessoa, esa persona "que buscó hasta inventarse " , como dijo de él Octavio Paz. "Siempre fui el que nació para eso", dice en uno de sus poemas más conocidos, "Tabaquería", y sin duda la palabra "eso" lo explica todo pero no aclara nada: si queremos más datos, mejor leer el libro de Carlos Taibo, cuyo gran triunfo es contarlos todo lo que Pessoa no sabía o no quiso saber de sí mismo. Según confesó en uno de sus versos: "Olvidé mi pasado, no sé quién lo vivió". Como si no pisase el suelo soluciona ese problema.

lunes, 8 de agosto de 2011

El "cuaderno" de Luis Cernuda

Con "algo" de retraso, pero todos en orden, rescato los textos que el Director de Cuadernos Hispanoamericanos publica en cada uno de los números de su revista. En la del mes de Junio contó con la colaboración, entre otros, de Zoé Valdés, Antonio José Ponte, Jorge Riechmann, Jorge Boccanegra, Oscar Hahn y entrevistó a Juan Marsé, todo encuadrado por Luis Cernuda y sus textos, o sietes vidas, como prefier decir Benjamín Prado.


Las siete vidas vidas de Luis Cernuda
Por Benjamin Prado


La vida siempre es otra cosa, y por eso no basta con recordarla ni con creer lo que sabemos de ella, sobre todo en estos tiempos en lo único cierto es que "el pasado se está volviendo impredecible". Por eso es tan importante el trabajo de biógrafos tan minuciosos como Antonio Rivero, que acaba de publicar en Tusquets la segunda parte de su biografía sobre Luis Cernuda: leyéndola conoces mucho mejor, como es natural, al autor de La realidad y el deseo, pero también sus poemas, que se llenan de luces que antes estaban apagadas. Hay quien piensa que conocer la vida de un escritor no acerca su obra, pero nunca he estado de acuerdo, sobre todo cuando uno se encuentra con trabajos como éste, que más que un libro es un microscopio.



El segundo y último tomo de esta biografía de Cernuda, que es mucho más ágil que el primero e igual de consistente, comienza con la salida del poeta de España, rumbo al exilio, y cuenta sus desventuras en Londres, en Glasgow, en Estados Unidos y, finalmente, su vida a ratos feliz en México, donde, como todo el mundo sabe murió el 5 de noviembre de 1963 en la casa de Concha Méndez de la calle Tres Cruces, en el barrio de Coyoacán, y donde está enterrado, en una tumba del Panteón Jardín del Distrito Federal, muy cerca de la de su antiguo amigo Emilio Prados, desde la que se ven a lo lejos los volcanes Popocatépetl e Iztaccíohuatl y que quizá fue su último acto de dandismo: en la lápida pone "Luis Cernuda Bidou, Sevill 1902-Méxivco 1963. Poeta", con lo que su segundo apellido es una deformación amable del auténtico, Bidón, que sin duda no debía de agradarle. ¿Habría dejado Cernuda indicaciones al respecto? Si no es así, ¿por qué no se corrigió el erro, por ejemplo, cuando la sepultura fue restaurada por la Embajada de España? Cuando un ataque al corazón acabó con su vida, cernuda estaba leyendo a Emilia Pardo Bazán y escribiendo sobre el teatro de los hermanos Quintero, y no se encontraba muy bien, sino angustiado porque sus últimos libros no terminaban de publicarse y porque el dinero que había ganado dando clases en Norteamérica y que tenía en una sucursal de un banco de California, nunca llegaba a México, y de hecho si lo hizo ya fue demasiado tarde.


En el libro de Rivero encontramos a todos los Cernuda que fue el autor de Las nubes y Como quien espera el alba, desde el hombre decente, fiel a sus ideas y en algunos casos hasta dulce, por ejemplo en su relación con los nietos de Manuel Altolaguirre y Cóncha Méndez, hasta el más conocido, o al menos más repetido, que es el hombre colérico y tan atrabiliario que era capaz, ya en sus tiempos en Latinoamérica, de encerrarse en la cocina de la casa de Concha Ménde con su playo y negarse a salir hasta que acabara de comer y se marcharse de allí Emilio Prados, el otro comensal al que la ex mujer de Manuel Altolaguirre había invitado, precisamente, para que se reconciliara con el autor de Desolación de la quimera, o de no acudir a la oficina de correos a recoger el tomo de la poesía completa que Aleixandre le había enviado a México y mandarle una carta diciéndole que no se molestase en mandárselo de nuevo. Y de esa colección de hombres distintos que fue Luis Cernuda, al menos los siete que vivieron en Sevilla, Madrid, París, Londres, Glasgow, California y México, sacamos un conocimiento profundo de su vida y su tiempo, ese terrible siglo XX que le hizo padecer dos guerras pero que no pudo detener su poesía, que se ha abierto paso hacia los lectores de hoy con una fuerza imparable. Que esta biografía nos lo recuerde y nos lleve a releer a Cernuda es algo digno de ser celebrado.

jueves, 21 de abril de 2011

Un indicio del Perú

Como decíamos el martes, Benjamín Prado estuvo en el festival Ñ de Perú inaugurándolo, pero también presentando el número 730 de abril de 2011 de Cuadernos Hispanoamericanos dedicado a la "Literatura de hoy en Perú", un magnífico ejemplar repleto de mucho, mucho bueno: Un poema inédito de Mario Vargas Llosa, cómo siente Paría Alfredo Bryce Echenique, los textos de Antonio Cisneros, Alfonso Cueto, Santiago Roncagliolo, o Jorge Eduardo Benavides, maestro de ceremonias también en aquella tarde del 13 de abril en Lima.

En él nos cuentan cómo es la literatura de hoy en Perú, con sus historias, sus anécdotas y su desbordante talento. No puedo dejarlo todo aquí, pero sí puedo abrir boca con el editorial de Benjamín Prado:



Un indicio de Perú
Por Benjamín Prado. Cuadernos Hispanoamericanos nº730 abril 2011.

La literatura es la suma del talento y del idioma, y sus dos casas son las aulas y las imprentas. Tal vez si recordamos eso y que la primera universidad de América se abrió en Perú y la primera imprenta de la lengua española en el Nuevo Mundo se instaló en Lima en 1583, seguramente le encontremos una explicación a la impresionante nómina de escritores que ofrece ese país, que empezó a calentar motores en el siglo XII con Flora Tristán o Ricardo Palma y despégó en el XX, y en todas direcciones, con José Sánchez Chocano, José María Eguren, poetas del tamaño de César Vallejo, César Moro y Emilio Adolfo Wetphalen y autores indigenistas como Ciro Alegría y José María Arguedas, de cuyo nacimiento se cumplen ahora cien años. De Perú salieron narradores admirables como Julio Ramón Ribeyro, Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce Echenique o poetas como Blanca Varela, Carlos Germán Belli, Martín Adán, Jorde Eduardo Eielson y Antonio Cisneros, todos ellos titulares indiscutibles en cualquier buena biblioteca. Y también fernando Ampuero, Alonso Cueto, Eduardo Chirinos, Iván Thays, Santiago Roncagliolo o Jaime Baily ahora, y antes Javier Solorguren, Sebastián Salazar Bondy, José Watanabe... Los puntos suspensivos explican que hay más nombres antes y después de todo eso y en estas páginas de Cuadernos Hispanoamericanos hemos tratado de resumir el pasado, fijar el presente y adivinarle el futuro a la literatura de ese país donde los pies del hombre descansaron junto a los pies del águila, como dice Pablo Neruda en su famoso "Alturas de Machu Picchu", que hoy trata de abrirse paso en el laberinto de Latinoamerica y del que no dejan de llegar buenas noticias para nuestro idioma, la última de ellas la concesión del premio Nobel al extraordinario Mario Vargas Llosa, que abre este número de nuestra revista con la sorpresa de un largo poema inédito dedicado a Constantino Kavafis. En cuanto al símil futbolístico que hemos hecho unas líneas más arriba, no es nada extraño cuando se habla de un país en el que uno de los equipos de la primera división se llama César Vallejo. Naturalmente, tanto los periodistas deportivos como los hinchas de ese conjunto de la ciudad de Trujillo apodan a sus jugadores Los poetas.


Confiamos en que este número de Cuadernos Hispanoamericanos, con su mezcla de autores consagrados y emergentes, sea un buen modo de representar la literatura peruana de hoy, como antes lo fueron las entregas dedicadas a Cuba, El Salvador, Argentina, Nicaragua, Chile o Ecuador, presentadas ya en La Habana, San Salvador, Buenos Aires, Granada, Santiago y Quito, como este lo será en Lima. Una revista es una red, su tarea es descubrir, atrapar y exponer. Luego, son los lectores y el tiempo quienes deciden. Así que nuestro trabajo es abrir los ojos, y aunque sabemos que, como dice en una de sus novelas el escritor Don Delillo, siempre "cuesta mucho ver lo que se está mirando", intentamos que cada uno de estos dossieres cumpla su misión: no puede ser un índice, pero sí un indicio.

martes, 19 de abril de 2011

Viajes hispanoamericanos: Perú

Como ya adelantamos la semana pasada, el miércoles 13 Benjamín Prado inauguró el festival Ñ en Lima, al que, junto al peruano Fernando Ampuero, dió el pistoletazo de salida con una conferencia bajo el título "Escribir es envolver la calle en un libro", en la que, según nos cuenta la agencia EFE :

"Prado, por su parte, recordó las "Coplas de Juan Panadero", escritas por el poeta Rafael Alberti sobre los reclamos y problemas que le narraban los habitantes de los pueblos de España que visitaba, para explicar el tipo de literatura por la que siente atracción.

"Es una manera de explicar que me gusta que los libros sean una conversación", aseguró el autor de "Raro".

Del mismo modo, el novelista y poeta español aseguró que, por eso mismo, le gusta la literatura "que opina" ante la realidad, y puso como ejemplo su última novela "Operación Gladio".

Prado define esta obra, publicada este año, "no contra la transición española pero sí contra una parte de la transición", para luego agregar que no le gusta que esa parte de la historia de España se venda como "una verdad tan rotunda" en la que no hubo fallos ni se dejaron temas pendientes.

"Me gusta que se note en mis novelas que me fastidian estas cosas", aseguró el escritor madrileño.

Del mismo modo, ambos autores defendieron la importancia de que una novela luche por mantener la atención del lector, lo que Ampuero definió como la necesidad de "escribir como si a uno le fueran a cortar la cabeza" en referencia a "Las mil y una noches".

Prado, por su parte, también reivindicó la lectura como "la gimnasia de la escritura" y aseguró que "cuando alguien escribe sin haber leído suficiente termina descubriendo el Mediterráneo".

Posteriormente, con Jorge Eduardo Benavides presentó el número 730 de Cuadernos Hispanoamericanos, dedica a "La Literatura de Hoy en Perú"... pero permitidme que esa sea harina de otro post...

lunes, 11 de abril de 2011

Desde Perú con: No me cuentes tu vida y Festival eñe

Benjamín Prado está por el Perú donde hoy allí o mañana aquí o a la hora que quiera (7:00 pm hora de Perú del día 12 de abril) se presenta su obra No me cuentes tu vida. Según la web peruana "AgéndamePerú: "Se trata de una publicación que reúne lo mejor de su obra poética, publicada desde 1986 a la actualidad. Desde “Un caso sencillo” (1986), pasando por “Marea humana” (2006) -volumen con el que se hizo acreedor al prestigioso Premio Internacional de Poesía Generación del 27- hasta “Ya no es tarde”, su más reciente trabajo. En “No me cuentes tu vida” el lector encontrará una evolución notable, en cuanto a la versificación y el desarrollo de temas. En este libro deambulan Lorca, Neruda y también Dylan, planteando en cada momento la dificultad de terminar un poema y empezar otro, tal y como se describe en “El poeta” .

Por lo que parece el libro tiene poesías inéditas que aún no hemos visto por acá, pues "Ya no es tarde" está previsto que salga aquí, según nos dijo el propio Benjamín después del verano. Además, la editorial Mesa Redonda, lo ha lanzado junto con un reseña ni más ni menos que de Joaquín Sabina y que dice así:


«Todos los poemas de Benjamín Prado son un paso adelante y, sobre todo, un paso hacia adentro; son combativos, conmovedores, compartibles; tocan una cuerda que nos toca a todos y son solidariamente confesionales porque son a la vez su autobiografía y la nuestra. Y está además su tono y su ritmo y su latido y su música… En estos tiempos de confusión en los que tantos poemas parecen o jeroglíficos o cartas al director, los versos de Benjamín Prado ofrecen un hombro donde llorar, unos labios que besar y un espejo en el que reconocernos. Intenten leerlos en voz alta sin emocionarse y verán como no lo consiguen.»

Por Joaquín Sabina


La presentación de este libro es la antesala del Festival eñe de Lima que comienza el día 13 de abril a las 17:00 horas con el encuentro entre Benjamín Prado y Fernando Ampuero, cara a cara para debatir sobre "Escribir es envolver la calle en un libro". Como reza el programa "Lo que tropezamos al caminar, lo que cruza ante la vista y genera un pensamiento tiene, por una parte, una enorme fuerza evocadora y, por otra, más allá del juego de la metonimia, posee la capacidad de producir imágenes que son retenidas en la memoria y que, con el tiempo, quién sabe cuándo, se transforman en literatura, en un proceso tan misterioso como fascinante".


Pero no queda ahí el periplo de Benjamín por Perú, pues ese mismo día 13, un poco más tarde, Benjamín compartirá escenario con Jorge Eduardo Benavides para hablar de "Perú en los Cuadernos Hispanoamericanos Las riquezas literarias del Perú se reflejan en un número dedicado por entero a explorar en su forma y su lenguaje. Junto a ello, los autores analizarán la trayectoria e importancia de esta emblemática revista literaria, fundada en 1948."

domingo, 10 de octubre de 2010

Lo contrario del olvido es el conocimiento

Los apuntes hispanoamericanos vuelven al blog, en esta ocasión con el editorial de Benjamín Prado de la revista 694, de abril de 2008. En él nos habla de la importancia de rendir culto a los clásicos, entre los que mencionaba, ya entonces, lógicamente, al "actual" Mario Vargas Llosa.

Editorial. Cuadernos Hispanoamericanos. nº694. Abril 2008
Por Benjamín Prado.

Por fortuna, los sellos Galaxia Gutemberg, del Círculo de Lectores, Trotta y la Biblioteca Castro, decidieron ya hace tiempo tomar el testigo de editoriales emblemáticas como Aguilar, Eslicer o Plaza & Janés, y reemprender la aventura de publicar las obras completas de los autores más importantes de la historia y, especialmente, de los maestros de nuestro idioma. La tradición y el mercado dicen que es una empresa ruinosa, que deja números rojos y facturas sin pagar a ambos lados del Atlántico, y que el destino de quien la emprende es el endeudamiento y la desaparición, porque los volúmenes son caros y los lectores pocos; pero también es una empresa necesaria, porque un país no puede prescindir de esa especie de museo portátil y a domicilio que son los sucesivos tomos de nuestros clásicos que van formando la Biblioteca Castro, de Lope de Vega, Calderón de la Barca o Góngora a Tirso de Molina y de Clarín, Larra, Benito Pérez Galdós o Emilia Pardo Bazán a Gabriel Miró y Álvaro Cunqueiro; o la suma literaria de Américo Castro o Luis Rosales en Trotta; o la inmensa obra de Ramón Gómez de la Serna, Pablo Neruda, Julio Cortázar, Pío Baroja, Rubén Darío y tantos otros creadores esenciales como está publicando Galaxia Gutenberg en sus bellos libros azules y blancos, donde también tienen cabida autores vivos de la magnitud de Francisco Ayala, Mario Vargas Llosa, Miguel Delibes, Nicanor Parra, Jua Goytisolo... Si son libros esenciales, quizá cabría preguntarse si no sería lógico que iniciativas como ésa tuviesen un importante apoyo económico del Gobierno, a través del Ministerio de Cultura, que podría consistir, por ejemplo, en comprar ejemplares de todas esas obras para abastecer las bibliotecas públicas, los institutos Cervantes, las sedes de la AECID en toda Iberoamérica e, incluso, la bibliotecas de las Universidades y de los Institutos de Enseñanza Secundaria. ¿Me arriesgo a que me llamen utópico si digo que con un pequeño tanto por ciento de lo que se gasta en Defensa se podría afrontar ese gasto?

Las obras completas son lo contrario a la cultura de la novedad que tan a menudo llena las librerías de productos para leer y olvidar. Enfrentarse a esos tomos de paginación intimidatoria demanda sosiego, paciencia y verdaderas ganas de conocer a un autor, su época y la evolución de su trabajo. En definitiva, es un proceso que requiere calma y ganas de aprender, no de consumir y estar a la última, como a veces sucede en este mundo donde la publicidad lo gobierna todo y la prisa nos obliga a correr para todo, incluso para obtener placer y atesorar conocimientos.

Ojalá que la vida de esas empresas, sin duda algo quijotescas, sea larga y sus tomos de obras completas sigan saliendo a la calle para poner a mano de los lectores lo mejor de nuestra cultura y también de la literatura universal. Es una labor admirable y que impide que las cosas caigan en el olvido o se conozcan sólo de modo fragmentario. Lo contrario del olvido es el conocimiento, y eso es lo que debemos alentar y proteger.

jueves, 23 de septiembre de 2010

La veta poética de Chile

Apuntes Hispanoamericanos, como recordaréis, son esos textos que iré rescatando de Cuadernos Hispanoamericanos, y que iremos disfrutando, en parte gracias a su director, Benjamín Prado, y en parte al Instituto Cervantes, que los escanea, guarda y pone a disposición de todos. Es una revista llena de textos de grandes autores, os animo a descubrirla.

Mientras tanto, continúo el texto que dejé el otro día a medias...

Cuadernos Hispanoamericanos.Editorial. nº697-698. Julio-Agosto. 2008

Con el tiempo, cada lugar, cada persona y cada cosa tienen que elegir, o ser elegida, para no ser nada, ser historia o literatura. Que Chile, un país cuyas fronteras imaginarias extendieron por todo el mundo escritores como Pablo Neruda, Vicente Huidobro o Gabriela Mistral vaya a aprovechar que Valparaíso será, en el mes de marzo de 2010, la sede del V Congreso Internacional de Lengua Española, para homenajear al primero y a la última, es un acto de pura justicia. Neruda es uno de los mejores poetas de todos los tiempos, Mistral fue una buena poeta y ambos recibieron el Premio Nobel de Literatura. Además, uno y otra mantuvieron la buena educación y nunca llegaron a enfrentarse, como era tradicional en el caso de Neruda, Huidobro y Pablo de Rokha: no hace falta más que leer el divertido ensayo de Faride Zerán La guerrilla litertaria, donde se repasan las inacabables peleas a muerte de esos tres grandes poetas chilenos, para darse cuenta de cómo pelearon por ser el número uno y del valor que tiene la discreción de Gabriela Mistral y su talento para no dejarse salpicar por el barro de la batalla. La enemistad era tan grande que Huidobro jamás llamó a Neruda de otra manera que "el bacalao"; el autor de Residencia en la tierra retuvo su rencor hacia el de Altazor hasta el día en que recibió el Nobel, en cuyo discurso afirmó que "el poeta no es ningún pequeño Dios" para contradecir lo que había dicho su rival; y Pablo de Rockha solía repetir un ritual cada vez que los Huidobro, por razones inevitables, iban a cenar a su casa y Vicente le hacía llegar una caja del mejor vino francés: "Que lo bajen a la bodega y lo echen a las cubas del vinagre", le ordenaba a sus empleados.

Escribió Nietzsche que todo hábito hace nuestra mano más ingeniosa y nuestro genio más torpe, y esa idea ha acompañado a lo largo del tiempo la crítica hacia Neruda, un autor de producción torrencial que, efectivamente, amontonó una obra de dimensiones casi increíbles, miles de páginas en las que, digan lo que digan sus detractores, está la mejor poesía escrita en nuestro idioma durante el siglo XX. Juzgar a un creador como Neruda por sus errores siendo sus aciertos tantos, tan decisivos y tan sobresalientes, sólo puede hacerse por mezquindad o por estupidez. El caso de Mistral es casi el opouesto, porque se trata de una escritora contenida, sin grandes alardes ni en su expresión ni en su extensión, y que además no tuvo la relevancia pública de Neruda, que como se sabe fue también un militante irredimible del Partido Comunista y nunca abandonó sus actividades políticas, lo que aún es un precio que deben pagar sus poemas a quienes no los entienden, no los quieren entender o intentan hacer trampas con ellos: pretender reducir a Neruda a un poeta panfletario es no haberlo leído. Sin embargo, esta dimensión ideológica de Neruda le añade un valor simbólico al hecho de que el V Congreso Internacional de la Lengua Española se le dedique, puesto que es una forma de volver a poner su nombre por encima del de los golpistas que le arrebataron la libertad a Chile en 1973 y amordazaron, entre tantas otras cosas, los libros de su poeta más emblemático.

Seguro que ese V Congreso será un éxito bajo el amparo de Pablo Neruda y Gabriela Mistral, cuyas obras se reeditarán en ediciones populares masivas que prepararán la RAE y la Asociación de Lenguas de la Academia Española. Además, los participantes, entre los que se encontrará en lo alto de la pirámide Mario Vargas Llosa, también hará un tributo especial a Andrés Bello, coincidiendo con una nueva edición de Ortografía académica preparada por las veintidós Academias de la Lengua, y a otros dos poetas chilenos de importancia: Gonzalo Rojas y Nicanor Parra.

Qué buenos días le esperan a la ciudad de Valparaíso, que entre otras cosas nos recordará a todos y se recordará a sí misma que Chile es una de las minas de la poesía contemporánea y de ella han salido y siguen saliendo figuras como las de Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Pablo de Rockha, Raúl Zurita...

martes, 21 de septiembre de 2010

Apuntes hispanoamericanos

Cuadernos Hispanoamericanos es una revista que edita el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, y la Agencia Española de Cooperación Internacional Para el Desarrollo. Su redactor jefe es Juan Malpartida, y su director, Benjamín Prado.

Cuadernos Hispanoamericanos es una revista centrada en la literatura en lengua española, en castellano, o lo que es lo mismo, de este y del otro lado del charco. Una revista que une, a dos continentes, a los mejores escritores contemporáneos analizando la propia literatura, y hablando de lo que más y mejor saben, y haciendo lo que nos apasiona, escribir, y debería unir a todos los amantes de las letras alrededor de sus páginas.

Pero también es una revista nada sencilla de conseguir (intenté en varias ocasiones suscribirme, sin demasiada suerte). Tuve que pedirle a Benjamín que me enviara alguna, y así lo hizo, y así la descubrí, pasando página a página.

Y así la iré descubriendo a todos los lectores del blog y de Benjamín.

Quien quiera bucear más, puede hacerlo, en el mar del Instituto Cervantes, en su inmensa biblioteca digital.

Yo iré leyendo y destacando lo que más me guste de Benjamín que como director escribe en ellas, y no podré evitar que algún artículo de los reputados autores que firmen en ella, se cuelen en el blog. "Arrancaré" algunas páginas prestadas para colgarlas en el blog. Lo de aquí no serán cuadernos, sino Apuntes hispanoamericanos...

Y para comenzar, publicaré, casi al azar, un texto que Benjamín escribió sobre Neruda y Mistral... La primera frase para abrir boca, el resto del texto a lo largo de esta semana.

Cuadernos Hispanoamericanos.Editorial. nº697-698. Julio-Agosto. 2008

Con el tiempo, cada lugar, cada persona y cada cosa tienen que elegir, o ser elegida, para no ser nada, ser historia o literatura...