porque son muy divertidas las estratagemas de Pablos para buscar un plato caliente que llevarse al estómago o, cuando sus miras se alargan, un futuro mejor en el que vivir con desahogo sin más merecimientos que el de una buena invención, puesto que en sus planes nunca está incluida la tentación de ganarse la vida de otro modo, de forma que en el todo son caballos robados, ropas de alquiler y nombres falsos con los que abrirse las puertas que no le estan destinadas. Para conseguirlo, puede llegar a representar farsas tan rocambolescas e increíbles como la sonada alegoría de los hidalgos artificiales que se echan migas en la barba para aparentar que acaban de darse un banquete, o la que lleva a cabo cuando, de camino a la casa donde vive la mujer adinerada con la que, tras muchos fingimientos y embustes, tiene la esperanza de desposarse, decide aparentar que tiene criado que lo anuncie y abra paso entre el gentio, por el método de seguir con andares ostentosos a cualquier incauto con aspecto de sirviente que lo preceda en la vía pública: «... como no llevaba lacayo, por no pasar sin él, aguardaba a la esquina, antes de entrar, a que pasase algun hombre que lo pareciese, y, en pasando, partía detrás dél, haciéndole lacayo sin serlo; y en llegando al fin de la calle; metíame detrás, hasta que volviese otro que lo pareciese, (...) y daba otra vuelta".
martes, 6 de marzo de 2012
El prólogo de un clásico: El Buscón (y 2)
porque son muy divertidas las estratagemas de Pablos para buscar un plato caliente que llevarse al estómago o, cuando sus miras se alargan, un futuro mejor en el que vivir con desahogo sin más merecimientos que el de una buena invención, puesto que en sus planes nunca está incluida la tentación de ganarse la vida de otro modo, de forma que en el todo son caballos robados, ropas de alquiler y nombres falsos con los que abrirse las puertas que no le estan destinadas. Para conseguirlo, puede llegar a representar farsas tan rocambolescas e increíbles como la sonada alegoría de los hidalgos artificiales que se echan migas en la barba para aparentar que acaban de darse un banquete, o la que lleva a cabo cuando, de camino a la casa donde vive la mujer adinerada con la que, tras muchos fingimientos y embustes, tiene la esperanza de desposarse, decide aparentar que tiene criado que lo anuncie y abra paso entre el gentio, por el método de seguir con andares ostentosos a cualquier incauto con aspecto de sirviente que lo preceda en la vía pública: «... como no llevaba lacayo, por no pasar sin él, aguardaba a la esquina, antes de entrar, a que pasase algun hombre que lo pareciese, y, en pasando, partía detrás dél, haciéndole lacayo sin serlo; y en llegando al fin de la calle; metíame detrás, hasta que volviese otro que lo pareciese, (...) y daba otra vuelta".
sábado, 3 de marzo de 2012
El prólogo de un clásico: El Buscón (1 de 2)
Solemos llamar a esta obra, simplemente, El Buscón, por el mismo motivo que solemos llamar EI Quijote a la de Cervantes. A un verdadero clásico le basta con que se nombre un tercio de su título para ser reconocido. Sin embargo, en esta ocasión creo que es importante recordar que el manuscrito original de Quevedo se llama Historia de la vida del Buscoón llamado don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños. Porque las tres últimas palabras tienen interés, especialmente la primera de ellas. El héroe de Quevedo es un espejo y eso, si no lo salva, en parte lo justifica. Es verdad que Pablos es un malhechor, un sablista y un ratero, pero ¿cómo son las personas, en teoría decentes, que lo toman a su servicio, e incluso algunas de sus pretendidas victimas? Hombres avaros, brutales, cínicos y llenos de ruindad. Mujeres codiciosas, mezquinas, cicateras y, si la oportunidad lo exige, capaces de vender una hija al mejor postor.Y junto a ellos, una amarga procesión de actores y dramaturgos tan chapuceros que hasta el propio Pablos se gana el pan, una temporada, escribiendo un entremes, una comedia y algunas oraciones y versos de encargo; de alcahuetas que, según se tercie, son medio celestinas y medio brujas; de poetas sin más talento que el de la pedantería, capaces de componer «novecientos y un sonetos, y doce redondillas» solo a las piernas de la mujer a la que intentan cortejar. Incluso, de este lado de la ley y el orden, podemos contemplar a través de la mirada implacable de Quevedo una jauría de hombres en apariencia decentes cuya crueldad solo podría hacer buena pareja con su tacañería; de maestros sanguinarios y tutores tan siniestros como el licenciado Cabra, el famoso "clérigo cerbatana" que tenía "los ojos avecindados en el cogote (...), tan hundidos y escuros, que era buen sitio el suyo para tiendas de mercaderes" y "las barbas descoloridas de miedo de la boca vecina, que, de pura hambre parecía que amenazaba a comérsela", y que a punto estuvo de matar a Pablos y a su condiscípulo don Diego por no darles de comer, aunque siempre disfrazando el ayuno de virtud cristiana y de austeridad.
domingo, 24 de mayo de 2009
¿Y si pongo Antonio Vega?
Le editorial Demipage ha publicado un libro con las letras de las canciones de Antonio Vega. Ya lo adelantó Benjamín Prado en su artículo "homenaje" al cantante, y es que Benjamín Prado es el prologuista: "Hace unos meses, la editorial Demipage me propuso escribir un prólogo para un libro en el que iba a publicarse una antología de sus canciones y, tengo que confesarlo, si dije que sí fue por admiración, pero también porque estaba seguro de que ese libro iba a ser una puerta hacia él[...]"Antonio Vega era compositor y cantante, y a la mano del primero le viene muy bien la voz del segundo, ese brillo oscuro que tenía su tono y que el multiplicaba con su manera de interpretar las canciones, gracias a esa especie de emoción hacia dentro que las hace a menudo estremecedoras.
Leyendo ahora las canciones de este libro, el tamaño de Antonio Vega como letrista aumenta, y para el lector habitual de poesía es sencillo ver el trabajo minucioso que hay detrás de muchos de sus textos; su batalla por la palabra justa o la asociación inesperada, por desordenar las cosas que se oyen, agrupar los silencios y ver cada cosa a su escala real, como él decía; su capacidad para construir metáforas como el químico que elabora un perfume, logrando como por arte de magia que lo más grande quepa en lo más pequeño y la historia de muchos se pueda resumir e una línea; o, finalmente, su empeño en encontrarle otro lenguaje a las canciones, más allá de los caminos conocidos, los ecos fáciles o las rimas cómodas. La inspiración es el último recurso de los malos escritores, los buenos le ganan su versos al diccionario, combatiéndolo página a página. Dicho eso, ya se puede decir todo lo contrario y que las dos cosas sean verdad: cuánta inspiración parece haber en sus temas más brillantes, qué momento de gracia parecen haber captado a veces sus discos.
Un buen poema es siempre el mapa de un tesoro, la crónica de la aventura que sirvió para descubrirlo. Este libro es una buena noticia para los lectores de poesía, y eso o es algo que se pueda decir de demasiada gente."
jueves, 19 de marzo de 2009
Prólogo a Blas de Otero
lunes, 15 de diciembre de 2008
El Mundo, y Benjamín, recomiendan a Ángel González
El pasado día 11 El Cultural, de El Mundo, recomendaba lecturas para estas navidades. Hablando con propiedad, no era El Cultural, sino personalidades del mundo de la cultura quienes se encargaban de poner acento en algunos "regalos de papel", como rezaba el artículo.
De Ángel González tenemos, y tendremos, ejemplos en este blog. Pero nunca está de más repetir, si con ello aportamos algo, y en este caso es mucho. Benjamín Prado prologa el libro, selecciona los poemas y además entrevista al poeta. Es un libro para jovenes y a ellos se dirige con su lenguaje directo, preciso, sincero... Benjamín Prado.
Ángel González. Antología de Poesía para jóvenes.
Selección del Prólogo por Benjamín Prado.Alfaguara
Coherente hasta la médula, Ángel González tituló su obra poética completa Palabra sobre Palabra, pero también podría haberla llamado igual que su segundo libro, publicado en 1961, Sin esperanza con convencimiento, porque esos dos sustantivos simbolizan y resumen a la perfección su largo viaje literario, que va desde Áspero Mundo (1956) a Otolos y otras luces (2001).
Actuar sin esperanza, pero con convencimiento está sólo al alcance de las personas que poseen una alto nivel de compromiso. La falta de esperanza es la primera obligación del pesimista, aquel que ha aprendido, tanto de la Biología como de la Historia, que no resulta coherente confiar ni en el porvenir ni en el pasado, el primero porque está lleno de incertidumbres y, tal y como van las cosas en este mundo, también de negros presagios; y el segundo porque está hecho, al menos en parte, de una suma de mentiras y verdades interesadas. "Te llaman porvernir / porque no vienes nunca", dice el autor de Tratado de urbanismo (1967) en uno de sus poemas; y en otro: "un hombre nunca sabe qué pasado le espera". Está claro
Por mucho que siempre sea difícil definir algo complejo con una sola palabra, si me viese en la obligación de elegir una que simbolizara la poesía de Ángel González, optaría por la palabra angustia. No es muy complicado, además, ver esa angustia crecer y multiplicarse en el niño González, que nunca duda en definirse a sí mismo con un "niño de la guerra", mientras caminaba por las calles de Oviedo durante los temibles años cuarente, los de la sanguinaria represión que los sublevados de 1936 llevaron a cabo contra los vencidos; y después, cuando ya se movía entre su ciudad natal y Madrid, en aquellos años cincuenta que áun eran los del hambre y el miedo, en los que el poeta ya publicaba su primer libro al preguntarse desde sus páginas iniciales y en un poema célebre que él solía definir como su sintonía, por todo el sufrimiento toda la opresión que otras personas cercanas y desconocidas habían tenido que padecer "para que yo me llame Ángel González". [...]
[...]A pesar de todo ello, si algo nos enseñan los versos de Ángel González es que el desánimo ni siempre equivale a la rendición ni fomenta la cobardía, ni impide la lucidez. Por eso fueron y son tan valientes sus poemas de contenido político o social - lo mismo los que atacan de frente como los que lo hacen desde las esquinas de la ironía, un arte que el autor de Tratado de urbanismo cultiva con admirable destreza-, y son tan implacables los que dedica a analizar los vicios de la naturaleza humana: la hipocresía, la deslealtad, la ambición, la crueldad, el cinismo... la poesía de Ángel González es desesperanza, pero también convencimiento, y por eso llevar un libro suyo en la mano es como llevar un hermoso puñal: una mezcla de nácar suave y acero afilado. Deixis en fantasma termina con un poema que empieza de este modo: "Largo es el arte; la vida en cambio corta/ como un cuchillo". Puede que sea cierto, pero a pesar de todo, lo que aprendemos en los libros de Ángel González no es a rendirnos, sino a luchar, no a callarnos, sino a alzar la voz. ¿Se puede ser al mismo tiempo pesimista y combativo? El autor de Palabra sobre Palabra, un título que ya en sí mismo explica que nos encontramos ante un hombre constante y no pasivo o dócil, demuestra en sus poemas que eso es posible, y que un escritor se puede comprometer al mismo tiempo con la justicia y con la literatura, hasta poder llegar a afirmar que "para vivir un año es necesario / morirse muchas veces mucho", cuando sabe que la realidad no existe si nadie la cuenta, si no la rescata con la red del lenguaje de las manos de los manipuladores que la envenenan, la toman como rehén, y la desvirtúan.[...]
[...] Además de no ser nunca sumisa, la poesía de Ángel González no es siempre amarga, porque a menudo le opone al desaliento el doble recurso del humor y del amor[...]
[...]La suma de todo eso forma el perfil de un hombre seriamente enamorado, que no es aquel que canta al amor perfecto y sin complicaciones, sino el que hace un relato de los abismos que está dispuesto a saltar para no perder a la persona a quien quiere[...]
[...]Ángel González empezó siendo un gran poeta y terminó por sr un poeta inevitable. Sus muchos lectores, los que agotan una tras otra las sucesivas ediciones de Palabra sobre palabra, demuestran que el largo viaje personal y colectivo que es su obra no lo ha hecho solo, sino en compañía de miles de amantes de la verdad y la buena literatura.

