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miércoles, 13 de junio de 2012

Ese animal no existe

Lo prometido... Un pequeño adelanto, en esta anécdota sobre Alberti y Gardel, antes de leer completa la charla entre Benjamín Prado y Jorge Valdano. A ver si encuentro el número 1 de la revista Líbero.
Benjamín Prado from Líbero on Vimeo.

lunes, 7 de mayo de 2012

En su habitat

No recordaba yo esta entrevista a Benjamín Prado, o mejor dicho, sí recordaba haberla visto pero no compartido en el blog... si ya la subí, me disculparán por redundante, si no, menos mal que la subo... porque merece la pena escucharle en su habitat hablando de su literatura, su Alberti, sus poetas...

sábado, 17 de diciembre de 2011

Un oscuro laberinto

Benjamín Prado nos muestra, en la edición de hoy de El País, su faceta más periodística. En la que también destaca. Publica un reportaje sobre uno de los temas que más conoce, tanto por sobrada documentación, como por experiencia en primera persona. Rafael Alberti y él fueron grandes amigos, desde que Benjamín se encontró con el escritor, un día por casualidad, en un bar de Las Rozas, donde vivía el aún joven Prado. Desde entonces hasta siempre, la relación entre Benjamín y Prado ha sido muy estrecha. Benjamín escribió sobre sus 13 años con el escritor el libro "A la sombra del ángel", y posteriormente en muchas charlas, artículos, tribunas y opiniones ha hablado sobre la codicia y la usura que rodea la herencia de la obra de Alberti. Hoy nos entrega otro capítulo de una historia que se está gestando, y que no parece tener fin. "Las cosas que han pasado cambian continuamente", dice Benjamín PRado en su mentira nº11 en el libro Ecuador. Y así parece ser con la vida del gran Alberti, que no deja de cambiar, ni siquiera 109 años después de su nacimiento.

¿Quíén esconde el tesoro de Alberti?
Por Benjamín Prado en El País.

Trece de julio de 1990. Roma y El Puerto de Santa María. Mientras en la capital de Italia un camión atraviesa la ciudad lleno de cuadros, dibujos y serigrafías de Picasso, Miró o Tàpies y de cartas y libros firmados por Neruda o Pasolini, en el hermoso municipio de la bahía de Cádiz un coche nupcial empieza a rodar lentamente hacia los juzgados. El primero ha salido del número 88 de la Via Garibaldi, en el barrio del Trastevere, un antiguo convento de color naranja convertido en casa de vecinos, y el segundo de una casa llamada Ora Marítima, construida muy cerca del océano, en la urbanización Las Viñas. Las dos viviendas tienen en común al poeta Rafael Alberti y se diferencian en que una la compartió con quien fue su mujer durante casi 60 años, la escritora María Teresa León, y en la otra va a instalarse con la que está a punto de ser su nueva esposa, una profesora 44 años más joven que él, llamada María Asunción Mateo. Aunque, en realidad, hay otra diferencia importante: la casa junto al río Tíber donde pasó los últimos 14 años de su exilio, era suya y de León; pero la que está en su localidad natal pertenece al Ayuntamiento, que se la ha cedido para que pueda cerrar allí, tranquilamente, el formidable círculo de su vida.

Hoy, 21 años más tarde y a los 12 de haber fallecido Alberti, el chalet Ora Marítima sigue en manos de su viuda; la mayoría de las obras de arte y manuscritos que salieron de Roma para ser conservados y expuestos en una fundación que iba a abrirse en Cádiz se trasladó en medio de un enorme escándalo a El Puerto de Santa María y al final fue disuelta, por falta de fondos, en 2010, han desaparecido; y el piso de Via Garibaldi, donde continúa viviendo su novia de los años setenta, la bióloga catalana Beatriz Amposta, con la que inició una relación cuando María Teresa ya estaba enferma de alzheimer, arrastra una deuda de más de 60.000 euros que los administradores de la finca se disponen a cobrar exigiendo que los herederos se hagan cargo de ella o que la propiedad sea embargada y se subaste.

Dos despachos de abogados de Madrid están a punto de emprender una batalla legal en la que se verán implicados la hija del poeta, Aitana Alberti León; los descendientes de sus dos hermanos por parte de madre, Gonzalo y Enrique de Sebastián; su viuda y su antigua compañera sentimental e inquilina del inmueble, Beatriz Amposta, a la que el autor de Roma, peligro para caminantes escribió un libro titulado Amor en vilo que, hasta el día de hoy, continúa inédito. Rafael Alberti solía repetir que él escribía para dejar una estela; pero como se ve, lo que ha dejado es un oscuro laberinto.

La casa de Via Garibaldi era, efectivamente, el hogar donde Rafael Alberti y María Teresa León habían pasado gran parte de su destierro en Italia, un país al que llegaron después de vivir 24 años en Buenos Aires, tras el golpe de Estado de 1936; y era también una especie de santuario por lo civil al que peregrinaban escritores y políticos antifranquistas ansiosos de conocer a aquella pareja mítica que simbolizaba tantas cosas: la Generación del 27, la República, la Guerra Civil, el éxodo de los derrotados, el Partido Comunista… Por añadidura, no era raro que quienes franqueaban aquella puerta se encontrasen en el interior con Pasolini, Fellini, Vittorio Gassman o cualquiera de los españoles que se dejaban caer por esa ciudad a la que, según sostenía el mismo Alberti, sus compatriotas solo iban por dos motivos: a ver al Papa o a verlo a él.

En Italia, los Alberti habían vivido en Milán y en otra casa en Roma, pero cuando el poeta recibió el Premio Lenin de la Paz, en 1965, utilizaron el dinero del galardón para comprar el piso de Via Garibaldi, que todos los que conocieron definen como un auténtico museo: "Las habitaciones estaban repletas de cuadros de Picasso, Miró, Guinovart, Quatrucci…", contaba en 1976 el pintor y crítico Francisco Arniz Sanz en el libro Aproximación a Rafael Alberti y María Teresa León. Y no solo eso, porque también había muchísimas obras propias, como recuerda la sobrina del escritor, Teresa Sánchez Alberti, que fue la encargada, junto con el director del Patronato de Cultura de la Diputación de Cádiz, el vicepresidente de la Fundación Rafael Alberti y la abogada Cristina Almeida, de ir a retirar los materiales de la casa del Trastevere para que fueran llevados a Cádiz: "Había infinidad de cosas, por ejemplo, muchísimas litografías de mi tío, a veces tiradas enteras, que en algunos casos, al parecer, se vendieron más tarde a la propia Fundación al triple de lo que valían; y cosas inéditas por todas partes, apuntes, esbozos, cuadernos escritos de puño y letra por él y por María Teresa…".

Tras quince días de trabajo, el legado quedó embalado en 386 cajas de cartón. Y cuando el tesoro llegó a la capital andaluza y empezó a hacerse su inventario en un almacén de la calle del Rosario, se pudo comprobar que, sobre todo, esas cajas estaban llenas de problemas.

El lunes 16 de julio, tres días después de su boda con María Asunción, ese legado, que fue tasado por los especialistas en unos dos mil millones de pesetas, fue presentado por el autor de Marinero en tierra y su nueva mujer a la prensa. Fue la última vez que se les vio sonreír, porque a partir de ese instante todo fueron conflictos, malas noticias y sorpresas desagradables.

Nada más casarse, Alberti se alejó de muchas de las personas a las que quería. Sus memorias, La arboleda perdida, fueron censuradas, como puede comprobarse comparando las primeras ediciones de su segundo tomo y las últimas, y desaparecieron de sus páginas sus amigos más cercanos y en ocasiones hasta su hija Aitana y su sobrina Teresa, que era quien lo había cuidado desde su retorno a España, quien se ocupaba de casi todos sus asuntos domésticos y en cuya casa vivió mientras se recuperaba del accidente de coche que tuvo en 1987. "La boda la organizaron mientras yo estaba en Italia ocupándome de su patrimonio", asegura Teresa. "Yo me enteré de que se había casado por los periódicos. Nada más regresar a mi casa, lo telefoneé y me dijo: 'No quiero que vengas'. Y al día siguiente, llamaron a mi puerta y cuando abrí era un notario que venía a exigirme que le devolviese los poderes que me había dado mi tío para que me ocupase de sus asuntos".

Alberti y su esposa, María Asunción Mateo, que no ha querido participar en este reportaje, empezaron a presentar una queja tras otra en la Diputación de Cádiz, un día porque las tareas de clasificación iban despacio; otro porque el almacén de la calle del Rosario no reunía las condiciones necesarias; o porque se habían mezclado obras de arte con objetos personales que no tenían por qué estar incluidos en la donación. El resultado fue que los políticos que gobernaban la institución accedieron a disolver la Fundación Rafael Alberti y poner en manos de la pareja todo aquello que había llegado a Cádiz por deseo del autor de Cal y canto y pagado con dinero público. El matrimonio anunció entonces que se abriría una nueva Fundación en El Puerto de Santa María, en una casa en la que el escritor vivió de niño, y que en ella, como aún puede leerse en su página web oficial, estarían "depositados no solo los recuerdos de la infancia del universal poeta, sino también la donación que junto a su primera esposa, María Teresa León, hizo en 1978 a su ciudad natal". Eso nunca fue cierto, porque la gran mayoría de las obras que fueron sacadas de Via Garibaldi nunca han vuelto a salir a la luz y, desde luego, jamás han sido vistas en las salas de ese centro al que el escritor José Manuel Caballero Bonald, falseando una vocal, solía referirse como "la fundición."


A partir de entonces, Alberti no volvió a publicar más libros de poemas. Sí redactó, en cambio, varios testamentos: firmó uno el 9 de mayo de 1991; otro, 24 horas después; uno más al año siguiente, el 10 de octubre; otros dos el 11 de junio de 1993 y el 25 de mayo de 1995; y finalmente, tres más, el 27 de febrero, el 3 de abril y el 10 de diciembre de 1996. En el definitivo no le dejaba prácticamente nada a su hija Aitana, mientras que a su viuda le otorgaba "todo el contenido de las casas donde han residido" y "el ejercicio de los derechos de explotación de toda su obra, tanto literaria como pictórica, en toda la amplitud prevista por la Ley de Propiedad Intelectual"; y a los dos hijos de esta, los derechos de autor de sus libros más señalados, para él Marinero en tierra, Ora marítima, Baladas y canciones del Paraná y Los ocho nombres de Picasso y para ella La arboleda perdida, Sobre los ángeles, A la pintura y Retornos de lo vivo lejano. De la casa de Via Garibaldi no se decía nada, pero ese silencio tiene una explicación: Alberti no quería dejar desamparada a Beatriz Amposta, y aunque primero le ofreció, como recuerda Teresa Sánchez, vender ese inmueble y comprarle un apartamento, más tarde le mandó un documento en el que la autorizaba a vivir en la casa del Trastevere y la nombraba propietaria del libro que había escrito para ella, Amor en vilo. Todo ello parece combinar mal con las acusaciones a Amposta de tener ocupada su casa, no permitirle entrar en ella y haberle robado un cuadro de Motherwell y una cerámica de Picasso, que están publicadas en un dudoso tercer tomo de La arboleda perdida del que su editor, Mario Muchnik, afirma tener mil pruebas que demuestran, como mínimo, que Alberti no fue su único autor.


"Rafael y yo mantuvimos una amistad muy intensa tras romper nuestra relación sentimental, que acabó en 1981, tras regresar de un viaje a Nueva York en el que, por cierto, escribió un poema en el que vaticina el derrumbe de las Torres Gemelas", dice Beatriz Amposta; "él me telefoneaba prácticamente todos los días, hasta que hubo una última conversación en la que me dijo: 'No puedo llamarte más, me lo han prohibido'. Cuando se contó que había venido a Roma y que yo no le había dejado entrar en su casa, ¡resulta que estábamos juntos en el Hotel d'Inghilterra! Si yo dejé mi casa en piazza Santa María y me vine a vivir a Via Garibaldi fue porque él me lo pidió, me dijo que le estaban expoliando y me suplicó que me encargara de cuidar sus cosas. Así lo hice, hasta que él mandó a su sobrina Tere a buscarlas. Después, su viuda me llamó para amenazarme, para decirme que me iban a desahuciar y que me preparase, porque la apoyaban Felipe González y el Rey… He estado quince años luchando en los tribunales, que me han dado la razón uno tras otro, porque yo estoy aquí legalmente y tengo mis derechos. Y en cuanto a los famosos 60.000 euros, en Roma como en todas partes las derramas las tienen que pagar los propietarios, no los inquilinos. Si Rafael me hubiera pedido que me marchara, yo le habría dicho: dame tres meses para buscar otro lugar. Pero él no hizo nada de eso, sino todo lo contrario. Y finalmente, en cuanto a la comunidad de vecinos de esta casa, resumo quiénes son recordando que cuando yo le propuse al Ayuntamiento de Roma que se pusiera en la fachada una placa que recordase que aquí había vivido Rafael Alberti, se opusieron".


Aitana Alberti, que vive desde hace décadas en Cuba, cree que la situación no puede tardar en resolverse: "Han pasado 11 años desde su muerte, y es el momento de que se liquide de una vez por todas la sociedad de bienes gananciales que unía el patrimonio común de mis padres. Y esa casa tendrá que pasar a manos de sus herederos. A mí, en cualquier caso, lo que me gustaría es que en Via Garibaldi se abriera alguna clase de centro de estudios del exilio. Esa casa fue un punto de encuentro de todos los antifranquistas, una especie de isla a salvo de la dictadura terrible que había en España, y por ella pasaron los intelectuales más importantes del siglo XX. Creo que son dos razones de peso para ser conservada".


Las palabras destino y sentido son la misma con las letras en un orden diferente. Ahora, dos bufetes de Madrid, Écija Abogados y el Estudio Legal Pérez-Alhama, tratan de volverlas a convertir en una sola para que la casa de Rafael Alberti y María Teresa León no llegue en ruinas al futuro. No será fácil. El abogado Juan José Pérez Calvo, del Estudio Legal Pérez-Alhama, a quien los administradores de Via Garibaldi han pedido que localice a los herederos del inmueble, del cual en el registro solo constan como propietarios el poeta y su esposa, fallecidos, respectivamente, en 1999 y 1988, y que les reclame la deuda, dice que esta se debe "a que no se ha pagado ninguna de las cuotas mensuales desde 1990, ni tampoco el tanto por ciento que le corresponde a ese piso por las reparaciones y restauraciones que se han llevado a cabo en estos años, muchas de ellas impuestas por el Ayuntamiento de Roma. Y si nadie paga, el embargo se pondrá en marcha".

Otro despacho de Madrid, Écija Abogados, representa a Aitana Alberti y también trata de solucionar el asunto de la casa del Trastevere: "Nosotros pusimos una demanda en Cádiz, donde murió Alberti, y cuando la jueza que la tramitaba se inhibió de ella porque, según dijo, 'el caso le venía grande', pusimos otra en Majadahonda (Madrid), donde falleció María Teresa León, para solicitar que se haga un inventario de los bienes del matrimonio y que se liquide la sociedad de gananciales. En lo que respecta a Via Garibaldi, 88, al ser un bien tangible, las cuentas están muy claras: a Aitana Alberti le corresponde un 66% de la propiedad; a los descendientes de los otros dos hijos de su madre, que viven una en París y el otro en Burgos, un 12% a cada uno; y a la viuda de Alberti, un 10%. Eso es inamovible. En cuanto a Beatriz Amposta, reside allí porque Alberti la autorizó a ello". ¿Entonces? "Bueno, pues entonces habrá que llegar a un acuerdo económico entre las partes", dice Juan José Pérez Calvo, "y si no se alcanza, emprender un litigio. Y en cualquier caso, alguien va a tener que pagar la deuda, o al final la casa será subastada". El horizonte se está poniendo negro sobre la casa de color naranja, cuyo precio de mercado ronda el millón doscientos mil euros. En 1988, a Alberti le pagaron por sus obras completas poco más de seis mil.

Hay demasiadas manos tendidas y una sola llave. El poema sobre las Torres Gemelas al que se refería Beatriz Amposta se publicó en el libro Versos sueltos de cada día y dice, entre otras cosas: "Aquí no baja el viento, / se queda aquí en las torres, / en las largas alturas, / que un día caerán, / batidas, arrasadas de su propia ufanía". Ojalá que esos versos sean menos clarividentes que su autor, que este 16 de diciembre hubiera cumplido 109 años, y no adivinen hoy el futuro de su casa de Roma como él adivinó entonces el de los rascacielos de Nueva York.

miércoles, 7 de julio de 2010

Desde la tribuna, por Alberti

La cuarta página de El País es una espacio reservado para las Opiniones más ilustres y más reputadas. Opiniones personales y con firma, que el pasado día 2 estuvo protagonizada por Benjamín Prado. Todos conocemos su admiración por Alberti, que es igual o mayor al odio que tiene al uso que se está haciendo del nombre y obra del poeta. No explico más, que sea Benjamín quien nos saque de dudas, y que lo haga tan bien como sólo él sabe.
Rafael Alberti: a la caza del poeta rojo
Por Benjamín Prado. Tribuna. El País.

En vida, Rafael Alberti se definía como un poeta en la calle y como un marinero en tierra; tras su muerte, lo han convertido justo en lo contrario: en una empresa fantasmal y en un barco lleno de agujeros. Las dos cosas dan el mismo resultado: un naufragio. Porque entre los ataques externos y el fuego amigo, su biografía se ennegrece día a día y sus libros están cada vez más lejos de sus lectores y de la verdad, puesto que algunos resultan inencontrables y otros están manipulados no se sabe si por sus herederos, sus editores, sus estudiosos o, más bien, por la suma de todos ellos.

Tras 38 años de exilio, declaró: "Me fui con el puño cerrado y regreso con la mano abierta"
Parece mentira, pero el nombre del autor de libros capitales como Sobre los ángeles, Baladas y canciones del Paraná, Retornos de lo vivo lejano, A la pintura y tantos otros, cada vez se cita menos a la hora de hablar de literatura y, en cambio, cada vez aparece más en los periódicos como parte de un escándalo o como víctima de un insulto. La tarea de desprestigiarlo parece haberse convertido en el deporte nacional, y da lo mismo abrir una novela, una biografía, un libro de poemas o un ensayo de algunos de nuestros autores más notables, para demostrarlo. Dan ganas de salir a defenderlo a pesar de su familia, cuya última versión es un gran ejemplo de que, cuando uno tiene mala suerte, la ropa limpia se mancha en casa.

En lo que debería de ser la casa de su obra, la Fundación Rafael Alberti, montada en El Puerto de Santa María con la bisutería de la que iba a abrirse originalmente en Cádiz, y por lo tanto sin ninguno de los tesoros artísticos que fueron trasladados a España, con dinero público, desde la casa del poeta en Roma, todo son sospechas y acusaciones de inmoralidad.

Los dos últimos episodios de esa historia negra son un nuevo caso de manipulación de la obra de Alberti y la denuncia que acaba de presentar el secretario de la institución, en la que señala gravísimas irregularidades cometidas por sus máximos responsables, entre ellas la de comprar serigrafías del autor de Noche de guerra en el Museo del Prado para revendérselas por cinco veces su precio de mercado a la propia Fundación. En cuanto a la censura que se ejerce desde hace años sobre los textos del maestro, que ya expliqué en su momento en mi libro A la sombra del ángel y en varios artículos publicados en este mismo periódico, esta vez le ha tocado a un estudio del arquitecto Joan Carles Fogo Vila titulado Los espacios habitados de Rafael Alberti que ha sacado la misma "fundición", como la llama José Manuel Caballero Bonald, con una serie de cambios y supresiones que son, más o menos, los mismos que sufrieron las últimas ediciones de las memorias de Alberti, La arboleda perdida, que la editorial Seix Barral sigue publicando en sus versiones tergiversadas: Luis García Montero y yo hemos sido tachados, también Teresa Alberti, a veces su hija Aitana, y en este caso nuevos enemigos-consorte como Almudena Grandes o Pedro Guerra. Qué miseria y, sobre todo, qué despropósito.

Sin nadie que lo defienda y en contra de las corrientes de opinión que nos arrastran, Alberti se ha convertido en la jaula donde todos los cazadores van a vaciar sus escopetas. Últimamente, la disculpa para atacarlo es Miguel Hernández, enfrentando el drama del poeta-soldado a la supuesta farsa de los "intelectuales de mono planchado y pistolas de juguete" -como los llama el biógrafo José Luis Ferris en Miguel Hernández: pasiones, cárcel y muerte de un poeta- que hicieron la guerra en la retaguardia, escondidos en la Alianza de Intelectuales Antifascistas de Madrid. En su biografía Oficio de poeta, por lo demás muy completa, Eutimio Martín lo acusa, con otras palabras, de egocéntrico y de oportunista, al aprovecharse de que su mujer dirigiera el Teatro de Arte y Propaganda para estrenar allí varias de sus obras, mientras que las del autor de Viento del pueblo se rechazaban; y eso a pesar de que el propio Martín reconoce que el teatro de Hernández no era gran cosa, mientras que el de Alberti está entre lo mejor que se escribió durante la contienda.

Siguiendo la misma línea, se deja entrever que Alberti no hizo todo lo que pudo por salvar a Miguel Hernández, pese a que luego se asume que fue el propio autor de Romancero y cancionero de ausencias quien se equivocó al elegir su huida, con lo que Martín repite el modelo que marcó Ignacio Martínez de Pisón en su obra Enterrar a los muertos, donde decía que Rafael no quiso salvar al traductor de John Dos Passos y, a la vez, llegaba a la conclusión de que su asesinato no lo pudo parar ni el presidente Negrín, puesto que fue el resultado de una lucha de poder entre dos poderosos generales rusos. Como remate, en la edición ampliada de su absorbente libro Las armas y las letras, Andrés Trapiello, que pese a su antipatía manifiesta por Alberti reconoce que este le ofreció su ayuda a Hernández para que pudiera salir de España en un avión de la República, aporta una foto del poeta gaditano, vestido de miliciano y dedicada al escritor ruso Ilya Erhemburg con la frase "la belle époque", de la que saca la conclusión de que para Alberti la Guerra Civil fue una fiesta. ¿No parece mucho más sensato deducir que de lo que habla Alberti es de su juventud, 25 años después de haber sido tomada esa imagen?

Si saltas del ensayo a la ficción, encuentras más de lo mismo.

Abres la última novela de Antonio Muñoz Molina, La noche de los tiempos, y Alberti es, sin duda, uno de esos señoritos hipócritas que lanzan vivas a la clase trabajadora mientras se cruzan de piernas y piden otra copa en la terraza del hotel Ritz; o te cuentan cómo él y su esposa viajaban a Rusia "costeados por el dinero de la República, y al volver se hacían fotos en la cubierta del barco, los dos levantando el puño cerrado, ella envuelta en pieles, rubia, con los labios muy pintados, como una Jean Harlow soviética con cara de pepona española".

O lees el último libro de poemas de Miguel d'Ors, Sociedad limitada, y en su poema 1938, encuentras esto: "Capital de la gloria. Una vez más los versos / doloridos de Alberti, con silbidos de balas / y sangre y trimotores y trincheras en donde / huelen los capotones a corderos mojados. / Y al fondo de estas páginas, en aquel horizonte / en que rasgan la noche lívidos fogonazos, / al otro lado de las alambradas, justo / donde la voz de Alberti señala al enemigo...". Son solo dos ejemplos.

Rafael Alberti fue un poeta colosal y un símbolo de la República, del Partido Comunista y de la Transición, cuyas primeras Cortes inauguró como vicepresidente de la Cámara junto a Dolores Ibárruri y cuya esencia tal vez resume mejor que ningún otro su gesto al descender del avión que lo trajo a España tras 38 años de exilio: "Me fui con el puño cerrado y regreso con la mano abierta".

Pero nada de eso hace que se le tenga el más mínimo respeto. Al contrario, hay tanta gente a la caza del poeta rojo, tantos buscadores de oro tratando de sacarle el último euro al muerto y tan pocos que quieran recordar su categoría literaria, civil y humana, que dentro de poco su nombre será parte de esa sombra que se ha echado sobre toda la parte de nuestro pasado que no se ha podido arrastrar al centro político. Un centro que funciona como un desagüe por el que lo mismo se cuela una Ley de Memoria Histórica que el prestigio de un escritor que, según sentencia del tiempo, llevaba el carné equivocado en la cartera.

martes, 27 de abril de 2010

Una joya

Eso es lo que es el libro "Lo que canté y dije sobre Rafael Alberti", un librito por tamaño, no por calidad, porque es una auténtica delicia. Es difícil, muy difícil de encontrar, pero es de los que merece la pena tener. De esos que cuando los encuentras sabes que tienes que tenerlo.

Benjamín escribió "A la sombra del ángel" al que en su día le dediqué dos post. Ahí cuenta con detalle y clase, mucha, lo que supuso Alberti para él y nos enseñó lo que debió ser para nosotros, uno de los mejores poetas del siglo XX.

En "Lo que canté y dije sobre Rafael Alberti", Benjamín reúne material escrito por él sobre su maestro. Perfumen, en tarro pequeño.
Unas gotas de: El mismo que esperábamos, Convalecencia y Adefesio, que olerán durante mucho tiempo para aquel que se perfume con él.

Si aún no os he convencido, una muestra:
Comienza el librito con un poema de Sabina:

Disertaré, a la vera de este Prado,
sobre un ángel y otro ángel consonante,
porque érase una vez un delicado
amigo del amigo de un cantante.

Reventaba baúles con dibujos.
llevaba el corazón manga por hombro,
blasfemaba en cristiano sin tapujos:
no salía, qué lujo, de su asombro.

Qué retorno tan vivo y tan lejano,
qué singular, qué azul, qué diferente,
qué sueño de una noche de verano,
qué nosotros, qué luz tan de repente.

Quisiera yo a la sombra de este tronco
brindarte al cielo este burel maestro.
Qué más decir, tan póstumo y tan ronco,
sin padre a quien rezarle un padre nuestro.

Quién te mandó embarcarte a la deriva
con un grumete así, qué mal negocio.
Quién pudiera vivir en carne viva
lo que vivió mi socio con su socio.

Lo que vino después de los despueses
no desenfoca tu caligrafía.
Quien pudiera volver haciendo eses
contigo al Puerto de Santa María.

Qué duermevela de canela en llamas,
qué pirata, qué verbo, qué osadía,
qué posdata en el álbum de una dama
qué serenatas de melancolía.

El viento que arrasó las arboledas
no empañará el cristal de la memoria,
al final, la verdad es lo que queda,
cuando no se caen las babas de la historia.

No hay más noble menester que el de escudero
de un juglar con camisa de arlequín.
Nunca fue Rafael tan caballero
ni mi hermano menor tan Benjamín.

Ah! y si habéis llegado hasta aquí abajo es que esto realmente os interesa. Así que, sin que signifique que no vais a buscar esta joya, podéis verlo íntegro, en esta edición de books.google.
Disfrutadlo, aquí mismo:


martes, 23 de marzo de 2010

La crónica en Canal

Prometí que pasado mañana colgaría la crónica del concierto, y pasado mañana se convirtió en hoy. Maravillas de la tecnología.
Quienes queráis verlo casi íntegro podéis hacerlo en el canal que Sonia ha creado en YouTube "Una noche de rock", con una calidad buenísima. Pero como hay un concierto en cada uno de los que estuvimos allí, aquí va el mio.

El concierto más raro y cálido de los tres que ya he visto. Raro desde las gradas, a ambos lados de los artistas, o como dijo Coque "bienvenidos a este interesante y particular auditorio", a las luces "quién anda ahí, algún yonki de la luz..." espetó Coque tras aguantar durante todo el concierto las subidas y bajadas de unos rojos y azules desangeladores. Pero ni la dureza de la luz, ni la rareza de la grada impidieron que Coque, Benjamín y Nico conectaran con el público como no lo habían hecho hasta ahora.
"La frikada", como la definió el autor de La hora de los gigantes, acabó con el público en pie escuchando el inédito de Benjamín, y posteriormente buscado y comentadísimo, "Lo contrario era María". Pero antes Coque se había subio, guitarra en mano, a las barandillas de la primera fila; antes había estrenado una canción, "El barco", y demostándose a sí mismo que "se puede tocar una canción en directo sin esperar tanto. Porque nada me da más placer que hacerlo hoy aquí". Antes tambibén acabaron Laura Gómez y Benjamín Prado recitando "por la esperanza de que no me olviden... con la esperanza de que no nos olviden.

Todo fue antes, porque comencé por el final. Pero al principio, y no por eso menos importante, arrancaron el concierto con una canción que me recuerda la primera maqueta que grabaron Coque y Benjamín en casa de Coque cuando aún estaban ensayando para el concierto de los Veranos de la Villa, la maqueta que nos regaló Benjamín en exclusiva, y por la que conocí a Coque, y hasta hoy. Caminos y Hasta el final.

Pero la de siempre dejó paso a un poema que se ha reinventado y se ha recitado solo tres veces. Viento Negro. Un poema que Benjamín leyó de una hoja de puño y letra de su chica, de María, y que casa a la perfección con el Punto Cero de Coque.

Y da paso a un "que se mojen las balas, que se detengan todas las factorias... porque voy a salir esta noche contigo", que recuerda al mejor Sabina, pero que también es el mejor Benjamin, autor de esa maravillosa letra. De esa y de la siguiente, Números Rojos. Lo he dicho ya, pero no me canso de repetirlo: la versión original es mucho mejor que la que acabó llevando Joaquín a su disco, y me reafirmo en cada concierto.

Como me sigo enamorando de la mejor canción de Coque, la canción "que me duele, pero me duele de emoción de que la cantes conmigo", como le dijo a Benjamín. Y sonó, y cantaron Berlín.

El inmigrante se está conviertiendo en poema fijo en cada concierto, y en cada uno Benjamín grita más y más "¿a cuál te pareces, !!!a cuál¡¡¡?

Nico Nieto dejó la guitarra para decirnos lo que ya sabemos y que aprendemos cada día, "que es necesaria la noche para ver las estrellas...". Y ese cambio de papeles desencadena la exhibición de multifunciones de los allí presentes. Al ritmo de "quiero volverte a ver" Benjamín tira de armónica, justo antes de ajustarse la guitarra y puntear la lectura de Coqe Malla, quien recita "doble o nada". Para dejar claro que en este concierto, como en la vida, "o lo aceptamos todo, o es que todo es mentira".

Lo aceptamos, y por eso Benjamín se atrevió a pedirnos que nos pusiéramos cómodos para leer uno de sus poemas más largos "Zoo", más de 5 minutos de lectura, acompañada por las guitarras de Nico y de Coque, quien hizo gala de su faceta de actor y deleitó a los presentes con un completo repertorio de gestos y caras, que acompañaban cada acorde que sacaba a su guitarra.

El paréntesis solo fue el comienzo del fin, que siguió con la letra más pintoresca y pelín canalla de Coque "se te está resbalando el pantalón"... Ovación, aplausos... para entonces el público se había dado cuenta de que ese concierto era distinto y había entendido lo que los dos artistas proponían. La gente se levantó de sus asientos, vitoreó, aplaudió y pidió otra con descaro.

Benjamín respondió homenajeando a Alberti con "lo mismo y lo contrario", antes de dar paso a aquel final que abría esta crónica. Un final que resume un gran concierto.

¡Gracias, maestros!

domingo, 21 de marzo de 2010

La poesía de Alberti

Benjamín Prado siempre ha dicho que Alberti fue su maestro y amigo. A él dedicó varios años de su vida para, como decía Cortazar, "apilar", y a él ha dedicado mucho tiempo después de que su vida se marchara, dejado su recuerdo y su sempiterna presencia. Valga el poema "Lo mismo y lo contrario" como ejemplo, y el libro "A la sombra del ángel" como recuerdo.

Y sirva también el homenaje que la Universidad de Almería le ha dedicado al poeta a los 10 años de su fallecimiento y en el que en una de las jornadas estuvieron presentes dos d elos poetas actuales que mejor lo conocieron, pues fueron sus amigos; Benjamín Prado y Luis García Montero. No pudimos estar en el homenaje (si alguien estuvo y quiere comentar... bienvenido sea), pero sirva esta crónica de Noticas de Almería, como botón de muestra de lo qe pasó allí.

Benjamín Prado y Luis García Montero descubren el lado humano del poeta.

Los dos han participado en el ciclo de conferencias organizado por la Universidad de Almería en homenaje a Rafael Alberti
Benjamín Prado y Luis García Montero, poetas, ensayistas, novelistas y amigos comparten también en común la amistad que ambos mantuvieron en vida y durante años con Rafael Alberti, el gran poeta gaditano del que ahora se cumplen diez años de su fallecimiento. Ambos han participado esta tarde en el ciclo de conferencias que la Universidad de Almería ha organizado en homenaje a la figura literaria de Alberti y que mañana clausurará el Premio Nacional de Poesía José Manuel Caballero Bonald.

Prado y García Montero han echado mano de sus recuerdos personales y de sus vivencias junto a Alberti para retratar la parte más humana y tal vez más desconocida del poeta. Un hombre que, además de ser un fabuloso poeta, “una universidad andante” como le ha definido Benjamín Prado, plenamente consciente de su magnitud y tamaño no sólo como autor sino también como figura pública, era al mismo tiempo una persona muy cercana, preocupada por lo que ocurría a su alrededor. “No estaba encerrado en una torre, a pesar de que sabía perfectamente lo que representaba para muchos españoles, su memoria de poeta en el exilio. Daba gusto sentarse con él a tomar un café o, simplemente, a ver pasar a las chicas por la calle. Rafael era un hombre pegado a un peine y cuando una chica se acercaba a menos de cinco metros, ya estaba él peinándose. Era maravilloso estar, además, con una persona que tenía una fe tan grande en la literatura, que creía que la literatura es algo importante incluso en la vida civil”, rememoraba Benjamín Prado.

Por su parte, Luis García Montero, que conoció a Alberti siendo todavía un poeta muy joven, hablaba del poeta gaditano en términos de admiración absoluta. “Era absolutamente generoso con los jóvenes y, además, un poeta nada sectario que lo mismo leía a Quevedo que a Bécquer. Y eso él nos lo transmitió a nosotros, esa generosidad y esa ausencia de sectarismo en lo literario”, decía García Montero.

El novelista granadino afirmaba que él también está “un poco cansado” de tener que reivindicar la memoria poética de Alberti “que algunos libros este año han intentado manchar por su vinculación política” con el Partido Comunista.

Benjamín Prado, poeta, ensayista y novelista español, fue ayudante de Rafael Alberti durante años y autor del libro A la sombra del ángel, trece años con Alberti, y Luis García Montero, poeta y Catedrático de la Universidad de Granada, obtuvo su Doctorado con una tesis sobre la figura de Rafael Alberti, con quien lo unió una gran amistad. García Montero es uno de los representantes más significativos de la poesía española de hoy. Actualmente, es profesor titular del departamento de Filología Española de la Universidad de Granada y además de prestigioso poeta, es un consagrado ensayista y columnista de opinión.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Homenaje a Alberti en las calles de Rota

En la noche del 21 de agosto la poesía se refugió en la bahía y el recuerdo a Rafael Alberti empezó en frente del palacio de Luna ("Luna mia de ayer, hoy de mi olvido") y recorrió las calles de Rota al son de las palabras de los artistas que allí se reunieron, para recitar su admiración.

Joaquín Sabina, Javier Ruibal, José Manuel Caballero Bonald, Felipe Benítez Reyes, Luis Garía Montero, Almudena Grandes, Benjamín Prado, Eduardo Mendiccutti, José Ramon Ripoll y Jesús Fernández Palacios. Verso a verso, canción a canción, encandilaron la velada.


Tenemos fotos en exclusiva de nuestro corresponsal en Rota, quien además nos contó que fue emotivo, emocionante, divertido y admirable.


Benjamín Prado, admirador, amigo, de Alberti, y beligerante contra la última esposa del poeta, leyó el poema Adefesio. En la misma línea habló la sobrina de Alberti, Teresa Sánchez, quin dijo en este recital: "Esperemos que este aniversario sirva para que su nombre deje de ser una marca registrada. Él era un hombre del pueblo, de una generosidad tremenda. No debe quedar como un hombre tacaño. A ver si llega el día en que sea el poeta de la calle".


Quede aquí el Adefesio, por Benjamín Prado.

Llega el Adefesio,
bruja que te estruja,
manos que te soban,
dedos que te roban.

Llega el Adefesio,
labios de granuja,
puños que se ensañan,
uñas que te arañan.

Cosa que te muje,
coces de ganado,
ojo que te cruje,
raspa de pescado.

Bicho que te trinca,
boca que te atraca,
clavo que se hinca,
corazón de hurraca.

Ladilla,
colilla,
polilla,
guindilla,
cuchilla que arrolla,
astilla que embrolla,

alambre y gorgojo,
calambre y cerrojo,
cochambre y despojo,

fiambre y piojo
coyote,
barrote,
gañote,
pegote,
azote y carroña,
garrote y ponzoña.

Llega el Adefesio.
Tiro por la espalda
saldo que te salda.
Llega el Adefesio,
ángel sin estrella,
mosca en la paella.

Si lo ven venir
con su sangre verde,
si lo ven venir,
váyanse, ¡que muerde!


viernes, 12 de junio de 2009

Ecos de Cuba

En ocasiones el océnano atempera las voces y los poemas. Desde la isla solo se oye un ligero eco y de un homenaje a Alberti como el que se le ha tributado estos días en La Habana solo nos llegan algunas pinceladas. Bien a través de sus parcas webs, como Radio Habana, o Radio Florida, o de algún periódico español especialmente comprometido con la poesía, como es El País, que en su edición de hoy, con la firma de Mauricio Vicent, informa sobre este homenaje.

Benjamín Prado, principal impulsor del homenaje, junto a Aitana Alberti, la hija del poeta, dijo en su intervención, según el diario,que "Alberti te invitaba a "tomarte muy en serio tú obra y muy en broma a ti mismo". En opinión de Prado, Alberti era todo lo contrario a "un ser avaro", como puede parecer por las acciones de los que administran su legado - y en primer lugar su viuda, Maria Asunción Mateo - "que han convertido a Alberti en una marca registrada como la Coca-Cola". "Es terrible, porque han implantado a su alrededor de su obra un régimen de terror que lo ha hecho desaparecer como poeta". Prado presentó su libro A la sombra del Ángel, reeditado para la ocasión, en el que repasa sus 13 años junto al poeta del Puerto de Santa María".

En la misma línea se expresó Luis García Montero, quien según El País dijo que "enseñó "a no ser sectario" y a "respetar la riqueza de la poesía y del pensamiento distinto". Nada tenía que ver su "búsqueda constante de estilo" con la superficialidad, muestra de ello, opinó García Montero, es que "hasta su último gran libro siguió ensayando caminos". A su juicio, la condición de exiliado y de "nómada" de Alberti se reflejó no sólo en su vida sino también en sus estilos poéticos. Alberti, antes que exiliado político lo fue poético. "Desde el año 1925, cuando su padre lo trae a Madrid, fue un exiliado en la poesía".

Alberti consideraba que "un poeta comprometido debe tomarse muy en serio su oficio de poeta". Segunda enseñanza, un poeta no es "un panfleto", lo "útil", solía decir, es que como poeta "reflexione desde su propia conciencia independiente". La "generosidad" de Alberti es un tercer magisterio. "Alberti fue capaz de bajar de su altar para ayudar a la gente joven", enseñó no sólo a respetar a los que vienen detrás, sino también a aprender de ellos, afirmó García Montero, que asistió a la presentación del tercer volumen de la colección 'Poemas de ida y vuelta', que edita la embajada de España y que en esta ocasión reúne textos suyos y de su colega cubana Reina María Rodríguez".

domingo, 7 de junio de 2009

A Alberti desde Cuba

Nos lo adelantó Benjamín Prado hace 10 días, y lo incluí en la sección (lateral del blog) sendero, para que todos supiésemos que el próximo día 10 de junio Prado organiza un homenaje a Alberti en la Habana. Un homenaje del que la opinión de Granada se ha hecho eco y del que informan con tanta certeza y de manera tan completa que no puedo sino reproducirlo:

Un gran seminario en La Habana recordará al poeta gaditano Rafael Alberti en el décimo aniversario de su muerte a partir del próximo 10 de junio. Organizado por la Embajada de España en Cuba con la colaboración de la Junta de Andalucía, el encuentro reunirá en la capital cubana a destacados poetas e intelectuales españoles como los granadinos Luis García Montero, Luis Muñoz y Fernando Valverde, así como el director del Centro Andaluz de las Letras, Julio Neira y el escritor Benjamín Prado , a los que se sumará la hija de Rafael, Aitana Alberti León.
El seminario será inaugurado el miércoles 10 de junio en el Museo Nacional de Bellas Artes por el embajador de España en Cuba, Manuel Cacho Quesada, y por Roberto Fernández Retamar, director de la Casa de las Américas. A continuación, el poeta granadino Luis García Montero ofrecerá una conferencia sobre su relación con Rafael Alberti.El jueves 11 de junio tendrá como protagonista al poeta madrileño Benjamín Prado, que además de dar una conferencia presentará su libro ´A la sombra del ángel´, en el que repasa sus veinte años junto al poeta del Puerto de Santa María. En el acto participará el director del Centro Andaluz de las Letras, Julio Neira.
El viernes 12 de junio, el poeta granadino Fernando Valverde, recientemente galardonado con el prestigioso Premio Emilio Alarcos de Poesía por su libro ´Los ojos del pelícano´, analizará en una conferencia la vigencia de la poesía de Rafael Alberti y su influencia en las generaciones posteriores. El mismo día se presentará el documental ´Rafael Alberti, un poeta en la calle´, de Rosa Vergés.En palabras de Jaime de los Santos, comisario del seminario, "la obra de Alberti y su compromiso vital merecen ser celebrados en el aniversario de su muerte, y La Habana es una de las ciudades en las que más memoria viva queda de su paso por la tierra".
Por su parte, el poeta Benjamín Prado consideró "significativo" que un homenaje a Alberti con sus amigos se celebre fuera de España. "A los diez años de su muerte yo sí que al menos una vez dije la verdad en un poema en el que aseguraba que a mi maestro lo volvería a olvidar cada uno de los días de mi vida", aseguró, satisfecho porque "La Habana era una de las ciudades favoritas de Alberti, en la que como buen gaditano se sentía como en casa, por lo que es una muy buena idea poner otra vez sobre la mesa en esta ciudad la poesía de Rafael, con quien siempre tendré una deuda y a quien suelo definir como una de las personas que mejor me ha tratado en mi vida".
El embajador de España en Cuba, Manuel Cacho, se refirió al amor por La Habana del poeta gaditano, que en su opinión "estaba en la misma sangre de Alberti, y así se lo traspasó a su hija Aitana, quien eligió vivir aquí".
El encuentro concluirá el día 13 con una visita de los poetas a Finca Vigía, la propiedad en la que se instaló Ernest Hemingway.

lunes, 4 de mayo de 2009

Buenas ideas Buenos Aires

"De España a la Agentina, que meneo, que vaivén, que ajetreo". La letra es de Sabina, pero el viaje de es Benjamín Prado, que desde el pasado día 30 anda por Buenos Aires en una de las feria del libro más activas, la de la capital argentina. Él es uno de los escritores extranjeros invitados y hará un poco de todo:
- El día 1 le pudieron ver en su faceta más poética, en el recital de poesía junto con Jorge Córdoba, Silvia Montenegro y Walter Cassara.
- Mañana día 4 en la Embajada de España, con el apoyo de la Fundación El Libro, repasará sus teorías en el Homenaje a María Teresa León y Rafael Alberti, en el que compartirá mantel con Aitana Alberti.
- El miércoles 7 la fundación el Libro organiza el encuentro internacional “Pensar la democracia”. “Democracia, derechos humanos y literatura”, donde Benjamín Prado mostrará su faceta más política/comprometida, junto con Raquel Robles y Mario Wainfeld.

Los allí presentes disfrutarán mucho con él y con su visión de unos y otros temas, los que nos quedamos a este lado miraremos con el catalejo a ver si encontramos tierra donde posar nuestros ojos, y algún barco que nos traiga noticias de allende los mares. Como ha hecho Romano (¡gracias!), quien desde su blog "El templo de las borracheras" nos ha hecho llegar una entrevista, de la revista Página 12, que le han hecho a Benjamín aprovechando su visita. Silvia Friera le ha preguntado por "Mala gente que camina" y tirando, tirando han ido desenredando la faceta más comprometida del poeta madrileño.

Entrevista a Benjamín Prado.
Página 12. Buenos Aires
[...]
–Al principio creí que Dolores Serma era una novelista que realmente había existido, que mientras Carmen Laforet escribía “Nada”, Serma hacía lo mismo con su supuesta novela Oxido. Hasta busqué en Google. ¿Cómo se le ocurrió este personaje?
–Hasta ha habido editoriales que me han llamado para decirme que publicarían Oxido (risas) y estoy muy orgulloso... Casi todos los periodistas me han dicho que han buscado en Google; Caballero Bonald estaba tan extrañado que revisó sus memorias otra vez para comprobar que Dolores Serma no estaba, y a mí me pareció un gran piropo. Trabajé el personaje de Dolores Serma como en las novelas de Galdós. El metía un personaje de ficción en medio de la historia y se transformaba en una especie de gota de tinta que lo manchaba todo, y los personajes reales tenían que comportarse como seres de ficción y el personaje de ficción tenía que convivir con los personajes reales.

–¿Por qué decidió en cierto modo también hacerle un sentido homenaje a Carmen Laforet en la novela?
–En España, mientras vivía el “funeralísimo”, como lo llamaba Alberti a Franco, hubo mucha gente que juraba tener una novela genial en el cajón. Claro, no se podía publicar, pero el caso es que murió el dictador y las novelas no aparecieron. Pero con o sin dictador, Carmen Laforet publicó Nada; Sánchez Ferlosio El jarama; Martín-Santos Tiempo de silencio y Ana María Matute Los hijos muertos. Cuando un verdadero escritor siente la necesidad de escribir, escribe por encima de cualquier censor. En el caso de las mujeres, con el machismo que reinaba en la España franquista, había que tener mucho deseo de ser escritora para superar las vallas que les ponían.

Prado plantea que Dolores Serma, esa escritora de ficción que inventó, tiene muchas razones para escribir Oxido. “Escribe porque tiene que dejar fe de lo que vio. Cuando la palabra fe está dentro de una iglesia, me pone los pelos de punto, pero fuera me gusta mucho. Hay que tener fe para hacer las cosas, pero muchos no tuvieron fe o no tuvieron suerte o se tuvieron que dedicar a otro cosa. Dolores Serma tuvo que montar toda una vida falsa para conseguir rescatar al niño que le quitaron a su hermana –explica el escritor–. En la España de los años ’40 y ’50 estaba lleno de personajes ambiguos.”

–El profesor de Mala gente que camina, en vez de escribir el ensayo que tenía en mente, termina escribiendo una novela. ¿A usted también le pasó como al personaje, que escribir ficción lo salvó en cierto sentido de la abulia y el acartonamiento de la vida académica?
–A mí la ficción me salva de seguir tomando copas con mis amigos (risas). Antes de sentarme a escribir pienso mucho sobre el camino que seguirán los personajes. Con esta novela sabía que el camino sería muy largo, sería el camino que va del cinismo al civismo; quitas la ene por la ve y el cambio es brutal. Por eso al principio el tipo es tan cínico, un desencantado con la historia, con su vida sentimental, pero va evolucionando hasta darse cuenta de que hay cosas que hay que contar. Y en eso me parezco un poco a él.

–El personaje de la madre del profesor representa en la novela a la gran mayoría de la sociedad española, que bajo la palabra reconciliación ha hecho un pacto a favor del olvido. ¿Cómo trabajó a ese personaje que dice cosas que indignan al protagonista, pero al mismo tiempo es su madre, la quiere?
–Me fue muy fácil, más desde el punto de vista de la realidad que de la literatura. Mi madre es exactamente así; esa señora es mi madre, con la que siempre he tenido las discusiones que no pude tener con mi padre, que fue jefe de la escolta de motos de Franco. Para él, Franco era un tipo fantástico que nos salvó de todo, y ante cualquier otra argumentación que le pudieras hacer en contra te decía que Franco hizo carreteras y pacificó el país. Con mi madre siempre hablé mucho. Desde el lado de la literatura fue fácil también porque toda novela que se precie tiene que tener un Sancho Panza, y ella es el Sancho Panza de esta novela. Tú has dicho la palabra clave: olvido. En España se quiere hacer una historia a base de olvido. Y eso no puede ser. Las paradojas están muy bien dentro de la poesía, pero dentro de la política suelen ser incómodas. En el libro de la historia de España no es que se quieren pasar páginas, se quieren arrancar. A mí que se pasen páginas me parece perfecto, pero no que se arranquen. España es un país muy original para eso, un país donde hasta hace poco ha habido 45 mil cadáveres en cunetas, en cementerios, pozos y demás, cosa que no ocurre en ningún otro país de Europa. Es increíble que todavía las calles de España estén llenas de símbolos franquistas, estatuas a Franco y placas a militares golpistas. Hay que volver a poner en el libro de la historia de España esas páginas que se arrancaron, aunque haya que ponerlas desde la ficción.

–Hasta hace poco los argentinos pensábamos que cargábamos con el peso feroz de una originalidad: ser los únicos en el mundo que habían inventado la apropiación de menores durante la dictadura militar. ¿Cómo se enteró usted de la apropiación de los 31.000 chicos durante el franquismo?
–Un día vi el documental Los niños perdidos del franquismo y me quedé en estado de perplejidad absoluta. Porque pensé lo mismo que tú: los niños robados son de los años ’70, de las dictaduras de la Argentina y Uruguay. Nadie sabía nada en España. Cuando salió ese documental catalán, empecé a investigar. Estuve con gente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y fui a ver los archivos de las secciones femeninas en Alcalá de Henares. Esto para un novelista era como maná caído del cielo, una historia fuertísima, desconocida, y que no se ha tratado desde el punto de vista de la historia ni de la ficción. Cuando publiqué la novela, hubo gente que dijo que me lo había inventado, que era una exageración. España es un país en donde te dicen que no toques la monarquía, que no toques la transición... hombre, demasiadas cosas para estar bajo la tapadera de la democracia. No digo que España no sea un país democrático, naturalmente que es democrático y es un país que ha tenido cambios alucinantes, pero lo que digo es que no ha sido perfecto. A lo mejor la transición fue un triunfo de todos, pero tuvo sus perdedores, si vale la palabra. Hay gente que no puede desenterrar a su abuelo de una cuneta.

–¿Por qué la madre iguala la violencia republicana y franquista sin poder distinguir que no es lo mismo la violencia que se ejerce desde el Estado?
–Mira, en España el Partido Popular se ha negado a condenar el golpe de Franco, lo matizaron con ese “todos fueron iguales”. No se quiere dar a Franco la definición de genocida. Y aquello fue un genocidio porque Franco fue pueblo por pueblo exterminando a cada uno que no pensaba como él. Como no se le quiere dar la categoría de genocida a Franco, los delitos prescriben. Tampoco se logró que la apropiación de menores fuera considerada delito de lesa humanidad. Garzón pedía que se investigara y se hicieran pruebas de ADN. Aunque ahora la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha presentado un recurso. Más urgencia que la biología no existe, porque siempre va hacia delante, nunca hacia atrás. Los sobrevivientes que quedan tienen 100, 98, 95 años... Contra todo ese olvido, decidí escribir esta novela. España es un país muy cobarde. Los españoles son muy cobardes porque no han sido capaces de enfrentar su pasado. Les tienen miedo a cosas que ya no están. Además, si todo es mentira... si al final todo depende de la renta per cápita de un país. Cuando la renta per cápita de un país sube, inmediatamente desaparecen los dictadores y los intentos de golpe de Estado.

–¿España está demasiado asustada y se está derechizando?
–En las crisis se mira a la derecha. Pero lo que me preocupa es que España ha pasado demasiado rápido de ser un país de emigrantes a ser un país xenófobo. Ha pasado de ser un país de pobres a ser un país de propietarios. España es el país de más propietarios en toda Europa; en ningún país de Europa se es tan propietario como en España. Con la crisis económica, el gobierno ayudó inmediatamente a los bancos que han generado el problema. A la famosa frase, “es la economía, estúpido”, que ya no se molesten, que le quiten las tres primeras palabras y nos digan directamente “estúpidos”, ¡para qué gastar saliva! (risas).

–¿Por qué a un gobierno de izquierda como el de Zapatero le cuesta tanto tomar medidas más progresistas?
–La palabra miedo lo explica todo. No sé por qué pero le tienen miedo a la banca, a la iglesia, y yo tengo miedo de que ellos le tengan miedo a las mismas cosas que se temían en el año ’36. No es que piense que vaya a haber una guerra, porque es una cuestión de renta per cápita, y con la que hay en España no hay guerra. Pero es un temor intelectual: ¿por qué esta gente seguirá temiendo a lo mismo que se temió siempre? Lo que ha pasado es que hemos vivido muy bien durante muchos años y todo el tejido social y los movimientos civiles han desaparecido. En España ya no hay sindicalistas ni asociacionismo ni nada. Los jóvenes se han convertido en “anarco pijos” (risas), a los sindicalistas les ha ocurrido un poco lo mismo y la gente de izquierda se ha acomodado demasiado, se ha “hamburguesado” (risas). No sé en la Argentina, no sé si acá todavía existe la política, pero en España los políticos no creen en la política. Hace poco, cuando hubo unas elecciones autonómicas, escuché por la radio a un político del PP que se quejaba: “Están politizando las elecciones”. Pero yo sí creo en la política.

–Pero quien desacredita la política es la derecha.
–La izquierda también. Creo que no hay una conciencia de cuál es la función de la política. La función de la política no es ir de banco a banco sino de casa a casa, ésa es la gran diferencia...

domingo, 1 de febrero de 2009

María Teresa León, por Alberti

Para poner fin a una semana monotemática (aunque sin desviarnos nunca del objetivo de este blog), quiero rescatar un texto de Rafael Alberti. Una tribuna que publicó en El País el 10 de septiembre de 1989, con motivo del Curso de Verano de El Escorial que giró en torno a la figura de su mujer, un curso coordinado por la escritora Fanny Rubio y en el que Benjamín Prado y José Luis Puerto fueron los secretarios.

Es lo bueno de las letras, que siempre están vivas.

Homenaje a María Teresa León
Por Rafael Alberti. Tribuna. El País.

Tuve que interrumpir las pleamares de la bahía de Cádiz, el restallante sol sobre las cúpulas de su catedral, las huellas de mis pies en las espumas de Valdelagrana, para saltar a los pinares guadarrameños de El Escorial, erguidos sobre los tejados y torres del monasterio de Felipe II. Y no iba yo para salvar, trayéndolos a Madrid, el San Mauricio de El Greco, algunos pequeños cuadros de Goya y otros de Jerónimo Boch, El Bosco, tan amado por el extraño rey. Es decir, que iba ahora sin la compañía de María Teresa, José Bergamín y Arturo Serrano Plaja. Ninguno de los tres existen ya. Nuestra guerra se acabó hace más de 50 años, y María Teresa murió no hace todavía uno, el 14 de diciembre, el mismo día que una gran huelga general detuvo toda España. ¿Para qué iba yo ahora a El Escorial al final del verano? Iba a los cursos que la Universidad Complutense ofrecía como homenaje a María Teresa León. Era toda amiga la gente que iba a intervenir, aunque solamente dos, el actor de las Guerrillas del Teatro Salvador Arias y Marcos Ana, joven comisario del Ejército republicano y poeta, encarcelado y condenado a muerte durante 23 años, la habían conocido personalmente.La coordinadora de los actos dedicados a María Teresa era la escritora Fanny Rubio y como secretarios estaban los poetas Benjamín Prado y José Luis Puerto. Tenía yo que intervenir el primero y comencé diciendo que María Teresa había sido una de las muchachas más bellas de su época, hablando de su valor, su valentía, de sus condiciones de estupenda oradora y organizadora en la Alianza de Intelectuales Antifascistas durante toda la guerra y como directora también de las Guerrillas del Teatro del Ejército del Centro y del Teatro de Arte y Propaganda, situado en el de La Zarzuela, donde dirigió, entre otras obras, La Numancia, de Cervantes; Los títeres de cachiporra, de Federico García Lorea, y la zarzuela Chateau Margot, llevando siempre a Santiago Ontañón como escenógrafo. Hablé luego de su vida en Buenos Aires y Montevideo, de su labor cinematográfica, en la que destacó La dama duende, que obtuvo un premio internacional, y de sus charlas por la televisión y la radio. Me hubiera extendido hablando de su labor literaria, de su intervención en el salvamento del Museo del Prado, de toda su vida plena, incansable, tanto en Argentina como en los primeros años de Italia. Cuando en 1977 volvimos a España, ya María Teresa estaba deshecha y perdida. En seguida se ocupó de ella, de manera desvelada y entrañable, mi sobrina Teresa Sánchez Alberti, que ya no la abandonó hasta el día de su muerte en un sanatorio de Majadahonda.

La persona que habló más conmovidamente fue Marcos Ana, que sostuvo una larga y difícil correspondencia con ella desde la cárcel de Burgos y que dio a conocer un disco con la voz de María Teresa en un discurso que hizo estremecer a todos cuantos la escucharon. Puedo decir que fue la intervención más entrañable, y su amistad, una de las más valiosas que tuvo María Teresa, desde aquellas cartas primeras hasta los últimos días en que la vio en Italia.

Luego habló el actor Salvador Arias, que lo había sido en las Guerrillas del Teatro del Ejército del Centro, y contó cómo eran recibidas estas guerrillas por los soldados en los diversos frentes de batalla, el éxito de las obras del teatro de urgencia que figuraban en el repertorio y el de los pasos de Lope de Vega y Calderón de la Barca, cuyos bufones eran tan celebrados entre los soldados de las trincheras. No olvidó la intervención, como escenógrafo y también como actor, de Santiago Ontañón, nuestro extraordinario amigo, fallecido en estos días. Arias recitó además algunas escenas de una obra inédita de María Teresa, La libertad sobre el tejado, y un soneto suyo dedicado a ella.

En otro de los actos, María Asunción Mateo, que fue a verla cuando ya estaba hundrida en el olvido, en aquel jardín de Majadahonda, leyó unas temblorosas páginas que conmovieron a toda la sala, y el profesor Robert Marrast dedicó un detenido y hondo estudio a su novelística. Con una bellísima página de José Manuel Caballero Bonald y con la intervención de José Monleón sobre el teatro de la escritora concluyó este gran homenaje de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense, en El Escorial, a María Teresa León.

Fueron cuatro días emocionados y densos, ideados por el entusiasmo y dinamismo de Gonzalo Santonja, bajo la incisiva y tierna dirección del gran escritor uruguayo Mario Benedetti y con la clara compañía del joven poeta Luis Muñoz.

Estas sesiones fueron entrelazadas con la lectura de los poetas latinoamericanos Eliseo Diego, Enrique Molina, Antonio Cisneros, Jorge Enrique Adoum, Claribel Alegría, Idea Vilariño y Tomás Segovia.
La última noche, el gran actor Francisco Rabal y yo habíamos ofrecido en un bello salón, rodeado por los inmensos pinos de la sierra, un recital dedicado a María Teresa. Haciendo la selección de los poemas, yo advertí a Paco que me parecía algo breve, respondiendo él que sería suficiente. Comenzamos el recital, diciendo Paco unas cuantas prosas de Memoria de la melancolía y añadiendo yo algunos de mis Retornos de amor. Pero no habían pasado 18 minutos cuando terminaba nuestra selección, y tuvimos que elegir, al azar y bromeando, nuevos poemas. Con un gran desorden mezclábamos textos que sabíamos de memoria, haciéndonos los dos un gran taco, que el numerosísimo público recibió divertido, aplaudiendo muerto de risa. De esta manera, el homenaje se convirtió en un acto alegre y juvenil, quitándole toda solemnidad. Y para cerrar se me ocurrió de súbito decir una canción del poeta extremeño del siglo XVI Diego Sánchez de Badajoz, que sin duda hubiera divertido a María Teresa: "No me las enseñes más,/ que me matarás. / Estábase la monja / en el monasterio. / Las teticas blancas / bajo el velo negro. / No más, / que me matarás".