martes, 19 de junio de 2012

NO es un poema urgente

Si me descuido se me pasa... Benjamín publicó en su muro, hace ya algunas fechas, un poema que leyó en una manifestación en Alcalá. Un poema urgente, lo llama él...

"Bueno, qué demonios, ya que me lo pedís tanto, aquí está el poema de ocasión, o urgente, como los llamaba Rafael Alberti, que leí el otro día en la manifestación de la calle de Alcalá". O como lo definía en un comentario posterior, "hay ocasiones en que conviene echarse a uno mismo al lado, y decir lo que hay que decir aunque sea de un modo diferente, más parecido a tus ideas que a tu estilo.

NO
Por Benjamín Prado

No es entregar el mundo al poder de la usura.
... No es prohibirle el médico que cure al inmigrante.
No es sacarle a Alemania el cubo de basura.
No es mandar policías contra los estudiantes.

No es que sean los ricos los que escriben las leyes.
No es que paguen los pobres lo que debe el banquero.
No es hacerse los ciegos cuando pasan los reyes.
No es convertir la empresa en la cárcel del obrero.

No es echar de su casa al que vive entre ruinas.
No es cobrarle al enfermo por usar la ambulancia.
No es recortar maestros, ni negar medicinas,
ni utilizar las crisis para marcar distancias.

No es caminar encima de los desempleados.
No es encontrar petróleo dentro de la desgracia.
No es dar de beber sangre al lobo de los mercados.
Eso no es hoy, ni ha sido nunca la democracia.

miércoles, 13 de junio de 2012

Ese animal no existe

Lo prometido... Un pequeño adelanto, en esta anécdota sobre Alberti y Gardel, antes de leer completa la charla entre Benjamín Prado y Jorge Valdano. A ver si encuentro el número 1 de la revista Líbero.
Benjamín Prado from Líbero on Vimeo.

martes, 12 de junio de 2012

Una de cultura

Solo con ver la foto en miniatura de la entrevista...
apetece hincarle el ojo
El pasado sábado Benjamín Prado se volvía a asomar por las páginas que le echaron de su periodicidad pero a las que vuelve de vez en cuando. Esta vez fue la sección de cultura de El País, y Máximo José Kahn y el libro de Mario Martín Gijón sobre su personas quienes centraron el tema. Os dejo con el texto mientras sigo buscando la conversación entre Valdano y Benjamín que publica el número uno de la revista Líbero y que espero tener pronto entre mis manos (Por cierto, mañana pasaros por aquí, que un adelanto os lleváis).

Un personaje robado al siglo XX
Por Benjamín Prado en Cultura de El País


Ninguna historia vuelve a estar completa hasta que se le devuelven los personajes que han desaparecido de ella con el paso del tiempo. Y es fácil intuir que unos acontecimientos tan llenos de ángulos y bifurcaciones como los que dieron lugar a la II República, la Guerra Civil y la diáspora del exilio tuvieron que tener más actores de los que caben en el cartel de la obra. Uno de ellos es Máximo José Kahn, nacido en 1897 en Fráncfort de Meno, la ciudad con mayor índice de ciudadanos judíos de toda Alemania, y muerto en Buenos Aires, en 1953 y con un pasaporte de ciudadano español en el bolsillo. Sus tres pasiones fueron el judaísmo, España y la literatura, y supo hacerlas compatibles muy pronto, a los 24 años, cuando se trasladó de Berlín a Toledo y empezó a colaborar en La estafeta literaria de Ernesto Giménez Caballero como corresponsal de la literatura alemana, igual que hacía de cronista de la actualidad cultural española en el semanario Die Literarische Welt. Lo primero sirvió para que se empezase a hablar aquí de Thomas Mann, Rilke o Kafka, y lo segundo para que se tuvieran allí noticias de los libros de Gómez de la Serna, Benjamín Jarnés, Ayala o Lorca, que era su gran debilidad. Kahn era en esos años escandalosamente subjetivo, tendía a decir barbaridades y, además, tenía dos caras, porque en muchos de sus textos sobre España publicados en Berlín, la imagen que da de nuestro país es bastante despectiva. Pero todo eso cambió con la llegada del nazismo y la sublevación de 1936, y Kahn terminó avergonzándose de su país antisemita y orgulloso del nuestro, que con tanto heroísmo sin esperanzas combatía al fascismo. En La patria imaginada de Máximo José Kahn, Mario Martín Gijón hace un completo inventario de la vida y trabajos de este intelectual que fue amigo íntimo de Rosa Chacel y Juan Gil-Albert, compartió los dorados años veinte y treinta con los poetas y narradores de la generación del 27; defendió la República, denunció infatigablemente el antisemitismo de Franco y ocupó puestos diplomáticos menores; y que tras la derrota tuvo que exiliarse, pasó por el campo de concentración de Kashba Tadla, en Marruecos, y después por Nueva York, México, donde se hizo muy amigo de Octavio Paz y Elena Garro y, finalmente, Argentina, donde publicó las novelas Año de noches y Efraín en Atenas. Persiguiendo a este personaje casi desconocido, el lector aprende cosas nuevas sobre lo ya conocido, y ésa es una de las virtudes de esta obra, publicada por Pre-Textos. Renacimiento, por su parte, recupera uno de los títulos del propio Kahn, Arte y Torá, donde dio rienda suelta a su pasión por el judaísmo sefardita. En él se juntan, eso sí, erudición y delirio, dadas sus teorías sobre el origen judío de casi todo, desde la fiesta de los toros, que justifica relacionando, por ejemplo, las esculturas de Guisando con el mito del Becerro de Oro, hasta los nombres de nuestras ciudades: el de Cádiz, según él, viene de la palabra hebrea kades, sagrado. El apasionado Kahn sostiene que los judíos deben afirmar su condición de pueblo elegido, porque “si fueran hombres como los demás, no se les perseguiría”; pero también les exige un camino de perfección: “No sólo hay que creer en Dios, sino merecer que él crea en nosotros”. Es la obra de un hombre de fe, y por lo tanto tiene tanta emoción como falta de equilibrio, como todo lo que no busca la imparcialidad. Y es, junto con la biografía de Martín Gijón, una buena oportunidad para recuperar la historia de este hombre y reconstruir algunos hechos olvidados de los años maravillosos y terribles que le tocó vivir.

martes, 5 de junio de 2012

El espectáculo ha terminado

En el número 742 de Cuadernos Hispanoamericanos, el de Abril de 2012, Benjamín dedica un texto al maestro Mario Vargas Llosa. En mi opinión es de los mejores textos que ha escrito Benjamín en Cuadernos , tanto por lo que dice como por lo que menciona que dice Vargas Llosa. Una mezcla imprescindible.

Eso sí, el título suena a fin de fiesta, como ya anunciamos la semana pasada, pues Benjamín dejará la dirección de los Cuadernos Hipanoamericanos, por obra y desgracia de la política, el próximo mes de junio.

Con textos como este aún cuesta más despedirse.

El espectáculo ha terminado
Por Benjamín Prado en Cuadernos Hispanoamericanos nº 742, abril 2012

Al acabar su último libro, La civilización del espectáculo, cualquier persona de este mundo a la que le gusten la literatura y el arte deseará no estar de acuerdo con Margio Vargas Llosa. Porque lo cierto es que el panorama que dibuja el Premio Nobel, resultad desolador, y es fácil de resumir: a base de bajar el nivel de nuestra cultura, hemos llegado al fondo de un pozo, y no se ve la manera de salir de él. Los siniestros mercados que nos acosan por tierra mar y aire, a los que Octavio Paz ya señaló como "responsables de la bancarrota de la cultura en la sociedad contemporánea", dirigen con mano de hierro la sociedad de consumo y no le reconocen a nada, tampoco a un libro, a una composición musical o a una escultura, más virtud que su cuenta de resultados, de modo que el único valor de las cosas es su precio: lo que vende, importa, y lo que no, carece de interés. Uno va viendo cómo las editoriales prestigiosas se entregan de un modo patético a la búsqueda del best-seller, las salas de teatro apartan a grandes actrices  y actores para usar de señuelo en sus carteleras a famosos de las series de televisión o los museos usan de reclamo a artistas más conocidos por su provocaciones que por sus obras, y entiende por qué el autor de El sueño del celta, La casa verde o Travesuras de la niña mala se rasga la camisa al recordar que si Grecia estuvo gobernada por la filosofía, Roma por el Derecho y la Ilustración por la ciencia, nosotros estamos en manos de la economía, y sometidos a las leyes de la publicidad. "El fetichismo de la mercancía - escribe - produce la cosificación del individuo, entregado al consumo sistemático de los objetos, muchas veces inútiles o superfluos, que las modas le van imponiendo". Uno siempre está en manos de aquello que desea y, en ocasiones, es su cautivo: no hay más que ver a los miles de ciudadanos que hoy día viven atrapados en sus casas, bajo arresto domiciliario de su hipoteca.

Nadando contra las corrientes de opinión, Vargas Llosa encuentra el origen de la catástrofe en la democratización de la cultura, "un fenómeno que nació de una voluntad altruista, evitar que la cultura siguiera siendo patrimonio de una élite (...) pero que ha tenido el efecto de trivializarla", porque la función que antes cumplían los sistemas filosóficos, hoy la llevan a cabo las campañas comerciales, "que ejercen un magisterio decisivo en los gustos, la sensibilidad, la imaginación y las costumbres" de las personas. Así que lo que antes había que ir a buscar a Kierkeggaard o a Hegel, ahora te lo traen a caso los anuncios. Mala cosa.

La degradación de la cultura, por lo tanto, se hizo inevitable "desde el momento en que la obra literaria y artística pasó a ser considerada un producto comercial que dependía de los vaivenes del mercado", y esa política de tierra quemada se ha extendido a todo, también al periodismo, en vista de la forma en que hoy en día se abaratan algunos diarios, hasta convertirse en una mezcla de revista de modas, prensa del corazón y revista satírica. Vargas Llosa, siempre capaz de mirar desde todos los ángulos posibles aquello de lo que habla, ve en los desmanes de la economía uno de los motivos de la derrota, pero no cree que sea el único. También está, por ejemplo, el esnobismo que ha vivido como pez en el agua en el mar de la posmodernidad. "Desde que Marcel Duchamp revolucionó los patrones artísticos de occidente - dice (...) ya todo fue posible en el ámbito de la pintura y la escultura, hasta que un magnate pague doce millones y medio de euros por un tiburón preservado en formol en un recipiente de vidrio y que el autor de esa broma sea reverenciado como un gran artista de nuestro tiempo", lo cual, sin duda, nos deja en tan mal lugar a nosotros como a él, porque corremos el riesgo de mostrarnos "tolerantes o indiferentes" hacia la inmoralidad. Cerrar los ojos te convierte en cómplice de lo que no quieres ver.

Todo es posible, pero no todo vale, y para explicarlo, el autor de ¿Quién mató a Palomino Molero? recurre al ejemplo de la ciencia, transformada por la combinación de nuestra locura y nuestra inteligencia en un arma de doble filo, que hace incluso del arsenal que los países más poderosos guardan debajo de sus banderas "una hazaña tecnológica" y, al mismo tiempo, una manifestación flagrante de barbarie" que, como él recuerda, contradice a cuchillo el precepto de T.S. Elliot según el cual la cultura es "todo aquello que hace la vida digna de ser vivida".

Mario Vargas Llosa escribe con la autoridad de quien es justo lo contrario de aquello que critica, algo que, si se piensa bien, no es tan común; y por eso cuando se lamenta de que hoy en día "la popularidad y el éxito se conquisten no tanto por la inteligencia y la probidad como por la demagogia y el talento histriónico", uno sólo tiene que recordar cómo y de qué ha hecho él su obra, para darse cuenta de que el camino recto puede estar lleno de curvas peligrosas, pero también existe y es el único que merece la pena. La civilización del espectáculo tiene algo de alarma roja sonando en la oscuridad y otro poco de parte de defunción. Por fortuna, aún quedan intelectuales que se merezcan ese nombre, y Mario Vargas Llosa es uno de ellos, por su valor a la hora de decir lo que piensa en un mundo gobernado a partes iguales por la cautela y el desinterés, donde casi nadie se arriesga a salirse a salirse del círculo que le han pintado alrededor y en el que, por desgracia, poco quieren saber y muchos se conforman con estar al tanto, que son cosas muy distintas. Pero, contra viento y marea, aún hay personas como el autor de La ciudad y los perros, a quienes la edad les añade experiencia y no les quita pasión, y que no han luchado nunca por llegar arriba para que se les viese más, sino para que se les escuche mejor porque no tenían algo que vender, sino algo que decirnos. Si algo demuestra este libro es que también puede ser clarividente cuando se habla con el corazón en la mano.

miércoles, 30 de mayo de 2012

El futuro ya no es lo que era

Tengo un par de muy buenos post en la línea de salida, pero la actualidad manda y como dice Benjamín en su artículo, mencionando a Paul Valery, "el futuro ya no es lo que era". Pues eso, que aparco a Vargas Llosa y a Raro y os dejo con el futuro.

Prepárese: en el futuro, todos autónomos
Por Benjamín Prado en El País

¿Cuáles serán las profesiones más demandadas y más lucrativas en el futuro? ¿Qué trabajos nos ofrecerán más salidas dentro de dos décadas? Acuicultor, nanomédico, webgardeners, microemprendedores, policía medioambiental, narrowcastes, bioinformático… Hoy parecen palabras incomprensibles; mañana, las tendremos todo el día en los labios.
Vivimos tiempos veloces e imprevisibles, en los que los avances de la tecnología y los retrocesos de la historia lo transforman todo de forma continua y el presente ha cambiado tanto que el futuro tampoco es ya lo que era. ¿Cómo será la Tierra cuando Europa y Estados Unidos vivan a la sombra de Asia y los dólares o euros sean papel mojado frente al yen? ¿Qué sustituirá al petróleo y quiénes serán los jeques de las energías renovables? ¿Qué va a ocurrir cuando un avatar o un holograma nos represente y haga de nosotros en una reunión virtual celebrada por videoconferencia, o incluso en la oficina? ¿Qué consecuencias tendrán las migraciones masivas o el envejecimiento radical de la población? ¿Con qué armas nos enfrentaremos a la contaminación atmosférica?
Aparte de a todo lo demás, esas dudas afectan también al mundo laboral, cuyo porvenir está lleno de preguntas para las que de momento no existen respuestas, sino solo apuestas: ¿cuáles serán las profesiones más importantes y más lucrativas dentro de una o dos décadas, cuando ya no sea tan lógico soñar con ser médico, abogado o ingeniero de telecomunicaciones?
Los analistas, que en este terreno son una mezcla de sociólogos y adivinos, pronostican que algunos oficios que hoy parecen simple ciencia-ficción, como los de fabricante de órganos humanos, acuicultor en plantaciones submarinas, banquero de tiempo, bioinformático, creador de identidades digitales o nanomédico, estarán el día de mañana entre los más codiciados y mejor pagados. Aunque todos ellos serán muy solitarios, porque lo que sí parece evidente es que para entonces la mayoría de los ciudadanos serán lo que ya se conoce como e-lancers, es decir, personas que ofrecerán sus servicios por libre y desde sus casas, conectados unos a otros y con sus clientes a través de Internet. En cualquier caso, parece obvio que ha llegado el momento de prepararse para lo desconocido.
Si uno se fija bien, sin embargo, los nombres exóticos de muchas de esas profesiones ocultan anhelos muy normales y, por encima de todos ellos, como es natural, el de la supervivencia, tanto biológica como económica, que por otra parte cada vez parecen más insolidariamente unidas: la buena salud es y será para los que pueden pagársela. Para demostrarlo, un estudio de la consultora Fast Future pronostica que entre las 20 profesiones que mejor se adaptarán a los avances científicos y tecnológicos que se avecinan de aquí al año 2030 están las de granjero farmacéutico —que se dedicará a cultivar plantas modificadas genéticamente para que tengan a la vez propiedades alimenticias y terapéuticas—, instructor para la tercera edad, geomicrobiólogo —cuyo fin será crear microorganismos que ayuden a eliminar la polución—, policía medioambiental —un agente de la ley que luchará contra los ladrones de nubes y controlará el lanzamiento de cohetes de yoduro de plata para provocar lluvias, algo que ya se hace en India y en China— y las ya mencionadas de nanomédico —una mezcla de doctor e informático que, entre otras cosas, nos podrá implantar microchips que aumenten nuestra memoria, igual que se hace con un ordenador— y fabricante de órganos, que será un reparador de la salud capaz de combinar cirugía plástica, mecánica robótica y clonación genética para remplazar las partes dañadas de nuestro cuerpo.
Pero todo cambio requiere personas dispuestas a organizarlo y por eso también estarán en primera línea los vendedores de talento, que buscarán a los profesionales mejor preparados y los colocarán en organizaciones de todo el planeta; o los gerentes del bienestar, encargados de la salud laboral en las empresas. En su libro Prepárate, el futuro del trabajo ya está aquí, recién publicado en España por Galaxia Gutenberg, Lynda Gratton da una serie de consejos sobre la dirección a seguir para tener un “futuro elaborado” en lugar de un “futuro por defecto”. En primer lugar, se trata de ver hacia dónde camina el mundo, cómo va a seguirle el paso a los nuevos gigantes que vienen de China, India y Brasil, y en qué medida nos van a afectar los cambios que se produzcan cuando la tecnología nos suplante, la globalización parta en dos la sociedad, los recursos energéticos se terminen y los cambios demográficos dejen sin sitio a parte de la población.
Otros problemas que ya sufrimos hoy, pero que se harán más grandes, son: la fragmentación, que dispersará cada vez más nuestras tareas, nos dejará sin tiempo y nos impedirá darle cohesión a nuestra vida; el aislamiento al que nos conducirá estar siempre conectados pero solo de forma virtual; la escasez de carburantes y la subida de sus precios, aunque en contrapartida se ahorrarán millones al trabajar desde casa y no tener que desplazarse; la exclusión de los pobres, que cada vez serán más y estarán a más distancia de las personas acomodadas, y la destrucción del ecosistema.
En ese último reto, cobrarán una enorme importancia los ingenieros de vehículos alternativos, que buscarán opciones ecosostenibles para el transporte, y los científicos especializados en la lucha contra el cambio climático. Podremos acogernos a la telepresencia en 3D para celebrar en una sola jornada laboral cuatro reuniones de negocios sucesivas en Tokio, Moscú, Río de Janeiro y Nueva Delhi; o comeremos frutas y verduras transgénicas, cultivadas por los agricultores verticales en las fachadas de los rascacielos o crecidas en los invernaderos espaciales que algunos arquitectos interplanetarios ya han diseñado para que sean construidos en la Luna y en Marte; pero nuestra lucha contra la enfermedad y la muerte será la misma.
Vamos a necesitar mucha determinación y un gran sentido de la libertad para defender nuestros derechos frente a ese futuro que parece muy selectivo, con muchas posibilidades para los técnicos y muy pocas para los obreros. Lynda Gratton, a través de lo que ella llama cocreación, y otros autores como el inventor del término e-lancer, Thomas W. Malone, en El futuro del trabajo, creen sin embargo que, si sabemos utilizar la tecnología para formar redes, alianzas de ocasión y corporaciones globales, “podríamos obtener los beneficios propios de las grandes organizaciones sin tener que renunciar a los de las más pequeñas, que son la libertad, la creatividad y la flexibilidad. Las grandes empresas se han dado cuenta de que la descentralización les beneficia. Intel, Microsoft o IBM se nutren de un complejo entramado de fabricantes de equipos, desarrolladores de programas informáticos y diferentes firmas de servicios que trabajan fuera de sus sedes comerciales. Y todas ellas han mejorado su rendimiento por ese sistema, y son más valoradas por los mercados”.
Consciente de que su apuesta dará lugar a una serie de interrogaciones inevitables sobre la desaparición de la justicia social y el intento de engañarnos llamándole independencia a la inseguridad, la profesora Gratton habla de los microemprendedores, que se benefician de la conectividad y forman ecosistemas de ideas con otros internautas, aunque no los relaciona con los famosos mini-jobs que tanto defienden consultoras como Hays, cuyo director general en España, Christopher Dottie, sostiene que la única salida posible de la crisis es “seguir el camino de Alemania, que con ese método mandó una poderosa señal a los mercados, la del descenso del paro, y así ha fortalecido su economía”. Malone redondea el argumento dando una solución estrambótica: “Las organizaciones descentralizadas le brindan a la gente mayor libertad y flexibilidad, pero ¿qué pasa con otras necesidades, como la seguridad financiera, la salud y la formación? Una vez que son independientes, ¿cómo puede tenerlas cubiertas? Muy fácil: volviendo a los gremios, que en la Edad Media servían para entrenar a los aprendices, buscarles una colocación, financiar sus estudios o hacerles un préstamo”. Uno no puede tomarse muy en serio ninguna propuesta que plantee reducir la capacidad adquisitiva de los ciudadanos e-lancers a aquello que puedan sacar eventualmente con sus minijobs o, directamente, regresar al siglo XV; pero el disparate deja muy claro que el nuevo reto al que nos enfrentamos es el de siempre: la desigualdad.
En cualquier caso, parece evidente que el kilómetro cero del futuro está en la palabra tecnología y, por eso, según vaticinan el estudio sobre las profesiones del futuro encargado por el Gobierno británico a Fast Future y otros, hechos por la empresa Iberestudios o por las universidades de Oxford y Barcelona, se acercan buenos tiempos para los abogados virtuales y los controladores de datos-basura, que nos protegerán de los hackers mezclando el Derecho y la Ingeniería Informática; y para los desarrolladores de aplicaciones para teléfonos móviles, los webgardeners, que se encargan de actualizar los contenidos de la Red, y los ayudantes de networking, que serán mitad educadores sociales, mitad relaciones públicas con objeto de mejorar nuestra integración social en Internet; o, como consecuencia de todo eso, para los psicólogos a distancia, que tratarán las adicciones y síndromes que los internautas puedan contraer mientras navegan. También les irá bien a los telecomunicólogos, que serán quienes mantengan la interconexión masiva de computadoras en un mundo en el que prácticamente nadie carecerá de una; y, por supuesto, a los creadores de videojuegos. Todo lo cual vuelve a decirnos que en el fondo van a cambiar más las formas que los moldes: los intermediarios se llamarán gestores, y poco más.
Todo eso está cerca, pero aún no está aquí y, según otro estudio, llevado a cabo en esta ocasión por la firma Adecco Professional, los tres empleos más deseados hoy día en España siguen siendo, por este orden, los de comercial, administrador de grandes cuentas —los famosos key account managers— e ingeniero de telecomunicaciones. Nuestro país también necesita “ingenieros especializados en energías renovables, cuyos puestos de trabajo han aumentado un 235% en la última década; analistas financieros y médicos de familia, debido sobre todo al envejecimiento de la población, el más acusado del mundo, solo por detrás del de Japón”.
Para terminar, diremos que hay malas perspectivas para los medios de comunicación, donde parece que la actividad con más futuro será la de narrowcaster, es decir, la de experto en segmentación informativa, un profesional que combinará el periodismo, la publicidad y las relaciones públicas para dar noticias a la carta, destinadas a grupos específicos de personas y adaptadas a sus intereses, teniendo en cuenta su nivel de vida, su religión, su estado civil, su lugar de residencia, etcétera. No parece que la palabra objetividad tenga sitio en ese proyecto con aires de plan de fuga.
El mundo cambia deprisa y el futuro, ese “espacio negro para muchos sueños, / espacio blanco para toda la nieve”, según lo describió el poeta Pablo Neruda, empieza a dejarse ver en el horizonte. Cuando estemos allí, tendremos todo el día en los labios esas palabras que ahora suenan tan extranjeras, acuicultor, nanomédico, webgardeners, microemprendedores, bioinformático… Y a los que puedan ser definidos con alguna de ellas parece que les va a ir muy bien. El futuro ya no es lo que era, como dijo Paul Valéry.


Y van cuatro

No me tengáis en cuenta que esta semana vaya de celebración. Es que me hace especial ilusión haber sido capaz de no desfallecer en este intento de blog y seguir sin perder la ilusión. Por eso mismo , porla ilusión que me hace, hoy publico un poema que el bueno de Juan Jo nos ha dedicado a Benjamín, al blog y a mí. ¡Mil gracias!

Y van cuatro
Por Juan Jo

Parece que fue ayer
y han pasado cuatro años,
áureos post en su haber
y subiendo peldaños.

Jesús y Benjamín,
Benjamín y Jesús,
chefs de este festín,
del placer todo un plus.

Balneario del verso,
oasis de la prosa,
¡qué apacible universo!

Del gusto bella glosa
y del tedio el reverso,
que no es poca cosa.

Muchas felicidades y larga vida al blog y a sus chefs.

domingo, 27 de mayo de 2012

Gracias y un saludo

El blog cumple 4 años. 611 entradas publicadas. 947 comentarios. 103.000 páginas vistas. 66.000 visitas. 37.802 visitantes únicos... Normalmente las cifras son frías, pero pero estas tienen todo el calor que le dais los que cada día, o de vez en cuando, cuando queréis, cuando buscáis en Google, cuando venís de facebook, de twitter... llegáis aquí para ver qué nos cuenta el bueno de Benjamín.

Y la verdad es que nos cuenta mucho. Y todo bueno. Por eso llevo 4 años manteniendo este blog sobre su obra.

Prados Urbanos. Meadow. Términos que he hecho míos desde que una noche, casi sin querer y por trastear en la red cree el blog. El 27 de mayo de 2008... hasta hoy.

Hoy quería dedicar este post a este blog. Hablar en primera persona, para felicitarme. Pero sobre todo, y muy especialmente, para, en la misma primera persona, daros las gracias a todos los que alguna vez habéis pasado por aquí, a los que os habéis quedado, y a los que, guiados por el aroma del talento de Benjamín, acabéis recabando en estas páginas virtuales. A todos, gracias.

Y de regalo os dejo un saludo del protagonista del mismo (grabado esta misma mañana en la Feria del Libro de Madrid) para todos los usuarios del blog. Para todos vosotros.