sábado, 5 de julio de 2008

Bnjmn Prdo scrbe psia pr sms

No hay duda de que Benjamín Prado es un poeta innovador. Raro o Nunca le des la mano a un pistolero zurdo son dos claros ejemplos de ello. En el año 2003 Benjamín Prado ganó un curioso concurso, el de poesía por sms, organizado por Movistar.

Ganó el concurso con este poema:

Por Benjamín Prado
Dentro de este poema eres real
fuera sólo eres tinta.
Si yo te llamo existes,
si cuelgo eres un nº vacío.
Quererte es inventarte cada día

jueves, 3 de julio de 2008

Benjamín Prado está de despedidas

Tras darle el adiós a la otra España el pasado sábado en el artículo de opinión de hoy jueves en El País Benjamín Prado da el adiós a Dios. Un artículo que levantará ampollas, pero que no harán mella en su lengua endurecida a base de decir sus verdades.
Por cierto, sigue hablando de fútbol, oe, oe, oe.

Adiós a Dios.
Por Benjamín Prado. Escritor y campeón de Europa. El País
A eso de las ocho y media, cuando iba hacia casa con su chica, su hijo y la chica de su hijo, Juan Urbano se fijó en las otras personas, aquella gente a la que, por raro que parezca, no le importaba el partido de fútbol en el que España, oé, oé, oé, ganó la Eurocopa a lo grande, siendo la mejor desde Rusia hasta Alemania, cuando nuestros futbolistas salieron de la gran final peinados, igual que salía Tarzán del río en el que luchaba contra los cocodrilos.

Ahí estaban, con el paso cambiado y la espalda vuelta a la mayoría, y se fijó en ellos al pasar con el coche, observó a los que disfrutaban de la tarde sentados tranquilamente en las terrazas del paseo de Rosales, dando una vuelta por el parque del Oeste o caminando por la explanada casi vacía del Palacio Real. A Juan, que estaba viviendo ese campeonato pegado al televisor, como si le corriera por la sangre el rojo de la camiseta pero que, pase lo que pase, nunca deja de tener una mente asociativa, esos disidentes de la actualidad le hicieron pensar en las personas que son capaces de no seguir el paso de la multitud, los que no se dejan llevar y se atreven a ir a contracorriente. Y de ahí saltó al Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid y a la iniciativa que tomó en marzo esa corporación al poner al servicio de los ciudadanos un servicio jurídico para asesorarlos en el caso de que quieran apostatar, borrarse de la Iglesia católica: ahí te quedas, Rouco, como quien dice. Normal, porque resulta bastante extraño que la religión ya no sea una asignatura obligatoria para los niños pero sí para los adultos, que de una manera u otra la siguen teniendo alrededor toda su vida, toma Semana Santa, toma boda real o funerales de Estado oficiados por el arzobispo de Madrid, toma impuestos visibles e invisibles para financiar a la Iglesia, toma curas manifestándose en la Puerta del Sol, toma Conferencia Episcopal... Y si quieres apostatar, te ponen tantos problemas que la mayor parte de las personas que han pretendido hacerlo por iniciativa propia se rinden ante el papeleo que se les viene encima y que convierte las catedrales en laberintos a los que resulta imposible encontrarles la salida. Por eso está bien que una institución pública ofrezca ayuda a quien la solicite.

A Juan le gusta el nombre que le han puesto a ese departamento, Oficina de Defensa de los Derechos y Libertades Públicas, y también le gusta esa gente de Rivas-Vaciamadrid porque parece ir a su aire y no tener miedo a hacer cosas que sean políticamente incorrectas o que no sigan la onda que siguen todos los demás por comodidad, por no meterse en problemas y porque, al parecer, creen que hay cosas que mejor no tocarlas. En el Ayuntamiento gobernado por Izquierda Unida, se trabaja para que los datos personales de aquellos ciudadanos que lo soliciten desaparezcan de las bases de datos de la Iglesia católica, y los abogados municipales, que hasta ahora han recibido cerca de tres mil consultas de ciudadanos de toda España, pero también de Alemania, Francia, Portugal, Argentina, México y Miami, ya han tramitado más de doscientos expedientes y han remitido algunos de ellos a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), ya que los obispados o arzobispados, por inaudito que parezca, se han negado a tramitarlos. Como todos los monopolios, la Iglesia tiene puerta de entrada, pero no de salida.

Ayer, el filósofo y campeón de la Eurocopa Juan Urbano, porque ahora todos somos así y podríamos añadirnos eso en las tarjetas de visita, maestro y campeón de Europa, enfermera y campeona de Europa, electricista y campeón de Europa... fue a la estación de cercanías y preguntó cuál era el siguiente tren para Rivas-Vaciamadrid. Pensaba apostatar, porque es su derecho y porque no le gusta que no le dejen marcharse de un sitio al que nadie le ha preguntado si quería ir, como supongo que le pasa a mucha gente que ahora, gracias a la Oficina de Defensa de los Derechos y Libertades Públicas que tiene abierta ese Ayuntamiento valiente, podrá quitarse de encima la obligación de pertenecer a la Iglesia católica, que es una organización muy respetable pero que no puede seguir estando por encima de la Constitución y de la ley. O sea, que si te interesa el partido, enciendes la televisión, y si no, nadie puede obligarte a ponerte la camiseta roja, oé, oé, oé.

lunes, 30 de junio de 2008

Los optimistas, en la voz de Benjamín Prado

Ayer lo leímos, hoy lo podemos oir en la voz de Benjamín Prado (a partir del minuto 4:50) en el vídeo que adjuntamos. (Si no queréis adelantar el vídeo hasta entonces podréis escuchar también una carta de Sabina).


Los optimistas

Hace unos días dejé aquí una entrada sobre Marea Humana, aquel poemario de Benjamín Prado en el que cada uno encontraba su lugar. Hoy más que nunca todos somos algo optimistas...
( y mañana lo mismo, pero más...)

El optimista
Por Benjamín Prado. Marea Humana. Visor.
Por la noche
que resta
espejos
a la luz.
Por las uvas
que suman
cristal dulce
y olvido.
Por el modo
en que crece
dentro
de las palabras
el coral
del poema.
Por el número 3.
Por la canción
políglota del vino.
Por la esperanza
que hubo
en las banderas
rojas.
Por la amistad
que llena
de rincones
el círculo
inflexible
de la vida.
Por el pescado
que abre
la embajada
del mar
de nuestra boca.
Por la harina
que baja
la luna
a nuestras manos.
Por aquellos
que saben,
como mandó Cernuda,
pedirle
a su existencia
dirección
y sentido.
Por
los ojos
de Ana.
Por la nieve.
Por el imán
que forman
el caos
del amor
y el orden
del deseo.
Por la lluvia
y las islas.
Por todos
los que creen
que es más fácil
hacer
el bien
que merecerlo;
los que pierden la fe
entre dos campanadas;
los que al comer pan
saben
el idioma del trigo.
Por el viento
que sueña
desiertos verticales
y el mineral
que enciende
su luz desenterrada
y la cera
que pone su estracto
de volcán
sobre la piel.
Por el mar.
Por la música.
Por los hombres
que saben
que se puede
huir de la verdad
pero nunca
escapar
de la mentira.
Porque el verso
anterior
no ha sido
el último.
Por la esperanza
de que no me olviden.

sábado, 28 de junio de 2008

La metamorfosis, de Prado

Me encanta esto de hacer un blog de literatura y poder hablar de fútbol sin traicionar el blog ni convertirlo en un cajón de sastre.

Una vez más Benjamín Prado ha vuelto a hacer eso por lo que me decidí a abrir este blog con su nombre, ha vuelto a ser capaz de plasmar en palabras lo que siento, pero que no sé ni explicarlo, ni casi pensarlo (y muchas veces ambas cosas se necesitan). Leyendo su artículo sobre fútbol y sobre España en la edición de El País de hoy me ha vuelto a pasar. Será porque tengo el sentimiento disparado y también creo que estamos viviendo la historia. Porque la historia, en nuestra época premoderna no se escribe con guerras, también con fútbol. Para unir a un país no es necesario un enemigo contra el que luchar, ni una guerra en la que vencer, basta con un balón y una copa de metal. Algo ya hemos ganado.

Y además tenemos a Benjamín...

Adiós a la otra España.
Mañana jugamos la final de la Eurocopa y hoy creemos que vamos a ganarla. Es decir, que de lo que estamos hablando no es de un partido de fútbol, sino de una metamorfosis étnica: si este domingo se confirman las sospechas de que somos la mejor selección del campeonato, al acabar el partido empezará un nuevo país, otro sitio llamado también España, igual que el antiguo pero en el que se hayan ido al demonio los estereotipos que llevábamos colgados en la camiseta como si fuesen muñecos del Día de los Santos Inocentes, todo ese rollo de la falta de carácter, el miedo a ganar, la mala suerte histórica, etcétera.

Porque, además, hay algo que está a nuestro favor, y es que la Alemania de hoy sí que se parece a la Alemania de siempre como una gota de plomo a otra gota de plomo. Es un equipo tan previsible como temible y jugar contra ellos es como admirar una joya en su estuche: si dejas que el brillo del oro te hipnotice, te arriesgas a que la caja se cierre de pronto y te pille los dedos. Habrá que vigilar cada segundo del partido y saber que nos enfrentamos a uno de esos conjuntos con los que ser mejores no es bastante.

Una metamorfosis... Suena bien, es algo más profundo que un cambio y, sobre todo, más definitivo. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, como escribió Pablo Neruda, y ese hecho incontestable se debe, sin duda, a la transformación general que ha sufrido nuestro país y, en este caso concreto, a la salida de deportistas como Cesc, Torres o Xabi Alonso al extranjero como estrellas, no como emigrantes, y además como estrellas jóvenes, a las que sus entrenadores han dado una responsabilidad basada en la fe ciega en sus condiciones y a los que, nada más llegar, les han quitado el mono de subalterno para vestirlos con el uniforme del general: Cesc y Xabi Alonso no juegan en el Arsenal y en el Liverpool: los manejan, dan las órdenes y se han acostumbrado a mandar. Y al revés también sirve, porque el otro Xavi o Iniesta, por ejemplo, también hacen de jefes en el Barcelona y por todo lo alto porque las órdenes se las dan a tipos como Ronaldinho, Henry o Messi. No creo que nadie pueda decir que recuerda a una selección española con tanta jerarquía como ésta. ¿Qué vamos a estar haciendo mañana a las diez y media? Ojalá que estemos oé, oé, oé total, porque eso sería, sencillamente, hacer justicia, no sólo por lo que somos, sino también por lo que hemos dejado de ser: somos los que mejor tratan a la pelota y, por lo tanto, sus dueños; y no somos ya los perdedores de la furia inútil y la sangre sin venganza, sino un grupo de jóvenes que se ven a sí mismos grandes y poderosos, aunque sean pequeños de estatura y menos fuertes que esos centrales alemanes que, como suele decirse, son tan lentos que mientras corres a su lado te da tiempo a cambiarte las botas.

Bob Dylan y la gira interminable

Imperdonable el error, pero subsanable. El día 21 de este mes Benjamín Prado escribía en El País, una breve reseña sobre la gira de Bob Dylan. Si yo tengo un blog sobre Benjamín Prado es seguro que el madrileño lo ha de tener sobre Bob Dylan. Aunque con una diferencia, el publica en El País y yo en Prados Urbanos...

El hombre del sombrero.
Por Benjamín Prado. El País.

Las personas inteligentes siempre encuentran un modo de parecerse a la imagen que tienen de ellas quienes las alaban, y por eso Bob Dylan hace tiempo que decidió ser clavado a lo que dijo de él Bono cuando cumplió 50 años, especialmente en lo que respecta a dos de sus afirmaciones: le sientan bien los sombreros, y por raro que sea o lejos que esté el sitio en el que vives, una noche Bob irá a tocar allí. Dicho y hecho, Dylan hace tiempo que alterna sombreros blancos y negros en los conciertos y su gira inacabable sigue siendo el famoso The Never Ending Tour, que aunque ya no se llame así, es él. No hay más que ver dónde estuvo el genio antes de venir a España y dónde va a ir cuando se marche: en total, 69 conciertos, en tres continentes y durante ocho meses, de momento. No está mal, para un tipo de 67 años.
El Dylan que recorrerá España de norte a sur no es nuevo, pero es magnífico. Su repertorio no ha incluido, hasta ahora, grandes sorpresas, ni las versiones inesperadas con que suele dejar atónitos a sus seguidores, que pueden ir de Charles Aznavour a los Rolling Stones, pasando por Simon & Garfunkel, pero está espléndido de voz, lleva una banda impecable, poderosa y sutil a partes iguales y está haciendo algunos alardes con el instrumento que mejor domina, la armónica. A modo de ejemplo, el concierto de hace unos días, el 16 de este mes, en Bérgamo, es uno de los mejores que ha dado en los últimos tiempos.

Dylan es un hombre paradójico, a la vez judío y cristiano, tradicional y vanguardista, distraído y virtuoso, elegante y hortera según le dé. Y, a pesar de que lo que dice Bono es cierto, no es toda la verdad, porque Dylan es tan distante como próximo; es alguien que no se mezcla con la gente, que no quiere confianzas y sonríe con cuentagotas. Su filosofía parece ser: yo voy donde tú estés, pero no te me acerques mucho; si me dejas ser inaccesible, me pondré a tu lado. Ése es el Dylan que acaba de llegar a España para interpretar todos sus clásicos y casi todas las canciones de sus dos últimos discos: es un mito, pero no está retirado, y la fuerza de sus nuevos temas la demuestra el hecho de que no desentonen al lado de sus himnos de siempre. Ni se les ocurra perdérselo

El jueves que amaneció el viernes

La noche del jueves no fue una buena noche para sentarse delante del ordenador. Tampoco creo que Benjamín Prado estuviera escribiendo. Ni falta que le hacía, ya lo había escrito por la mañana en su columna semanal, ya había dado un repaso a los políticos porque según Juan Urbano "es que los gobernantes no quieren gobernar, sino sólo llegar al Gobierno". Aquí completo, prestado de El País.
El Estado de la Ciudad
Por Benjamín Prado. El País.
Hoy se celebra en Madrid el debate sobre el estado de la ciudad y, por tanto, vamos a oír una serie de discursos al final de los cuales no sabremos nada nuevo: el alcalde hablará de lo bien que lo ha hecho, la oposición dirá que todo ha sido un desastre, y poco más. Qué le vamos a hacer, si vivimos un tiempo en el que las banderas han sido sustituidas por banderines y la política, que debiera ser una ventana, es sólo un espejo donde cada uno se ve a sí mismo, lo cual, a fin de cuentas, no es más que otra forma de ser ciego. Claro que Homero, Milton y Borges también lo eran, pero en su caso por enfermedad y no por vocación; es decir, que buscaron la luz en la sombra y cualquiera de los tres podría haber escrito lo que escribió el último: "Repito que he perdido solamente / la vana superficie de las cosas".
Los ciudadanos, sin embargo, no son ciegos, no viven en el exterior de las cosas ni se dejan confundir por la fachada publicitaria que a menudo les ponen delante, sino que se hunden cada día en la realidad, la disfrutan o la sufren, según los casos, intensamente, y por lo general no se dejan engañar. No hay más que ver el foro que ha tenido abierto estos días EL PAÍS en su edición digital, donde los lectores han ido desgranando cuál es, en su opinión, el estado de la ciudad, para darse cuenta de hasta qué punto los madrileños conocen Madrid y tienen claras cuáles son las contrariedades que más les incomodan y los conflictos que más urge resolver. Cuando aquí también construyan uno de esos rascacielos giratorios que van a hacerse en Dubai, Moscú y Nueva York, nadie va a darle la vuelta a su casa para que no mire de frente las dificultades.

Lo cierto es que las preocupaciones son las de siempre, lo cual no habla bien de la gestión política de la ciudad, porque si los problemas no cambian es porque los encargados de resolverlos no lo hacen, y es evidente que los sucesivos gobiernos municipales no han sido capaces de solucionar asuntos como los que aparecen en los primeros puestos de la lista de elpaís.com: la contaminación; el tráfico; el precio de la vivienda, tanto a la hora de intentar comprar una casa como a la de alquilarla; las zonas abandonadas en las que proliferan la delincuencia o las drogas; la falta de espacios verdes y de polideportivos; la inseguridad en ciertos barrios y a ciertas horas; las carencias del transporte público, sobre todo por la noche... Más de lo mismo, después de tantas promesas y tantas campañas electorales.

Juan Urbano pensó en todo eso mientras leía el foro digital del periódico, y tuvo la sensación de que, en muchos aspectos, el problema de España es que los gobernantes no quieren gobernar, sino sólo llegar al Gobierno. O sea, que no les gusta buscarse enemigos ni arriesgarse a perder votos y, en consecuencia, toda aquella decisión que, por muy lógica o necesaria que sea, resulte impopular, no se toma. Eso está más que claro, por ejemplo, en el tema de la polución y el tráfico que tienen presa a la ciudad, y por eso quienes se han molestado en escribir lo que piensan en elpaís.com dicen lo mismo que creemos casi todos: que habría que prohibir el tráfico privado por el centro de Madrid y devolverle las calles y las plazas a las personas a quienes se las quitaron para dárselas a los coches. Los comerciantes se quejarán, porque lo hacen siempre que se menciona la posibilidad de reducir al mínimo el tráfico en todo el territorio que hay dentro del anillo de la M-30 y hacer peatonales muchas calles, pero pronto van a darse cuenta de que no pierden clientela, sino al contrario: la mayor parte de las grandes vías comerciales del mundo son así, peatonales, y aquí mismo, no hay más que ver lo que ha ocurrido con la calle del Arenal, que ha pasado de sucia y fea a bonita, arbolada y paseable.

Juan Urbano acaba de levantarse y, como hoy tiene el día libre, se va a sentar a ver por televisión el debate sobre el estado de la ciudad y va a comparar lo que dicen los políticos con lo que ven los ciudadanos, a ver si parece que unos y otros viven en la misma ciudad o que habitan dos planetas distintos.