domingo, 8 de junio de 2008

¡Extra! ¡Extra!

Notición para los seguidores de Benjamín Prado, tenemos ración extra semanal de Benjamín Prado. Parece que se confirma la vuelta a la cancha fubolística del autor "madrileño", es el segundo domingo en el que nos encontramos con un texto que mezcla literatura y fúbtol, y que se ha denomiado La otra mirada.

Buen nombre, hace falta una nueva mirada para ver que el fútbol no es siempre solo fútbol. Benjamín Prado lo sabe bien y quien lo leemos lo estamos aprendiendo (ojo a ciertas frases suyas, calan). Ojalá, y tengamos un texto, una mirada cada día... seguiremos contándolo y leyéndolo. Se lo pido prestado a El País.

Telescopio o microscopio
Por Benjamín Prado
Telescopio o microscopio, ésa es la cuestión. Hoy comienza la Eurocopa y como España no juega hasta el martes, lo que nos toca hacer es mirar a los demás para imaginártelos de rivales: a los del sábado y el domingo, porque podríamos encontrárnoslos en la final, que en nuestro caso, para qué vamos a engañarnos, es como soñar con las 24 Horas de Le Mans sentados en un triciclo; y a los que van a jugar el lunes, Holanda, Italia, Rumania y Francia, porque de esas cuatro selecciones va a salir nuestro adversario en cuartos de final, que son la curva del Scalextric en la que siempre se nos sale el coche de la pista pero que, con Suecia, Grecia y Rusia de enemigos, no parecen difíciles de alcanzar.

Pero hay que preguntarse si a esos cuatro equipos, y sobre todo a Holanda, Italia y Francia, los vamos a mirar con un telescopio o con un microscopio, es decir, con la fascinación y el complejo de inferioridad con que se observa lo que se cree inalcanzable o con la arrogancia de quien analiza para gobernar, para descubrir un punto débil, una vacuna o un antídoto. Si lo piensan bien, es cierto que Francia e Italia son dos de nuestros verdugos históricos, pero qué más da, si en nuestro historial tenemos tantas bestias negras que podríamos montar un zoológico.

Imagino que los jugadores de la selección española también verán por televisión los partidos de hoy, mañana y pasado, y me pregunto qué llevaran en la mano, si el telescopio, el microscopio o un escapulario de la virgen de los deportistas, porque el fútbol es un estado de ánimo, algo que tiene tanto que ver con el talento como con la confianza, y el tamaño de los contrincantes depende del lugar desde dónde se los mire, porque quizá sentirte superior o igual a ellos no te va a hacer ganar un partido, pero si te sientes inferior, lo pierdes seguro. A ver si, para empezar, conseguimos no decir una vez más eso de que el fútbol es un juego en el que compiten once contra once y en el que al final siempre ganan los alemanes, porque a base de repetirlo nos lo hemos acabado creyendo, hasta tal punto de que uno tiene la impresión de que a menudo no hemos perdido contra los jugadores de Italia, Francia o la propia Alemania, sino sólo contra sus camisetas.

Ojalá eso no suceda y los conjuntos que vamos a espiar no nos asusten y nos llenen la boca de ese puré hecho de asombro y envidia en el que tanto nos gusta meter la cuchara: fíjate qué buenos son, qué grandes, qué resistentes... Porque si eso ocurre, cuando nos los crucemos en cuartos no nos vamos a enfrentar a ellos, sino a nuestro miedo: si hay un sustantivo y un adjetivo que mezclen mal, son campeón y asustado. Así que me sentaré ante la televisión y una de dos: o los rivales lo bordan, o voy a encontrar un modo de ganarles. Que sepan que no les tengo ningún miedo.
La carpa de la Fundación del Círculo de Lectores en el Retiro, en la Feria del Libro de Madrid, rebosaba de lectores admiradores de Ángel González. Benjamín Prado además de lector admirador es hijo adoptivo, él, como Sabina, también se quedo huéfano cuando el poeta falleció. Y él, como todos sus amigos, no faltan a los múltiples homenajes que se están rindiendo al poeta cada vez que hay ocasión. Y qué mejor ocasión que la feria del libro de la que Ángel González era escritor admirador.

Todos los poemas que se leyeron en la feria del libro se entonaron con voces anónimas, porque famosas son las letras de Almudena Grandes o de Luis García Montero, pero no así sus voces.

Benjamín Prado y García Montero acompañaron a la viudad del poeta, Susana Ribera, en la presentación de los 28 poemas que componen "Nada grave", la obra póstuma de uno de los poetas más tristes, y más leídos. Benjamín Prado es alumno de este gran maestro, y no será la última vez que aparezca por este blog.

jueves, 5 de junio de 2008

¡Por fin es jueves!

Para leer a algunos autores hay que esperar a que su nuevo libro sea publicado. El autor trabaja durante años en su obra, alejado de ti, y un día te muestra todo su trabajo, en una sola entrega. Merece la espera, pero ¿no es preferible poder disfrutar de un rato con ese autor cada semana? Si solo comes un día a la semana, aunque acabes empachado, no evita que tengas hambre los otros seis días. Benjamín nos mitiga nuestro apetito de buena literatura con su columna semanal en El País. Buena literatura en monodosis. Todo un lujo.

No ver a los invisibles es ser ciego
Por Benjamín Prado
"Vi al primero delante de los grandes almacenes Neckermann, al segundo cerca del cine Metro en el Schwan, al tercero en la vieja Ópera. (...) El primero colgaba tan alto que se le podría haber tomado, en el mejor de los casos, por un afanoso limpiador de cristales. Al segundo se le veía, sin embargo, bambolearse; el viento lo giraba bien hacia la pared, bien hacia la calle. (...) El tercero colgaba de una antigua y bonita farola de teatro, tan bajo que la gente que andaba por la nieve hacia sus coches aparcados, tenía que inclinar el cuello para no rozar sus desnudos talones. Pero lo hacían sin querer; hablaban y reían al mismo tiempo; excepto yo, nadie parecía darse cuenta de que también en nuestra ciudad existen los ahorcados". Ese poema en prosa de la escritora alemana Marie Luise Kaschnitz pertenece a su libro Aún no está decidido, que acaba de ser publicado en España por la editorial Pre-textos, y Juan Urbano quedó impresionado al leerlo, tal vez porque acababa de ver en el teatro Fernán-Gómez una exposición del periodista norteamericano W. Eugene Smith y la acumulación de miseria, dolor y, en el extremo contrario, de irresponsabilidad o cinismo que sumaban esas fotografías y el texto de Kaschnitz, era más de lo que alguien como él podía soportar con una sonrisa en la boca.

Se preguntó para cuántos de nosotros son también invisibles los desdichados de este mundo, todas esas personas que aquí y ahora, no en la República Democrática Alemana de la que habla Kaschnitz ni en el pueblo extremeño de Deleitosa, al que viajó Smith en 1950, sino en nuestro Madrid del siglo XXI, deambulan por la ciudad, piden limosna en los vagones del metro, venden cualquier cosa en mantas tiradas en medio de la calle o trabajan en condiciones que rayan la esclavitud para empresarios cuyo único corazón es su caja fuerte. Gente que sale cada día en la sección de Sucesos de los diarios pero poco en la de Sociedad, lo cual debe de querer decir que sólo nos damos cuenta de que existen cuando cometen un delito o son víctimas de él.

La exposición del teatro Fernán-Gómez reúne el material que registró con su cámara Smith, una muestra de las 1.600 fotografías que hizo en Deleitosa y con las que pretendía, según sus propias palabras, "captar la vida tal y como es, sin poses", con sus tragedias y su horror incluidos. Qué suerte que él lo hiciera y que otros no lo hayan olvidado, porque para eso, entre otras muchas cosas, vale PhotoEspaña, en la que está enmarcada esta exposición: para recordarnos que la fotografía y el periodismo pueden ser mucho más que publicidad y llegar a convertirse en un modo de denuncia, un pétalo suelto de los libros de historia, un modo de evitar que la injusticia o la desigualdad sean invisibles y, por tanto, que los que las fomentan o no pueden evitarlas, queden impunes. Así es como quería quedar la dictadura que asoló nuestro país durante casi cuatro décadas, y al parecer si el general golpista autorizó el trabajo de Smith fue por puro interés: si los norteamericanos veían el hambre y las privaciones de todo tipo que sufrían los españoles, tal vez se compadecerían y nos darían la ayuda económica y el apoyo político que tanto anhelaba el cobarde caudillo, al que desde la victoria de los aliados en la II Guerra Mundial vivía atemorizado, a la espera de que las democracias del mundo viniesen a quitárnoslo de encima. No ocurrió tal cosa, como todo el mundo sabe, aunque no creo que se le pueda echar la culpa de ello a W. Eugene Smith.

Hoy, aunque haya muchos aspirantes a Churchill y compañía, no hay a la vista ningún Funeralísimo, como lo bautizó Rafael Alberti, pero sí existen, en Madrid y en el resto del Primer Mundo, personas parecidas a las que aparecen en las fotos de Smith, que se desmoronan ante nuestros ojos y que, sin embargo, resultan tan invisibles como los ahorcados del poema de Marie Luise Kaschnitz. Será que en un mundo en el que la realidad ocupa menos espacio que la publicidad, el dolor no interesa porque combate el optimismo que nos queremos vender unos a otros para seguir avanzando, aunque sea a base de no mirar lo que dejamos a nuestra espalda. El mundo está partido en dos y sus mitades cada vez están más lejos una de la otra, porque no hay mayor distancia que mirar para otro lado.

Juan Urbano pensó eso y después fue a casa, cogió una cámara de fotos digital y salió a las calles de Madrid a fotografiar personas invisibles. Quién sabe, tal vez el día de mañana podría hacerse con ellas una exposición gemela de la que ahora está colgada en el teatro Fernán-Gómez, con la única diferencia de que los personajes de Smith eran españoles y los suyos serían, en su mayor parte, extranjeros. Habrá quien piense que ésa es una clase de diferencia.

martes, 3 de junio de 2008

Hablemos de fútbol

A pocos días de la Eurocopa y siguiendo la estela marcada por Benjamín Prado en El País Semanal del pasado domingo, ¿por qué no vamos a seguir hablando de fútbol? Porque el fútbol es literatura. Benjamín Prado logra hacer de cada evento un momento importante. Ve lo que nadie ve, o mejor dicho, escribe lo que nadie sabe ni siquiera decir, aunque lo sienta. Por eso me apasiona, porque leyéndole a veces creo que pienso.

Los genios nunca llevan la bandera
Por Benjamín Prado. El País.
En la literatura y en el fútbol la verdad nunca está ni en los adjetivos, sino en los nombres y en la subversión. Por eso, personalmente siempre he desconfiado de los equipos a los que se les suponen determinadas virtudes o defectos innatos, como si los que saltasen al césped de los estadios no fuesen once personas, sino una estadística, o un manual de historia, o una bandera. De hecho, ésa es la gran diferencia entre las dos semifinales del Mundial: la de ayer la jugaron dos selecciones cuyo nombre es un adjetivo tan incontestable que parece una dictadura de ocho letras, o de seis, porque decir fútbol "italiano" o "alemán" es dar por descontado que eso explica por sí solo una filosofía, un carácter y un estilo de juego; la semifinal de hoy es justo lo contrario, y si dices "fútbol francés" o "fútbol portugués", en realidad no estás diciendo nada.

"El espectador no debe dejarse engañar y creer que cualquier forma de rodar es lícita"
Prefiero mil veces la segunda opción, porque es la que suele permitir que el reloj de los partidos lo lleven gente como Luis Figo o Zinedine Zidane, en lugar de esa fábrica de cemento rápido pintada de azul que se llama Gattuso y lleva el ocho en la espalda. Hay que ver, ni más ni menos que el ocho, que en el fútbol es el cuarto número que más importa, después del diez, el cinco y el seis.

En el fondo, la final del domingo va a ser eso, un combate entre un fútbol nacional y otro cosmopolita, uno que apelará a tradiciones congénitas y otro que querrá representar valores universales. Zidane nunca quiso parecerse a otro francés, sino a Francescoli, que era uruguayo, y si la genialidad fuera un país su pasaporte sería el mismo de Maradona, Cruyff o Di Stéfano.
El nacionalismo deportivo suele tener un problema, y es que a menudo vive con las ventanas cerradas y más atento a su pasado que a la realidad. Qué se lo digan, una vez más, a Brasil o a Inglaterra, cuyas únicas dos opciones son, campeonato tras campeonato, o imitarse a sí mismas o imitar a los demás, lo cual suele darles el mismo mal resultado, a los ingleses porque nunca ganan y a los brasileños porque no ganan siempre, que es lo que ellos consideran su destino natural, o ganan copiando, de medio campo hacia atrás, lo peor del fútbol europeo, lo que hace que sus derrotas no sólo se interpreten como un fracaso, sino también como una traición.

Francia o Portugal pueden estar el domingo en la gran final de Berlín y el que esté puede perderla, pero eso no será tan importante. Lo que todos los que adoramos el fútbol vamos a recordar de este Mundial es la majestuosidad con que Luis Figo o, sobre todo, Zinedine Zidane exprimieron los destellos terminales de su talento. "La última gota es siempre una lágrima", dice el poeta hebreo Yehuda Amijai. Es verdad, pero no siempre: la última gota, también puede ser un diamante.

(Este texto es de 2006, junio. En El País obtuvo más de 1.400 votos, con una nota media de 3 estrellas y media (sobre 5). Me arriesgo mucho si digo que es el artículo más votado de Benjamín Prado. ¿Cuántas estrellas merece? )

lunes, 2 de junio de 2008

De corto (II Parte)

Escribe como siempre, Benjamín es Benjamín, no hay prosa mala, el texto no acaba hasta el punto final, la culpa es de la tinta, el editor no sabe ver su talento...

Sigamos leyendo de fútbol, sitamos leyendo a Benjamín. Algunos retazos de su artículo publicado el domingo día 1 en El País Semanal.

El Once de El País Semanal
Por Benjamín Prado (y 2)

[...]Ésa es otra de nuestras lacras, que cuando no merecemos ganar no lo hacemos y cuando sí, tampoco, lo cual ha dado origen a que al final de cada eliminación se nos escriba en la línea de puntos una sentencia clásica que se repite hasta la extenuación y de la que, al parecer, también es autor Di Stéfano: "Jugaron como nunca y perdieron como siempre". En fin, todo tan negativo que hasta he leído por ahí una crónica de aquel tiro a cámara lenta de Julio Cardeñosa contra el cuerpo de Amaral en la que se describe aquel fiasco ni más ni menos que como "el mítico fallo de Cardeñosa". Pregunta: ¿puede un fallo ser mítico? Respuesta: en lo que respecta a la selección española, sí. Qué cruz.[...]

[...]No tenemos la mentalidad que hace falta para sentirse superiores, según se puede deducir de tanta apelación al infortunio; o tal vez sea que nos sobra vanidad y nos falta orgullo, que confundimos uno con la otra y gastamos en fanfarronear el tiempo que deberíamos gastar en prepararnos, porque de otra manera no se entiende que un país que llega a todas las competiciones con la seguridad de poder ganarlas o, al menos, estar entre los favoritos, esté tan acostumbrado a perder que, si le dieran una copa a nuestros jugadores, no serían capaces de encontrarle las asas.[...]
[...]El termómetro del fútbol son los bares, y, si me apuran, diría que la mezcla de las dos cosas, bares y fútbol, es el termómetro de la realidad.[...]ahora mismo no pasamos de los treinta y tres o treinta y cuatro grados, ni frío ni calor. No hay más que meterse a desayunar en cualquier parte y sacar el tema de la Eurocopa para descubrir que la gente no parece muy optimista. De hecho, vayas donde vayas, la frase que más se repite, dicha siempre con un tono que hace equilibrios entre la ironía, el desaliento y la impotencia, es la tradicional "nos volvemos a casa en cuartos".[...]

[...]La opinión común es que en España se es seleccionador por eliminación; que ése es un trabajo que les interesa únicamente a quienes no encuentran un buen equipo. No hay más que mirar la lista de los últimos titulares del puesto y ver dónde estaban antes y donde están después de su paso por el equipo nacional, [...]

[...] algunos ilusos pondremos la televisión cuando empiece la competición y nos diremos: "¿Por qué no iba a ser esta vez?". Nunca se sabe; más raro fue aquel verano que no paró de nevar, como dice la canción de Joaquín Sabina. [...]

[...]Tiremos la etiqueta de favoritos a la basura y vayamos a los campos silbando otra canción, en este caso, de Bob Dylan, que dice que cuando no tienes nada, no tienes nada que perder. Igual cuela y nos llevamos una segunda alegría, esta vez en colores: oé, oé, oé.[...]

domingo, 1 de junio de 2008

De corto (I parte)

Se había anunciado, y no ha defraudado. Mucho y muy bueno es lo que hoy nos tenía preparado Benjamín Prado desde las páginas de El País Semanal "El Once". ¿De fútbol? Pues sí, Benjamín Prado no es la primera vez que escribe de fútbol, en su día escribió crónicas semanales (más adelante me dedicaré a ellas). Además, se dice que se le ha visto de la mano de Juan Urbano por Concha Espina. Algún defecto tenía que tener.


Un extenso artículo en el que relaciona literatura y fútbol como sólo él sabe hacerlo, dandole continuidad a la jugada, abriendo el campo, achicando, atacando. Puede consultarse íntegramente en El País, desde aquí quiero destacar algunos toques de oro, de esos que da mirando para otro lado, esos penalties de Panenka, esas paradinhas, esas folhas secas, cola de vaca, taconazos, cuerda, vaselina... y demás toques magistrales con los que llena su literatura. La que usa Benjamín para escribir también puede llamarse la mano de Dios.

El once de 'El País Semanal'

por Bejamín Prado
El novelista Alfredo Bryce Echenique suele contar que su infancia en Lima fue dura, porque consistía en sentarse junto a una radio a escuchar la Copa de América y oír a un locutor enfervorecido que, una y otra vez, gritaba: "¡Ataca el Perú! ¡Ataca el Perú! ¡Ataca el Perúúúúúúú... y gol de Chile!" No sabe bien el autor de El mundo de Julius lo que nos identificamos con eso los españoles, tan acostumbrados a secarnos las lágrimas con la camiseta roja de la selección en los cuartos de final de todos los mundiales y eurocopas. [...]

[...]¿Algún día podremos vengarnos de los que se burlan de nosotros y salir a la calle a cantar lo que cantaban los seguidores del Real Madrid la noche en que ganaron la séptima, aquello de en colores, en colores, oé, oé, oé...? Ojalá, porque ya hemos tenido toda la ración de ataca España... y gol de Italia que una persona decente puede soportar. ¿Será este nuestro año? Me temo que no estamos muy convencidos: las previsiones no pueden ser optimistas en un país donde cada ciudadano es un seleccionador, pero ninguno querría ser este seleccionador. Mala cosa. [...]

[...]"el goleador es siempre el mejor poeta del año", según escribió Pier Paolo Pasolini, y el gol del siglo que le hizo su dieguísima a Inglaterra en el mundial de México 1986 fue una Divina comedia de 60 metros, escrita sobre el césped del Estadio Azteca a base de regatear defensas rivales, engañar al portero y tocar a la red con la misma delicadeza con que Mozart debió de ponerle el punto final a La flauta mágica. Debe de ser verdad que "ningún jugador es tan bueno como todos juntos", porque lo dijo Alfredo di Stéfano, pero qué pena que no hayamos tenido alguien así metido en nuestro uniforme, ¿no? [...]

[...]Además de no haber Maradona, tampoco hay una afición, y lo mantengo. [...]

[...]He sufrido con todo eso y, aún más, soy una de esas personas que juran que no piensan morirse sin ser campeonas del mundo, dicho así, con ese sentido de la propiedad que consiste en creer que el que mira y los que juegan pierden o ganan juntos. O sea, que la selección es mía, a pesar de su entrenador, de cuyo apodo, el sabio de Hortaleza, lo único que puedo decir es que no dudo que sea de Hortaleza, pero ni una palabra más.[...]

[...]un par de amigos y 12 cervezas a mirar un partido entre dos selecciones extranjeras con la esperanza de que la débil derrote a la fuerte y nos allane el camino a la final. El problema es que la selección teóricamente más fuerte solemos ser nosotros, y la que nos elimina o nos pone el camino vertical, otra más modesta pero que termina dándonos una lección[...]

[...]Y, así, campeonato tras campeonato[...]

Verde al completo

Tras el extracto de ayer, impreso en tela, hoy en negro sobre blanco y completo, Verde, de Benjamín Prado...

Los hombres que detienen el corazon del lince,
los que apagan las selvas con el fuego,
los que arrojan al mar el cancer del petroleo,
los que venden la piel del leopardo,
los que compran la estetua de marfil,
malditos sean.

Los que ocultan el sol en torres de cemento,
los que trasforman bosques en ceniza,
los que llevan el agua de la muerte a las nubes
y el óxido a los rios,
malditos sean.

Los que derriban arboles en nombre del dinero,
los que cazan ballena en nombre del mercado,
los que hieren la atmósfera en nombre del futuro,
malditos sean.

Que sus vasos se llenen de cicuta,
que sus anillos de oro se conviertan en víboras,
que las monedas ardan en sus manos.

Maldito sea su mundo de luz envenenada,
su silencio sin lluvia,
su oxígeno sombrio.

Maldito sea su mundo sin peces ni madera,
su horizonte de escombros,
su amanecer sin pajaros.

Hay que acabar con ellos,
enemigos del verde,
cómplices de la cienaga,
sicarios de la bruma.

Hay que acabar con ellos,
exterminar su plaga.

Hay que acabar con ellos,
en nombre de la vida,