sábado, 29 de noviembre de 2008

El secreto de Marga Gil

El de hoy es quizá uno de los post que más me apatece colgar en el blog y, junto a la clase magistral de Vallecas, el más rico. De hecho, es increíble.

Siempre pensé que el profesor tenía que dejarnos leer e interpretar el poema en vez de contar no solo lo que el poema transmitía sino llegar a la desfachatez de atreverse a explicar por qué el autor lo había escrito así (qué sabrían ellos...).

Una alumna de la clase de poesía de la biblioteca le comentó a Benjamín que estaban analizando poemas suyos en el taller y que entendían muchos, menos uno que se llama Marga Gil en la isla (el que colgué ayer en el blog), "es más oscuro y no sabemos muy bien qué quieres decir, en qué te has basado"...

(Por cierto, aprovechando este post inauguro los audios de Benjamín Prado. Tú eliges: puedes leerlo o escucharlo, la calidad no es la mejor y lo siento, con el volumen alto sí se oye. Lo tendréis a vuestra disposición, también, en el lateral derecho, dale al play).

Benjamín Prado:

Es algo de verdad y es algo sorprendente. Encontrarse con Bob Dylan puede ser raro, pero esto es mucho más raro. Encontrarte con Bob Dylan requiere movimiento, tú puedes caminar hacia Bob Dylan de una u otra manera, ser amigo de su telonero y que te deje un pase para entrar al concierto hasta que te encuentres con Bob Dylan. Pero es mucho más complicado cuando la gente viene hacia ti sin que tú hagas nada, y es el caso del poema de Marga.

En Las Rozas, donde yo aún vivía con mis padres, mi madre aún vive allí, había una casa abandonada, está a la entrada de Las Rozas, cuando pasáis lo véis, está a la derecha, a la entrada, yendo desde Madrid. Es una especie de casa con un torreón y cuando yo era niño estaba abandonado, estuvo siempre abandonado. Los chavales entrabamos ahí en las noches de verano, pues habíamos roto un barrote, y entrábamos porque nos gustaba lo que había en la casa porque nos asustaba la leyenda que se contaba sobre eso.

La leyenda era que ahí vivía una chica, muy guapa, una artista, que se había suicidado en la torre, en la que era la casa de sus tíos. Un día, viniendo desde Madrid se había cruzado en la carretera con sus tíos, se había agachado, iba en un taxi, al que le dijo, por alguna razón misteriosa que la esperase en la puerta. Entró en la casa, cogió una pistola de su tío, subió a la torre y se pegó un tiro.

En aquel entonces estaba la casa entera, estaba toda, porque aquella gente se había sentido tan horrorizada que habían abandonado aquella casa y habían dejado hasta la mesa puesta, con los platos, los vasos, todos. Era una cosa impresionante.

Nosotros entrábamos allí con linternas, nos tumbábamos en las camas, jugábamos un rato y siempre había un momento en el que subíamos hacia la torre y siempre alguien hacía "uu" o algo así y todos huíamos como auténticos caballeros.

Pasó un tiempo, yo ya conocía a Rafael Alberti, y una tarde contó la historia de una escritora llamada Marga Gil Roësset, que se enamoró de Juan Ramón Jiménez; Juan Ramón alguna esperanza le debió de dar, pero cuando ella le dijo a Juan Ramón que se fuera con él, que dejara a Cenovia, él le dijo que no. Esta chica le dio un diario que había escrito, donde contaba todo. Ella se fue a su estudio, destrozó a martillazos todas las esculturas y después se fue a casa de sus tíos, y se mató.

Rafael contaba esta historia muy a menudo, pero no tenía ni la más remota idea de que aquella era la casa en la que Marga se había matado. De hecho estaba a 200 metros de donde él estaba todos los días. Porque yo conocí a Rafael en Las Rozas no por casualidad, sino porque él tenía allí unos amigos a los que iba a ver todos los fines de semana. Allí cerca le había parado alguna vez el autobús y estaba esperándolos en ese bar, por eso conocí yo a Rafael Alberti. Ese bar está cerca de esa casa.

Un día, al abrir el Mundo o el ABC, en el suplemento literario, contaban la historia de Marga, pues se habían encontrado unos poemas de Juan Ramón inéditos, dirigidos a ella, reproducían parte de su diario y yo me di cuenta al leerlo de que la casa tenía que ser esa. Yo llamé a la directora del suplemento, que era Marta Berasátegi y le dije, tú has contado eso pero no sabes que yo sé cuál es la casa. Y fuimos a la casa.

Por razones misteriosas yo quedé con ella, pero apareció junto con el alcalde de Las Rozas, se llama Bonifacio, y llegamos allí a ver la casa, llamamos al timbre, abrió un chico y le dijimos "esta era la casa de Marga Gil... Juan Ramón... Ya, pero yo me caso dentro de una hora, así que si pueden volver en unos días. Yo le había dicho al alcalde, que es muy bruto, que no se le ocurriese contarle lo que había allí, y menos si el tio se iba a casar y menudo mal rollo. Pero lo primero que dijo fue, "donde se tiró el tiro ella..." Lo que indica por qué fue elegido por mayoría absoluta en la siguientes elecciones.

Yo escribí un poema, ese poema. Pasó el tiempo y al cabo de uno o dos años o estaba promocionando una novela, en Ecuador, y me tocó una cena con el embajador, y en ella el agredado cultural me dice "me encantó tu poema sobre Marga Gil. Además, soy muy amigo de la sobrina de Marga Gil, es una pintora que se llama Marga Clave, fotógrafa, que también le gusta escribir, y está deseando conocerte. Cuando vuelvas a Madrid, ¿quieres cenar con ella?" Fui a cenar a casa de la tal Marga, que estaba nevera total, estaba chalada. Me senté en su casa y empezó a decirme que ella era su tía, que "ella se ha reencarnado en mi y a trávés de mi te quiere dar las gracias". Yo busqué una excusa para irme de allí, casi con la comida en la garganta.

Todavía sigue dando vueltas la cosa, después me llamó otra sobrina, que me dijo que era sobrina de Marga Gil, yo le dije que ya había conocido a una sobrina de Marga Gil, y me dijo "sí, pero yo soy la que no está loca". Ella iba a hacer una exposición con algunas esculturas de las que no había podido romper Marga y quería pedirme permiso para que el poema saliera en ese catálogo, y así salió.

De manera que fíjate la cantidad de vueltas que tiene este poema y la cantidad de historias que se pueden cruzar en la vida de uno de pronto".
Y para corroborar que todo esto es cierto, certísimo, pasaros por esta página web, http://perso.wanadoo.es/margaroesset/, donde viene todo sobre la mujer del poema (incluído, por supuesto, el poema).

Elige el verso en la encuesta -->

"El viajero" está a punto de llegar a su fin, pero Benjamín Prado nos plantea una penúltima duda (ayúdale votando en la encuesta, y comenta tus argumentos):

"A ver qué os parece. Se me ocurre el verso que irá antes del antepenúltimo, pero se me ocurre de dos maneras, de modo que tenemos que elegir entre "donde la luz no sea el perjurio de la noche" o "donde la luz no sea un complot de la noche."

Me apetece saber vuestra opinión. "Donde la luz no sea el perjurio de la noche / ni el aire la pared de lo invisible / (...)" "Donde la luz no sea un complot de la noche, / ni el aire la pared de lo invisible / ni(...)"

viernes, 28 de noviembre de 2008

El porqué del poema de Marga Gil en la isla

Esta entrada es la primera parte de una de las mejores entradas de este blog (y está mal que yo lo diga). Pocas veces tiene uno la oportunidad de conocer qué hay exactamente detrás de un poema, por qué surge, cuál es su historia. Cuando Benjamín Prado prepara un personaje le gusta pensar de dónde viene porque eso es lo que define lo que es. Con el poema pasa lo mismo. Si sabemos de donde viene, lo entederemos.

El mejor ejemplo lo hemos tenido con el poema de "El Viajero", uno de los ejercicios literarios más interesantes de los últimos tiempos (hay que darle la importancia que tiene al hecho de poder participar en un poema de un poeta consagrado como es Benjamín Prado). Sabemos de dónde viene e incluso donde quiere ir.

El otro ejemplo es el poema de Marga Gil en la isla. Benjamín explicó toda la historia de este poema (apasionante, por cierto), en el acto en la biblioteca de Vallecas. Hoy dejo aquí el poema, mañana, aquí mismo, su historia.

Marga Gil en la isla.
Benjamín Prado.


Es una tarde de verano. Tú hablas
de que las noches son extrañas en las islas.
Yo pienso de repente
-no sé por qué- en la casa de Marga Gil: la torre
cerca de la autopista y el desorden salvaje
del antiguo jardín abandonado.

Empiezo
a contarte esa historia,
la manera en que aún sigue dentro de mí
y tú dices:
-Como alguien que anda junto a un río y tiene
sobre su piel la sombra de los árboles.

Estamos en el año
1932 y Marga
se enamora de Juan Ramón Jiménez.
Es una chica oscura.
Hay un túnel que une
su corazón y el ruido de los bosques.
Un día entra en la casa.
Un día escribe
ya nada me separa de ti,
salvo la muerte.
Luego, todo se termina.
Casi podemos verlo: 28 de julio;
el cielo es muy azul;
puede que unas palomas se escapen del jardín
al oírse el disparo.

Ahora los dos estamos en silencio.
Tú mirasl
a playa,
la marea,
el sol rojo lo mismo que una fuente
en donde un asesino se ha lavado las manos.
Yo pienso en Marga Gil.
Pienso en su miedo
de esa forma en que a veces
ves a un hombre que huele una rosa, imaginas
cómo esa rosa crece hacia dentro de ese hombre,
lo invade poco a poco con su aroma
dulce y enfermo.

Mucho tiempo después
yo entro cada mañana en esa casa,
bajo al desván,
me muevo por los cuartos vacíos,
subo a la torre que veré más tarde,
desde un hotel de Nueva York,
un díade lluvia en Buenos Aires,
un verano
en el puerto de Barcelona.

El mundo
es un lugar muy frío.
En el fondo del agua se oye cavar las tumbas.
Hay terrazas sin sueño donde el viento devora
lentamente
los restos de la noche.

Tú y yo lo comprendemos.
Es un viento que viene del mar, un viento frío
que llena el corazón de pequeños arpones
y de niños ahogados.
Es un viento que dice:
-No se puede salir de una casa vacía.
Todo lo que ha ocurrido alguna vez
ocurre para siempre.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Torres de canela

El día en el que he escuchado una de las frases más espectaculares de una de las personas menos espectaculares, Benjamín Prado se ha puesto escatológico.

No me podéis negar que "Crucé descalza charcos de sangre" no es una frase increíble. Cuando escriba una novela la empezaré así. Y quizá también la acabe, como Augusto Monterroso con su "Cuando se despertó el dinosaurio todavía estaba allí". Y no me diréis que leer de buena mañana que en Madrid hay sesenta millones de caca de perro no es, cuanto menos, poco digestivo.

Sesenta millones de cacas de perro
Por Benjamín Prado. El País

Las cifras apestan: hay alrededor de 255.000 perros en Madrid y como sólo dos de cada diez ciudadanos recogen los excrementos de su mascota cuando la saca a pasear, a lo largo de un año se quedan en las calles unos 60.000.000 de deposiciones. Sí, han leído bien: 60 millones, lo que hace que uno se encuentre, de media, una caca de perro cada 45 ó 50 metros. Como ven, la gran mayoría de las personas que tienen un chucho lo usan como arma de putrefacción masiva, lo cual es un asco. ¿Por qué tiene que ser el perro el mejor amigo del hombre, cuando podría haberlo sido directamente el cerdo? Juan Urbano, que vive en una calle como tantas otras, de esas que por la mañana, cuando sales hacia el trabajo, te reciben con el olor nauseabundo que ha dejado en ellas el 80% de los amantes de los animales, tiene la teoría de que habría que instaurar el carné de perro por puntos, como en los coches, e írselos quitando a los kaleborrokas caninos según les pillase la Policía Municipal dejando en la vía pública torres de canela, que les dice García Lorca en uno de sus poemas. O inventar radares que le apuntasen la matrícula a los desconsiderados que llevan a sus bichos a hacer sus necesidades a los parques o los jardines donde un par de horas más tarde van a ir a tirarse por los toboganes los niños. O poner como condición a todo aquel que quiera tener perro que instale en su casa un cuarto de baño especial para él, que seguro que ya está inventado. Pero está claro que algo hay que hacer para erradicar este resto de cultura medieval que queda en nuestras sociedades, tan llenas de contrastes que, por lo general, mientras el mastín, el chiguagua o el pastor alemán de turno dejan la acera de todos o la puerta del vecino hechas un Cristo, sus propietarios hablan elegantemente por un teléfono móvil último modelo, para disimular. La posmodernidad es hacer las mismas guarradas 100 años más tarde, según se ve.

Ahora, el Ayuntamiento de Madrid, que se supone que tenía una ley por la que debía de sancionar con 90 euros a quienes ensuciaran de ese modo la ciudad pero que hasta el día de hoy es evidente que se ha tapado la nariz y se ha desentendido del tema, porque el número de sanciones que pone por ese asunto es de risa, anuncia que por fin va a tomar medidas contra esos maleducados a los que tanto les gusta convertir las zonas verdes en zonas marrones, y que a partir del próximo año la multa que les va a poner oscilará entre los 750 y los 1.500 euros, dependiendo de dónde deje el regalo o de si es reincidente.

De momento ha puesto en marcha, con la colaboración del Colegio Oficial de Veterinarios, una campaña que tiene un lema muy acertado: "Si pudiera, lo haría yo mismo". Naturalmente, porque qué culpa tienen los pobres perros de que sus jefes sean tan marranos. Seguro que si la cosa funciona, hasta mejora el tráfico, porque ahora se pierde mucho tiempo esquivando cacas por las aceras...

Juan Urbano se alejó esperanzado por su calle, pensando que ojalá fuese verdad que el Ayuntamiento iba a tomar cartas en el asunto, aunque también temiendo que todo esto no fuera más que otro discurso vacío, como el de los millones de árboles que se iban a plantar en Madrid, y todo eso. Por desgracia, como iba hojeando el periódico, se distrajo unos instantes y hace unos segundos, justo cuando este artículo estaba a punto de acabar, el pobre dio un mal paso y notó que la suela de su zapato resbalaba de un modo muy sospechoso. Como es un hombre culto, en lugar de maldecir se acordó de ese poema de Dámaso Alonso que decía: Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres. Y se dijo que ese poema se podría actualizar muy fácilmente: Madrid es una ciudad de más de 60 millones de cacas de perro... Es que para alguna gente no pasan los siglos.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Voces contra la violencia de género

Esta semana hay doble ración de radio, aunque no es por falta de noticias. Benjamín Prado no para y hoy, sin ir más lejos, ha estado en la entrega del Premio de Poesía Loewe que ha sido concedido a la autora Cristina Peri Rossi.

Y antes de ayer estuvo, con puntualidad radiofónica en "Afectos en la Noche", en RNE, como cada lunes, opinando, "porque soy muy opinador y aprovecho el programa de radio, los artículos de El País, para poder opinar y no volcar esa opinión en mis novelas", nos decía el otro día en Vallecas.

El lunes opinó sobre la violencia de género, con motivo de la celebración del Día en contra de la Violencia de género. Un tema en el que, pese a no existir disparidad de criterios ni darse al debate, dejó algunas pildoras interesantes. Al igual que otras semas, en las que se ha hablado de la tentación, la justicia, el reconocimiento, la discrección, la memoria, la paternidad, las elecciones americanas y la venganza, o el perdón.

Silvia Tarragona trajo a las ondas la frase del poeta argentino José Hernández, quien dice "sólo los cobardes son valientes con sus mujeres". Y también un aforismo, de Isaac Asimov, "la violencia es el último recurso del incompetente".
B.P. Donde hay violencia siempre falta educación. Siempre falta sentido moral. Ocurre el maltrato en todas las clases sociales, en todas las culturas, seguramente porque sencillamente lo que saca, para eso no hace falta ser de un país o de otro, o que tu poder adquisitivo sea uno u otro, resulta que hay personas que se comportan como animales. Los animales no se controlan, imponen siempre la ley del más fuerte sobre el más débil, una fortaleza física, muscular. No hay ninguna razón moral en el maltrato, no hay ningún derecho adquirido por ningún tipo de ley, solo hay un persona con más músculo y más fuerza que se dedica a masacrar a otra en una especie de infierno de 90 metros cuadrados que a mi siempre me ha parecido aterrador.

Con lo único que no estoy de acuerdo es con las palabras que se usan para definirlo. No me gusta el término violencia machista, creo que el machismo es otra cosa. Ser machista es ser torpe, no ser capaz de hacer una cosa, pero no es ser una asesino. En los poquísimos casos en los que es una mujer la que mata a su marido, nadie habla de violencia feminista. Me parece más adecuado, pero también más aterrador, y está bien aterrar para concienciar, el término de violencia doméstica. Ese infierno de puertas para adentro que realmente pone los pelos de punta.
Nuria Ribó le rebate, "no solo es la educación, hay maltratadores que tienen carreras..."
B.P. Yo me refería a otra educación, eso no es tener educación, es tener títulos, diplomas enmarcados en la pared, pese a que sea una persona que está vulnerando todas las leyes de la convivencia y de la razón.

Nuria Ribó dice que normalmente el maltratador es encantador, es una persona amable y a la gente le sorprende que sea un maltratador.
B.P. El que no se cree eso soy yo. Uno de los problemas de este mundo es que la gente miramos para otro lado. La gente no quiere ver los problemas que hay a su alrededor. Me cuesta mucho creer que cuando una mujer ha sido maltratada durante 15 o 20 años, se oyen gritos, se oyen golpes, esa mujer ha sido maltratada, me parece tan raro que nadie se entere, que nadie oiga nada... que me cuesta mucho creerlo. Todos vivimos en pisos y conocemos lo que hay alrededo, yo tengo una idea bastante cercana de qué hace el de arriba, el de al lado, sé que uno juega a las consolas pese a que tiene cierta edad, en otro alguna vez escucho una pequeña discusión... más o menos tengo una idea aproximada de cómo son los vecinos, siendo normales. Imagínate si son gritos, golpes...

En el programa entrevistaron a Lida Falcón y aparece en la tertulia.
B.P. Me quedo con una palabra que ha dicho Lida Falcón que es terrible, ha dicho que las mujeres sienten miedo y sienten vergüenza. Que sientan miedo es lo más normal del mundo, que sientan vergüenza por ser maltratadas me parece terrorífico. Es un error de nuestra sociedad.
A la intervención de una oyente responde Benjamín
B.P. Eloisa, cómo va a decir algo al iglesia si en ella tienen a las mujeres absolutamente proscritas, las mujeres no pueden dar misa, no pueden ser Papas, ocupan un lugar secundario en la iglesia.

B.P. Lo que no me gusta de la llamada de Eloisa, es esa forma de expresarse, la mujer, el hombre. No. El hombre no es ese animal de bellota que pega a las mujeres, son algunos hombres moralmente enfermos. No es bueno hacer esas distinciones tan genéricas. Lo que habrá que hacer es educar, en general, sancionar en particular, pero no caer en ese tipo de generalidades, porque todos conocemos a hombres que se portan extraodinariamente bien. No me gustan las expresiones, el hombre, el machismo. Afortunadamente somos muchos los hombres que estamos absolutamente concienciados de que esto es una lacra con la que hay que acabar como sea.

Un oyente que trabaja en un hospital comenta que cuando curan a un mujer que se ha intentando suicidar por maltratos, tienen que devolverla a casa con el maltratador.
B.P. Lo que no se entiende es porque no va la policía a buscar al maltratador y lo lleva a la cárcel. Aunque no denuncie, si un niño va con signos de maltrato a un hospital, este le denuncia a la policía y van a buscar al maltratador. Ese es un error de la legislación, la policía debía actuar de oficio.

B.P. Ya se han leído varios artículos de juristas alertando del aumento del número de denuncias falsas, en muchas ocasiones movidos por intereses económicos, un divorcio, una separación... Eso es terrible, ya que le hecho de que los verdaderos maltratos son un tema tan angustioso que es terrible que la gente se permita el horror de denunciar en falso, había que actuar con la misma dureza. En eso no sé si estamos del todo preparados para asumirlo.

martes, 25 de noviembre de 2008

La duda... de El viajero

Ese poema de varias caras, como lo definió Benjamín, ya tiene forma, y forma bien. Nos lo ha regalado, a todos los que le seguimos en su propia voz o en su eco (en su blog o en éste), inédito, pero también inacabado, con una duda.

Primero la duda (ánimo, echémosle una mano):
"Tengo la sensación de que le falta un verso, antes del último. ¿Qué se os ocurre? :-)Esto ha sido divertido."

Después el poema:

EL VIAJERO
Se viaja siempre contra tu país,
de ti mismo a un lugar donde ser otro
que ya no te recuerde,
ni quiera regresar.

Pero dónde hay un mundo más allá del pasado,
para escapar de ti.

El que se marcha aprende a olvidar los caminos.
Quien se queda, renuncia a la aventura de irse
y al sueño de volver.

Pero de qué le sirve la distancia
al hombre que no olvida,
el que está condenado a que su rostro
se pueda reflejar a la vez en dos ríos.

Con la tristeza del que se detiene
para dejar pasar de largo sus deseos;
con la esperanza intacta
del que aún
no sabe dónde va ni a quién espera,

me despedí de ti,
bajé a la calle,
puse el pie en una tierra en la que no existías.

Nunca he ido más lejos que al dejarte marchar.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Hace una semana en la radio...

Hoy es lunes, y hoy hay radio. Pero no voy a poner el programa antes de que lo emitan, puedo seguir a Benjamín Prado, pero no correr más que él. De hecho hoy voy a rebufo, ya que la semana pasada estuvo tan, tan cargada de información que me fue imposible encontrar un hueco no tanto para picar el programa de radio sino para poder publicarlo. Así que he encontrado un hueco una semana después de su emisión.

La semana pasada el tema giró en torno a la tentación, al igual que otros días lo había hecho sobre la justicia, el reconocimiento, la discrección, la memoria, la paternidad y las elecciones americanas y la venganza, o el perdón.

Silvia Tarragona comenzaba así: decía Oscar Wilde que "la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella". ¿Acostumbran a caer en la tentación?, ¿Ante una situación importante son personas que se dejan aconsejar por aquellos en quienes confían?

Hablando de la posibilidad de que Serrat se hubiera dedicado a la política...

B.P. Es demasiado grande para dedicarse a la política. Aunque muchas veces él también ha hecho política, como el negarse a cantar en castellano en eurovisión. Además, se ha atrevido a canar a poetas con una gran carga poética, pero también ideológica, y gracias a él son mucho más conocidos por muchas más personas. El Nano es un gran poeta y un gran inspirador de la poesía.

Sobre a quién consultar cuando hay algún problema...

B.P.
A mi me pasa que cuando voy a consultar sobre una chica a la almohada, ya está la chica en la almohada. Algunas veces me pongo a pensar en cosas que he hecho y que no he hecho y a veces me siento más orgulloso de aquello que no he hecho que de aquello que he hecho. La vida está llena de tentaciones que son muy atractivas por fuera, en teoría, pero que luego pensándolo bien te das cuenta de que no te aportan nada, te das cuenta de que te quitan cosas. Si lo piensas así, por ti, o por algún consejo, a veces uno puede estar muy orgulloso de las cosas que no ha hecho.

B.P. Es tan importante tener una persona en la que confiar y cuyo juicio sea digno de tener en cuenta, que en algunas ocasiones ese consejo me ha servido incluso después de su muerte. Siempre recuerdo de una persona importante como Alberti y Ángel González, yo pienso, ante algunas circunstancias de la vida qué hubieran hecho ellos ante esta situación.

Ante el tema de Bill y Hillary Clinton dice...

B.P. En la tentación está siempre quién es el tentado y quién es el tentador. Eva da la manzana, pero Adán se la come. En las tentaciones a veces pasa como en algunos timos, en el de la estampita nunca sabe uno quién es más miserable, si el timador o el timado. Con las tentaciones es igual, quién tienta o quién se quiere dejar tentar.

B.P. No siempre las madres aconsejan bien. Me estoy acordando de una de las sobrinas de Federico García Lorca cuando vivía en Nueva York se encaprichó de ella un muchacho, al que le gustaba mucho escribir. Pero la madre le aconsejó que ese muchacho no tenía futuro y no le iba a ir bien. ¿Sabes quién era el chico?, Paul Auster.

Suspiros varios de las féminas del programa.

B.P. Estamos hablando siempre de las tentaciones y los consejos, como si estos siempre fueran detrás, pero a veces también van delante. Hay consejos muy buenos. Vuelvo a Rafael Alberti, él me dijo una vez que si quería escribir lo que tenía que hacer era tomarme muy en serio mi obra y muy a broma a ti mismo. En ese caso el consejo va por delante.

B.P. La debilidad te podía hacer sentir sentimientos solidarios, pero provoca justo lo contrario. Hay gente que tiene el placer por derribar el árbol que ya está caído, cuando alguien está tambaleándose acercarse a darle el empujón para que acabe de caerse. Hay gente a la que le gusta dar consejo a posteri. Hay mucha gente que profetiza el pasado y dice aquello de "ya te lo dije". Suele ser el peor principio posible para cualquier frase.

B.P. Es muy interesante, como decía Antonio (un oyente), saber qué es lo que no puedes hacer, conocer tus limitaciones

Nuevos versos del poema

El juego poético que nos propuso Benjámín sigue avanzando, y a la espera. Tal como nos recuerda en su blog va así, ¿alguna sugerencia?

Se viaja siempre contra tu país,
de ti mismo a un lugar donde ser otro
que ya no te recuerde,
ni quiera regresar.

Pero dónde hay un mundo más allá del pasado,
para escapar de ti.

El que se marcha aprende a olvidar los caminos.
Quien se queda, renuncia a la aventura de irse
y al sueño de volver.

Pero de qué le sirve la distancia
al hombre que no olvida
el que está condenado a que su rostro
se pueda reflejar a la vez en dos ríos.

(...)
Yo nunca fui más lejos que al dejarte marchar.

domingo, 23 de noviembre de 2008

La del jueves, el domingo

La semana ha sido intensa, si de Benjamín Prado hablamos. No ha parado y no ha dejado de darnos noticias y no solo noticias sino literatura. Así, toda la semana ha girado en torno a la clase magistral que el autor impartió, sobre poesía, en la biblioteca de Vallecas. Además, pudimos leer ayer una entrevista de Benjamín, como periodista, a Caballero Bonald, una nueva lección de poesía. Pero es que además el poeta nos ha animado a hacer un poema con él, un juego extraordinario, y en breve podremos disfrutar de un prólogo en la colección de poesía que el País comienza el miércoles.

La actualidad nos ha arrollado y aún nos queda en el tintero el texto de los jueves de Benjamín, que pongo ahora mismo, y el programa de radio, que no tardaré en actualizar. ¡Ah! Y no me puedo olvidar de que el viernes estuvo en Córdoba, a ver si encontramos información...

La ley de los gorilas
Por Benjamín Prado. El País
En este mundo tantas veces miserable todo tiene un precio y se pueden hacer negocios hasta con la muerte, que en unas ocasiones se transforma en la mercancía que venden los sicarios y en otras se tiene que vestir de calle para hacerle el trabajo a los políticos, como al parecer va a ocurrir tras el asesinato del joven Álvaro Ussía en una discoteca de Madrid llamada El Balcón de Rosales y a manos de tres gorilas, tres siniestros soldados de esa especie de grupo paramilitar que gobierna las puertas de los locales de la ciudad y a los que se deja actuar a sus anchas y sin límites, sin duda porque, al fin y al cabo, se les considera de algún modo fuerzas del orden, policías por lo civil, agentes de la ley de los garitos, ese código del hampa que ellos imponen con demasiada frecuencia a golpes y con total impunidad. Al menos hasta hoy, según aseguran en la Comunidad y en el Ayuntamiento, donde naturalmente no se asume ninguna responsabilidad por lo sucedido pero sí que se afirma que la muerte de Álvaro no será inútil, sino justo al contrario: será muy útil, muy aprovechable. A la 52ª va la vencida, porque antes de que la sangre llegara a los periódicos hubo 14 inspecciones, se denunciaron 51 infracciones, se pidió siete veces el cierre de la sala, y todo eso no sirvió de nada ni hizo que se le retirara la concesión municipal al antro, que está en suelo público. Dio igual que faltaran licencias, que no hubiese seguro de responsabilidad civil, que las salidas de incendios no fueran seguras, que se vendiese alcohol a menores y, sobre todo, que los porteros llevasen armas ilegales y los vigilantes de seguridad no perteneciesen a empresas homologadas por el Ministerio del Interior. Vamos a esperar a que asesinen a alguien, y si se monta jaleo en la prensa, entonces nos pondremos manos a la obra, debieron de pensar.

Ahora, dando su discurso subidos al cadáver de Álvaro Ussía, juran que todo esto va a cambiar. El alcalde, que no entiende por qué no se cerró El Balcón de Rosales, pero que, en cualquier caso, ni admite responsabilidad subsidiaria alguna ni ve "una relación de causa-efecto" entre el crimen y las irregularidades que fueron denunciadas, incluidas las que señalaban a los porteros y los vigilantes, ha prometido lo de siempre, más Policía Local y agentes destinados en el interior de los locales. Esperanza Aguirre va a fomentar un reglamento para las empresas de seguridad, y va a pedir que los porteros tengan licencia, que vayan uniformados, que pasen una prueba psicológica antes de conseguir el empleo y que las compañías para las que trabajen estén homologadas por el Ministerio del Interior. Por desgracia, ni uno ni otra pueden hacer nada de eso, puesto que son competencias del Gobierno, de modo que junto con el juramento ya tienen la disculpa para incumplirlo, como todo aquel que ofrece lo que no es suyo.

Juan Urbano tiene pensado asistir mañana, a las ocho de la noche, a la manifestación que han convocado los familiares y amigos del muchacho asesinado, en el propio paseo de Rosales. Lo hará, como muchos ciudadanos, con la rabia de saber que el problema de la muerte de Álvaro no es preguntarse si será útil o inútil, sino estar seguro de que no era inevitable. En su opinión, a los gorilas de los locales no hay que regularlos, sino desarticularlos, porque una gran parte de ellos pertenece a mafias que controlan la noche de Madrid con mano de hierro. Y, naturalmente, lo que tiene que hacer la policía que anuncia el alcalde es preocuparse menos de molestar a los jóvenes que salen a tomar algo los fines de semana y más de controlar a esa banda de cancerberos que a menudo trabaja sin saber su oficio ni tener la autorización para realizarlo, puesto que usan sus músculos como único título; que son contratados fraudulentamente como camareros, responsables de la taquilla o auxiliares de sala; que llevan armas sin que nadie se las quite y los detenga y que, por lo general, actúan contra sus clientes con una prepotencia intolerable, sintiéndose poderosos como todo aquel que le puede cerrar la puerta a otro, reyes de su imperio de dos metros cuadrados por obra y gracia de sus artes marciales, sus puños americanos y sus navajas.

Juan Urbano no quiso ni pensar que habrá algún político que, en el fondo, se haya lavado las manos hasta ahora porque piense igual que el abogado de los porteros detenidos: si Álvaro Ussía fue sacado del local sería como consecuencia de "algún altercado", y si estaba "tan nervioso" es porque "algo se habría tomado dentro". O a lo mejor era porque se dio cuenta de que lo iban a matar.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Benjamin entrevista a Caballero Bonald

Cuando el otro día Benjamín Prado nos contó que iba a entrevistar a José Manuel Caballero Bonald pensé que la entrevista podía ser para ilustrar la colección de poesía que El País va a comenzar el miércoles o bien para Babelia. Ha sido lo segundo, y ha sido hoy.

La entrevista es la segunda clase magistral sobre poesía, tras la de Vallecas de Benjamín Prado, que podemos leer esta semana. ¿Quién dijo que no se habla de poesía?
Entrevista José Manuel Caballero Bonald
"La poesía nos enseña a esquivar las trampas de la realidad"
Por Benjamín Prado.
La edad me ha ido dejando / sin venenos, / malgasté en mala hora / esa fortuna. / ¿Qué más puedo perder?", se pregunta José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) a sus 82 años recién cumplidos, en su nueva obra, La noche no tiene paredes, un libro de poemas cuyo título es "intencionadamente novelístico" y que hasta cierto punto sigue, según sus propias palabras, "la norma estilística del anterior, Manual de infractores, porque aunque en lo formal éste se acerque un paso más al irracionalismo, en su temática aparecen otra vez la obsesiva meditación sobre los estragos del tiempo y la ira hacia los desastres cotidianos de este mundo en el que por el lado de los poderosos predominan el caos, la injusticia, el engaño y las arbitrariedades, y por el lado de los débiles impera la sumisión". No es su caso, al menos no siempre, porque como también se dice en otros versos del poema que hemos citado, aunque a menudo sienta que ya vive "el tiempo / ruin de los antídotos", y que ya no tiene a mano "la osadía de bordes delictivos", "el amor consumiéndose / como un licor impuro" o "la excitante / trastienda de la noche", de vez en cuando vuelve a apoderarse de él "cierto amago fugaz de furia y desacato".

PREGUNTA. ¿No será que con tanto criticar la poesía social y convertir en sospechosos a los escritores comprometidos se terminó por alejar la poesía de la realidad y ahora va a hacer falta encontrar algún camino de regreso, algún atajo que la traiga de vuelta a los lectores?
RESPUESTA. La poesía social tuvo muy mala prensa, y con razón, porque muchos la habían abaratado a base de simplificar el lenguaje, reducir los argumentos del poema a simples consignas y desdeñar su parte artística en beneficio de su parte ideológica. De todo aquello queda lo único que puede quedar: los poetas como Blas de Otero, que era grande al margen de lo que escribiera. Y desde luego que hoy hace falta también una poesía que, como mínimo, no le dé la espalda a la degradación de las sociedades en las que vivimos y en las que los poderosos nos engañan, nos dejan sin apoyaturas, se reparten el mundo, se lo llevan todo y ganan siempre, en cualquier circunstancia, y más aún cuando todos los demás pierden, tal y como está viéndose ahora mismo, porque la crisis económica los está haciendo más ricos todavía. Yo creo que ya empieza a verse en ciertos poetas jóvenes una reacción, una crítica a lo que está ocurriendo, y eso es importante porque aunque éste sea un mundo de personas serviles, la buena literatura está hecha por gente desobediente.
P. Imagínese que en lugar de tener 82 años tuviese 25 o 30. ¿Sería uno de esos jóvenes? ¿Qué tipo de poesía intentaría escribir?
R. La que estoy escribiendo en los últimos tiempos, desde Manual de infractores hasta ahora mismo, en La noche no tiene paredes, cuyo título ya es una metáfora de la libertad. Creo que podría sentirme bastante cómodo entre algunos de esos poetas de ahora mismo cuya única escuela es que no tienen ninguna, sino que cada uno va por su lado, aunque me parece que todos ellos comparten, cada uno a su modo, un cierto gusto por el hermetismo y un rechazo hacia ese realismo plano que proviene del siglo XIX y que tan arraigado está en la poesía y la novela españolas. Yo estoy contra la poesía que cuenta las cosas tal y como son, porque para mí el poeta nunca puede caer en lo obvio, no debe ofrecer una fotocopia, sino una interpretación de la realidad, un modo de ahondar en ella, de buscar sus enigmas. A mí, el contacto con esos jóvenes a los que me une cierto parentesco estético me sienta bien, me quita años de encima.
P. Suele decir que la poesía tiene para usted un poder curativo. Si es así y en España se lee tan poca poesía, es que este país está enfermo... ¿De qué?
R. De indolencia. De apatía. De sumisión. La mayoría nos hemos vuelto conformistas, gregarios, cuando no directamente serviles. Y una minoría, pero que es muy ruidosa, no se ha vuelto nada, sigue igual que siempre, en el franquismo o en sus alrededores, me refiero a toda esa gente que no tolera los derechos de los demás, aunque ejercerlos no vulnere ninguno de los suyos: los que se manifiestan contra el divorcio, contra las bodas entre personas del mismo sexo, contra el aborto; a favor de que se imponga en los colegios, por la fuerza y sin alternativas, la asignatura de Religión; o que son enemigos viscerales de la Ley de la Memoria Histórica, porque preferirían que las víctimas de la represión sigan enterradas en fosas comunes y que las estatuas de Franco sigan en las plazas públicas... Reconozco que todo eso me indigna, me hace sentir que en España aún pervive un lado oscuro, cerril, grosero. Y es verdad que, frente a todo eso, frente a una realidad a veces tan escabrosa, para mí la poesía ejerce un poder curativo, y tengo la esperanza de que eso pudiera ocurrirles también a otros, por eso creo que cualquier iniciativa que se encamine a promover la lectura de poesía tiene que ser celebrada como una muy buena noticia. En cualquier caso, parece que de un tiempo a esta parte se lee algo más, aunque no se trate de un aumento espectacular en cuanto a la cantidad, pero sí en lo que respecta al porcentaje: si antes se vendían 2.000 ejemplares, ahora pueden venderse 4.000. Es poco, pero es el doble.
P. Y a un aspirante a poeta, ¿qué consejos le daría?
R. Bueno, que lea este libro tuyo que acabas de reeditar, Siete maneras de decir manzana. Yo lo acabo de releer con gusto y estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dices, aunque no comparto tu admiración por algunos poetas como Auden. Pero claro, ésa es una cuestión de gusto personal, porque a algunos compañeros de generación, como Jaime Gil de Biedma, también les gustaba mucho, y yo creo que, de hecho, tiene mucha influencia de él en su obra.
P. ¿Qué papel cree que puede jugar la poesía en este mundo de realidades globales, corrientes de opinión y pensamientos únicos?
R. Puede ser una defensa contra todo eso, porque la poesía nos enseña a pensar por nosotros mismos, a formarnos una opinión personal de las cosas y a esquivar las trampas de la realidad. Y además es una línea recta hacia la emoción, que yo creo que es el sentimiento más noble, el más exquisito de todos. Yo recuerdo muy bien ese sentimiento, me acuerdo de cuando empecé a leer y a saltar de un libro a otro; al principio, alguna novela de Emilio Salgari; luego, otras de aventuras, especialmente si ocurrían en el mar, que siempre fue mi escenario predilecto, y así llegué a Robert Louis Stevenson, a Joseph Conrad, a Herman Melville, a Jack London... Y después llegué a la poesía, en una temporada en la que estaba enfermo, en cama, y un amigo me llevó la antología de los poetas de la Generación del 27 hecha por Gerardo Diego y un tomo de Juan Ramón Jiménez que me dejó paralizado, me turbó de un modo inexplicable y me hizo sentir esa emoción rara y muy profunda que, en mi caso, fue lo que me impulsó a querer ser poeta. Otro consejo que le daría a un joven que quisiera aprender a escribir versos es que lea de arriba abajo a Juan Ramón Jiménez, que con todos sus excesos es un entrenador de poesía extraordinario.
P. Ahora aparece en EL PAÍS una colección de poesía que usted ha dirigido, y que pondrá al alcance de un número muy grande de lectores potenciales a treinta maestros de nuestro idioma que van de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado a César Vallejo, Federico García Lorca o Pablo Neruda. Ése puede ser un buen estímulo para que los lectores se aficionen al género.
R. A mí me parece extraordinario que un periódico como EL PAÍS se haya lanzado a esta aventura que, hasta donde yo sé, nadie había intentado antes, ni en España ni fuera de España. Desde que me lo dijo Juan Cruz, que fue quien tuvo la osadía de proponer ese proyecto, me pareció una idea magnífica, ejemplar; y desde luego, creo que si se ve desde el periodismo, puede parecer un atrevimiento, pero si se mira desde la poesía, es un acontecimiento. Seguro que muchos de estos libros llegarán a lectores poco habituados a la poesía, y es bonito imaginar que algunos de ellos encontrarán en cualquiera de estas obras esenciales, de pronto, un estímulo hasta ahora desconocido para ellos, algo que les haga sentir esa emoción de la que hablábamos hace un momento, algo que les ponga ante los ojos una ventana a lo desconocido, que es lo que siempre hay dentro de un buen libro de poemas, y estos treinta son de los mejores, reúnen buena parte de la mejor poesía contemporánea que se han escrito en nuestro idioma. Creo que la colección instigará y promocionará la lectura de poesía y que puede ser un auténtico revulsivo para el género. Yo, desde luego, he trabajado con esa ilusión. Y te puedo asegurar que he trabajado mucho, muchísimo.
P. Hagamos otro juego: si le dieran a elegir, ¿cuál de esos treinta autores le habría gustado ser?
R. ¿Y a ti?
P. No me importaría haber sido Neruda, por ejemplo.
R. Pues... no es sencillo contestar a eso, ni siquiera fue sencillo elegir sólo a treinta autores para la colección, porque cuando tienes que hacer eso sabes perfectamente que aunque los treinta que escojas sean indiscutibles, hay por lo menos otros siete u ocho que se van a quedar fuera, que también son excepcionales y que, por añadidura, están igualmente entre tus preferidos. O sea, que si me resultó doloroso elegir a treinta autores, imagínate elegir cuál de ellos me gustaría haber sido. Pero bueno, si me obligas, creo que me inclinaré por Juan Ramón Jiménez, por su respeto reverencial a la poesía, de la que hizo casi una religión y a la que dedicó su vida completa, hasta llegar, no lo niego, a sobrepasar todos los límites, a tener una vocación abusiva que, por lo que sabemos, ocupaba cada minuto de su existencia, lo que queda bien patente en aquel lema que a él le gustaba repetir: vida y poesía. Pero, con todas sus exageraciones, pocos como él han enaltecido el trabajo de escritor, que consideraba poco menos que sagrado. Yo, que soy una mezcla de romántico y surrealista, admiro mucho ese romanticismo extremo de Juan Ramón, con el que está claro que él siempre fue coherente.
P. Leer poesía puede ser un modo de resistencia contra la levedad del tiempo, ¿no? Sobre todo a una edad como la suya, que le hace sentir de vez en cuando, según se dice en otro de los poemas de La noche no tiene paredes, la "tristeza / de estar aquí acordándome de algo / que queda ya más lejos que el recuerdo".
R. Cuanto menos tiempo te queda, menos tiempo puedes perder, y yo tengo la segura convicción de que leer un buen poema jamás es una pérdida de tiempo, sino todo lo contrario, es un modo de enriquecerse, de multiplicar nuestras percepciones, de ganarle la partida a la ignorancia que nos acecha por todas partes en este mundo bárbaro entregado en cuerpo y alma a lo intrascendente.
P. En su caso, su estilo ha evolucionado en los últimos libros, se ha hecho menos barroco y más directo en Manual de infractores y ahora en La noche no tiene paredes.
R. Me ha preocupado siempre no estancarme, porque en la poesía el que no evoluciona se termina convirtiendo en una momia. Además, hay que estar siempre atento a lo que ocurre, a lo que te ofrece la vida, y también hay que buscar maneras de escribir que se adapten a lo que pretendes en cada momento y con cada libro. Yo he querido ser menos barroco en mis últimas obras, como dices, más severo en la dicción, porque creo que es lo que más les convenía a esos libros.
P. Siempre se ha definido como un escritor discontinuo, al que no le preocupaba pasar por épocas de sequía. Pero veo que en La noche no tiene paredes hay un poema que acaba así: "Me llamo Nadie, como Ulises. / ¿Y quién responde? / Nadie: / una página en blanco".
R. El problema de una página en blanco es que es el espejo de una mente en blanco; y ése, el de tener la mente en blanco, no es ni mucho menos un buen estado para un escritor, para alguien cuyo oficio consiste en imaginar, en tomar decisiones, en crear. Pero lo que a mí me ha ocurrido siempre es que he alternado etapas de absoluta pereza con otras de mucha actividad, que es en las que he escrito mis libros, y por eso nunca me he preocupado.
P. Volviendo a los cambios que ha habido en su última poesía, no deja de ser curioso que cuando quiere hacer una poesía que proteste, que clame contra los horrores de este mundo, opta por la severidad, en lugar de por la opulencia, que era el camino de Neruda, Alberti o Miguel Hernández. ¿Piensa, como Auden, que cualquier poeta moderno que levante demasiado la voz sonará falso?
R. Lo que está claro es que hoy ya no hay Albertis ni Nerudas, que ya no quedan poetas de esa estirpe, combativos, militantes, abanderados que tenían la voluntad de serlo porque escribían versos para ser dichos en plazas públicas llenas de banderas, por así decirlo, seguramente porque ni las circunstancias históricas son iguales ni la concepción que los poetas tenemos de nosotros mismos es la misma. Al menos en nuestra cultura, porque en el mundo árabe, por ejemplo, es muy distinto, yo he estado en algunos países en los que los poetas son poco menos que reverenciados, y los he visto leer para multitudes enfervorizadas, en campos de fútbol en los que sesenta o setenta mil personas los aclamaban como a héroes, coreaban los poemas... Algo increíble. En nuestro ámbito, a veces es fácil tener la impresión de que un artista es un estorbo, o un ornamento, pero en otras partes todavía se ve a los creadores casi como oráculos, o al menos se los considera, en principio, personas a las que merece la pena escuchar. Quizá es que el interés por la cultura es allí más profundo y aquí más superficial.
P. La Fundación Caballero Bonald, en Jerez de la Frontera, despliega una actividad increíble, allí se organizan continuamente cursos, conferencias, lecturas, un congreso anual, presentaciones de libros... ¿Cree que ése es un buen modelo para fomentar la literatura entre los ciudadanos?
R. Todo depende de cómo se haga y de quién la dirija. En España hay algunas fundaciones y también algunas fundiciones, en las que ciertos parientes del escritor que les da su nombre se dedican a saldar su obra y a dilapidar su prestigio. Yo tengo la suerte de que en la mía trabajen personas entusiastas y responsables, y de contar con un buen apoyo institucional que ayuda, pero no impone nada. Y sí, desde luego que este sistema me parece bueno tanto para poner a salvo de manos codiciosas o ignorantes la obra de un autor, su biblioteca, sus cartas y el resto de su legado, y esto lo digo pensando en ciertas viudas y otros parientes que andan por ahí, como para dinamizar la vida cultural de la ciudad en la que esté su sede. Yo estoy contento con la marcha de mi fundación.
Nos detenemos aquí, y Pepe Caballero vacía y deja sobre la mesa la copa de vino oloroso, que ha rellenado un par de veces durante la entrevista, y se somete, con una paciencia algo esquiva, a la sesión fotográfica. Mientras él posa, yo echo un vistazo a los libros que tiene sobre su mesa de trabajo y a algunas postales que hay en sus estanterías. Y al hacerlo, el círculo de la fidelidad se cierra, porque en ambos lugares ocupan un puesto central el retrato de Juan Ramón Jiménez, aquel genio tenaz que le abrió las puertas de la poesía, y algunos de sus libros, entre ellos una primera edición de Españoles de tres mundos. Otro de los volúmenes que están a la vista es, precisamente, el primero de la colección que ha preparado para EL PAÍS, y que es una antología de la obra en verso del premio Nobel de Moguer, prologada por él mismo. José Manuel Caballero Bonald sigue haciendo poesía e intentando difundirla entre los lectores, mientras sueña por escrito, en La noche no tiene paredes, con ser un hombre justo, "aquel que edificó su casa / con nobles piedras y a su abrigo / vivió adecuadamente / sin mandar ni ser mandado, / aquel que obedeció estatutos / de la naturaleza y así pudo / igualar con la vida el pensamiento". -

viernes, 21 de noviembre de 2008

Clase magistral

Pues aquí tenéis la transcripción de la charla que el pasado miércoles Benjamín Prado dio en la biblioteca municipal Villa de Vallecas. En teoría iba a hablar de su libro, pero realmente habló del libro de todos, de la literatura. Un auténtico espectáculo de ideas y de lenguaje.

(La transcripción de su charla son 6 páginas completas. A texto corrido convierte esta entrada interminable, aunque se acaba haciendo corta, y no quiero colgarlo en varios tomos, así que he optado por colgar, en las últimas páginas imágenes, ocupan menos y se leen igual. Si alguien tiene algún problema y no puede ver las imágenes que me lo diga, que le envío el texto. Las preguntas y respuestas de los allí presentes irán publicándose, poco a poco, en el blog)

“Buenas tardes. A Manuel Vázquez Montalbán le preguntaron una vez para quién escribía y dijo que ni para los críticos, ni para los lectores, ni para los colegas... uno escribe para los patrocinadores. Las palabras de la presentadora han sido muy simpáticas, de las más simpáticas que me han dicho, y además me lo ha puesto muy fácil, mencionando a Rafael Alberti.
No sé muy bien por qué empecé a escribir, pero sí sé por quién empecé a escribir. Entenderéis, ahora cuando os lo explicó porque en la vida de un escritor, como en la vida de una persona hay algo que va mucho más allá de lo que se puede explica, vivir, resumir... y es la suerte. Cuando uno analiza la vida de un escritor a través de su obra, sus libros, puede tener la impresión de que todo ha sido muy planificado, que desde el principio uno tenía un plan y sabía muy bien desde donde y hasta dónde tenía que ir.

Pero no es así. Yo cuando estaba estudiando en el instituto, de pronto me aficioné a las canciones de Bob Dylan, aún hoy lo soy. Leía las canciones de Dylan traducidas al español, sabía poco inglés, y escribía en un cuaderno unas imitaciones baratas de las canciones de Dylan. Al día siguiente, cuando llegué al instituto, tenía un profesor que se llamaba Fernando Borlán, un poeta poco conocido, pero bastante bueno, un amante de la poesía, generador de poesía. Leyó aquellas imitaciones y me dijo ¿tú eres poeta?. Yo te recomiendo que si quieres escribir poesía, que empieces la casa por el tejado, que empieces por leer los dos mejores libros de poesía en castellano del siglo XX, que en mi opinión son: Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca y Sobre los Ángeles de Rafael Alberti.

Yo vivía en Las Rozas y esa misma tarde me fui a la única librería que había entonces allí, ahora no debe haber ni esa, y compré Sobre los Ángeles, de Alberti, y me quedé estupefacto. Porque hasta ese momento a mi ni siquiera se me había pasado por la cabeza que solo con palabras se pudiera conseguir semejante belleza, semejante impacto, a la hora de afectar a la persona que lo leía. A mi me gustaba la música, pero en la música hay vatios, hay laser, hay baterías, me gustaba el cine, pero hay efectos especiales, y chinos que dan patadas. Pero solo con palabras me causó una admiración casi infinita.

Esa misma semana, después de comer. Mi padre me mandó al bar de la esquina, a 50 metros de casa, a comprar una barra de helado. Yo subí al bar de la esquina, compré la barra de helado, me di la vuelta y allí estaba sentado Rafael Alberti. Lo que justifica que haya empezado hablando de la suerte.

Me dirigí a él y le dije, usted es Rafael Alberti. Él ya lo sabía. Le dije que había leído el libro. Me preguntó lo que me había parecido, le dije lo que me había parecido y me dijo, ¿Cuántos años tienes? 18. Pues te invito a un gin tonic. Me hubiera gustado saber a qué me habría invitado si hubiera tenido 20, a algo bueno seguro.




Y allí empezamos una buena amistad que duró 14 años, en los que yo aprendí muchas cosas porque Rafael era una persona de la que se aprendía a cada palabra que decía. Era no solo un poeta importante, era un mito civil, ejemplo de lucha por la libertad, de compromiso. Era una celebridad, ibas con él a comer y a los 10 minutos había un tumulto alrededor para que les firmase un autógrafo. Pero eso tampoco era lo más importante. Era una persona con un gusto y una vocación por la poesía verdaderamente inaudita. Y con una memoria prodigiosa. Le empezabas a leer cualquier poema que fuera de las jarchas a Antonio Machado, y él lo seguía. Se sabía toda la poesía española. Pero tampoco era lo más importante.

Era una persona que además de su importancia tenía unos lujos añadidos. Estando con él unos días comías con García Márquez, otros con Julio Cortázar, pero tampoco era lo más importante. Lo más importante para mi y lo que quiero destacar por encima de todo lo demás, es que era la persona con mayor capacidad de celebración que yo haya conocido en mi vida. Su entusiasmo por la vida, por la literatura, la alegría con la que disfrutaba cada poema, cada conversación, con cada chica... pues era un hombre con peine en el bolsillo, se le acercaba una chica a menos de dos metros, se sacaba el peine y se retocaba. Le gustaba reirse y todo lo que le gustaba era estar vivo.

Por eso escribí un poema sobre él al que llamé “El vividor” en el buen sentido de la palabra, en el malo tampoco está mal, él lo era en los dos, en el bueno y en el malo. Las cosas que aprendí de él que me gustaría tener presente cuando escribo, procuro no olvidarlas, fue el respeto enorme que él sentía hacia su trabajo. Entre los consejos que recuerdo está el día que me dijo, “mira tío, tú lo que tienes que hacer es tomarte siempre muy en serio tu obra y muy en broma a ti mismo”. Está bien, porque muchas veces ocurre lo contrario, hay gente que se toma su persona con mucha solemnidad y no parece que en su obra trabajen mucho.

Era una persona muy sencilla, muy accesible, muy acosado en ocasiones, por lo que tenía que defenderse, pero en general le gustaba estar con la gente real. Sin embargo a la hora de hablar, de trabajar sobre poesía era muy serio, no le gustaban las bromas, no le gustaba la superficialidad. Además tenía, una fe muy grande en la necesidad de la literatura. Ha pasado mucho tiempo desde que Alberti o Neruda iban por los pueblos llevando banderas, llevando gente detrás, llevando poemas que también podían ser discursos poéticos, mítines. Estaban en lugares muy en primera fila de los acontecimientos.

Hay quien piensa que la literatura es puro opio, pura estética, pura belleza, pura estética. Yo pienso que es algo más. Me interesa mucho más la literatura que es capaz de comprometerse con la realidad, desde el punto de vista libre del escritor, me interesa la literatura que da opiniones, que no se conforma con las verdades globales, que son las que más afectan en este mundo.
Creo en una literatura que considero un arte marcial, un arma defensiva, porque vivimos en un mundo en el que se habla todo el rato de temas como las corrientes de opinión, la corrección política, el pensamiento único, que me parece más deseable para los orangutanes que para las personas. Uno debe luchar en la vida por tener un pensamiento propio, por ser capaz de elaborar ideas personales, maneras personales de equivocarse, si me apuráis. Contra todas las manipulaciones, invasiones, de la realidad en la vida de las personas, contra todas esas corrientes que no nos dejan nadar, que nos arrastran a todos por el camino de las mayorías políticas, de las mayorías económicas. La única manera de oponerse a ello es a través de la inteligencia y no creo que haya un camino hacia la inteligencia mejor que el camino que te ofrece la literatura, un camino mejor que te ofrece la poesía.




Solo tenéis que pinchar en la imagen para ver el texto completo y ampliado.Cuando hayáis leído cada página dadle a "atrás" en el navegador, no cerréis la ventana o saldréis del blog. Las páginas están colocadas por órden.




jueves, 20 de noviembre de 2008

El deporte de la lectura


Benjamín Prado estuvo hoy apoyando la literatura a través del deporte, o el deporte a través de la literatura, tanto monta. Esta mañana tenía una cita en la Fundación Pedro Ferrándiz, donde se ha celebrado el primer foro “Baloncesto y Literatura”, organizado por la Fundación Socio-Cultural del Baloncesto de la FEB, el Ministerio de Cultura y la propia Fundación Ferrándiz.

Desde la Federación nos informan de que "se celebró un enriquecedor debate sobre el asunto que impulsa este foro. Alfonso Seoane, director de la Fundación Socio-Cultural, moderó la mesa redonda, que contó con la participación de Pedro Ferrándiz, José Luis Sáez, Rogelio Blanco, Benjamín Prado, Juan Manuel López Iturriaga, Jesús Iradier y Fernando Romay. (En la foto)

Benjamín Prado, en su intervención destacó algo que también había recordado en la biblioteca de Vallecas ayer por la tarde, pues además de explicar que "existe una vinculación clara entre deporte y lectura, pues en ambos hay mezcla de voluntad y talento, hay que entrenar y ejercitarse tanto en la lectura como en el deporte", y recomendar que se practique el deporte de la lectura", apuntilló que "la lectura os hará más libres y menos manipulables en una sociedad en la que se habla del pensamiento único. Haciendo deporte y leyendo os escaparéis de las trampas que encontraréis en la vida".

(Lo que más rabia da es que estaba invitado, por trabajo, y no pude ir. En raras ocasiones la obligación y la devoción se dan la mano de forma tan estrecha... y me lo perdí).

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Benjamín Prado, de cerca

Benjamín Prado ha parado hoy por la biblioteca municipal villa de Vallecas,
dentro del programa "escritores en las bibliotecas". Y hemos estado con él.

Sin embargo la tecnología me da la espalda cuando más la necesito y mí
ordenador, que es analfabeto, se ha negado a admitir las fotos, el texto y
el audio que tenía de esta jornada e impide que cuente el día de hoy como
se lo merece, lo haré mañana.

Pero ahora, desde el móvil y como adelanto, quiero compartir, además de la
profunda emoción que siento por haber pasado esta tarde con Benjamín, y
haberle oído contar anécdotas por doquier (de Alberti, de Sabina, de
Esperanza Aguirre?!...), de la creciente admiración, respeto y
agradecimiento por el trato y el cariño recibido, además, quiero apuntar
alguna de las ideas que sobre poesía ha derrochado con los allí presentes.
Pues eso es, en definitiva, lo que le hace ser quien es.

"No se porque empecé a escribir, pero sí por quién", así ha empezado
Benjamín Prado la charla. Y así ha continuado, explicando cómo cuando
estaba en el instituto empezó a leer canciones de Bob Dylan traducidas al
castellano y empezó a hacer "imitaciones baratas". Hasta que un día su
profesor de literatura Fernando Morlan? Le recomendó dos libros, Poeta en
Nueva York y Sobre los ángeles. "Me causaron una admiración casi infinita".

"Un día, en Las Rozas, donde vivía, fui a comprar una barra de helado y al
bar al que fui estaba Rafael Alberti...", así introduce lo que le condujo a
ser el escritor que es y que mañana podemos leer íntegramente.

"Me interesa la literatura que es capaz de comprometerse con la realidad,
que da opiniones, que no se conforma con las verdades globales. [...]
Pensar es conformarse menos y ser capaz de elaborar verdades personales".

Poco a poco fue adentrándose en la poesía, de la que, entre otras muchas
cosas dijo "un poema es un lugar de encuentro [...] el escritor no puede
aprovechar el lenguaje para marcar una distancia con su lector. Un poema
debe ser claro, y perfecto".

"Nos acordamos de los versos que nos dicen cosas inolvidables [...] Tienen
la capacidad de cambiar, de abrir las palabras por la mitad para que desde
ese momento ya no sean iguales".

"No creo en la literatura como entretenimiento [...] la literatura, un
libro, es una casa de la que los lectores tienen la llave, entran cuando
quieren y su les apetece, pueden quedarse a dormir".

"Hay dos privilegios en este mundo, ser escuchado y haber pagado la
hipoteca", con esta broma introdujo su visión sobre el compromiso del
poeta.

"Cuando empecé a escribir me dije que nunca escribiría nada que me
avegonzase enseñarle a Bob Dylan. Él fue quien giró la llave del motor de
la literatura".

Además, explicó cómo elige entre escribir poesía y prosa, qué busca con la
poesía, como escribió el poema de Marga (será harina de un post especial),
que el mayor éxito de un poema es que alguien diga "es verdad", cuándo
escribe, como iba a ser una novela que nunca fue y cómo la distancia es
fundamental en la literatura.

La transcripción íntegra, mañana, que las teclas del móvil son muy pequeñas
y ya me duelen los dedos (disculpadme los errores con el formato y la
ortografía, pero si los elementos fueron capaces de derrotar una armada,
qué no han de hacer con este blog).

Además, voy a coger el bolígrafo para escribir en mi cuaderno. Para apilar
con todo lo dicho y contado en el día de hoy. Algo de eso lo iré
trasladando el blog, pero hay cosas que es mejor no contar....

Gracias por la iniciativa y por el trato de las chicas de la biblioteca
(disculpadme pero soy muy malo para los nombres), ¡Gracias Benjamín!

La poesía en El País


No puedo hacer caso omiso a la actualidad.
Hoy he visto una publicidad en El País en la que se informa de una colección de poesía que va a salir a partir de este domingo, que pretende ser una completa antología poética del siglo XX. Una colección espectacular por sus autores, y también por sus prologuistas...(mirad con atención la imagen, que no tiene desperdicio)

Benjamín Prado prologará el libro de poesía de Blas de Otero.

martes, 18 de noviembre de 2008

Hay para todos

Un detalle el de Benjamín, nos ha dejado en su blog un mensaje personalizado para aquellos que han ido dejando comentarios. Se ha enganchado al blog y, como decía hace un par de semanas, es una gran noticia, ahora tenemos noticias por dos vías y podemos saber que:

- Mañana estará en la Biblioteca Villa de Vallecas, a las 18:30 horas (Plaza Antonio María Segovia, s/n). Tratará sobre el libro "7 maneras de decir manzana". Para todos los públicos y para que todos los que estemos allí presentes sepamos qué tiene que tener un poema, ese ritmo interior, ese estilo... mejor que nos lo cuente él.

- El viernes estará en Córdoba, en las citas paralelas de las que ya informamos en este blog. El coloquio paralelo estará compuesto por Benjamín Prado y Pablo García Casado y se celebrará el próximo 21 de noviembre, a las 20:00 horas en la Biblioteca Municipal de Villaviciosa.
(Si alguien puede asistir y puede enviarme fotos, mp3 del coloquio, resumen, etc... recibirá mi eterno agradecimiento)

domingo, 16 de noviembre de 2008

Memoria histórica sin fronteras

El día nos ha sorprendido en El País. Directo, sin equidistancias posibles en un tema que no las permite, sincero, justo y con un estilo y unas ideas propias. Así es Benjamín Prado y así es esta tribuna.

¿Por qué no traer a España a Machado y Azaña?
Por Benjamín Prado. El País.

La muerte acaba en los Pirineos, al menos para la Ley de la Memoria Histórica, e incluso para el juez Baltasar Garzón, que en la causa que ha abierto contra el franquismo ordena abrir una serie de fosas comunes en España, entre ellas la que se supone que guarda los restos de Federico García Lorca, e investigar a algunos de los represores por lo civil y lo militar del franquismo, pero no dice nada de otras víctimas que cayeron más allá de nuestras fronteras, ni de otros verdugos que las cruzaron para detener a los dirigentes republicanos que habían salido del país para esquivar la muerte, como Lluís Companys.

Si lo miras desde ese lado, el juez de la Audiencia Nacional no sólo no se ha excedido con su iniciativa, como mantienen quienes no están de acuerdo con ella, sino que se ha quedado corto.

Y también se han quedado cortos todos los demás, quienes defienden una memoria con fronteras, como si para pasar de la injusticia a la justicia hiciera falta el pasaporte. Porque si la exhumación de Federico García Lorca se interpreta como un acto simbólico, porque de alguna manera en su drama parecen resumirse los de miles de personas que fueron ejecutadas en aquellos tiempos tenebrosos, ¿no lo sería también el intentar traer a España a algunas de las figuras que tuvieron que huir de ella acosadas por los sublevados y seguras de que si les daban caza su suerte habría sido la misma que la del propio Lorca, o la de Companys, o la de Miguel Hernández?

Quizás habría que comenzar a pensar, por lo tanto, en liberar de su destierro obligado a muchos, pero si quisiéramos empezar por aquellos exiliados que tienen mayor carga emblemática, sin duda los dos primeros debieran ser Antonio Machado y Manuel Azaña.

¿No es extraño y vergonzoso para una democracia como la nuestra que el presidente de la República Española derrocada por un sanguinario golpe de Estado permanezca en Francia, donde está enterrado sólo porque no tuvo más remedio que morir allí?

Las circunstancias de la muerte de Azaña son dolorosas. Estaba refugiado en el Rosellón y lo acosaban por todas partes, puesto que Francia estaba ocupada por el Ejército alemán y por el propio Gobierno de Pétain, que en esos momentos era, más o menos, el mismo general con distinta gorra. Además, los agentes que Franco había enviado por toda Europa a atrapar a los dirigentes republicanos, a quienes tenía la ambición de asesinar uno tras otro tras un juicio sumarísimo, como a Companys, lo vigilaban y trataban de arrestarlo.

Lo intentaron en varias ocasiones, la última en una acción conjunta con la Gestapo, y sólo lo salvó de ser detenido, deportado y fusilado la actuación del embajador de México, que lo escondió en el Hôtel du Midi, en Montauban, donde tenía sus oficinas y donde Azaña, sin fuerzas para seguir resistiendo, falleció el 4 de noviembre de 1940. Pétain prohibió que fuera enterrado con honores de Jefe de Estado y exigió que, en todo caso, su féretro se cubriese con la bandera española rojigualda, la de los sublevados, pero nunca con la tricolor de la República.

El embajador mexicano ofreció la bandera de su país para que fuera cubierto con ella, y así se hizo. ¿De verdad no merece todo ese drama una reparación histórica? ¿No merece un funeral de Estado aquel hombre que en plena Guerra Civil pronunció un discurso ante las Cortes, reunidas en Barcelona, en el que aún pedía desesperadamente la reconciliación entre los dos bandos, bajo el lema "Paz, Piedad y Perdón"? ¿No sería un acto de pura razón traer a Manuel Azaña de regreso a su país y hacerle un entierro honroso?

Antonio Machado también está enterrado, como todo el mundo sabe, en Francia, en su caso en Collioure. Llegó allí lo mismo que Azaña, destrozado por la derrota y por el cansancio, después de cruzar a pie la frontera, y acompañado por su madre, que según cuenta el escritor Corpus Barga, quien en algún momento del tortuoso viaje tuvo que llevarla en brazos, no hacía más que preguntar: "¿Cuándo llegamos a Sevilla?". Su tumba se ha convertido en un lugar de peregrinaje para los poetas españoles.

Pero, ¿es lógico que uno de nuestros mayores escritores siga allí, en un lugar que no eligió él sino que propiciaron los golpistas de 1936?

Personalmente, creo que la única diferencia entre Machado y García Lorca es que uno tiene una lápida con su nombre y el otro no, pero en lo demás son lo mismo: símbolos de nuestra cultura y nuestra sociedad civil que la guerra transformó en símbolos de las víctimas del horror y cuya vuelta definitiva a España sería una lección de la democracia a la dictadura, un ejemplo del modo en que la libertad recupera lo que la tiranía destruye y una prueba de que la impunidad no dura para siempre.

O también puede suceder lo contrario, que se permita que siga igual todo lo que nunca debió de cambiar y Manuel Azaña, Antonio Machado y tantos otros no regresen de su exilio. Qué curioso, cuando en otros tiempos, a los que, como Juan Ramón Jiménez, no querían volver, sí que se los traían a España para enterrarlos en la tierra negra de la dictadura.

El soberbio

Releyendo Marea Humana me he topado con este poema de Benjamín Prado. Un poema que me ha salido al paso y me ha sonado a actualidad, y me ha recordado al reverso de García Montero, el que aún sigue dando clase (y no lo conozco).
El libro de Benjamín Prado define tipos en sus poesías, estereotipos que todos conocemos, y yo he creído conocer a alguien así:

El soberbio
Marea Humana. Por Benjamín Prado
Yo sé
que para ti
la vida
es un combate;
la opinión de los otros,
un insulto;
la sangre,
el combustible
quee la cólera
quema
en sus motores.

Tu amistad
es de hierro.
Tu compañía,
un pozo.
Las únicas
banderas
en que crees
son
las banderas blancas
que llevan
tus vencidos.

Reclamas
para ti
el poder
y la gloria.
y a los demás
exiges
obediencia,
silencio,
todo lo que en el hombre
son las cenizas
de la voluntad.

Estar contigo
es ir perdiendo muros.
ser un papel
en blanco,
una sombra,
un satélite;
acatar el lenguaje
de las humillaciones,
la geometría
de las cicatrices.

Pobre de ti,
que aún crees
que es posible lograr
a la vez la victoria
y el amor
de los que has invadido;
que no sabes que puede
conquistar quien descubre
no el que sólo derrota;
y no entiendes
que en tierra sometida
sólo crecen
las flores
del desprecio,
la fruta
venenosa
del rencor:
porque nadie
respeta
a aquel que lo domina.

De qué te va a servir
tanto poder
a cambio
de tanta soledad.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Tiempo tanto

Las teclas de Benjamín nos han dejado noticias en su propia casa. Así nos hemos enterado de que solo le quedan dos tercios de la novela por escribir, aunque lógicamente aún se guarda nombres y detalles. No sabemos si seguirá en línea con la realidad mostrada y denunciada con "Mala gente que camina", si experimentará en recuerdo de "Jamás saldré vivo de este mundo", o inventará a lo "No solo el fuego", "Raro" o "Alguien se acerca". Con buenos ingredientes y buen chef el plato no puede salir malo.

Pero Benjamín Prado es un gran poeta y (también) escritor. Como él mismo dice "escribo poemas porque no puedo evitarlos". Es probable que ponga el punto final al siguiente este mismo fin de semana.

Porque así es él, un tipo como sus libros que "sigue viviendo y aprendiendo idiomas". en sus viajes por "Estados Unidos, Cuba, Grecia, Costa Rica y dos veces a Italia, y aunque digo que no a muchas cosas, lo cierto es que en enero volveré a ir a Cuba, y a Argentina en mayo, también a Luxemburgo y, probablemente, a México, aparte de a unos cuantos sitios en España". Y en sus relaciones con otros grandes como García Montero (apoyándole), Caballero Bonald (entrevistándole), Juan Gelman, Chus Visor (no recuerda muy bien haciendo qué :-)...

Seguiremos siguiéndole, desde aquí y desde allí.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Una firma de justicia

Benjamín Prado es uno de los firmantes del manifiesto de apoyo del poeta Luis García Montero, que ha sido condenado por injurias graves a un profesor de su mismo departamento que viene sosteniendo, desde hace años, que Lorca era un fascista asesinado por los suyos y que Ayala fue un valedor del fascismo.

Según publica el diario Granada Hoy, según Benjamín Prado, lo peor es que Universidad de Granada no haya hecho nada por mediar en este tema: "Uno se acuerda del poema de Benedetti, Los equidistantes, que dice que los peores son los que están a la misma distancia de todo". El autor, uno de los primeros en firmar el manifiesto, quiere dar su "más sentido pésame a la Universidad" que, en su opinión, es "la gran perdedora". "Lamento que una ciudad a la que tanto quiero siga 70 años después despreciando a sus mejores poetas", añade. Por otra parte, a Prado no le parece que llamar a Fortes "perturbado" -lo que hizo García Montero en su artículo- merezca "un castigo semejante" ya que "pertubador, como mínimo, es lo que dice Fortes en sus clases", aduce.

El manifiesto de apoyo al poeta dice así:

"Todos nosotros, profesores, alumnos y ciudadanos, nos sentimos condenados por esa misma sentencia y queremos hacer público nuestro refrendo a la fecunda trayectoria del catedrático Luis García Montero, al valor de su magisterio y a su contrastada defensa de la dignidad de las personas y las instituciones libres. Perdemos a alguien muy valioso y nos quedamos con lo que hay. Y no sabemos callarnos"

Al manifiesto se pueden suscribir las personas que lo deseen enviando un correo electrónico con nombre y DNI a

En la conciencia de cada uno está el enviar o no su firma. Yo ya lo he hecho.

Los bosques de Sherwood han sido recalificados

Un poco de rabia, una pizca de envidia, mucho de admiración y demasiados ojalás, es lo que se siente desde las arenas movedizas hipotecarias. Quedan héroes modernos y Juan Urbano nos ayuda a descubrirlos, y a admirarlos. José Moreno, un Robin Hood que construye viviendas asequibles para que Little John no tenga que vivir en los árboles.

Comprarle un piso a Robin Hood
Por Benjamín Prado. El País.

Cuando todas las islas están lejos, sólo puedes ser Robinson Crusoe con los ojos cerrados, porque la imaginación es una forma de escasez, el último recurso de los que deben de conformarse con soñar lo que no pueden tener. Y cuando vives en un mundo en el que todos los bosques de Sherwood han sido recalificados para hacer urbanizaciones, la única forma de ser Robin Hood es quitándole solares a los ricos para repartirlos entre los pobres, que por lo visto es lo que hace un promotor inmobiliario de Fuenlabrada, llamado José Moreno, que vende casas baratas a los jóvenes y a los divorciados cuyo dinero se vaya cada mes por el desagüe de su ex matrimonio. El nuevo príncipe de los mendigos, que parece haber hecho realidad el deseo de John Keats, quien en su poema sobre Robin Hood decía que aunque su historia hubiese acabado nosotros podríamos cargar con el peso de sus sueños, acaba de poner en el mercado pisos de tres dormitorios, con jardín, polideportivo, garaje, trastero y piscina, al precio de 82.000 euros. Por no ir más lejos, las viviendas de tres habitaciones que hay alrededor del lugar donde van a estar las suyas cuestan 405.000 euros. "Es decir, que si aquí sólo cabe una lectura posible", me interrumpe de pronto Juan Urbano, que en estos momentos está sentado junto a mí y lee el periódico por encima de mi hombro, "haces una simple resta y descubres que los otros constructores le están robando 323.000 euros a cada uno de sus clientes".


Tiene razón, aunque la tenga a su modo, siempre directo y a menudo un poco radical. En cualquier caso, imagínense la cantidad de cosas que van a poder hacer con esos 323.000 euros las 2.000 familias que consigan uno de los pisos solidarios del Robín de los Bosques de Fuenlabrada, esa gente que desde hace días guarda cola en la calle y acampa a las puertas del centro cívico en el que tiene su sede la Asociación de Vecinos de La Avanzada para poder ser uno de los afortunados, porque las escrituras se otorgan por orden de llegada, y que cuando sean propietarios ni más ni menos que de una casa comprada a un precio justo se sentirán como si en lugar de hacer negocios con una inmobiliaria se les hubiese aparecido un santo. Cuando se le pregunta al protagonista del asunto, responde con sobriedad pero clavando la frase en el centro de la diana: "A mí me parece feo que si yo puedo hacer los pisos por 14 millones, otras cooperativas cobren más y otras empresas los vendan todavía mucho, muchísimo más caros". La lógica es un arma sencilla, pero que tiene la punta muy afilada.

La lección que se puede sacar de todo esto es que el poema de Keats tiene razón y que, cuando uno está dispuesto a mojarse, en este mundo siempre es posible nadar contra las corrientes de opinión, desertar del ejército de los especuladores y no caer en el cinismo de pensar que como resulta tan difícil vencer a la injusticia, lo mejor será unirse a ella. Al contrario, aquí y ahora aún son posibles las soluciones individuales, algo que demuestran las iniciativas de personas como José Moreno, que ha hecho ya cientos de viviendas baratas y bien construidas y ha salvado de la demolición bloques abandonados en los que ahora viven familias que, de lo contrario, tal vez habrían acabado a la intemperie o enredadas en una hipoteca salvaje, de esas que te saltan encima desde la espesura violeta de las sucursales bancarias y te comen poco a poco, durante 30 años, hasta dejarte en el esqueleto.

Ojalá toda esta historia no se ensucie ni tenga parte de atrás, ni pueda ser desacreditada, como suele suceder, por los enemigos de las causas justas, esas personas con ocho ceros a la izquierda que ven peligrar su posición cada vez que alguien logra que se respete un derecho tan elemental como el de tener una vivienda digna, que es lo que dice nuestra Constitución, algunos de cuyos puntos siguen siendo invisibles para los políticos, mientras sobre otros hay una luz eternamente encendida que no se sabe muy bien si está ahí para hacernos ver o para deslumbrarnos.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Venganzas en la noche

Hoy (porque ayer la actualidad y el maravilloso poema inédito mandaban) quiero reseñar esos comentarios que Benjamín Prado vierte cada madrugada en RNE, en el programa "Afectos en la noche". No es literatura, pero nos describen a la persona, y la literatura no es sin el sujeto.

Del lunes al martes escuchamos de 1 a 2 de la madrugada como, tras hablar en semanas posteriores de la justicia, el reconocimiento, la discrección, la memoria, la paternidad y las elecciones americanas (sí, también aquí), hoy tocaba hablar de la venganza, o el perdón.

Silvia Tarragona, la conductora del programa, introducía el tema con una frase de Benjamin Franklin: "las tres cosas más difíciles de esta vida son: guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo", además de las palabras de Pedro Calderón de la Barca, "vencer y perdonar es vencer dos veces". Así, daba paso a la opinión de los contertulios, Nuria Ribó, Benjamín Prado y Óscar López. Ellos, intercalados con el sentir de los oyentes, nos argumentan sobre el tema. Argumentar, en este caso, como sinónimo de hacernos pensar. Sano, es muy sano.

"El que me atacó tiene que pagarlo", así comenzaron, con las palabras del profesor Neira, tras salir del coma. ¿Venganza?

B.P. Yo creo que la venganza siempre está más cerca de la brutalidad que de la justicia. Creo también que lo contrario, la capacidad de ser vengativo, de perdonar, de no querer que un tiro saque a otro tiro, que una bofetada saque otra bofetada, como un clavo saca a otro clavo, siempre es una victoria de la inteligencia, de la civilización. Por eso muchas personas estamos en contra de la pena de muerte, porque no nos gusta que los Estados hagan justicia al nivel de los criminales. Es muy difícil en la vida real. En la radio siempre se quiere cuantificar. Pero a mi a veces me cuesta perdonar a la gente cuando me hacen cosas que no me gusta nada. Sobre todo cuando la gente que hace algo que te hiere muy personalmente, alguna acción en la que encuentras una maldad inesperada que hace daño a las personas que quieres. Vengativo no soy, pero tampoco soy el rey del perdón.

B.P. No todos somos igual con todo el mundo. A algunas personas las tratamos bien, a otras las tratamos peor, por lo que sea, existe la química, existe la incompatibilidad de caracteres. Antes recordabas la frase, ni perdono ni olvido. Siguiendo el hilo de lo que decía un oyente. Tampoco esta mal perdonar, pero no olvidar. Porque el olvido te puede llevar a que la misma persona u otra persona te puedan volver a hacer daño del mismo modo otra vez. El oyente, Juan, ha pronunciado la palabra clave, la palabra odio. Cuando uno se llena de odio se deja llevar por la venganza es un plato que se sirve frío, que recordaba Nuria. La frialdad requiere tiempo y ese tiempo requiere rencor. Sin el rencor no se puede mantener vivo el sentimiento de odio. Son sentimientos muy malos, llenarse de rencor, llenarse de odio, llenarse de deseo de venganza... uno siempre debe preguntarse si merece la pena, si la satisfacción que vas a obtener cuando consigues por fin vengarte de quien o de quienes deseas, si merece la pena guardar esos sentiemientos que te ennegrecen, que te hacen una persona más desdichada. Siempre que me he visto en la situación he pensado que no merece la pena y he pensado que era mucho mejor perdonar que no olvidar.

B.P. Como parece que es tan fácil entregarse al rencor, entregarse a los deseos de venganza, qué admirables son las personas que salen de un horror semejante sin odio. Estoy pensando en un poeta y antiguo líder político del partido comunista, Marco Sala, que acaba de publicar un libro que se llama "decidme cómo es un árbol", y que es muy emocionante. Es una persona que pasó 23 años en la cárcel. Lo metieron a los 18, salió de tal manera de la cárcel que iba caminando y se mareaba, hasta que descubrieron que era por la perspectiva, pues había estado tantos años encerrado en espacios tan reducidos que se mareaba y caía redondo. Lees el libro y hay una ausencia tal de rencor, de odio, y hay unas ganas de perdonar, de empezar su vida sin toda esa hojarasca terrible del odio que es muy emocionante, y como ejemplo muy bonito. (Ha comprado los derechos del libro Pedro Almodóvar, según apostilla Óscar López).

B.P. Es tan cierto lo que dice (a una oyente), el rencor es un dique que no deja pasar nada, es un muro que no puede saltar el que lo siente. Es verdad, lo estamos diciendo toda la noche, el deseo de venganza, el rencor acaba convirtiéndole a uno en preso. Uno deja de tener esos deseos de venganza y empieza a sentir que circula el aire a su alrededor, que no es todo tan espantoso.

B.P. No se puede olvidar. No estamos biológicamente programados. El olvido no se elige. Las cosas se quedan en la cabeza, algunas importantes y otras no tanto. Siempre me acuerdo que Rafael Alberti repetía mucho una cosa, decía, "no sé chico, fíjate cómo son las cosas, yo he sido íntimo amigo de Picasso, de Lorca, de Neruda, y llevo toda la vida acordándome de un anuncio que echaban en la radio cuando era niño y que no se me va la cabeza y que decía, "qué maravilla, la lana marjorete no se apolilla". El olvido no se elige, las cosas se quedan o se van, por sí mismo.

B.P. No sé si habéis leído el libro de Héctor Abad sobre su padre, "faciolince", es un libro maravilloso. A su padre lo asesinaron los paramilitares en Colombia. Él cuenta que la única vez que fue con él su padre severo, violento, fue una vez que se enteró que, por broma, los niños iban a tirarles chinitas a las ventanas de un judío en Bogotá. El padre le explica, es que tú sabes que la noche de los cristales rotos empezó tirándole chinitas en los cristales a los judios, y que eso dio paso al Holocausto... es un momento muy emocionante del libro.

B.P. Estaba pensando que hay una cosa muy fea, que es esa especie de prestigio social que tiene la venganza. Cuando alguien te hace algo y otros se enteran, parece que todo el mundo te empuja a vengarte porque si no te vengas eres cobarde, si no te vengas no tienes dignidad. Aquel que no es capaz de tomarse la justicia por su mano y de devolver el golpe es una persona timorata, despreciable. Yo creo que hay mucha más grandeza en no vengarte, en ser capaz de mirar para otro lado, y sobre todo en no ponerte a la misma altura de aquel que te ha hecho un daño.